A diez años de las históricas jornadas del 19 y 20 de diciembre

Una historia reciente

A partir de 1989, luego de la entrega apresurada del gobierno por parte de Raúl Alfonsín (acorralado por la hiperinflación, los 13 paros generales de la CGT y las luchas obreras y populares), sobrevino la desbastadora década menemista. Época signada por el cumplimiento puntilloso de las recetas exigidas por el FMI y por las estrechas y “carnales” relaciones con EE.UU., que llevaron a la privatización de todas las empresas del estado en beneficio de las multinacionales y capitales locales (apoyadas entusiastamente por el entonces gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner), al desmantelamiento de los presupuestos para salud y educación y al establecimiento de la convertibilidad (el famoso 1 a 1) para frenar la hiperinflación, que llevó a la multiplicación exponencial de la desocupación y la pobreza.

En este contexto, a finales de los 90, sectores de centroizquierda, la CTA y el radicalismo, arman la Alianza, una verdadera “bolsa de gatos” encabezada por Fernando De La Rúa y “Chacho” Álvarez, que en diciembre de 1999&nbsp asume el poder político. . . con el 48% de los votos. La continuidad por parte de la Alianza de una política económica que implicaba un profundo ataque contra la población laboriosa no hizo más que agravar la situación. La aprobación de leyes contra los trabajadores, coimas mediante, de flexibilidad laboral, de rebaja salarial, etc., etc., profundizaron el cuadro de hambre y miseria en la que los políticos patronales hundían a la población. El 22% de los trabajadores desocupados, el 19 % subocupados y más del 53 % de la población bajo la línea de pobreza, sumado a la confiscación de los pequeños ahorristas mediante “el corralito” bancario, fueron el detonante de la rebelión popular.

Precedidos por un sinnúmero de luchas, el 19 y 20 de diciembre de 2001 miles y miles de desocupados, trabajadores y jóvenes hartos de soportar la desocupación, el hambre y la miseria ganaron las calles, marcharon sobre las plazas de las ciudades más importantes del país, se produjeron saqueos y enfrentamientos con las fuerzas policiales. Se sumaban a la movilización sectores del pueblo afectados por la confiscación directa de sus ahorros.

De La Rúa en un intento por poner freno al desbarranque de su gobierno, acepta la renuncia de Cavallo y decreta el estado de sitio, lo que es respondido con una marcha generalizada de la población. En Buenos Aires los barrios del conurbano marchan sobre plaza de Mayo y al grito “que se vayan todos”, fundamentalmente los sectores juveniles, enfrentan en una batalla campal a las fuerzas de la represión. Aún con el poder político casi disuelto el aceitado aparato represivo actúo salvajemente contra los manifestantes provocando 39 muertes.

La ofensiva popular fue tan grande que el Presidente se vio obligado a dejar el poder y huir en helicóptero desde los techos de la casa de gobierno.

El desarrollo posterior de los acontecimientos reflejó la ausencia de un partido revolucionario de la clase obrera capaz de impulsar la unidad y potenciar semejante respuesta de los trabajadores y el resto de la población movilizada. Simultáneamente, el accionar, objetivamente mancomunado de las burocracias de la CGT y de la CTA conteniendo a los trabajadores sindicalizados y dándole la espalda al movimiento, permitió las maniobras de políticos patronales desgastados y corruptos que terminaron imponiendo una salida, a favor de la patronal en el marco del régimen burgués.

La devaluación del peso (3 a 1), y el consecuente aumento de los precios, provocó una caída del 50% del poder adquisitivo de los salarios. Con los salarios deprimidos y el tipo de cambio favorable por la devaluación, la patronal recuperó la “competiti­vidad”, es decir, la posibilidad de obtener grandes ganancias poniendo las fábricas de nuevo a producir. La recuperación y el crecimiento económico, no se produjo por ningún misterioso ni milagroso “modelo”, sino sobre la base de la rebaja del salario de los trabajadores a la mitad, en un marco internacional favorable.

El posterior intento del Duhaldismo de erigirse en árbitro del proceso poniendo fin a la&nbsp persistente movilización popular, finalizó con la represión del Puente Pueyrredón, en la que fueron asesinados los compañeros Kosteki y Santillán, crímenes que generaron una nueva y masiva movilización que dio por tierra con las intenciones de Duhalde de permanecer en el gobierno y tuvo que llamar anticipadamente a elecciones.

El Kirchnerismo, asumió el poder con el 23 % de los votos, poniéndose de inmediato en la tarea de recuperar la gobernabilidad del régimen burgués que había entrado en crisis, golpeado por la movilización obrera y popular. Para restaurar “el valor de la política y las instituciones” los K debieron tomar, aunque siempre parcialmente, algunos de los reclamos más sentidos por la población: enjuiciamiento sólo a los represores más conocidos de la dictadura, aumentos a los jubilados pero sin otorgar el 82%, ley de medios pero que sólo favorecerá a los que tengan algún capital, la asignación universal por hijo que es apenas un paliativo a la pobreza, etc., etc.&nbsp Y tras desplegar una gran campaña demagógica procedieron a la cooptación de importantes referentes de las luchas populares. Un creciente manejo de los medios de difusión y una profusa campaña con los fondos del Estado les permite exponer cotidianamente las concesiones que han realizado a los sectores más postergados, ocultando a los ojos de la población quienes son los verdaderos beneficiarios del “modelo”.

A diez años de estas jornadas, y tras ocho años de gobiernos kirchneristas, las principales políticas a favor de la clase capitalista y el imperialismo, impuestas en la década menemista no han sido tocadas. Los resortes estratégicos de la economía siguen privatizados, se profundiza el saqueo de nuestros recursos naturales (tierra, minería, petróleo, gas), de la&nbsp mano de grandes corporaciones con complicidad explicita de este gobierno y con el verso del “desendeudamiento” se cumplió puntualmente con los pagos del grueso de la deuda externa.

Defendiendo al capital

Los intereses que motivaron la política del kirchnerismo no fueron la recuperación de derechos y conquistas de la población trabajadora. Muy por el contrario, la permanente defensa que han realizado del capitalismo “en serio”, en abierto ataque a los trabajadores, nos demuestra que su objetivo ha sido borrar de la conciencia popular las jornadas del 19 y 20 de diciembre como experiencia política de las masas. Experiencia de ciento de miles de trabajadores que se movilizaron políticamente contra el régimen democrático de dominación burgués. El objetivo del kirchnerismo al igual que el de todos los partidos patronales ha sido recuperar la “gobernabilidad” y las ganancias de los capitalistas, quebrar a la vanguardia obrera para hacer pasar impunemente sus planes, salvar su sistema de explotación.

La represión del “gobierno que no reprime”

El gobierno preparó minuciosamente las condiciones para ajustar “el modelo”, golpeando sistemáticamente a la vanguardia obrera y al pueblo pobre que lucha por sus necesidades. Es una represión organizada y dirigida, con patotas y barras bravas, con zonas liberadas. Una represión perfectamente organizada desde el Estado, con la estrecha colaboración de la burocracia sindical y los gobernadores, que ha asesinado a más de quince compañeros. Artera y difusa en su responsabilidad, para que el trabajador no vea de donde proviene el golpe, y en consecuencia no sepa de quien defenderse. Un gobierno que mantiene miles de juicios contra los que luchan y ataca a las organizaciones y delegados obreros. Pero que de todas maneras ve con preocupación que no ha logrado totalmente sacar de las calles, ante cada lucha, el piquete y el corte, huellas indelebles de las jornadas del 19 y 20, que no han podido frenar la lucha que protagonizan miles de compañeros en las fábricas imponiendo delegados combativos y recuperando comisiones internas de manos de la burocracia sindical.

Ajuste y represión: dos caras de una&nbsp misma moneda

En medio de la crisis económica mundial y ante el agotamiento del “modelo” kirchnerista, rápidamente quedó al desnudo el verso del “blindaje” y hoy, aprovechando el 54% del crédito electoral, han armado una verdadera batería de tarifazos contra la población trabajadora, encubiertos eso si, una vez más, con el verso de que pagaran “los que más tienen”, cuando en realidad los que terminamos pagando como siempre somos los trabajadores. Esta escalada contra el nivel de vida de la población laboriosa y el intento de poner un techo del 18% a las paritarias, con una inflación que supera holgadamente&nbsp el 30%, nos impondrá seguramente a un duro enfrentamiento.

Por un frente único obrero

Ante el accionar represivo del gobierno y el golpe económico que desata contra nuestras condiciones de vida y de trabajo, apoyamos e impulsamos la iniciativa tomada por delegados y agrupaciones obreras combativas, del ferrocarril Sarmiento y Belgrano Norte, de Monsa Línea 60, Metrovías y Ecotrans. De importantes fábricas como Kraft, Pepsico, Paty, Frigorífico Rioplatense, EMFER, FATE, del Hospital Garrahan. Y de Zanón, agrupaciones y sindicatos docentes, estatales, telefónicos, estudiantes, docentes y no docentes universitarios,&nbsp organizaciones políticas de la izquierda, en Neuquén.

Hay que desarrollar y extender esta iniciativa que apunta a unir las filas obreras contra la ofensiva del gobierno kirchnerista y las patronales, para que se fortalezca como polo de referencia y de reagrupamiento para todos los trabajadores. Los partidos que integran el FIT, que se pusieron de acuerdo en un extenso programa para la propaganda en la reciente campaña electoral, deben mantener ese acuerdo en la lucha de clases, e impulsar y extender el núcleo clasista dentro de un frente único obrero más amplio para enfrentar con la lucha el ajuste y la represión.

Declaración conjunta:

CORRIENTE DE TRABAJADORES

Partido de la Revolución Socialista (La Causa Obrera)

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