Adivina, adivinanza

¿Saben quién prestó dinero a Jaume Matas para que pudiese pagar los tres millones de euros que le exigía la justicia como fianza para no ir a la cárcel? El Banco de Valencia.

¿Saben qué banco pidió hace unas semanas permiso al juez para subastar el palacete de Matas porque el imputado no está pagando ni los intereses de ese préstamo? Por supuesto, el Banco de Valencia.

¿Adivinan quién echó una mano millonaria a una empresa en pérdidas de Antoni Asunción casi al mismo tiempo en que este exministro socialista retirado de la política decidió presentarse a las primarias para “renovar” el PSOE valenciano? El Banco de Valencia.

¿A que no se imaginan tampoco qué banco gestionaba el político del PP José Luis Olivas, que fue presidente de la Generalitat Valenciana casi un año entre Zaplana y Camps? Pues el Banco de Valencia.

¿Saben qué entidad financiera española acaba de ser intervenida tras descubrirse un agujero de mil millones de euros en su balance? En efecto, es el Banco de Valencia.

¿Y a que no adivinan quién va a pagar estos platos rotos? Pues esta vez la respuesta no es el Banco de Valencia: para variar, la fiesta corre a cuenta del FROB, del dinero público, de todos los españoles.

La gran duda, más allá de si alguien en el PP valenciano asumirá alguna responsabilidad por la mala gestión de Olivas (para qué preguntarse aquello de lo que se conoce la respuesta): ¿es también el diminuto Banco de Valencia una entidad financiera “demasiado grande para caer”? Por supuesto, hay que proteger a los ahorradores que tienen allí su dinero, pero ¿por qué hay que rescatar también a los accionistas de este banco, que sólo sufrirán una dilución de su capital y que han estado cobrando dividendos hasta hace sólo un año?

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