A cada quien según su trabajo

Está muy bien que se tengan en cuenta determinados criterios de «eficiencia», economía y reducción de gastos innecesarios, pero téngase en cuenta de una vez el incentivo para el cambio. Los individuos, las sociedades, responden a sistemas de necesidades e incentivos, de estímulos.&nbsp La revolución cubana se hizo ante la necesidad de los cubanos de vivir en una sociedad más justa. El incentivo que&nbsp llevo a nuestros padres a luchar en la clandestinidad, a subir a la Sierra,&nbsp &nbsp a alfabetizar con 13 años, a morir en Angola, fue la consecución de una Cuba mejor.
Y por mucho tiempo existió un sistema bilateral de respuesta: del pueblo a las necesidades de La Revolución,&nbsp y del Estado cubano y la revolución institucionalizada a las necesidades de educación, salud y &nbsp empleo de los cubanos. Si vamos a hablar de «economía» y «resultados», de «productividad»&nbsp y se reconoce&nbsp que sin un sistema productivo que respalde el gasto público no se puede responder a las necesidades de los cubanos;&nbsp reconózcase también que sin un salario adecuado a la preparación de cada cubano, a su capacidad real de aportar a nuestra sociedad, con el que el&nbsp trabajador se realice&nbsp en este aporte&nbsp y en lo que es más útil, &nbsp a la vez que como individuo y&nbsp padre de familia, no hay incentivo para trabajar con mejores resultados. Actúese entonces coherentemente con este postulado&nbsp y «bilateralmente» (que den y reciban tanto el pueblo como el Estado cubano). Prioricense las medidas de incentivo al pueblo trabajador y sacrificado, por sobre «las otras» de autolimitación, de nuevas&nbsp restricciones. Combínense de una vez consenso y hegemonía, como diría el teórico Gramcci o «una de cal y otra de arena» como dicen los cubanos. Respecto al trabajo, préstese atención a la coloquial y verídica frase de que «los cubanos juegan a que trabajan, mientras el Estado juega a que les paga por su trabajo».
La libreta de racionamiento hace falta porque con el salario, no puede alimentar&nbsp una familia. Si la necesidad de abastecimiento se puede cubrir con el salario de cada cubano trabajador, quitemos la libreta y «a cada quien según su trabajo», pero según su trabajo en lo que ha estudiado, en lo que sabe hacer, en lo que es mejor y consecuentmente, más productivo, más útil a la sociedad cubana; según su trabajo honrado, no su capacidad para «inventar», «innovar» o «resolver»en el mercado negro. Si el trabajador tiene que ocuparse de suplir las necesidades (MUCHAS) que no cubre con la retribución por su trabajo; si, peor aun, se ve forzado a hacerlo en el mercado negro o con los bienes del Estado, no podremos tener lo que Cuba necesita; y mandatarios y cubanos tan inteligentes todos, trás consultas y más consultas,&nbsp a la ciudadanía&nbsp y al partido, no podemos decir que no sabemos lo que Cuba necesita, porque se sabe tan bien, como se conoce lo que necesita nuestro Estado y nuestra economía.
Respóndase con urgencia a esto, premiese el trabajo, para estimularlo. Acábense las gratuidades innecesarias, empezando por la del trabajo gratuito o remunerado sólo simbólicamente.
Los Sindromes, tienen causas que habria que analizar en la historia de Cuba, y estos afectan tanto a los cubanos como a sus instituciones. Curémonos unos y otro de ellos.

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