A colación del filme «¿dónde estarás el día de mañana?»

 

La película de reciente estreno (Emmerich, R. / XX Cent. Fox) que motiva este artículo es típica del cine hollywoodense espectacular, destinado a las masas ávidas de historias impactantes que habita en esta miserable transición de milenio y de Era. ¿Poco creíbles? No. Una encuesta reflejó que un 78 % da por buena la tesis del filme. Lo malo es que una vez más (y de modo holístico aquí) la realidad supera a la ficción.


La absurda ola de 100 mts. arrasando New York y que luego se congela es a mi entender es una alucinación clara para vender el trailer anunciador del filme, pero recordemos que sí existen sucesos de ese tipo como son los Tsunamis. El peor de los últimos fue en Papua-Nueva Guinea en 1998 con miles de muertos, el cual coincidió con el primer efecto rebote en el Pacífico occidental de ElNiño-ENSO de los dos años previos, o sea con el enfriamiento superficial del Océano Pacífico, causa termo-oceánica que sí coincidiría con el descongelamiento polar y parón de la Corriente Cálida en Chorro hacia el norte atlántico citada en el filme. Los cambios de presión-temperatura desencadenarían grandes vibraciones tectónicas y ruptura del equilibrio por zonas, provocándose los referidos maremotos con olas de decenas de metros de alturas y a cientos de kilómetros por hora de avance, arrasando fatalmente ciudades, villas costeras, barcos y puertos. Citar que hay en este contexto de frágil equilibrio sísmico nuevas líneas de investigación, como que la gravedad interplanetaria (más aún si Tierra, Sol y Luna están en línea) moviliza flujos de magma.


Viendo la historia reciente en Europa de estos cataclismos, sepa el público feliz que en 1755 un terremoto-maremoto, con condicionantes parecidos a los del filme, arrasó la costa occidental de la Península Ibérica, con decenas de miles de muertos (Lisboa tuvo que reconstruirse casi entera); lo que sabe menos gente es que durante los dos siglos anteriores (un técnico ambiental mencionó hace poco su final sobre 1750), se produce en el hemisferio Norte la llamada Pequeña Edad del Hielo, periodo en que las temperaturas medias bajaron unos grados, con inviernos más fríos desde el inicio del Renacimiento. O sea que puedo plantear la hipótesis siguiente: el paso de un periodo más frío a otro más cálido del Hemisferio Norte descongelándose los hielos polares y enfriando aguas oceánicas (como se prevé que pase o ya está pasando), alteró el frágil equilibrio tectónico al Este de la dorsal mesoatlántica norte incluyendo la falla que va desde Azores a Gibraltar, provocando un tsunami de 10-20 metros y que avanzó a unos 300 km/h.


Pero ahí no queda la cosa, por que entre 1730 y 1736 se produjo en Lanzarote (I. Canarias) la cadena de erupciones histórica de mayor magnitud que se ha conocido, arrasando y transformando la geografía del oeste insular, cubriendo unos 200 km² (hay que citar que la notable sismicidad de los últimos meses en Canarias se produce simultánea a la de Azores-Cabo de San Vicente). Ello nos indica que las alteraciones térmicas oceánicas tendrán muchas más consecuencias que las ya graves de cambios climáticos globales (son sus reguladoras, la principal El Niño-La Niña), y locales con sucesos atmosféricos colaterales, junto a la previsible general subida del nivel del mar en varios metros y su afección costera, inhabilitando primero y dañando después cualquier tormenta costera gravemente las supernecesarias y costosísimas infraestructuras portuarias, que las ricas y las pobres naciones disponen para el comercio global, ya en un siglo XXI machacador política y económicamente de situaciones de autosuficiencia alimentaria regionales y locales.


Uno de los grandes personajes reguladores bio-climáticos del planeta o Gaia, como se le quiera llamar, es el fitoplacton oceánico, que según los expertos, cumple mayor función bio-reguladora que los bosques tropicales terrestres tanto por ser clave en la cadena alimentaria de los mares, como por cargar de O2 las aguas y consumir el consabido CO2 atmosférico. Su situación es grave desde hace años, tanto por la contaminación química marina que le afecta especialmente, como por la sobreexplotación de los grandes bancos pesqueros afectando a los ciclos biológicos. Y a ese fabuloso verdor no se le menciona, ¿porqué será? Un caso parecido es el de los grandes arrecifes coralinos tropicales, los cuales están muriendo masivamente hace lustros y ya tienen fijada su defunción próxima por diversas causas.


Una de las tesis recientes, pero para mí la más interesante y causa definitiva de la ruptura del bio-equilibrio global, es la combinación de la alteración del magnetismo terrestre y de su aura energético-eléctrica protectora, que aparte de proporcionar una estabilidad bio-física poco mencionada, nos protege desviando radiaciones solares fatales (la superficie lunar está a 150ºC), además de los rayos inter-estelares dispersos; su simple inestabilidad puede ser causa de daños graves a la vida e inutilizar los aparatajes eléctricos (estudios afirman que en los últimos lustros su fuerza se redujo en un 10 %). La magnetosfera desvía también probablemente los meteoritos-asteroides que se cruzan en nuestra trayectoria, pequeños ciertamente pero muy peligrosos si su intensidad aumentara, y dando mayor probabilidad a los de mayor tamaño. Sus efectos no son sólo físicos sobre la superficie marina o terrestre con más tsunamis, incendios o contaminación añadida (citar el de hace 65 millones de años y los dinosaurios, sic), sino que su combustión al rozar la atmósfera dañaría aun más a nuestra pobre capa de ozono, ya bien alterada.


Los sucesos huracanados y tormentosos son ya constatadamente peores y más abundantes desde hace unos 20 años (Caribe y USA, Francia y Mediterráneo, Sudeste asiático, Mozambique), por toda la geografía planetaria, unido a las olas de frío polar que inesperadamente aparecen ya un invierno sí y otro también en la última década (Norteamérica, Occidente europeo, Japón). Los efectos especiales y las grabaciones de TVs nos hacen conocer la fuerza puntual que la Naturaleza puede liberar y ante la que la moderna y esteticista arquitectura, las obras públicas, carreteras e infraestructuras, nuestra más alta teconología, no son nada, simples castillos de papel de alto coste económico.

Las sequías (Sahel, Centroamérica, India, Australia) llevan provocando pérdidas, hambrunas y éxodos rurales, junto a incendios de añadidas consecuencias locales y globales, desde los años 80 más abundantemente por todo el planeta , pero sobre todo en los países empobrecidos donde las más simples estructuras agrarias son escasas (sin que se haga ni puntual ni planificadamente nada serio). Recordemos también hace pocos inviernos, cuando una de esas olas de frío polar en Norteaméria neutralizó a fuerza de hielo los suministros eléctricos de muchas zonas del país, con desastre en las ganaderas-rurales, muerte masiva en la ganadería industrial aparte de cosechas.

Sorprende en el filme un ingenuo contexto de políticos y altos jerarcas con dominio sincero sobre la realidad política, que si “fueran buenos” podrían cambiar el rumbo de las cosas, articulando una nueva relación tecnológica con el medio ( emisión CO2) en poco tiempo, como si todo el problema fueran los combustibles fósiles. Ello es simplemente una tomadura de pelo, visto lo visto de la evolución directora de los países desarrollados desde finales de los 80, acabada en el conocido esperpento de la foto de las Azores. En un supuesto parecido los acontecimientos se los comerían, si en algo tan puntual como el 11-S ya pasó así, imaginemos un desastre global real, con corruptos e inútiles Bushes, Aznares (Prestige), Putines o Berlusconis. El final del filme absurdamente feliz y heroico, familista-infantil y vacío de praxis socio-política con cuerpo me causaron una impresión casi decepcionante, como lo es la llamada a plantar arbolitos de sus avispados productores en sus progres ruedas de prensa, unos llenabolsillos más del mundillo artístico-mediático del Norte. Sí es algo interesante las oleadas de norteños para los países del Sur, una invasión de inmigrantes al revés, aunque es aisladamente absurdo en un devenir de los hechos posibles, y sentimentaloide.


El otro contexto clave, el militar en sus vertientes social y medioambiental, es definitorio. Las guerras siempre han estado presentes, pero la disposición de armamento altamente destructor tanto a bajo como alto nivel tecnológico es un hecho por todo el planeta, en mano muchas veces de déspotas, dictadores y regímenes frágiles y antidemocráticos, o guerrillas ensimismadas; de ello se ha encargado la investigación científica y las fábricas de armas de los países ricos. Si hoy más de 70 conflictos abiertos, latentes o enllagados llenan el mapa mundial, ¿qué peor pasaría ante un generalizado caos económico y ambiental? (filmes de la Guerra del Vietnam, p.e.). Las armas nucleares de diferentes estados pueden destruir el planeta, la vida y su equilibrio, varias decenas de veces, con el consiguiente invierno nuclear (¿se acuerdan de aquel filme de los 80 El día después?). Pero ahí no quedan sus aniquiladores efectos globales, y sino locales ( India-Pakistán, China, Korea, Israel-países árabes, Cuba), porque sus gases e ionizaciones afectarían más al clima y a la atmósfera capacidad protectora de la atmósfera, y sus impactos también pueden afectar al equilibrio tectónico local. Todo ello sucedería antes, durante o después de los sucesos físico-climáticos científicamente conocidos y advertidos.


Ante todo esto, modelos, estudios y previsiones, que ya se conocen y divulgan por serios científicos desde hace muchos lustros (junto a los consabidos adláteres y esbirros de multinacionales diversas que negaban la mayor), se vislumbra claramente una nueva estrategia digamos que a toro pasado, a posteriori y de tipo mediática más que académico-institucional, por parte de los científicos interesados (viejos o nuevos), sobre la certeza de la gravedad ya imparable de cambios y consecuencias climático-ambientales derivadas de la antropización global industrial (proceso que desde mediados del s. XIX es simplemente similar a una bola de nieve por la colina nevada). Redorar la tortilla con que las variables son mucho más lentas de lo que se había calculado, que las energías renovables y no contaminantes (sic, nucleares) pueden parar la dinámica, que la plantación de arbolitos puede ser positiva y clave, que los bosques tropicales se pueden salvar y recuperar, los corales se regenerán más rápido, bla, bla, bla…, muchas veces autojustificando proyectos propios, tanto por científicos como por ecologistas.


Lo más lógico y mejor, discernir y prepararse para el Kaos mas grande que existió o existirá jamás, ser testimonio superador y solidario, esperando un amanecer solar definitivo. En la filosofía maya, hindú y judaica se conocen esas profecías, ahora nuestro sistema post-industrial zombificador, materialista, o mejor diabólico, nos quiere cegar la propia evidencia factual.

A. Alejandro De Fez Laso

Investigador agro-ecológico

Islas Canarias, Junio del 2004.

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