A horas del Debate…

&nbsp Encima de que la Constitución española fue un legado franquista; encima de que la monarquía nos fue impuesta; encima de que la Ley D'Hont electoral refuerza el bipartidismo… ahí están los perio­distas con su filtro que empaña la visión al natural del quehacer polí­tico. Ellos son los sumos sacerdotes de la democracia, los exégetas de la política, como los curas lo son del Evangelio…

&nbsp Por eso no es gratuita esa repulsión. Quiero decir que no es por­que sí, sino por lo que representan de manipuladores de la partici­pación ciudadana relegada a lo que sabemos: voto cada cua­tro años a listas cerradas, ser elegido eventual y anónimamente como sujeto estadístico de los institutos de sondeos y opinión, y de­recho a acudir a manifestaciones públicas, siempre, claro está, que estén auto­riza­das al gusto del ministro de turno. En cuanto al otro derecho de que blasonan los prodemócratas burgueses, el derecho de huelga en la sociedad postindustrial, es marginal y engañoso, pues perjudica siempre mucho más al trabajador que a los empresarios a quie­nes siempre sobra el patrimonio y el dinero, y por eso les importa a la postre un bledo que se hunda la empresa frente al orgullo y ruido de los sindicalistas. Así es que en términos generales, encima… los medios y sus espejuelos nos impiden ver el bosque…

&nbsp La democracia participativa es mucho más que ese ilusionismo. Pero no toca describirla ahora…

&nbsp Así es que nos encontramos inmersos de lleno en una democracia mediática, no participativa. Aparte de votar, poca cosa más puede causar contento político al ciudadano. Sobre todo al que, a cambio de esos exiguos derechos que muchos no ejercitan en su vida por­que por carácter o deprimidos por la engañifa democrática dan la espalda a la zarabanda pública, carecen de empleo sólido y de re­cursos garantizados, y por lo tanto existen en una inestabilidad me­tafísica permanente.

&nbsp En este marco de mínima participación ciudadana, que equivale a no mucho más que a la de los habitantes del pueblo que festejan cada año el día del santo patrón, los que verdaderamente gozan concupiscentemente de libertad y de desenvoltura, aparte curas y publicitarios, son los periodistas.&nbsp Su poder es influyente y determi­nante. El trípode sobre el que descansa pues la democracia espa­ñola está com­puesto por esos tres grupos no de presión, sino de impre­sión. (El clero, en otros países europeos, pinta muy poco o nada).

&nbsp &nbsp Quien pertenece al núcleo de un medio, a un obispado o a la jefa­tura de una agencia publicitaria que sirve a los intereses de em­pre­sarios y empresas poderosas, es en realidad quien nos gobierna. Los periodistas, curas y agencias quitan y ponen a los políticos. Son ellos los que oscurecen o dan brillo al político y a la madre que los parió…

&nbsp Por esto, y puesto que soy de los niños de la guerra&nbsp (civil) y he vi­vido toda la dictadura franquista percibiendo el claro papel de los cu­ras como mediadores entre dictador y súbditos, ahora, de la misma manera, observo que es el periodismo y los periodistas quienes, am­parados en un relativo talante neutro religioso, han apartado a los curas y al clero (o se conchaban con él), y reemplazado los púlpitos por los periódicos y las cadenas de radio y televisión. Los curas han pasado a ser la tercera fuerza de facto.

&nbsp Por consiguiente son ellos -no os perdáis el dato- los que dirán quién ha ganado esta noche&nbsp al terminar el combate: si Rajoy o Za­patero. Claro que el ganar o perder no tendrá mucho que ver -quizá nada- con lo que haya dicho uno y otro, sino con el pulso psicológico mantenido por cada candidato. Y cada medio dirá mañana quién ganó, según sea su previa ideología (si empataron será porque nin­guno de los dos cayó en la lona). Y no sólo en función del haberse sabido mantener en pie con descaro o con flema, sino por ínfimos deta­lles que el arte mezquino del sistema mediático convierte en causa de gloria o de condena.

&nbsp Esto es lo que me jode; que no sean propiamente ni siquiera los políticos los que gestionan bien o mal; que su papel es vicario res­pecto a los periodistas que (como fue hasta ayer, como quien dice, el papel de la mujer en la sociedad) no gobernarán, pero in­fluyen deci­siva, inmune e impune­mente; es decir, sin responsabilidad…

&nbsp Son los periodistas, los periódicos, las cadenas de radio y las ca­denas televisivas (innumerables privadas, por cierto, en manos de los fascistas) nuestros verdaderos delegados. Son ellos quienes tie­nen la última palabra en materia de éxito o de fracaso de los candi­datos, y quienes nos dirán cuál de los dos es ganador. Ojo al par­che, leed en el kiosco mañana la portada de todos los periódicos. y ve­réis… Nosotros, ni flowers. Nuestro parecer es irrelevante al lado del suyo. Sólo vale en función de lo que nos digan ellos, de lo que nos dicten debemos juzgar nosotros.

&nbsp …Nosotros, pobres ciudadanos del montón que no contamos para nada; que sólo&nbsp nos quieren como consumidores,&nbsp para hinchar sus arcas mamando sus noti­ciarios y su publicidad radiotelevisiva en cantidades industriales, y pagando sus periódicos impresos. Nosotros, quienes el poco aire de verdadera democracia que respiramos lo inhalamos en la Red, pues todos podemos expresarnos como lo hago yo o contra mi pa­recer.

&nbsp Peste de debates que por definición mantienen siempre dos tipos que en el fondo sólo se distinguen por tres artes degradantes: el de tergiversar, el de la hipocresía y el del cinismo.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS