A la UJCE ante el XVII Congreso del PCE

 Correo enviado por (herminiolob@hotmail.com):

No digáis «ocupación ilegal» ¿Qué quiere decir eso? ¿Acaso lo llamado «legal» justifica algo? ¿Está más justificada la ocupación de Afganistán que la de Irak? No os dejéis influir por la terminología del pequeño burgués sociata. Por ejemplo, por otra parte, ¿habéis conocido a algún pacificador que necesite utilizar uniforme, casco, metralleta, cuchillo y bombas de mano, y que viaje además en tanque en las correrías de sus misiones de paz? Pues eso… Los iraquíes no resisten por derecho, es que les están… Aplastando. > ¿En qué parte del mundo se da una ocupación legal? Ese lenguaje es propio de quienes justifican en el fondo, sin declararlo abiertamente, las políticas agresivas del capital, aunque, generalmente por cobardía, no las ejecuten ellos. > ¿Estáis o no estáis de acuerdo? Pues si lo estáis, a borrarlo de la web, más abajo. Y si no lo estáis, dejadlo. Volveré para mirarlo. Un abrazo.

Respuesta de la UJCE (ujce@juventudes.org): 

La legalidad internacional fue establecida en el contexto de la guerra fría con gran influencia de las primeras experiencias de construcción del socialismo. Por eso nos parece que es un paso atrás no reivindicarla, además de que no se trata de una campaña propia nuestra, sino de una unitaria y los logros son consensuados entre la pluralidad de organizaciones que participan. Un saludo revolucionario.

HERMINIO (herminiolob@hotmail.com):

En el contexto de la Guerra Fría, el respeto a la legalidad se basaba en el equilibrio de la correlación de fuerzas de los dos sistemas económicos reales que imperaban en el mundo occidental.

Las leyes, que son acuerdos escritos negociados entre partes, tan sólo sirven en tanto que sean prueba testimonial de la realidad viva. Entonces, se dice que están vigentes y ello no quiere decir, sin embargo, que se cumplan siempre por quienes las han acordado, sino que deben cumplirse. No por cuestiones morales, sino porque hay quién obligue a ello; si es que puede, la parte que lo demande. Cuando no existe equilibrio avalado por la acción de dos o de varias fuerzas, arbitra la ley de aquella fuerza que impera. Ésta se hace única y la legalidad anterior se vuelve ajena a la realidad dominante y dominada. 

En su insaciable sed de expansión imperialista –no por que tal sea ésta la condición genérica de la naturaleza social, sino porque a ello obliga el carácter de cualquier estado imperial capitalista— los EE.UU., como líder indiscutible del sistema “democrático”, con la ayuda inestimable de las otras (también, sobre todas, de las social-democracias) de sus socios europeos, no lograron traspasar en su conquista más allá del llamado Telón de Acero; frontera que ellos mismos se habían procurado, eso sí, mientras los pueblos soviéticos, sacrificados, supieron o pudieron mantenerse firmes intentando consolidar realmente el sistema socialista alternativo y mantener su defensa, así como que se ocuparon éstos en sufragar los intentos de extenderlo más allá, hacia uno y otro lado, a todos los continentes… Y pasa en todas las guerras, aunque sean por la paz, sean frías o calientes: O se ganan, o se pierden.

Es una labor inútil el reivindicar la legalidad ajena y es, además, un artificio político el proponerlo, que ya no está, en las circunstancias actuales, al alcance de nuestra mano (ni llegó a estarlo nunca, plenamente, en nuestro caso): Ya no es aquel derecho, realmente, el que podemos imponer ahora sobre la realidad que nos obliga primero a la satisfacción de nuestras propias necesidades, sino, antes al contrario, debe ser nuestra realidad –si es lo que verdaderamente nos mantiene vivos— la que debe lograr anteponerse a la que nos impone el derecho establecido. No es una contradicción, que también lo es; es lo revolucionario.

Solamente aquellos que se han adueñado del derecho ajeno lo defienden, pero sólo virtualmente, situándolo en el horizonte como alternativa de conquista y condición previa para los demás, antes de que éstos puedan entrever cuál es la única forma de satisfacer directamente sus necesidades primeras para hacerse fuertes. Mientras (aquellos) imponen el suyo, su derecho, con el cual defienden sus privilegios; aunque, si de lo cual andan sobrados, desprecien algunas veces las migajas hacia los otros, que no son sino quienes les mantienen.

Así entiendo el marxismo. Ésta ha sido mi tesis. No la de Zapatero o la de su valedor en IU, Llamazares. Y ya van quinientas páginas, por lo menos. De teoría, claro. Sólo me falta la práctica, para la cual, como ya la he hecho antes, ya no me queda ni tiempo. Si acaso para morirme, eso es seguro, aunque me cueste estar vivo. Claro está, que…

Para todo trabajo no sólo es necesario contar con la herramienta adecuada, sino que debe ponerse a punto para el más allá. Y aunque necesitemos perfeccionarla, e incluso transformándola, deberemos mantenerla siempre en buen uso de nuestra mano, aprendiendo y enseñando a valorarla en todo momento como necesaria, y más si se trata de continuar trabajando y que haya que cederla a otras manos de relevo. Que el prescindir del uso y del cuidado de las propias herramientas para alcanzar nuestros fines, nos hará cuando menos dependientes, a nosotros o a los nuestros, de otras organizaciones que las poseen. Aún sería peor caso, si se tratase de sobrevivir y –no digamos— que tuviésemos que depender de una organización creada de nuestra mano que se nos ha vuelto arisca, por ambición o ya por cualquier motivo que le haya vuelto extraña a nuestras ideas comunes originarias.

En otros casos, mucho peores, ya pésimos (lo cuento, aunque parezca que no viene mucho al caso) podría llegar a sucedernos como a un ejército antiguo·, que debiendo sobrevivir en la batalla para defender a los suyos ante un enemigo armado hasta los dientes y dispuesto a exterminar a aquellos que no aceptasen la esclavitud, sintiéndose en dificultades, no se le ocurrió otra cosa que prescindir de sus armas más poderosas, a ver si así se ablandaban los ánimos agresivos del adversario. Y no se ablandaron éstos, claro, y fueron a lo que fueron, que en eso andaban.  

No me lo toméis a mal, el discurso. Es que me ha salido así. Perdonad, es lo que pienso. Hoy me ha dado por hablar, porque me habéis contestado (os lo agradezco) y porque estamos cerca del XVII Congreso. Desde mi punto de vista, a estas alturas, creo que la solución sólo está de vuestra mano. Aunque se haya dicho siempre así para los jóvenes. Pero añado… Si se cierra y se levanta la de la UJCE para decir: “Nosotros somos los herederos legítimos del patrimonio del Partido, la única renovación que puede garantizar la vitalidad del PCE; y el que no le entienda así, que se vaya

 



· NOTA: No hace falta recurrir al símil de ningún antiguo ejército, que ejemplos reales y actuales ya los tenemos. Mejor será no mentarlos y a lo nuestro, no vaya ser que nos tomen por locos o exagerados, aunque nos vean sin rabo, y nos encierren.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS