A Giulia Tamayo. Mujer resistente, luchadora, tenaz y afectuosa

Recordé los momentos que pasé con ella cuando desde Amnistía Internacional (IA) se me apoyaba mi regreso a Perú a pesar de una orden de búsqueda y captura internacional y una petición del Fiscal Contra el Terrorismo de 20 años de cárcel.

Por indicación de Esteban Beltrán tenía que reunirme con Giulia. Llegué a las oficinas de AI con la lógica preocupación porque era bastante probable de que los esbirros de la dictadura de Fujimori me detuvieran si pisaba suelo peruano. Giulia me recibió con esa amplia y sincera sonrisa que le caracterizaba. Desde el primer momento empatizamos. Hablamos de compañeras de lucha, de Flora Tristán, y defensa de los derechos humanos comunes. Hablamos de Cecilia Olea y la campaña que organizamos para denunciar las amenazas de muerte que había recibido de los grupos paramilitares en tiempos del socialdemócrata Alan García.

Sin perder la sonrisa organizó toda la red de alerta para que pudiera viajar a Perú, dar las conferencias que estaban programadas, presentar un libro, recibir un homenaje de la Municipalidad de Ica que me declaró «huesped ilustre», clausurar un curso de periodismo electrónico, visitar a los amigos y amigas y palpar la nueva realidad después de Fujimori. Logró que AI desde Londres enviara una carta al Ministro de Interior, Ketín Vidal, comunicando oficialmente mi regreso a Perú y advirtiendo de que si se me detenía AI me declaraba «preso de conciencia».

Giulia era muy tenaz. No paró un instante en tocar todas las puertas para asegurar mi seguridad personal y evitar la detención. Tocamos «teclas» muy concretas en el Ministerio de Exteriores del Palacio de Santa Cruz, Presidencia del Gobierno y, por supuesto, a la prensa.

Seguí a pies juntillas todos los consejos que me dió porque Giulia, desde el primer momento, me transmitió confianza y seguridad. Con ella yo podía ser capaz de ir a donde sea.

Después de mi regreso de Perú sin sobresaltos, seguimos en contacto y nos veíamos de vez en cuando en actos y reuniones. Siempre con esa sonrisa franca, abierta, transparente y que te animaba acercarte hacia ella. Muy cálida y afectuosa. La humanidad a flor de piel.

Otro momento fue su memorable denuncia de las esterilizaciones forzosas ocurridas durante el segundo mandato del dictador Fujimori (1996-2000). Ella fue la que tuvo los primeros testimonios grabados en quechua por Hilaria Supa. No paró hasta traducirlas, elaborar la denuncia y seguir con la investigación. Un trabajo extraordinario que lo complementé desde prensa, denunciando que la campaña de esterilizaciones había sido financiado por la USAID, un organismo independiente pero que recibe directrices estratégicas del Departamento de Estado norteamericano y que colabora con la CIA.

Esta denuncia sólo la podía haber hecho una mujer como Giulia. Hoy no estás con nosotrxs. No estás para seguir y explorar otras líneas de investigación. Para concertar acciones y repartos de tareas. Para avanzar en la defensa de los derechos humanos que era tu ideal, tu objetivo permanente y por el cual te desvivías. Giulia siempre estarás presente en nuestros corazones. En los corazones de activistas y represaliados. El mejor homenaje que podemos hacerte es elevar nuestro compromiso en defensa de los más desprotegidos. Como lo hicistes tú en vida. Que la tierra te sea leve, compañera.

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