Publicado en: 26 febrero, 2018

Actualidad del pensamiento marxista

Por Pepe Martinez

Los intelectuales “clásicos” que interpretan el mundo abundan; los que dedican sus energías y conocimientos para transformarlo y adecuarlo al desarrollo de las fuerzas productivas, barriendo las injusticias que nacen de las desigualdades sociales, no son tantos como exigen las circunstancias.

Por José Martínez Carmona

Marx y Engels, como todos los grandes pensadores, no escapan a la regla: en el momento de alinearnos con su pensamiento, debemos interpretarlo. Luego una persona se considera marxista cuando piensa  que su interpretación se atiene a lo esencial del pensamiento de los fundadores de la teoría. Ahora bien, Marx y Engels, además de interpretar el mundo en que vivían luchaban por transformarlo, eran revolucionarios. Los intelectuales “clásicos” cuyo fin es interpretar el mundo abundan aquí y allá; los que dedican sus energías y sus conocimientos para transformarlo y adecuarlo al desarrollo de las fuerzas productivas, barriendo las injusticias que nacen de las desigualdades sociales, por razones obvias, no son tantos como exigen las circunstancias. Pero el desarrollo de las fuerzas productivas ha lanzado al mercado de trabajo un ejército de intelectuales, hijos de familias explotadas, propensos a reaccionar frente a su estado de mercancía. Esta realidad está siendo explotada, en negativo, por la plutocracia dominante, introduciendo en las universidades y mediante los mass media (especialmente la televisión) la ideología del individualismo competitivo. También el marxista, necesariamente militante, tiene que intervenir en ese campo, para infundir conciencia de clase a lo más combativo.

Pocas personas que se consideran marxistas, yo entre ellas, conocen el conjunto de la obra en la que se inspiran. Existen peligros, el de quedarnos anclados en el mimetismo de determinadas frases transformadas en dogmas de fe, sin tener en cuenta que las situaciones y las circunstancias están en constante movimiento y que, pretender trasladar a una situación presente en un lugar determinado soluciones sacadas de otros ejemplos históricos, podría entorpecer el desarrollo de las luchas más que impulsarlas. El otro peligro es el de quedarnos cortos en la necesaria práctica que ha de acompañar a la teoría, empleándonos únicamente en las contiendas electorales y cayendo en el señuelo de “la transición pacífica al socialismo”. Los grandes cambios hacia el socialismo no se darán sin la organización del núcleo más combativo de la clase trabajadora, capaz de impulsar la lucha de la gran mayoría social que sufre los embates de las crisis en cadena que el capitalismo ya no puede resolver. No habrá transición pacífica al socialismo, debido al carácter violento que el capitalismo lleva en sus genes.

EL SOCIALISMO EN UN SOLO PAÍS ES IMPOSIBLE

A ningún revolucionario hoy, se le ocurriría negar que los dirigentes de las revoluciones, por poner tres ejemplos emblemáticos, Lenin, Mao Tse Tung y Fidel Castro eran marxistas; sin embargo , los tres conocían la afirmación marxiana que preconizaba justamente que la victoria de la revolución socialista sería imposible sin culminarla al menos en los principales países capitalistas desarrollados, (pensaba Marx en la clase obrera industrial como sujeto revolucionario); Sin embargo, Lenin, dirigió una revolución socializante “en un solo país” (aunque el imperio zarista abarcaba a un conjunto de diversas nacionalidades subyugadas, pero ninguna con un desarrollo industrial y cultural suficiente para augurar un posible paso al socialismo). Lenin vaticinó revoluciones socialistas en los países europeos más desarrollados, que no llegaron a cuajar, pero que, vistas las circunstancias de la cruenta guerra imperialista  que estaba mermando a esos pueblos, podrían haberlo hecho…, Mao Tse Tung encabezó la revolución socializante china y la condujo a la victoria, apoyándose en una base esencialmente de campesinos pobres, enfrentándola con el mandarinismo dominante… Fidel aprovechó la descomposición del régimen despótico de Batista para emprender una lucha armada, a primera vista cargada de voluntarismo aventurero, pero que resultó arraigada con las necesidades populares hasta arrancar el poder de las manos de los capitalistas en su mayoría norteamericanos ¡y conservarlo hasta hoy! …   No existen revoluciones socializantes “ortodoxas”. El fin es único: acabar con las desigualdades sociales, pero los medios y las circunstancias imponen tener en cuenta infinidad de variantes, que estudiadas con acierto y aplicadas con decisión, pueden CONDUCIR a la SOCIALIZACIÓN o, aplicadas sin el debido rigor, no enfrentadas con la debida flexibilidad, provocan el fracaso y el consiguiente retroceso. Ninguna revolución socializante llega a hacerse con el poder sin contar con una mayoría social organizada, consciente y decidida a acabar con el régimen injusto que la oprime; pero alcanzar esa mayoría consciente y decidida no se produce mediante un proceso natural o matemático. Es decir, el resultado de la acción no está predeterminado por ninguna ley que presida el desarrollo histórico. Luego Marx y Engels pecaban de entusiasmo concluyendo el capítulo “Burgueses y proletarios” con esta afirmación: “La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.” Crear el entusiasmo, sin el cual la victoria sobre la burguesía  era imposible, impuso el estilo panfletario, eso pienso. Sin embargo, me atrevo a afirmar que las fuerzas productivas no fueron ideadas como tales por cerebros privilegiados partidarios del esclavismo, el feudalismo o el capitalismo, aunque estos intervengan en su desarrollo; fueron respuestas a las necesidades apremiantes  de cada momento histórico, en el que “la humanidad, de acuerdo con el desarrollo de sus fuerzas productivas, se plante los problemas que puede resolver.” (Que puede no significa que lo consiga). En este sentido, tanto la burguesía como el proletariado nacieron y crecieron juntos como una unidad dialéctica de contrarios. Ninguna de las dos partes “produjo” la otra. Los prefacios a las ediciones del Manifiesto ayudan a comprender la dialéctica materialista. Valgan dos ejemplos:

“(…) El mismo Manifiesto explica que la aplicación práctica de estos principios dependerá siempre y en todas partes de las circunstancias históricas existentes, y que, por tanto, no se concede importancia excepcional a las medidas revolucionarias enumeradas al final del capítulo II. Este pasaje tendría que ser redactado hoy de distinta manera en más de un aspecto .(…)

(Prefacio a la edición alemana de 1872. Londres, 24 de junio de 1872)

Diez años después:

“(…) ¡Cuán cambiado está todo! Precisamente la emigración europea ha hecho posible el colosal desenvolvimiento de la agricultura en América del Norte, cuya competencia conmueve los cimientos mismos de la grande y pequeña propiedad territorial de Europa. Es ella la que ha dado, además, a los Estados Unidos, la posibilidad de emprender la explotación de sus enormes recursos industriales, con tal energía y en tales proporciones que en breve plazo ha de terminar con el monopolio industrial de  la Europa Occidental, y especialmente con el de Inglaterra. Estas dos circunstancias repercuten a su vez de una manera revolucionaria sobre la misma Norteamérica. (…) ¿Y en Rusia? Al producirse la revolución de 1848-1849, no sólo los monarcas de Europa, sino también la burguesía europea, veían en la intervención rusa el único medio de salvación contra el proletariado, que empezaba a despertar. El zar fue aclamado como jefe de la reacción europea. Ahora es, en Gatchina, el prisionero de guerra de la revolución, y Rusia está en la vanguardia del movimiento revolucionario de Europa. (…)

(Prefacio a la edición rusa de 1882. Londres 21 de enero de 1882)

Faltaban 22 años para que estallase la guerra mundial, 25 para que irrumpiese la Revolución Rusa abriendo camino a las revoluciones socializantes del siglo XX). Resumiendo: que el SOCIALISMO es imposible en un solo país es cierto, Marx y Engels tenían razón; pero eso no significa que se considere prematura la construcción de pasarelas que lleven al socialismo. Multiplicar las revoluciones socializantes que vayan sumando experiencias que conduzcan al socialismo es no sólo posible sino necesario. El capitalismo no nació espontáneamente en todos los lugares al mismo tiempo. Las revoluciones burguesas en Inglaterra, Francia, España…,  que abrieron el camino al dominio absoluto del capital, también experimentaron restauraciones. El capitalismo ha alcanzado ante nuestros ojos la globalización de su dominio, en cierta medida profetizada por los internacionalistas Marx y Engels. Pero, aquí cabe comentar el siguiente punto:

EL SOCIALISMO ES ACTUALMENTE REGRESIVO

El hundimiento de la Unión “Soviética”, nacida en las circunstancias de la Primera guerra mundial, la desaparición del “Campo socialista” surgido como resultado de la relación de fuerzas al término de la Segunda guerra mundial, el salto al capitalismo del “socialismo” chino…, es decir, ateniéndonos a lo que salta a la vista, la afirmación parece irrefutable. Pero, atenerse a “lo que salta a la vista” no permite analizar más allá de la superficie de los fenómenos, obviando las diversas circunstancias que los provocan. Las circunstancias que motivaron el hundimiento de las experiencias socializantes son muy diversas, endógenas unas, exógenas las otras; sociales (ligadas a la economía),  políticas, ligadas a las formas de poder, culturales (ligadas a la hegemonía ideológica), geoestratégicas (ligadas a los efectos de la guerra fría).

El hecho innegable que las causas diversas desemboquen en el mismo resultado no debe anular el hecho histórico comprobado de los logros sociales dimanantes de las revoluciones socializantes. Los dos meses de poder proletario durante la Comuna de París, anegados en sangre por la lógica despiadada de la burguesía no han podido ser borrados de la historia. Es más, una de las causas endógenas del hundimiento de las revoluciones socializantes reside, según mi parecer, en no haber tenido en cuenta las conclusiones de Marx en “La guerra civil en Francia”: 

(…) La Comuna era la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo. Sin esta última condición, el régimen comunal habría sido una imposibilidad y una impostura. La dominación política de los productores es incompatible con la perpetuación de su esclavitud social… Sus medidas concretas no podían menos de expresar la línea de conducta de un gobierno del pueblo para el pueblo. (…)

Últimamente, las palabras “dictadura del proletariado” han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!”

(Engels. Introducción a “La guerra civil en Francia de KM)

“La lucha de París ha llevado a la clase obrera a una nueva fase del enfrentamiento con la clase capitalista y su Estado. Sea cual sea su resultado inmediato, ha permitido la conquista de una nueva base de salida de importancia histórica universal.

¡De qué capacidad de amoldarse a las circunstancias, de qué iniciativa histórica, de qué capacidad de sacrificio, están dotados estos parisinos! ¡La historia todavía no ha conocido ejemplo tan grande!” (Marx (sobre la Comuna) Carta a Kugelman. Extracto)

¡De qué honestidad intelectual, de qué sabia humildad estaban dotados estos pensadores siempre dispuestos a aprender de la experiencia de los obreros lo que la teoría no podía aportarles! Cabe no olvidar lo que los ideólogos burgueses, fieles a su lógica, han escamoteado: el significado que El Manifiesto daba a “dictadura del proletariado”: la conquista de la democracia. Pienso que las burocracias crecidas en el seno de los sistemas socializantes que han naufragado suplantaron al proletariado en el ejercicio de su dictadura, cuyas medidas concretas no podían menos de expresar la línea de conducta de un gobierno del pueblo para el pueblo.

“EL CAPITALISMO ES EL MEJOR SISTEMA DE CLASES DE LA HISTORIA, SEGÚN MARX Y ENGELS”

No es la primera vez que oigo, o veo escrita esta afirmación que, así expresada, en pleno 2017, apoyándose en la primera parte del Manifiesto escrito en 1848, apologética de las potencialidades desatadas por la burguesía   que crecieron en el seno de la sociedad feudal, no sólo rebosa ambigüedad, sino que no tiene en cuenta las aportaciones de las revoluciones socializantes del siglo XX a la evolución de las clases sociales.

A la parte del Manifiesto titulada “Burgueses y proletarios” le sigue una durísima y consecuente crítica del capitalismo que termina afirmando:

« Desde hace decenas de años, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la revuelta de las fuerzas productivas modernas contra las modernas relaciones de producción y el régimen de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación”.

Marx y Engels se referían a las revueltas locales que estallaban en las zonas industriales en las que afloraban los conflictos de clase. El aporte de la Comuna de París al pensamiento revolucionario no se había dado, pero es evidente que, sin la multiplicación de las revoluciones socializantes, la utopía de la extensión del socialismo a escala mundial no se alcanzaría nunca. 

Escribí: Si surgiese un partido en Níger, armado con una teoría clara y un programa de medidas necesarias vertebradas en dos ejes : abolición del poder de los ricos y distribución de las riquezas producidas, la vía cubana. ¿Qué dirían los intelectuales supuestamente marxistas a los pobres ? ¡No precipitaros, las fuerzas productivas no han alcanzado el nivel necesario ?

…Ese partido que soñé para Níger, surgió con Thomas Sankara en Burkina Fasso, con Allende en Chile, con Ortega en Nicaragua,  con Chávez en Venezuela, con Evo en Bolivia… El papel de los pueblos y de las personalidades en el acontecer histórico y las respuestas imperialistas ceñidas a las circunstancias diversas, están ahí para quien quiera verlas, marcando el camino de la necesaria solidaridad internacionalista.

Cuba y Venezuela han marcado la ruta del “redescubrimiento” del trueque: Petróleo para que funcionen los motores, médicos y profesores para que funcionen las escuelas y los hospitales. La colaboración mundial no se dará de golpe; nacerá de la suma de las experiencias y del conocimiento global de las necesidades de los pueblos, supeditando  lo político a lo social y la economía a la ecología.

Ningún sistema socializante ha eliminado la totalidad del mercado. El dinero ha continuado existiendo como medio de intercambio de las mercancías. Después de la 2ª Guerra Mundial, el estímulo planificador de las revoluciones socializantes forzó la creación de sectores públicos en los países desarrollados de Occidente, mientras culminaba, acelerado por las luchas independentistas de las colonias, el proceso  globalizador de la economía mundo. Con el hundimiento de los sistemas fruto de las revoluciones del siglo XX, el mercado capitalista parece haber conquistado su libertad plena. Los poderes plutocráticos mundiales, mediante políticas de “shock” emprenden la reprivatización de los sectores públicos.

Pero Cuba, obviando errores inevitables a toda experiencia compleja, según mi conocimiento y parecer, la única experiencia socializante que debido a la capacidad de aprender de su pueblo y de sus líderes, gracias al sostén de los movimientos de liberación de Latinoamérica, al respaldo solidario de la izquierda internacional, y también, en negativo, debido a la política burda, prepotente y represora del Imperio estadounidense, Cuba continúa defendiendo con éxito su revolución y su soberanía nacional.

¿Cabe la posibilidad, si no consiguen hundirlo, (siempre según mi parecer), que el sistema socializante cubano abra camino a la colaboración y coordinación continental y marque el tránsito a la socialización, desechando el análisis original de Marx que atribuía ese papel histórico a las revoluciones en los países capitalistas desarrollados? La crisis  del capitalismo mundial pone en evidencia el señuelo equívoco de la “democracia occidental”, pero también exacerba los errores burocráticos y los problemas económicos reales (éstos agravados por el bloqueo) del “socialismo” isleño, el cual tuvo que hacer frente al hundimiento de la URSS y su zona de influencia, con las cuales realizaba Cuba gran parte de sus intercambios comerciales. Este hundimiento superado con éxito, y la capacidad de superar los incalculables obstáculos de todo tipo que enfrenta la revolución, subraya la importancia mundial de la experiencia castrista. La Cuba revolucionaria ha conseguido transformar una economía oligárquica de raíces esclavistas en una economía con marcada tendencia a reducir la distancia del poder adquisitivo de sus habitantes, aumentando notablemente la esperanza de vida.

Jamás el enfrentamiento entre el pensamiento competitivo y egoísta de la “libre empresa” y el pensamiento altruista, solidario e igualitarista, alcanzó un grado tan reñido en el ataque, la defensa y el contraataque. Jamás la tarea de reemplazar el “valor dinero” de la fuerza de trabajo por el derecho a la educación, la sanidad, la cultura, la base alimentaria, la acción solidaria…, ha sido emprendida con tanto coraje y decisión, ni llevada tan lejos, con tan pocos medios.

Corea del Norte, partiendo de sus propias circunstancias, y aplicando una economía planificada parece demostrar capacidad de respuesta a los embates del imperialismo. Sin duda, hace tiempo que este empeño se habría frustrado sin la colaboración de China. A primera vista, su sistema político basado en una autocracia monolítica no aboga a favor de la ejemplaridad socializante del sistema.

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