Afganistán: La «farsa electoral» y la «guerra de Obama»

Las elecciones presidenciales en Afganistán, realizadas el pasado jueves 21 de agosto, costaron mucho dinero y esfuerzo para sus organizadores, el gobierno afgano de Hamid Karzai y las fuerzas de ocupación del país, pero el desenlace fue fallido.

&nbsp Aunque los resultados electorales definitivos sólo serán conocidos en septiembre, se calcula que comparecieron a las urnas entre 40 y 50% de los 15.600.000 de electores en condiciones de votar. El resultado es muy inferior a la elección anterior, realizada en 2004, cuando la participación, según los organizadores, llegó a 70%.

La elección y la campaña electoral estuvieron atravesadas por la guerra entre las tropas de Estados Unidos y de la OTAN, que, desde el 2001, ocupan el país, y el Talibán, fuerza rebelde que ya fue gobierno y actualmente organiza una guerrilla que está activa en 70% del territorio del país. El Talibán realizó varios atentados con bombas durante la campaña electoral, algunos de ellos en la capital, Kabul, incluyendo un atentado suicida ante al cuartel general de la OTAN, que mató a 7 personas.

Por otro lado, el proceso de votación estuvo marcado por las denuncias de un fraude que favorecería al actual presidente Hamid Karzai, que intenta ganar en el primer turno para evitar la prolongación de la campaña electoral hasta el 1º de octubre, fecha la segunda vuelta.

El principal candidato opositor, el ex ministro Abdullah Abdullah, denunció que hubo fraudes en gran escala en el sur del país, sobre todo en la ciudad de Kandahar. En esta región, dominada por el Talibán, la abstención fue muy alta. Según la denuncia, Karzai se habría aprovechado de eso para «llenar» las urnas de votos para él.

En este marco, está claro que las elecciones sirvieron muy poco al propósito del imperialismo de crear una imagen de un «régimen democrático» y de una situación más estable, a pesar de la guerra.


Un país ocupado, un gobierno colonial y una caricatura de democracia

No sólo las elecciones, sino el propio régimen es una farsa. ¿Como podrían ser democráticas unas elecciones que se realizan en un país ocupado militarmente por potencias imperialistas? Los 100.000 soldados de Estados Unidos y de la OTAN son el verdadero poder en Afganistán. El gobierno de Hamid Karzai no pasa de ser un fantoche en manos de los generales norteamericanos, que son los que dirigen de hecho el país.

Basta ver quien garantizó las elecciones. La «seguridad» de las calles de las ciudades y de los lugares de votación, es decir, la vigilancia contra el Talibán, fue garantizada por los 1000.000 soldados de Estados Unidos y de la OTAN. Y todos los gastos para la organización de la votación, 300 millones de dólares, fueron pagados por los organismos que están por detrás de las tropas de ocupación. Como si eso no bastase, fue decretada una censura a la prensa, en los días anteriores a la elección, impidiendo que periódicos, radios y redes de TV divulgasen noticias de atentados del Talibán para «no alarmar la población».

A pesar de todos los intentos de controlar la situación por parte de las tropas del país imperialista más poderoso del mundo y sus aliados, la abstención electoral mostró la fragilidad del gobierno afgano y de las «instituciones» fantoches creadas por el imperialismo. Un solo dato muestra bien esta situación: en Kandahar, provincia y ciudad del mismo nombre, localizada en el sur del país y santuario del Talibán, la abstención puede haber llegado al increíble porcentaje de 95% de un millón de electores registrados, según observadores internacionales independientes.

¿Cuál es la perspectiva de la «guerra de Obama»?

Lo que está por detrás del fracaso de las elecciones, y de la inestabilidad del régimen y del gobierno fantoches de Kabul, es la guerra. Los Estados Unidos están metidos en un «atolladero» que parece no tener fin.

El nuevo gobierno de Barack Obama intenta ser más «papista que el Papa» (es decir, su antecesor, George W. Bush), intensificó el esfuerzo de guerra, mandó otros 30.000 soldados al país y prometió transformar Afganistán en el centro de la «guerra contra el terrorismo». Pero, cuanto más se mete en el atolladero, más problemas tienen para salir.

Existe una explicación de fondo para esta política. Afganistán es un país paupérrimo, pero tiene un papel estratégico para la estabilidad o inestabilidad de una región decisiva para Estados Unidos. Está localizado entre Medio Oriente, región que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, Asia Central (que también tiene importantes reservas) y el subcontinente indio.

Si fuese un país estable, Afganistán podría permitir, por ejemplo, que el imperialismo hiciese en acuerdo con los países da Asia Central (Kazaquistán, Uzbequistán) y sacase su producción de petróleo a través de los puertos de Paquistán, evitando el controle total sobre los oleoductos y gasoductos de la región que Rusia dispone en este momento. Por otro lado, este fue uno de los objetivos centrales de la guerra y de la ocupación del país, en 2001.

La inestabilidad de la región comenzó hace 30 años, en 1979, en Irán, país vecino a Afganistán, con el estallido de la revolución que derribó la dictadura del Sha Reza Pahlevi. Temiendo la extensión de la revolución y la institución de una república islámica en sus fronteras, el gobierno de la ex Unión Soviética invadió Afganistán.

Para combatir la influencia soviética en esta parte del mundo, los Estados Unidos apoyaron y armaron un frente guerrillero musulmán, los «mujahidin» del cual participaron Osama Bin Laden y buena parte de las organizaciones islámicas fundamentalistas actuales. Algunos de los principales integrantesde la guerrilla fueron los «señores de la guerra», oligarcas que dirigen las principales nacionalidades del país (los pashtuns representan 40% de la población, también están los tadjiques, los uzbeques y los hazaras).La guerrilla expulsó a los soviéticos y tomó el poder, pero, luego, el frente se dividió, los grupos pasaron a enfrentarse entre sí y el país se hundió en una guerra civil.

Ante esta situación, Estados Unidos, actuando a través de la aliada dictadura militar que gobernaba el vecino Pakistán, buscó crear un instrumento para estabilizar el país. El ISI (organismo de seguridad del gobierno paquistaní) incentivó la formación de una organización de estudiantes de las Madrassas (escuelas islámicas) de una región de Pakistán donde predomina la etnia pashtun, la misma que es mayoritaria en Afganistán. Los miembros de esta organización fueron conocidos como Talibanes, palabra que quiere decir «estudiante» (o quien estudia el «libro», es decir el Corán) en persa y en pashtun.

El Talibán entró en la guerra civil y, después de una campaña militar victoriosa, consiguió tomar el poder y gobernar el país entre 1996 y 2001 Inicialmente el gobierno del Talibán fue visto con muchas simpatías por la población porque traía orden a un país sumergido en el caos y en la destrucción por los «señores de la guerra». Pero después se fue desgastando, en la medida en que fue instituyendo una «república islámica» de las más reaccionarias y represivas del mundo.

Sin embargo, por más reaccionario que fuese, el gobierno del Talibán no gozaba de la confianza de Estados Unidos y no era controlado por éste. El atentado de 11 de septiembre de 2001 y el objetivo declarado de capturar a Osama Bin Laden, aliado del gobierno del Talibán, fueron los pretextos para que Bush invadiera el país.

Expulsado del gobierno, el Talibán volvió a organizarse y desencadenó una guerra de guerrillas contra las tropas de ocupación. Hoy, las acciones armadas de la guerrilla del Talibán están presentes en 70% del territorio del país. Las tropas de ocupación enfrentan crecientes pérdidas y no consiguieron estabilizar el país, a pesar de los nuevos 30.000 soldados enviados por Obama (que se sumaron a los 70.000 que estaban anteriormente).

Nada indica que este curso pueda ser cambiado con el envío de más tropas, lo que, por sí sólo, es difícil. La «guerra de Obama» puede tener el mismo significado para el actual presidente estadounidense que la guerra de Irak tuvo para Bush. El imperialismo, otra vez, actuó como «aprendiz de hechicero», creando un instrumento que, más tarde, se volvió contra él. Contradictoriamente, un movimiento reaccionario, como el Talibán, lucha actualmente contra el imperialismo con armas en la mano.

Hoy, la gran tarea del pueblo afgano es expulsar a las tropas imperialistas de ocupación y conseguir la verdadera independencia nacional de Afganistán. En este camino, son válidas las acciones militares de la resistencia, lo que no significa ningún tipo de apoyo político al Talibán. Es hora de que todas las organizaciones populares y democráticas del mundo se manifiesten contra la ocupación militar de Afganistán y exijan el retiro inmediato de las tropas invasoras.

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