Ada Colau y el monumento de Colón (y el racismo institucional)

Publicidad

A raíz de las protestas contra el racismo policial que han acabado con la decapitación de monumentos a Colón, Ada Colau manifestaba que Barcelona quiere ser una ciudad antirracista pero hay que mantener la estatua del Port Vell. Es como decir que se es una ciudad refugio pero que criminaliza a los inmigrantes.

La muerte de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis ha sacudido las últimas semanas con un movimiento de protesta que se extiende por todo el país y parte del globo. La violencia policial dirigida hacia las personas racializadas y los inmigrantes en Europa, así como el racismo institucional e imperialista ha vuelto a ponerse en el centro de las demandas sociales en más de medio mundo.

Y a todo esto, una de las últimas protestas masivas que ha marcado tendencia después del asesinato de George Floyd es la decapitación de los monumentos a Cristóbal Colón, principalmente en los Estados Unidos y Reino Unido.

El eco de estas protestas que empezaron en ciudades como Houston o Saint Paul (Minnesota) se está expandiendo también y hasta Barcelona ha llegado el debate sobre qué hacer con el legado arquitectónico de uno de los máximos exponentes de la colonización y el exterminio de los pueblos originarios de América.

No hay duda que uno de los símbolos más visibles de la ciudad de Barcelona es la estatua de Colón que preside el final de la Rambla y el Port Vell. Un símbolo, no obstante, que hace referencia más a la puerta de entrada de la marca Barcelona que, precisamente, establece una división étnica entre migrantes de primera y de segunda.

Y como no podía ser de otra forma, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, intentaba este lunes mantener una posición ambigua respecto al monumento de Colón. En unas declaraciones a RAC1 Colau defendía que «Barcelona quiere ser una ciudad antirracista» pero que «la estatua es un icono de la ciudad de Barcelona para bien o para mal» y consideraba que lo mejor es mantenerla.

Y lo justificaba diciendo que «hay una reflexión desde hace tiempo en la ciudad y hemos sido pioneros. La estatua de Colón forma parte de la memoria crítica de Barcelona. Todos los expertos a que hemos consultado ven más interesante dejar el monumento de manera crítica y que incluya una explicación» y recordaba que Barcelona «puso en marcha en el mandato anterior jornadas de reflexión crítica sobre la presencia colonial y esclavista de la ciudad».

No obstante, del dicho al hecho hay todo un mundo de cinismo al cual los Comunes, y más todavía Barcelona en comú, nos tiene ya acostumbrados.

Y es que para jornadas, las que me vienen a la cabeza son las de los manteros corriendo ante la Guardia Urbana. Jornadas de persecuciones y confiscaciones, además de sanciones económicas y por supuesto palizas. Y cuando no era eso, les ha caído alguna noche en prisión e incluso internamientos en el CIE de Zona franca.

Sin duda, tras el discurso de la ciudad refugio al que se abonó Barcelona en comú nada más llegar a su primer mandato en 2015 y en plena crisis migratoria en el Mediterráneo, se oculta un racismo institucional que nada tiene que envidiar a los anteriores gobiernos municipales del PP o el PSC. De hecho, Colau no tuvo que esperar a su segundo mandato (en coalición con el PSC de Collboni) para evidenciar que su política no es otra que continuar gestionando los negocios de los lobbies de la ciudad, especialmente el turismo, a expensas de criminalizar a los sectores más desprotegidos. Todo al más puro estilo de la marca Barcelona que puso en pie el mismo PSC hace décadas.

No obstante, la Guardia Urbana tiene un historial endémico de racismo policial que va mucho más allá de la persecución y criminalización de los manteros. Esto lo hemos podido comprobar durante estos meses de pandemia donde se ha utilizado el Estado de alarma para reforzar de forma encubierta la violencia policial y la militarización en las calles, cebándose especialmente contra las personas racializadas y más desprotegidas.

No hay duda que, como decía hace pocos días el jefe de los Mossos Eduard Sallent, «existe un sesgo étnico en todo el mundo», y tiene razón, qué le vamos a hacer, es un problema que existe en todas las policías del mundo, a pesar de que el foco esté nuevamente situado en los Estados Unidos.

Un problema, pero, que siempre tiene una decisión política detrás, y en este caso, el «antirracismo» de Barcelona en comú y Ada Colau destilan un racismo institucional que ya no se pueden quitar de encima.

Pero, además, si hablamos de Cristóbal Colón como símbolo de una ciudad líder como Barcelona, a Ada Colau y sus expertos no se le puede escapar que el significado es mucho más profundo del que parece.

De hecho, la figura de Colón en las principales ciudades europeas de la época tiene un marcado carácter imperialista que hunde sus raíces en la conquista y colonialismo de América para su expolio. De ahí que muchas familias de Cataluña y de la ciudad de Barcelona generaran durante los siglos siguientes una incipiente burguesía catalana que todavía hoy perdura.

Colau, con la aceptación del símbolo de Colón como imagen de Barcelona refuerza este carácter imperialista de las clases pudientes barcelonesas y cierra el círculo, en cierto modo, defendiendo sus intereses con una policía racista que no duda en perseguir y criminalizar a quién escapa de las guerras y penurias que los mismos países imperialistas originan.

 

Fuente

 

 

 

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More