Publicado en: 5 febrero, 2018

Venezuela. ¿A dónde vamos? (I)

Por Enrique Farrugia Ovando

Una cosa es lo que hace el imperialismo y otra lo que hace el gobierno a lo interno y aunque ambas se vinculen debemos luchar contra el imperio como la raíz de nuestros pesares y a lo interno contra sus aliados de “izquierda” y de derecha.

“… en esencia, las ideas de los “amigos del pueblo”: como auténticos ideólogos de la pequeña burguesía, no quieren que se destruya la explotación, sino que se atenúe; no quieren la lucha, sino la conciliación”

V. Lenin

Venezuela desde el triunfo de Chávez cambió de manera radical nuestra historia, colocó en la subjetividad colectiva de las grandes mayorías el socialismo como alternativa al sistema nefasto del capitalismo; aunque hoy casi no se manifiesta  debido a su imprevista muerte que trastocó su estrategia, sufriendo un cambio de rumbo contrario e inesperado por los que se dicen seguidores de su legado y que al final no le practicaron lealtad, solo han continuado con las reformas dentro del marco del capitalismo, agregando ahora medidas de carácter populista como los incentivos monetarios para atraer a electores.

Así mismo en los últimos años la situación mundial ha cambiado notablemente. Ahora está más claro que los conflictos y los intentos de dominación no han desaparecido y que la guerra ideológica, fría, tibia, caliente, abierta o encubierta, simétrica o asimétrica, continúa1.

En nuestro país quedó develada una forma de guerra no convencional que, aunque siempre estuvo presente, anduvo arrastrándose por las alcantarillas, ocultándose por temor a ser descubierta y no fue sino desde el gobierno de Chávez que se manifestó en su asquerosa y nauseabunda forma. (Revisemos con detalle los acontecimientos del golpe de estado realizado por Fedecámaras y la CTV en 2002 y el papel que jugaron los medios de comunicación privado2. Ya Gramsci lo profetizó en los años 30 cuando dijo que las nuevas guerras se ganarían en el campo intelectual, en la cultura y la ideología3. A pesar de los estudios, investigaciones, análisis y “profecías” realizadas por prominentes teóricos y grandes luchadores, la forma de dominación por excelencia del sistema capitalista es y sigue siendo el control de nuestra subjetividad, de nuestro imaginario individual y colectivo.

La ideología del sistema expresa a través de muchos medios y controles al capitalismo como la realización completa del orden de vida “natural y racional”, el sistema de enseñanza y educativo justifica la diferencia de clase, la lógica de estas diferencias y las ficticias posibilidades de libertad y desarrollo de todos por igual, en base a trabajar incansablemente toda la vida. Así mismo, el capital recurre al terror, a las corrupciones y especulaciones para impulsar al capital-dinero y especulativo, creándose una espiral de explotación sistemática que multiplica las corrupciones y violencias extremas4.

Así lo plantea Iñaki Gil:

El sistema capitalista también se autoorganiza y hasta impulsa determinados niveles de autogestión reaccionaria siempre sometidos al telecontrol estratégico realizado por el «Estado vigilante» que entre otras muchas más tareas, tiene también la de actualizar la «lógica cultural del Miedo… solo posible mediante la estimulación mediática de ese Miedo en el contexto de la rentabilidad económica, y las posibilidades infinitas de control social vinculadas a la provocación recursiva de amenazas de diverso signo: medioambientales, financieras, epidémicas, alimentarias y, por supuesto, terroristas». Y debe realizar esta producción de miedo social porque las contradicciones irreconciliables del capitalismo hacen que tarde o temprano incluso dentro de «la complementariedad (auto-organizadora) de la(s) violencia(s)», y que por su esencia antagónica, tiende a surgir la autoorganización de la «violencia de los excluidos» y no solo de los excluyentes5.

Los mecanismos que utiliza el sistema para tales fines van desde las caricaturas hasta análisis de científicos e intelectuales que integran “fundaciones” financiadas por la CIA y grandes empresas trasnacionales (Ford, Rockefeller, Carnegie, Farfield, entre otras) que aunque nunca aparecen en primer plano, la adinerada y larga mano de estas compañías siempre están detrás de ellas6, es así como justifican y perpetúan el sistema dominante, pero esto es solo uno de los mecanismos, el otro y el más efectivo es la televisión y el cine y por supuesto la radio y la prensa, aunque hoy nos encontramos con un fenómeno “nuevo”, Internet y las Redes Sociales que han permitido expandir prácticamente hasta el infinito la potencialidad de la mentira como catalizadora social y configuradora de la opinión pública7. Se trata de todo un andamiaje que, además de impulsar una única cultura (la de ellos) les genera una ganancia descomunal, es decir, con su industria de manipulación mediática, nos enajenan, nos alienan y de paso nos explotan. Acotando que, si en algún momento ve en peligro su hegemonía y el aspecto mediático no da los resultados esperados, recurrirá a métodos violentos.

Gracias a la gran acumulación de capital de estas empresas, pueden invertir cuantiosas sumas de dinero en estos mecanismos, además de poner y quitar gobiernos, instalar dictaduras y rodear a científicos e intelectuales de grotescos lujos. Así mismo, a través del poder económico controlan estados y gobiernos que los utilizan para llevar adelante sus fechorías de expoliación, explotación y control social

Pero estos mecanismos no son exclusivos del sistema capitalista dominante, existen y existieron otros sistemas que aplicaron mecanismos iguales o parecidos; a nivel nacional cada gobierno se ajusta al contexto y condiciones que presenta el capitalismo en su momento y en función de ese contexto implementa mecanismos que “moldean” la subjetividad del colectivo como forma de contribuir y garantizar su estadía en el poder sin confrontar al sistema.

En la Rusia bolchevique, un poco antes de la muerte de Lenin, surgió una burocracia en el estado y en el partido que lamentablemente Lenin no pudo combatir de manera directa, dicha burocracia dirigida por Stalin no solo implementó mecanismos mediáticos sino violentos para imponerse y justificarse, uno de esos mecanismos mediáticos fue, por ejemplo, dar a conocer al público soviético sesenta años después el escrito de Lenin sobre la composición de la dirección8, conocido como su “testamento”. Esta burocracia retocó fotos, videos, creó instituciones para falsear la historia y a sangre y fuego justificó e impuso su dominio en nombre del marxismo, del socialismo, del comunismo.

Cualquier país con cualquier forma de gobierno aplica sus formas mediáticas con el fin de justificarse y justificar sus acciones, la gran diferencia de estos con el modelo del sistema dominante, el capitalismo, es que este último, apoya, financia y crea estos mecanismos a nivel global con el fin de justificarse como sistema mundo.

Otro aspecto que debemos tomar en cuenta es la aplicación de estos mecanismos por gobiernos que se proclaman de “izquierda” y se dicen antiimperialistas. El estudio en todos los casos debe ser obligatorio, pero específicamente en estos últimos para poder definir el tipo de apoyo que debemos darle como poder popular, vanguardia, clase trabajadora o pueblo todo. Por ejemplo, ¿debemos o no apoyar al gobierno de Maduro contra el imperio norte americano?, estamos convencido de que sí, pero este apoyo debe ser consecuente en cuanto al impulso del desarrollo y construcción del socialismo, es decir, debe ser un apoyo crítico que es lo contrario a dar un apoyo incondicional con el cual avalaríamos las políticas de conciliación de clases, económicas, entre otras. No estamos en una democracia de espectadores9.

La mediática en Venezuela

La población venezolana navega en un mar de información y desinformación desde varios ángulos: de la oposición de derecha, de la llamada oposición de “izquierda”, del gobierno, de distintos sectores que se reclaman del “chavismo crítico”, de medios alternativos, de medios internacionales, entre otros.

Todos dicen sus verdades, medias verdades, medias mentiras y mentiras; algunos van más allá, justifican teóricamente acciones que a simple vista son injustificables; la oposición de derecha coincide mediáticamente en decir que estamos bajo una dictadura, la oposición de “izquierda” desecha todo lo que hace la oposición de derecha y lo que hace el gobierno; debemos aclarar que hay varias oposiciones de “izquierda”, unos critican algunas medidas y apoyan al gobierno, otros critican algunas medidas no apoyan al gobierno pero si al proceso, hay algunos que critican medidas del gobierno y proponen con mucha timidez, otros llaman a mantener la movilización contra el gobierno hambreador y por un gobierno de los trabajadores; todos los llamados de oposición de “izquierda” y del chavismo crítico coinciden en luchar contra la corrupción, inclusive, aunque muy tarde, hasta el gobierno se ha empatado en esa onda y está tomando acciones que pudo haber tomado años atrás y evitar lo sucedido (PDVSA por ejemplo y ahora, como noticia “nueva” la red de corrupción en “Mi casa bien equipada”10. Pero, en definitiva, ninguno representa una alternativa que conduzca a la unificación de la clase trabajadora ni de las distintas “direcciones” que se reclaman de izquierda más allá de las declaraciones.

La lucha contra la corrupción es un problema cierto que debemos enfrentar como nación y con autodeterminación, es decir, es un problema nuestro que como pueblo debemos enfrentar, pero no es la raíz del problema11, lo que no significa que bajo este subterfugio debamos apoyar intervenciones militares extranjeras como la solicitada por Ricardo Hausmann, exministro de Carlos Andrés Pérez y funcionario de organismos multilaterales, el cual sigue en plena campaña a favor de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela.

Con la noción de corrupción sucede como con las de derechos humanos y democracia, se han convertido en significantes comodín, usados de acuerdo a intereses precisos, generalmente dirigidos a desestabilizar países y estigmatizar líderes no gratos para los centros de poder. Nadie niega que la corrupción es un problema apremiante, grave y permanente, tanto en América Latina como en el resto del mundo. La cuestión radica en quiénes y cuándo visibilizan el asunto y con qué fines12.

Lo cierto de todo es que el único que mediáticamente hace ver las cosas como si no pasara nada, es el gobierno; la prensa, la radio y la televisión transmiten cosas que solo buscan justificar su accionar, errados o no; para el gobierno los únicos culpables de esta crisis son la oposición de derecha apoyada y financiada por el imperio norte americano y ahora la oposición de “izquierda” y todo aquel que asuma una postura crítica y por supuesto Trump, el imperio gringo y las grandes trasnacionales. No existe un asomo de autocrítica, de reconocimiento de fallas y errores o por lo menos de rectificación. Las múltiples reformas llevadas adelante por Chávez y luego por Maduro tienen un talón de Aquiles, la dependencia del modelo rentístico y, la atrofia de un aparato burocrático altamente corrompido, que impidió e impide la transformación sistémica del estado y del país13.

Toda esta información y desinformación que a diario nos lanzan se puede entender como mecanismos de defensa de cada sector; lo lamentable de esto es que el pueblo como el sector más afectado no se defiende, no dice nada, no hace nada, solo atiende llamados del gobierno en casos puntuales, marchas contra el imperio, por los derechos de las mujeres, contra las decisiones del gobierno gringo, elecciones, etc., etc., etc. Eso es muy bueno, lo único malo es que toda esta movilización no goza de autonomía ni independencia, es controlada por el gobierno que bajo el subterfugio de lucha contra el imperio justifica algunas medidas que atentan contra los intereses de las mayorías.

Lo más terrible de todo el sistema mediático controlado por el gobierno, no es la defensa del gobierno, es la forma en que lo defienden. Hacer apología de que vivimos en socialismo, decir que aquello o esto solo es posible en socialismo, o como dijo Chávez en el consejo de ministros el cual bautizaron como “golpe de timón”, “ponerle a una panadería “panadería socialista” y creer que con esto ya el trabajo está hecho”, es una pésima forma ideológica de hacer ver lo que realmente no es el socialismo, en ese sentido la ideología la utilizan sin el menor análisis, le dan un contenido de distorsión de los hechos y de inversión de la realidad provocando con esto la desilusión y el abandono de grandes sectores que simpatizan con la construcción del sistema socialista como alternativa al sistema capitalista dominante. ¿Dónde se encuentra la ideología en el discurso de estos “dirigentes”? pues en los supuestos básicos subyacentes, los cuales pretenden desconocer, darles la espalda, permitir que permanezcan inconscientes o en la penumbra, lo contrario sería reconocer de manera explícita estos supuestos subyacentes y someterlos al tamiz de la crítica, es decir de la participación. De esta manera reproducen al interior de sus propias filas el disciplinamiento jerárquico de la dominación capitalista14. (subrayado nuestro). En el discurso de muchos “dirigentes” del proceso, lamentablemente pasamos (con mucha abundancia) la exigente rigurosidad de decidir si lo que dicen es verdad o no verdad.

Así lo expresa Ibar Varas:

“….asociaron la ideología a expresiones como “ideología revolucionaria”, “ideología de la clase trabajadora”, “conciencia ideológica” o “formación ideológica…”, “….tratan de imponer un concepto del mundo, del hombre, de la vida, del arte, de la espiritualidad para justificar la falsedad del socialismo que dicen impulsar….”, “….intentan hacer abstracción de la estructura del modo de producción y de la formación social en que esta opera…”15. (Subrayado nuestro).

Su carga de mensajes se ve reforzada en la medida en que no aparezca y se desarrolle un pensamiento crítico que la cuestione. Con estos discursos, han burocratizado la filosofía marxista y cualquier otra, han transformado la filosofía en ideología.

Basta con escuchar los discursos de los “dirigentes” ministeriales que en su mayoría son “dirigentes” del partido de gobierno y en varios casos de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores para darse cuenta de la ideología con que se arropan, hablan del poder popular, de la clase trabajadora cuando a través de diversos mecanismos frenan, cooptan, manipulan, ignoran, invisibilizan y ocultan las exigencias, propuestas, participación, organización, formación y movilización independiente y autónoma de la clase trabajadora y el poder popular. Esta forma de actuar no solo se ve reflejada en el gobierno sino en el partido de gobierno, en este último eligen a dedo los “cuadros” de dirección, expulsan a cualquiera por ser crítico o por decir cosas que “no les conviene” ni al partido ni al gobierno. Esto contradice su discurso de “izquierda”.

Lo más triste de todo esto es que muchos de la “vieja izquierda” caen en el juego de justificar toda acción correcta o no cayendo en el juego de ideologizar absolutamente todo con el fin de justificar y mantenerse, y por el temor de que sus cargos los ocupe la clase trabajadora y el poder popular organizado con el fin de llevar las riendas del estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías.

El hecho cierto de la multi-agresión permanente en materia económica que viene enfrentando nuestro país16 y la forma en que el gobierno la aborda o responde, no justifica los métodos que utiliza para mantenerse, ocultando la enorme burocracia corrupta que anida en el estado, el “ecocidio a través del Arco Minero del Orinoco, taparse los oídos durante tanto tiempo con lo que ocurría y ocurre en PDVSA, haber creado las Zonas Económicas Especiales donde se viola hasta la ley de gravedad, además de aprobar una ley que favorece estas zonas como es la ley inconsulta y desconocida de Promoción y Protección de las Inversiones Extranjeras con el fin de una intervención extranjera directa17, o como la llama Luís Brito García “Ley Terminator”18, no hablar claro en cuanto a las razones del llamado incesante a la oposición apátrida lo cual solo lo justifica diciendo que es por la paz, no decir exactamente lo que se discute en el “famoso” diálogo para la paz en dominicana siendo después de casi dos meses de diálogo en Dominicana es que nos enteramos de algunos supuestos “acuerdos” que se alcanzaron y que aparentemente no son ningunos acuerdos, estos “acuerdos” son: Elecciones presidenciales en el primer semestre de 2018, garantías electorales, observación en comicios, repudio opositor a sanciones contra el país, creación de comisión social y económica, conciliación para que la Asamblea Nacional saliera del desacato y reconociera a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) fueron los “acuerdos” alcanzados en República Dominicana entre Gobierno y oposición19, no atender los miles de casos de despidos que hay, no llevar el discurso en conjugación con acciones concretas y permitiendo que la clase trabajadora organizada junto al poder popular asuman las riendas de la revolución.

A diario se ve en las instituciones del estado cómo aquellos que las “dirigen” atropellan, sabotean a través de amenazas, despiden y asumen políticas sin el menor asomo de por lo menos informar a los trabajadores las razones, uno de los casos más reciente es la privatización de la red de abastos Bicentenario y ahora con el nombre de ¡¡CLAP!! acompañado con despidos de miles de trabajadores, privatización a espaldas de sus propios trabajadores y del pueblo en general, otro caso, patético por demás fue lo ocurrido con la Cementera mejicana Cemex hoy Vencemos; dentro del marco de nacionalización de las empresas estratégicas esta empresa pasó al control del estado, el mismo Chávez a través de Elías Jaua colocó una directiva a dedo y ahí comenzó la debacle de esta empresa, la cual, vale decir, venía avanzando en materia de control obrero liderizado por el sindicato y los Delegados de Prevención. De la misma forma actúan los gobiernos regionales como el caso de expropiación de los espacios donde funcionaba la Pepsi Cola en el estado Vargas, estos galpones fueron tomados por el gobierno regional sin tomar en cuenta la situación de sus trabajadores y sin contar con ellos, esta acción develó en extremo la defensa enajenada realizada por los trabajadores cuando en los camiones colocaban las consignas, “todos somos Pepsi Cola” o “con mi Pepsi Cola no te metas” en franca rebeldía por las medidas, válidas por demás (aunque no metodológicamente) del gobierno regional.

Estos “dirigentes” presentan las propuestas y respuestas ya “cocinadas” previamente elaboradas por los sesudos de la administración pública sin la participación activa de los sujetos que las leerán, la estudiarán y en muchos casos tendrán que aplicarlas, este método lleva implícita una jerarquía vertical lo cual es el reflejo de una administración nada socialista.

Todo lo anterior parece definir una clara estrategia del imperio norteamericano de “Reconquistar su Patrio Trasero”, mediante una estrategia sistemática de desmontaje de todos los referentes y valores sociales, históricos, culturales y espirituales de nuestro pueblo, a través de sucesivos escenarios que en su base destruyen la moral, la estima, las raíces, la credibilidad y la humanidad de nuestra gente con el fin último de crear un estado general de anomia individual y social (pérdida o supresión de valores, junto con las sensaciones asociadas de la alienación y la indecisión que conduce a la destrucción y la reducción del orden social) donde las leyes y normas no pueden garantizar una regulación social. Este estado lleva al individuo a tener miedo, angustia, inseguridad e insatisfacción y lo pueden conducir al suicidio. La anomia es una falta de regulación de la sociedad sobre el individuo, al que impide limitar sus deseos sufriendo un mal “infinito” que les dará como botín el haber subyugado y reconquistado a un pueblo, a un país, a una región; sin disparar un tiro, sin enviar tropa alguna y con el nefasto saldo de una implosión social en la que todos nos aniquilaremos mutuamente.

Para estos fines cuentan con aliados internos que por miserables migajas se prestan, unos lo hacen de manera abierta y evidente, otros lo hacen arropados con el discurso socialista y manteniéndose en cargos que le permiten sustraer el erario público para beneficios individuales y de terceros, otros asumen tareas corruptas de justificación, atropello, amenazas y discursos hueros para llevar adelante lo encomendado.

Mientras el sistema dominante actúa esperará pacientemente, al final limpiarán el campo de guerra donde yacerán millones de nosotros sin distinción política o de clase, todos bajo la misma condición de vencidos y muertos en un combate entre nosotros mismos. Vendrán pues de nuevo como antes en Europa después de la 2da Guerra Mundial, con un nuevo Plan Marshall y sus leales tropas de la ONU, para imponer de nuevo su orden económico, político, social y cultural a los sobrevivientes que al final importan nada comparado con los recursos estratégicos que siempre fueron su razón y su inversión.

 

El PSUV

“Ante la pasividad del partido, las esperanzas de las masas ceden el puesto a la desilusión, y entretanto, se repone de su pánico el enemigo, y de esta desilusión saca ventaja”

León Trotsky

Podemos juzgar hasta qué punto ha retrocedido el movimiento obrero no sólo a través del estado de las organizaciones de masas, sino también estudiando los reagrupamientos ideológicos en curso. Las innumerables organizaciones que han nacido al calor del proceso de cambios que se han desarrollado desde que Chávez asumió, demostró en principio, el avance sin precedentes que surgió en nuestro país y que ha venido decayendo dado al ataque mediático al que nos ha sometido la oposición en flagrante alianza con el gobierno norte americano, el cual se ha profundizado bajo el gobierno de Maduro, que hasta la fecha el mejor logro que ha obtenido, después de las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) fue haber eliminado las guarimbas y la violencia que originó la oposición. En materia económica no ha logrado ningún tipo de estabilización, todo lo contrario, cada día se agudiza más la situación fundamentalmente en el aspecto alimentario y el acceso a medicamentos, sin mencionar el altísimo costo de otros rubros como artefactos eléctricos, vivienda, vestido, transporte, y un largo etcétera.

Aunado a esto, la galopante corrupción que azota a la población de manera inmisericorde, corrupción que es denunciada de manera permanente por parte del poder popular y de varias organizaciones, miles de denuncias relacionadas con la entrega de las cajas y bolsas Clap, lo cual ha ocasionado múltiples protestas a lo largo y ancho del país y más recientemente el anuncio del propio presidente de una red de corrupción en Mi casa bien equipada20 como una noticia nueva pero que lamentablemente viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, todo esto está ocasionando un malestar que se está haciendo viral en la población desesperada, presentándose en algunos sectores del país saqueos a centros que expenden alimentos; todo esto, necesariamente debemos combinarlo con la falta de liquidez en cuanto al efectivo, otro problema al cual no se le ha dado solución y el aumento incesante del pasaje en el transporte público que avalan al no tomar medidas contundentes, el abandono evidente en todo el país de miles de unidades Yutong y Sitssa, con lo cual le pueden hacer frente a los saboteadores del transporte público, entre muchas otras cosas.

Se han anunciado muchos convenios y acuerdos que hasta la fecha no se ven, uno de ellos fue los precios justos de 50 rubros, los cuales jamás se cumplieron, agregando que la población no sabe con quién se acordaron y que dichos precios no aparecen por ningún lado.

¿Qué ha hecho el gobierno para paliar la situación? Profundizar las medidas populistas como el bono de los 500 mil, el bono niño Jesús, el bono hallaquero, el pernil, el reciente bono de Reyes que ahora se dará a través del carné de la patria, siempre y cuando lo escanees bajando la aplicación veQR la cual solo se puede bajar a teléfonos inteligentes que tengan una versión actualizada de Android, el bono a jefes y jefas de familia, el bono de carnaval y el bono a las mujeres embarazadas. Así mismo los aumentos de salario mínimo que ha decretado, los cuales desaparecen al día siguiente debido al aumento bestial de los precios de los productos.

En todo este escenario el partido de gobierno (PSUV) no aparece por ningún lado, a excepción de uno que otro “dirigente” dando declaraciones de lo acertado de las políticas del gobierno y prometiendo “villas y castillos”.

Los intelectuales del entorno del presidente Maduro han puesto en el tapete, algunas categorías como “inflación inducida” o “guerra económica”. Desde el discurso oficial, todo se enmarca en una estrategia de los EEUU para derrocar al gobierno de Maduro, utilizando herramientas como la fijación de un tipo de cambio volátil (Dólar Today), el bloqueo financiero y la calificación de riesgo en default por parte de las agencias internacionales, e incluso hay quienes afirman que Estados Unidos permitió el Fracking para desestabilizar a Maduro. Pudiendo ser cierto lo dicho, estos investigadores son expertos en el diagnóstico de la “guerra económica”, pero acumulan cinco años de decepcionantes respuestas al problema que patentaron.

No debemos engañarnos, el PSUV desde que nació no fue, no es, ni será el partido que conducirá a la clase trabajadora al poder, el secuestro, producto de un método impuesto desde su nacimiento se ha hecho una mala costumbre con la cual perpetúan a sus “cuadros de dirección”, es decir, las bases no deciden nada.

El partido es para el gobierno y para el pueblo en general, algo secundario ¿Necesitamos o no un partido revolucionario? la cuestión organizativa es el centro, de toda actividad marxista revolucionaria, en ese sentido, ¿Con qué organización tomará y ejercerá el poder la clase trabajadora? y ¿Cómo se organizará el partido que se propone liderar la lucha? Hasta tal punto es decisiva la cuestión organizativa. La condición de su triunfo es y será siempre la organización de las masas trabajadoras. Esta organización de millones de trabajadores, en efecto, es la condición más importante de la revolución, la fuente más profunda de sus victorias.

La acción, el movimiento, la lucha, lo espontáneo de las masas surge, pero la organización, que estructura, da continuidad, permanencia a esas acciones o movilizaciones se debe construir. Sin no hay luchas y movilizaciones no hay revolución, pero sin organización tampoco la hay.

Los trabajadores venezolanos han conquistado grandes y poderosas organizaciones sindicales, con las cuales, durante largos años, hasta que la crisis lo hizo imposible, lograron el objetivo de defender su nivel de vida. Pero esa organización tuvo y tiene un tremendo peso conservador en la clase trabajadora venezolana que permite que estén a su frente elementos de extrema derecha, la burocracia adeco-copeyana en la CTV, la UNETE que se frió en su propio aceite y la CBST dirigida por una burocracia disfrazada de izquierda revolucionaria y que no se plantea para nada una dirección revolucionaria en esos sindicatos ni, menos que menos, un partido de trabajadores revolucionario de izquierda.

¿Qué relación orgánica se establece entre el partido y las masas? Por ejemplo, con las centrales y sindicatos que son una forma organizativa del movimiento de masas, los Consejos Comunales, las Comunas, los Medios Alternativos, las organizaciones de los Delegados de Prevención, entre otras. El aspecto político es muy importante, pero sin las organizaciones no podrán tomar el poder, por mejor política que tengan. Estas organizaciones son el ejército que moviliza organizadamente a las grandes masas para tomar el poder y gobernar. Pero el partido debe ser el centro de gravedad de ese ejército, el que nuclea a la vanguardia más combativa y consiente. Pero esto plantea otro problema: ¿Qué forma organizativa tiene que tener el partido para poder dirigir y tener una relación cada vez más estrecha con estas organizaciones de masas y con las masas que están en ellos? El problema de la organización de las masas es en cierta forma más sencillo que el segundo.

El partido no puede inventar ni imponer formas organizativas a las masas, tal como lo hace ahora y menos imponer una dirección a las que ya existen. Ellas mismas las crean. La gran destreza que debe tener el partido es descubrirlas cuando aparecen los primeros síntomas y agitarlas para que se generalicen. O, si no aparecen, aconsejar pacientemente a las masas alguna forma organizativa acorde con la situación y la experiencia histórica.

Es imposible tratar siquiera de agotar la enorme riqueza de las formas organizativas que se ha dado y se está dando el movimiento de los trabajadores y de masas a través del tiempo. La clase trabajadora no tiene un chaleco de fuerza con una sola forma organizativa, ella misma va cambiando sus formas organizativas según cambia la lucha de clases y aparecen nuevas necesidades.

Ahora bien, la construcción del partido pasa por el trabajo permanente y paciente en el corazón de la masa trabajadora y del poder popular, en su cotidianidad, en su quehacer diario, en sus inquietudes, en sus luchas, en sus estudios, para poder proponer, orientar, empujar, organizar, movilizar, formar de manera permanente lo que esta se plantee.

El partido socialista revolucionario que debemos construir debe ser duro programáticamente y en los principios. Pero para el marxismo no hay nada rígido ni definitivo. Menos puede serlo el partido de la revolución permanente. Por eso el partido debe ser sumamente flexible a la hora de convertir al programa y los principios en estrategias, tácticas, consignas y políticas concretas para incidir sobre la situación presente en la lucha de clases. Cada vez que hay un cambio en la realidad objetiva, el partido debe cambiar sus consignas, sus políticas, sus tácticas y sus estrategias… y también sus formas organizativas. Esa es la verdadera esencia de la forma socialista revolucionaria de organización: el cambio, la adaptación a la realidad de la lucha de clases y a las tareas y objetivos que se da el partido en cada etapa, por alguna razón es la herramienta subjetiva de la revolución.

La estructura partidaria deberá adaptarse a las características nacionales, y específicamente a las de las clases explotadas. Para esta tarea debemos contar con material humano, dirección, cuadros medios y militantes para lograr ser un partido con influencia de masas, la forma organizativa del partido depende de algo tan sencillo como la existencia o no de cuadros capaces de construir y dirigir los organismos.

….la función del Partido no se reduce a una función de dirección y de organización político-militar, sino que también debe cumplir, tal vez antes que nada, un papel educativo e intelectual. Lo que más importa en un partido “es su función, que es la de dirigir y organizar, es decir, una función educativa, es decir, intelectual”. Su labor política debe ser concomitante a un esfuerzo por elaborar, desarrollar y difundir entre las masas una nueva “concepción del mundo”. Esta última deberá basarse en una filosofía concreta y viva, capaz de organizar a las masas y llegar incluso a cambiar su modo de vida. Se trata, por supuesto, de la “filosofía de la praxis”, del marxismo como teoría viva y activa. El Partido, como “intelectual colectivo”, deberá poner en práctica, por tanto, una “reforma intelectual y moral” que refuerce la autonomía y la autoactividad de las masas populares, liberándolas de la dominación burguesa. En este sentido, la acción educativa del Partido tiene sin duda efectos directamente políticos.

.…Como demuestra la política cultural, el Partido debe proceder ya, aquí y ahora, a la emancipación que se propone llevar a cabo en el conjunto de la sociedad. En cierto sentido, el Partido debe ser la imagen de la sociedad que quiere construir. Dicho de otro modo, debe desarrollar una política prefigurativa. No es únicamente un instrumento que permite crear el comunismo, sino que se entiende que ha de ser un “islote de comunismo” realmente existente. No es únicamente el agente que permite actualizar una posibilidad futura –la revolución proletaria–, sino también una actualización parcial de esa posibilidad en el presente….21 (Subrayado nuestro).

El chavismo como fuerza política sobrevivió a la muerte de Chávez. Alcanzó sin traumas la transición bajo el liderazgo de su “hijo” Maduro, a pesar de la ajustada victoria en la elección presidencial del año 2013. El PSUV no ha necesitado de grandes cambios, ni tampoco del exilio. Los disidentes de la izquierda no tienen una plataforma alternativa que sea viable desde lo electoral para hacer frente al chavismo oficial, reduciéndose en muchos casos a grupos de personalidades o movimientos de cuadros; proscritos en los círculos oficiales donde toda la crítica huele a traición.

Hasta ahora el PSUV solo ha hecho campañas electorales, pero la función esencial la han ignorado; el trabajo lo hace fundamentalmente el gobierno con sus “cuadros” de dirección que son los mismos del partido pero que actúan como gobierno. Esto además de ser válido son solo tareas puntuales que se presentan solo cuando hay elecciones, pero el trabajo cotidiano prácticamente no existe, un ejemplo concreto puede ser el lanzamiento de los Comités Productivos de Trabajadores, en los cuales debe participar la juventud del PSUV; en líneas generales estos compañeros no aparecen, cuando deberían ser ellos los que dirijan esta decretada forma organizativa. Esto es reflejo de que el partido no dirige nada, solo se limita a recibir instrucciones del gobierno, dándole un contenido de dependencia y no de independencia y autonomía.

El presidente Maduro proviene de las filas del sindicalismo, pero su gobierno es una mezcla de factores militares, empresariales, movimientos sociales y sindicales. La toma de decisión se hace por cooptación, en una dirección vertical donde se funde el partido con el gobierno; en varios entornos la frontera entre el gobierno, el partido e incluso el Estado es invisible. Un vistazo al gabinete, las gobernaciones y las alcaldías en manos del PSUV, permite comprender la distribución heterogénea del poder, donde el enroque de los dirigentes es permanente, prescindiendo de grandes cambios.

Así mismo, El tipo de dialéctica entre dirección y espontaneidad, entre forma y contenido, se debe hallar en el interior mismo del partido, siempre que esté bien organizado. Es precisamente esto lo que contempla la fórmula centralismo democrático, que por oposición al centralismo burocrático es el criterio de un partido realmente progresista, de una organización capaz de llevar a cabo su misión histórica. El marco de dirección, que asegura la eficacia y coherencia, conserva su importancia, pero hay que hacer todo lo posible para evitar que “se endurezca mecánicamente en la burocracia”. Hay que supeditar la lógica de la acción y del movimiento histórico a la lógica burocrática de la organización, a fin de no apartarse de la perspectiva de emancipación sociopolítica.

Si estudiamos con detalle la forma organizativa del PSUV, nos daremos cuenta de que lo que predomina es el centralismo burocrático, lo cual no se debe a impulsos desde abajo, sino que viene dado por órdenes desde arriba. En ese sentido, el partido se separó de las masas y de su propia base militante, las cuales se encuentran en un estado de pasividad total, lo que conduce a un verdadero “fetichismo organizativo”, ya que esta última se ha convertido en su propio fin, que vale en sí y para sí misma, al margen de sus vínculos con las clases que lo componen, sin las que, no obstante, no sería nada. En esta situación, por muy honrados y eficaces que sean los “jefes”, al final se impone la lógica burocrática. La conservación y la fuerza del propio partido pasan a ser los únicos motivos de su acción, y el horizonte de la abolición de la organización desaparece. Por esta razón, el centralismo burocrático debe considerarse reaccionario, porque el partido pasa a formar parte del orden vigente.

Dentro del PSUV hay corrientes que de alguna manera forcejean para llevar a la militancia del PSUV y de sus corrientes, políticas revolucionarias y socialistas, pero hasta ahora no se ha visto que estas corrientes inclinen la balanza en favor de la transformación de este partido. Entonces, o las bases del PSUV le dan un vuelco a los métodos verticales y transforman el partido en un herramienta para la revolución socialista o este, como está ocurriendo cristalizará en partido reformista electorero22.

¿Democracia Socialista?

Hablar de “transición socialista” es otra forma de ideologizar nuestro proceso, no se puede presumir de esta “democracia participativa y protagónica”  como transición al socialismo sin la participación efectiva y real de la clase trabajadora y el poder popular. El proyecto de transición depende de la democracia real y no de la formalidad representativa que impera bajo el capitalismo, la cual, a pesar de que supuestamente dejamos atrás la democracia representativa la seguimos aplicando.

Para avanzar hacia el socialismo debe prevalecer la democracia real, esta es la única instancia efectiva para verificar el cumplimiento del plan que nos tracemos, para modificar metas y ajustar objetivos y resolviendo por consenso y en última instancia por votación todos los dilemas económicos que se nos presenten. El autoritarismo burocrático puede terminar provocando resultados más nefastos que el manejo capitalista, al sustraer de todo rumbo socialista el desenvolvimiento de la sociedad y lo que es peor aún, darle un contenido falso al verdadero socialismo. Mientras que los empresarios administran el capitalismo para acumular beneficios, los burócratas siempre oscilan entre preservar sus privilegios con frágiles sistemas autocráticos o convertirse ellos mismos en una clase capitalista. De esta manera, la burocracia para mantener sus privilegios impide los cuestionamientos a su administración y a las metas expuestas en cualquier plan central. Por esta razón se disuaden las innovaciones en los procesos productivos y en las tareas que deben llevar adelante los servidores públicos y se generaliza la aversión al riesgo y la despreocupación por la calidad de los productos y de los servicios.

La democracia será primordial para cualquier proyecto de transición futura, es y debe ser el mecanismo para que la población pueda optar entre distintos cursos de acción y estas acciones solo se adoptan con un conocimiento real de la situación económica. Existen modalidades para la vigencia de las decisiones de las grandes mayorías, la participación popular no es, necesariamente sinónimo de democracia directa ni tampoco la presencia obligatoria de cualquier ciudadano en los debates de la gestión. Sería caricaturesco pensar que en una democracia socialista todos discuten de todo en todo momento, de lo que se trata es de conseguir formas de deliberación que otorguen mayor igualdad efectiva y mayor posibilidad de expresión al conjunto, lo que puede introducir mayor compromiso popular a la implementación de lo resuelto por la mayoría23. Entonces, no se trata de que todo se discuta y se apruebe por direcciones elitescas ubicadas por encima de la clase popular y trabajadora.

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, solo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden -y por su situación social, deben- construir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha24.

El asunto de la democracia, no debemos reducirla al simple hecho burgués por demás, de convocar al pueblo todo a ir a elecciones y si este es el caso, una vez realizado el llamado y lograda la victoria, se debe garantizar, no solo la participación activa y protagónica sino el control directo de la gestión de gobierno por parte del pueblo organizado.

La forma vertical (y en muchos casos represiva) de dirección, conspira contra el principio básico de fomentar la participación activa y protagónica del poder popular y la clase trabajadora en la transición al socialismo.

La democracia comenzará a operar de manera esencial cuando las decisiones centrales se encuentren efectivamente sujetas al aval mayoritario y en este caso no nos referimos al simple sufragio sino a la decisión directa de la clase trabajadora y el poder popular a través de mecanismos para tales fines y garantizando el control y seguimiento por parte de estas mayorías y no de elites ni de burócratas. En una real transición socialista esto verificará el cambio hacia la democracia efectiva.

Una traba en nuestro gobierno, en la medida en que muchos de sus integrantes vienen de movimientos sociales, de partidos de izquierda y de protesta con una identidad política de izquierda, es que se han asumido como vanguardia. Como si ya supieran las necesidades del pueblo. Es así como se ha perdido el espacio para el debate, donde la diversidad de la gente organizada pueda proponer de manera efectiva. La participación política la transformaron en aprobación por aclamación, lo que la hace sumamente pobre. La “izquierda” que maneja el aparato de estado está inmersa en fuertes dinámicas propias de estos aparatos y esto a su vez los transforma como personas, a través de los espacios nuevos en los que se mueven, las lógicas del cargo les brindan otras experiencias y comienzan a moldear sus horizontes políticos y su cultura. Su subjetividad se transformó o afloró, se incorporaron al ejercicio del poder. Es así como, si no hay un correctivo por parte del poder popular y la clase trabajadora organizada y fuerte, que pueda exigir, reclamar, que pueda corregir, protestar, y también criticar, nuestro proyecto se verá obligatoriamente desviado.

 

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NOTAS

  1. Kohan. Marx y La Teoría Crítica Latinoamericana. CIPEC. Editorial Trinchera, C.A.
  2. http://revolucionche.blogcindario.com/2007/06/00204-golpe-de-estado-en-venezuela-un-secreto-a-gritos.html)
  3. Kohan. Marx y La Teoría Crítica Latinoamericana. CIPEC. Editorial Trinchera, C.A.
  4. Iñaki Gil de San Vicente. Autogestión socialista versus autogestión reformista.
  5. Iñaki Gil de San Vicente. Autogestión socialista versus autogestión reformista.
  6. Kohan. Marx y La Teoría Crítica Latinoamericana. CIPEC. Editorial Trinchera, C.A.
  7. https://www.rebelion.org/noticia.php?id=236091
  8. http://vientosur.info/spip.php?article12143
  9. https://www.rebelion.org/noticia.php?id=236468
  10. http://www.tves.gob.ve/ejecutivo-nacional-denuncia-actos-de-corrupcion-dentro-de-mi-casa-bien-equipada/
  11. https://www.aporrea.org/actualidad/a258051.html
  12. http://www.celag.org/corrupcion-las-caras-visibles-e-invisibles-del-neoliberalismo/
  13. https://www.rebelion.org/noticia.php?id=236711
  14. Kohan. Nuestro Marx. La Oveja Roja.
  15. Ibar Varas. Riesgos de la Ideología. Editorial Trinchera, C.A.
  16. http://www.celag.org/las-pruebas-del-crimen-economico-venezuela/
  17. https://www.aporrea.org/actualidad/a255442.html
  18. http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/opinion-mini-site/luis-britto-garcia-resucito-la-ley-terminator/
  19. http://www.avn.info.ve/contenido/gobierno-y-oposici%C3%B3n-acordaron-realizar-presidenciales-primer-trimestre-2018
  20. http://www.tves.gob.ve/ejecutivo-nacional-denuncia-actos-de-corrupcion-dentro-de-mi-casa-bien-equipada/
  21. Gramsci y el problema del partido. Yohann Douet
  22. Inspirado y adaptado de El Partido y la Revolución de Nahuel Moreno.
  23. Katz. El porvenir del socialismo. Monte Ávila Editores Latinoamericana
  24. Katz. El porvenir del socialismo. Monte Ávila Editores Latinoamericana

 

Por: Enrique Farrugia Ovando

Colaborador: José Aubéric B.

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