Acerca del insulto racista contra Ansu Fati, jugador del Barcelona

Un periodista se ve obligado a disculparse tras llamarle “mantero”, declaraciones que merecen una vuelta de tuerca.

Las palabras aparecieron en el diario ABC. Fue Salvador Sortres quien escribió las palabras que han suscitado una nueva polémica. Tras hacerse públicas, el mismo equipo de fútbol en el que trabaja el jugador bisauguineano anunció que tomaría medidas al respecto. Sortres, que por supuesto sabe lo caro que pueden costar este tipo de situaciones, no ha tardado demasiado en hacer llegar sus disculpas; eso sí, para con Ansu Fati, y obviando el trasfondo que recubren sus palabras:

“Ansu corriendo tiene algo de gacela, de mantero jovencísimo y negro que de repente veías corriendo por el Paseo de Gracia cuando alguien al grito de: ‘¡Agua, agua!’, anunciaba que la Guardia Urbana había llegado. Selváticas estampas en el corazón de la ciudad. Ahora esto no pasa, porque para Ada Colau los delincuentes son los policías y no los manteros, que ya no tienen que salir corriendo. También es cierto que sin turistas, les flaquea bastante el negocio”

La lírica que recorre los eventos deportivos es, cuanto menos, un objeto de estudio sociológico. El fútbol, sin ir mas lejos, es un todo un mundo paralelo donde se juegan a veces mucha más cosas que un partido. Cuando la emoción recorre las gradas, los asistentes experimentan un momento de cohesión y euforia colectiva, los triunfos del propio equipo se vuelven victorias comunes y los fracasos también. Por eso, la importancia de la crónica deportiva. En ella se construye un relato que puede o no ir de la mano de las coyunturas sociales del momento, pero que siempre es una idealización política: la épica de la competición y la creación de figuras heroicas actúan como referentes. Esto pasa en un momento en que además, como deporte, ha alcanzado sus mayores cotas de especialización. Aunque hay jugadores que realizan auténticas proezas físicas lo cierto es que, el juego cada vez es menos creativo, y esta mas sometido a la pura y dura “planificación matemática”.

Los “corre-calles” que, eran en definitiva el elemento esencial del juego, han quedado enterrados en el olvido por el alto de grado de competencia y las inversiones multimillonarias. Pelear por el balón hasta la extenuación, la posibilidad de que un equipo (grande o pequeño) se pueda hacer con las mejores puntuaciones, todo eso ha quedado atrás, ensombrecido por la avalancha de patrocinadores, marcas, lobbys económicos… y el triunfo de un modelo mercantilista dentro y fuera de los campos. Razones como esta son las que han depauperado un deporte de masas. La ya mencionada crónica deportiva a su vez, lejos de actualizarse, se limita a repetir esquemas televisivos alienantes (donde prima el rumor y el cotilleo), y se permite olvidos y extrañas declaraciones como la citada, que en cualquier otro formato resultarían demasiado histriónicas.

Por fortuna, y como se ha señalado, el periodista en cuestión ya se disculpó. Las declaraciones que ha realizado al respecto (tal como ha recogido 20Minutos) son:

«En la crónica del Barça sobre su partido contra el Ferencvaros, en mi voluntad de elogiar la belleza de los movimientos de Ansu, y su clase como jugador muy joven, algunas expresiones fueron tomadas como un desprecio racista«

«Nada más lejos de mi intención, ni de mi opinión, muy favorable al jugador como he expresado en todas mis crónicas desde que debutó. Lamento profundamente el malentendido y pido disculpas a quien haya podido sentirse ofendido«

Como se puede observar, ni una sola mención a los manteros, o, por qué no señalarlo, a Ada Colau. La disculpa puede o no satisfacer al jugador del Barcelona, pero no debiera ir dirigida a este exclusivamente. Recapitulando sobre sus palabras, parecen una especie de recuperación del mito del “buen salvaje”; una construcción absolutamente irreal, por aporafóbica, racista y trasnochada.

Pensemos en lo qué quiere decir el mencionado mito. Los europeos, a lo largo de los procesos de conquista que derivaron en el orden colonial, presentaban a los pueblos sometidos con un discurso inconsistente y dual en función de los intereses de cada momento. Dotados de una superioridad tecnológica y militar, atribuían a los conquistados cualidades, muchas veces proyectadas, a partir de los propios miedos y necesidades. Los guerreros eran gigantescos, grandiosos y muy difíciles de vencer, poseedores de grandes atributos físicos y capaces de proezas imposibles para el hombre blanco; pero una vez constituidos como mano de obra (incluso esclava), pasaban a ser vagos, de pocas luces, y mas bien negados para cualquier cosa que no fuera el arte o el esfuerzo físico continuado. Este el mismo retrato que nos ha planteado Sortres, un jugador que se mueve como “una gacela” (vaya usted a saber si el jugador vio una en su vida) y que además trae consigo imágenes “selváticas” de un África tribal cargadas de exótica fascinación, erigiéndose como una especie de cimarrón en sus huidas de la Guardia Urbana de Barcelona.

Todas estos símbolos, incrustados en las cosas mismas, están meridianamente contemplados en toda la bibliografía anticolonial, poscolonial o decolonial, y por supuesto en la colonialista. Pero estos son conocimientos que a un periodista deportivo no se le exigen, en principio.

Mientras tanto, y volviendo al tema, la disculpa no se refiere en ningún momento a los propios manteros. Se señala, y esto no es casual, precisamente a los manteros de Barcelona; dentro de los esquemas de pensamiento en que nos movemos, ellos son, sin lugar a dudas, los auténticos cimarrones. No lo es un jugador del Barcelona, con un sueldo millonario, cuyo merito reside en practicar un deporte que, como hemos señalado, contenta a las masas y actúa como elemento alienante. Si lo son los grupos de migrantes que, además, en el caso citado, se han dotado a sí mismos de herramientas de autodefensa y cuidado. Llegados hasta este punto, queda claro que son ellos y ellas quienes subvierten el orden colonial e imperialista contemporáneo, y a quienes realmente se refieren las declaraciones del periodista. En un momento en el que prima el individualismo y la ruptura de las comunidades, que un grupo de personas se organice, y trate de salir de la marginalidad, no es solo digno de mención sino también de elogio. Se señala, además, a los de Barcelona y no a los de Madrid, Vigo, Las Palmas o cualquier otra ciudad, y esto atiende a una razón: se les apunta a ellos porque fueron los primeros en hacer públicas sus reivindicaciones. El capitalismo y necesita de la marginalidad, del trabajo sumergido y precario, y cuando se subvierte este orden, el imaginario y las herramientas del poder se ponen en marcha.

Por todo esto, más que disculparse con el futbolista, haría mejor Sortres planteándose como sus palabras podrían estar reproduciendo de manera exacta los intereses de un sistema racista, clasista y patriarcal. Tema aparte sería el análisis del deporte femenino en todo este asunto. Y es que, tomando las desafortunadas declaraciones de un periodista, nos hemos acercado a un entramado económico y simbólico subrepticio y cotidiano. Pero, dado que las narrativas y los relatos condicionan nuestra experiencia y nuestro modo de apreciar la realidad (vengan de donde vengan), convendría en este punto adoptar nuevas perspectivas para el periodismo deportivo. Por ejemplo, lecturas hechas desde los diversos feminismos podrían resultar profundamente enriquecedoras sin lugar a dudas.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS