A la caza del indígena colombiano

Cuentan los sabios del colombiano Resguardo Indígena de Caño Mochuelo que en el pasado sus tierras no tenían fin y que los caminos que lo recorrían, creados por sus propios pasos, comenzaban justo en el lugar en el que nacía el mundo.

Pero llegaron los blancos y entendieron que en aquellas tierras recorridas por nómadas no habitaban seres humanos. “El indio no es hombre”, solían decir. Y decidieron ocupar su tiempo cazando indígenas. “Nunca dormíamos todos juntos. Si lo hubiéramos hecho ya habríamos desaparecido”, recuerda Elsa Colina. De eso hace apenas 40 años.

La frágil seguridad de la que gozan en el Resguardo sólo fue posible renunciando al infinito y a su libertad a través de un proceso de sedenterización en “un territorio marcado con líneas” en el que los invasores hicieron valer el peso de sus leyes.

Sin embargo, a pesar de la imposición de una finitud que ellos viven como un “encierro”, en sus mentes todavía permanece el infinito de la sabana como parte de ellos. “El territorio no es algo encerrado, es algo libre”, mantiene Agustín Rodríguez, que fuera gobernador del Resguardo y presidente de la Organización Regional Indígena del Casanare (ORIC).

Por eso, los nueve pueblos que habitan Caño Mochuelo luchan por su Resguardo, pero también por una ampliación que lleve al “reconocimiento del territorio tradicional de los pueblos”. Una lucha en la que se enfrentan a un nuevo cazador que a través de la Iniciativa de Integración de la Infraestructura de Sudamérica (IIRSA), las petroleras y los agrocombustibles, promete progreso y desarrollo para quienes en realidad preferiría ver muertos.

La “Recuperación del Río Meta”. El proyecto Recuperación del Río Meta forma parte de la iirsa, una especie de Plan Puebla Panamá de magnitud gigantesca. Distribuidos en 10 ejes que atravesarían 12 países, los 506 proyectos que la conforman —con una inversión total de 68 mil millones de dólares— tienen como finalidad “corregir” las “barreras” naturales que separan las 5 “islas” en las que sus promotores dividen la región.

Dragados, obras de rectificación y estabilización, cierres de brazos, tres puertos internacionales, embarcaderos y una red de carreteras alrededor del río Meta, forman parte de una infraestructura que, según el Ministerio de Transporte colombiano, “impulsa la integración de una vasta región productiva” que incluye a un total de 145 resguardos indígenas de al menos 18 pueblos originarios.

Sólo el impacto directo de la hidrovía —de gestión privada— afectaría al 40 por ciento de Caño Mochuelo, acentuando, además, las periódicas inundaciones que se dan en la zona y arrasando con áreas de pesca e incluso con comunidades enteras.

Fiebre petrolera. El gobierno de Uribe ha ampliado el mapa petrolero del país hasta un total de 17.3 millones de hectáreas, seis de las cuales invaden un total de 207 resguardos y cerca de 30 pueblos indígenas. Para el 2019, el Plan de Desarrollo Nacional se propone inventariar con fines petroleros casi el 70 por ciento del territorio nacional.

Caño Mochuelo se encuentra situada en plenos Llanos de la Orinoquía. Sus reservas de crudo pesado convierten a la zona en la de mayor potencial petrolero del país. En 1996, la extracción de este tipo de crudo fue prohibida por el Ministerio de Medio Ambiente debido a su alto nivel contaminante. Uribe, sin embargo, levantó esa prohibición en 2007, lo que permitió la adjudicación de los bloques asentados en los Llanos en la Ronda 2008, en la que se subastaron las tierras del Resguardo.

Que existe la firme decisión de explotar los bloques lo indica la reciente visita del propio director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos que, acompañado por la directora de la gubernamental Asuntos Indígenas, llegó a Caño Mochuelo con la intención de presentar las bondades de los proyectos de las trasnacionales. Pocos meses antes, los tres bloques que se reparten la totalidad del Resguardo fueron adjudicados a empresas como Exxon Mobile que, sin duda, han reforzado su interés en la zona a partir del anuncio de los “avances” en las obras de “Recuperación del Río Meta”, que proporcionaría —como ocurre ya con el Río Magdalena— una vía “natural” de transporte para los hidrocarburos.

El “Renacimiento de la Orinoquía”. El tercero de los “proyectos estrella” para la zona busca plantar en 20 años un total de 6.3 millones de hectáreas de palma africana, pino caribe y similares en la sabana alta de la Orinoquía. Aunque ha avanzado sigilosamente desde que fuera hecho público en 2004, Uribe se refería a éste el pasado 24 de septiembre, en el marco del 63º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como uno de los ejes de su política económica.

A pesar de ser considerado uno de los ocho ecosistemas de importancia estratégica para la humanidad, el gobierno de Uribe —apoyado por los informes de “científicos” a sueldo— mantiene que las sabanas son una especie de selva venida a menos que es necesario reforestar para, como dijo en 2004 el por entonces ministro de Agricultura, Carlos Gustavo Cano, restablecer “el bosque tropical húmedo que hace millones de años predominó en esos lugares”. Son unas tierras que, según el gobierno, permanecen “hoy ociosas y casi en su totalidad deshabitadas”, y que no intentan reforestarlas sino crear ahí polos de desarrollo con una población total de 5 millones de personas, que permitiría, según Uribe, la “conquista definitiva” de la zona.

Terratenientes, senadores y, según algunos, hasta el propio Uribe, acaparan títulos de propiedad sobre unas tierras que, durante décadas, les fueron negadas por el gobierno a sus moradores. La transformación de Colombia en el país del mundo con mayor número de hectáreas dedicadas al cultivo de agrocombustibles, y la creación del “sumidero de dióxido de carbono de mayor magnitud del mundo en su historia reciente” prometen sustanciosos dividendos para aquellos que defienden el proyecto como un ejemplo de “desarrollo rural sistémico sostenible”.

resguardomochuelo@corporaciontabaco.org

VERSIÓN AMPLIADA EN: http://www.kaosenlared.net/noticia/guahibiadas-desarrollo-megaproyectos-caza-indigena-orinoquia

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