Acerca de «El papel de los Intelectuales en el Cambio Social», de James Petras

Echamos en falta ese intelectual colectivo que nos oriente como contribuir a que desde los lugares más recónditos, las contradicciones de clase que se generan en cada lugar tengan respuesta alternativa organizativa para la lucha puntual y con visión de futuro

Estando de acuerdo con la valoración que realiza J. Petras en su artículo respecto al papel político jugado por los intelectuales agrupados en “centro izquierda” e “izquierda revolucionaria”, y aunque el análisis se localiza en Latinoamérica, debería ese tema suscitarnos el interés por analizar el papel que estos últimos han jugado o deberían jugar en nuestro país y a nivel mundial. Ver hasta que punto el intelectual revolucionario es consecuente y contribuye de forma objetiva a que el proceso revolucionario se desarrolle.

Petras sintetiza en cinco puntos los que él considera es la contribución del intelectual a la lucha por el cambio social: “Los intelectuales son importantes para (1) influir sobre líderes y militantes de partidos, movimientos sociales y clases sociales politizadas; (2) legitimar y hacer propaganda a favor de un régimen, liderazgo o movimiento político; (3) proporcionar un diagnóstico de la economía, el estado, la política, y las políticas y estrategias imperialistas; (4) elaborar prescripciones y estrategias políticas y programas para regímenes, movimientos y líderes; y (5) organizar y tomar parte en la educación política de los activistas del partido o del movimiento.”

Salvo el punto 5 la expresión en que están redactados los demás denota la realidad que separa al intelectual de las masas explotadas y sumisas que objetivamente deben ser las llamadas a ser protagonistas del proceso revolucionario, incluso del intelectual en relación con los partidos. El intelectual que desde su elevado saber vive en su aureola elitista e individualista, por encima del pueblo, a lo sumo relacionado con algunas de las otras aureolas intelectuales, que escriben o teorizan para sí mismos. Incapaces de sentirse masa revolucionaria, de descender de su aureola y escuchar al pueblo para escuchándole aprendiendo de él ayudarse a sí mismos, y de esa forma ayudar al pueblo a superar las limitaciones culturales, científicas y políticas que padece. A lo sumo, la experiencia que tenemos de la actuación de algunos de los que conocemos, es la que nos trasmiten subidos desde sus púlpitos, cuando de cuando en cuando nos dan la conferencia magistral, o cuando se atreven a poner su nombre para llamar a alguna movilización denunciando algún problema puntual.

Echamos en falta ese intelectual del punto 5 que se siente parte del pueblo, cultura popular del pueblo, que se identifica de forma objetiva permanentemente con él. El intelectual con visión colectiva que aparca su aureola y púlpito y va a donde el pueblo está más o menos organizado, para de forma sistemática y continua reuniéndose con él aprendiendo de él pueda trasmitirle el cúmulo de su saber, para que el pueblo pueda dotarse de los elementales conocimientos con base científica que le permita capacitarse y poder pensar por si mismo y con los demás, poder analizar y comprender las causas profundas de los múltiples problemas que cada día sufre. Para que finalmente surjan miles de iniciativas, flores que se convierten en práctica organizativa antisistémica forjadoras del bello jardín soñado.

Echamos en falta el intelectual colectivo que nos dijera Gramsci, que con la objetividad que la ciencia de la naturaleza-social histórica acumulada, pero poco conocida, nos la difunda o nos la interprete con objetividad adaptada al actual momento en que vivimos, de forma que nos ayudase a construir un sistema alternativo de lucha que en su desarrollo se convierte en forma de poder, frente al Estado y la Democracia burguesa, que Marx el gran intelectual que supo ser colectivo, y ver el poder alternativo tras la experiencia de la Comuna de París, y Lenin, tan vinculado al pueblo tras el espontáneo Soviet de 1905 en Rusia, supo desarrollar y contribuir a que se diera la gran revolución soviética de 1917, que desgraciadamente tras su muerte no se desarrolló, generándose un socialismo burocrático, que aunque tuvo grandes éxitos productivos y técnico-científicos fueron a costa de cercenar la ciencia social comunista y participativa que hubiese permito al pueblo organizarse como clase dominante ejerciendo el poder soviético, o de los consejos como diríamos en español, organizado desde la base localista o sectorial hasta la cúspide piramidal de poder planificador y coordinador general productivo y gobernativo.

Echamos en falta ese intelectual colectivo que nos oriente como contribuir a que desde los lugares más recónditos, las contradicciones de clase que se generan en cada lugar tengan respuesta alternativa organizativa para la lucha puntual y con visión de futuro, que esas formas puntuales de organización no se destruyan cuando la reivindicación que la dio lugar haya desaparecido, sino que se mantenga fresca y atenta, estar mejor preparados para poder encarar el futuro venidero de nuevas luchas reivindicativas, o del ejercicio del poder revolucionario cuando el grado de organización lo demande y se conviertan las formas de lucha en formas de poder del nuevo Estado solidario, sin explotadores y explotados. Formas organizativas sectoriales que se interrelacionan sectorial y localmente, generándose una gran estructura horizontal, que necesariamente tiene que desarrollarse a niveles superiores de coordinación y gestión para la lucha por sectores en localidades de niveles superiores, provinciales, regionales, nacionales, y por qué no, internacionales dada la actual fase súper-imperialista del capitalismo.

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