A 30 años de la invasión yanqui a Panamá

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En una emotiva actividad desarrollada el pasado 20 de diciembre por iniciativa de un grupo compañeros, que se desempeñaban como diplomáticos de Cuba en Panamá, durante la criminal e ilegal intervención militar de Estado Unidos en ese hermano país, se rindió homenaje al pueblo panameño y a las miles de víctimas, ocasionadas por hasta hoy, la inexplicable e impune acción militar, bajo el mentiroso pretexto de detener al general Manuel Antonio Noriega, a quien acusaban de narcotraficante y “dictador”.

Bajo el nombre de “Operación Causa Justa”, el 20 de diciembre de 1989, el gobierno del presidente George W Buch ordenó el desembarco marítimo y aéreo de mas de 27 mil soldados estadounidenses para derrocar el gobierno panameño.

La esencia real de la intervención militar, tenia como objetivo revertir los Acuerdos Torrijos-Carter, que habían devuelto la soberanía del Canal de Panamá a su verdadero dueño, el pueblo panameño. Esos acuerdos también establecían, la salida de las Fuerzas Militares norteamericanas de Panamá, incluida la tristemente célebre Escuela Militar de la Américas y el Comando Sur.

La situación geopolítica del área había cambiado con respecto a la que existía cuando en 1977 se firmaron los Tratados Torrijos-Carter sobre el Canal de Panamá. Basado en el Documento de Santa Fe— la administración de Ronald Reagan estaba presionando una renegociación de esos tratados y se había fortalecido el interés del Pentágono de mantener algunas de sus bases militares en Panamá.

En entrevista con quien se desempeñará como embajador de Cuba en Panamá, Lázaro Mora, este precisó que en “gran medida eso fue lo que determinó todo el apoyo que en el plano internacional y bilateral Cuba le prestó al gobierno panameño y a las Fuerzas de Defensa Panameña”.Ese apoyo cubano”, señaló el embajador, “y el de los países de América Latina y Caribeña también tomaba en cuenta la posición geoestratégica de ese país, por lo que representaba para la seguridad de la Región que se cumpliera el Tratado Torrijos- Carter, con la salida de las Bases Militares de Estados Unidos de Panamá”.

Imponer un gobierno títere con el malévolo objetivo de lograr sus propósitos, que fue juramentado en una base militar norteamericana, presidido por Guillermo Endara, nunca pudo lograr revertir los Acuerdos sobre el Canal, aunque posteriores gobiernos de derecha, para vergüenza del pueblo panameño, alguno de ellos, permitieron nuevamente el establecimiento de destacamento militares estadounidense, con el argumento de realizar ejercicios y custodiar la frontera del Darién, amenazada por la guerrilla colombiana.

Falso argumento la protección de la guerrilla colombiana, es público y notorio que esas fuerzas militares gringas, se encuentran en Panamá, ante una eventual intervención militar en Venezuela, intervención que, desde la desprestigiada OEA, se ha venido impulsando, por su Secretario General, el mercenario Luis Almagro, a través del vergonzoso y títere Grupo de Lima, del cual forma parte Panamá.

La impune y criminal intervención militar de Estados Unidos, provocó miles de muertos, aunque según cifras oficiales de la época, solo registraron unas 500 víctimas, pero organizaciones de derechos humanos estiman, los fallecidos en unos 2000 mil panameños, lo cierto es que el humilde y muy poblado barrio del Chorrillo y sus habitantes, quedaron sepultado bajo las bombas y la metralla de los invasores. Y ha sido en este 20 de diciembre del 2019, a 30 años de aquellos humillantes e infaustos hechos, que se ha decretado esta fecha, Duelo Nacional. Las victimas aún esperan reparación e indemnización de parte del gobierno de los Estados Unidos.

Resulta importante conocer que en entrevista con la agencia de noticia EFE, el pasado 18 de diciembre, el abogado estadounidense Sylvan “Sonny” Holtzman, a sus 89 años y al cumplirse 30 años del inicio de la «Operación Causa Justa», ha roto su silencio sobre las «conversaciones iniciales» que tuvieron lugar en Miami a comienzos de los años 80 con el propósito de «restablecer la democracia en Panamá» y , señaló, “que los principales protagonista de poner en practica el plan de intervención en Panamá, estuvieron, el Senador Demócrata Lawton Chiles, el cubano Jorge Mas Canosa y el banquero panameño radicado en EE.UU. Carlos Rodríguez, todos ya fallecidos”. Como se conoce Más Canosa era agente de la CIA y lideraba un grupo de terroristas cubanos en Miami.

Esta confesión, después de 30 años de los sucesos, cobra fuerza que la conspiración contra Panamá, comienza a principios de la década del 80 y debo recordar que el general Omar Torrijos, era un objetivo de los yanquis y no cabe dudas, de que su muerte no fue causada por un accidente, sino víctima de un atentado, su liderazgo era muy peligroso para los intereses norteamericanos y más aún, por los que significaba Panamá y su gobierno, por la solidaridad y respaldo que el general Torrijos le daba movimiento revolucionario sandinista, salvadoreño, guatemalteco y hondureño.

Se conoce que luego de la muerte de Torrijos, el general Noriega continuo las buenas relaciones con los revolucionarios centroamericanos y se negó, a contribuir con lo yanquis en sus ilegales acciones, contra la Revolución Sandinista y con el salvadoreño FMLN.

Durante este emotivo e histórico encuentro a 30 años de la invasión gringa, el ex embajador cubano en Panamá, Lázaro Mora, evocó, la preocupación del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, por la seguridad y la garantía para, que tanto el personal cubano, los refugiados panameños y especialmente los niños, que estuvieran protegidos, precisándole a Mora, que Cuba estaba denunciando ante las Naciones Unidas, la ilegalidad de la intervención estadounidense en Panamá y la petición de respeto a la inmunidad diplomática de acuerdo a la Convención de Ginebra y Viena.

Hizo un recuento de aquellos aciagos días, las amenazas a que estuvieron sometidos, cuando tanto nuestra embajada y la residencia del embajador fueron totalmente rodeadas por marines yanquis, incluyendo la colocación de un tanque Sherman, frente a la puerta de entrada de la Residencia, un nido de ametralladoras calibre 50 y el apostamiento de francos tiradores, con fines y amenaza de ingresar a nuestras instalaciones.

Afortunadamente todo quedo en amenaza, todo el personal cubano y hasta los niños, juraron que, si eso ocurría, los yanquis pagarían muy caro su felonía. De aquellos momentos recordó que nunca estuvieron solos, que además de Fidel, el comandante Manuel Piñeiro Lozada, jefe del Departamento América, se mantenía preocupado y en contacto permanente con él y con los compañeros Martin Cala y Alberto Cabrera, representantes de dicho Departamento en el país istmeño. De igual forma el canciller Isidoro Malmierca, estuvo pendiente y al tanto de la situación creada por la intervención militar de Estados Unidos.

Orgulloso, afirmó el embajador Lázaro Mora, “que tanto nuestros miembros de la misión diplomática, como los cerca de 80 compañeros y compañeras en transito por Panamá, cerraron fila y todos con la decisión de defender las instalaciones cubanas hasta con sus propias vidas”. “No hubo una sola vacilación”, concluyó.

El embajador panameño, Reynaldo Rivera, invitado a este encuentro, al usar de la palabra, recordó que él era uno de los refugiados panameño en la residencia y que también ellos, habían decidido que, frente a la agresión gringa, defenderían ese pedazo de territorio cubano. Recordó la etapa, cuando siendo muy joven fue embajador de Panamá en Cuba y ahora que había retornado a esta isla, con igual función, su propósito es el de fortalecer las relaciones entre ambos países y recuerda con mucha gratitud, aquellos momentos que vivió refugiado en la Residencia cubana.

Oscar Orama, embajador cubano ante las Naciones Unidas, en momento de la invasión militar, recordó, como el Comandante en Jefe Fidel Castro, le dio instrucciones para que hablara con el embajador estadounidense en ONU y responsabilizara al gobierno de los Estados Unidos, ante la situación creada en Panamá, donde la embajada y residencia cubana, estaban bajo amenaza y rodeadas por fuerzas militares y se pedía plenas garantías y seguridad para todo el personal cubano, los niños y refugiados panameños en la sede cubana.

El embajador yanqui dijo que se ocuparía de hacer llegar la posición del Gobierno cubano, y dijo no era un tema del Departamento de Estado sino del Pentágono y Orama le respondió pues dígaselo también al Secretario de Defensa.

Refirió, que, en ese momento, se estaba intentando debatir el tema en el Consejo de Seguridad, de las Naciones Unidas, pero que lamentablemente algunas representaciones en el Consejo de Seguridad, se mostraban ambivalente, por lo que la representación panameña y algunos de los países, incluyendo el de Cuba, estaban por llevar el caso al pleno de la Asamblea General.

Increíble, como una acción militar que violó todos los principios del Derecho Internacional, la Carta de la ONU y de la OEA, quede en la impunidad y sin ninguna condena, así lo expresaba el experimentado ex vice canciller y ex embajador en la ONU, Oscar Orama.

Luego de 30 años de aquellos acontecimientos, todos los que participaron comenzaron a recordar distintos hechos ocurridos durante la brutal invasión yanqui, lo que era la residencia que albergaba a 21 niño cubanos y 7 panameños, en mi caso que conocía a esos niños, admirar de como ya eran hombres y mujeres, quien no recuerda a la inquieta y amorosa Martica la hija de Cabrera y la eficiente y querida Marta, o ver al niño Arielito, ahora convertido en un hombre y con responsabilidades, y que decir de su mamá María Elena, la querida esposa del embajador Lázaro Mora, que con tanta entereza y dedicación contribuyo a organizar, la atención a los refugiados en la residencia, con el apoyo de todas las compañeras y niños y en otras importantes tareas, en medio de aquel zafarrancho de combate.

O como olvidar a Yail, la hija de la apreciada Miriam y de nuestro querido compañero Martin Cala, ya fallecido. Esa era candela, insultaba a los gringos que sobrevolaban con sus helicópteros la residencia. Lo menos que les gritaba era “hijos de puta” y junto con el combo de muchachitos que le seguían.

Poder compartir con el entrañable compañero José Luis Méndez, importante investigador del Instituto de Historia de la Seguridad Cubana, y autor de varios libros sobre las actividades de la CIA contra Cuba, de su esposa Lili, o de Miguel Cabrera historiador del Ballet Nacional de Cuba, que le sorprendió la invasión en Panamá, en tránsito hacia Cuba, intercambiar con Molina, Cordero, Llanes, Cancio, Yolanda y con Luis Delfín quien, como Ministro Consejero, tenía importantes misiones que cumplir y cumplió.

Que contar de Mayte la hija de Cabrera y Martha, la más pequeñita, una bebita en aquel momento, ahora convertida en la mamá de la bella Carolina, fue precisamente por ir a ver a Mayte a la residencia porque estaba enfermita, que Alberto Cabrera, es detenido por las fuerzas de ocupación militar, frente a la misma puerta de la Residencia y donde se produce un fuerte enfrentamiento entre el embajador Lázaro Mora y Cabrera con los militares norteamericanos.

Los hechos ocurrieron así, Alberto junto a Martin Cala se quedaron en la embajada, ocupándose de destruir toda la documentación que consideraban, el enemigo no debía obtener en caso de un asalto, donde sabían que ellos, perecerían, pero brindarían toda la resistencia armada hasta la última bala, junto a otros compañeros que permanecían allí al cuidado del edificio sede de la embajada. Todos tenían la misma decisión de defender el local hasta el último aliento de Patria o Muerte.

Lázaro conociendo que la niña de Cabrera estaba enfermita, le dijo que se fuera con él a la residencia, para que la viera, pasaron varios retenes y en todos les pedían la documentación, y continuaron sin problema, hasta que llegaron a la Residencia, cuando el reten apostado frente a la puerta les pide la documentación, devuelven los documentos del chofer Jorge Duran y del embajador Lázaro Mora y le dicen a Cabrera que tiene que bajarse del auto porque está en una lista con orden de detención.

Ahí se armó la refriega del embajador Mora y Cabrera, que se opusieron y dijeron que entrarían a la residencia, los marines se parapetaron frente a la puerta y rastrillaron sus fusiles ametralladoras contra Cabrera y el embajador, es en ese momento cuando el embajador de forma valiente y corajuda, les dice, para llevárselo a él me tienen que llevar a mí también con él, llega la Policía Militar y se baja la presión cuando acceden a que el embajador acompañe a Cabrera.

Me narra Cabrera que en los retenes había representantes de las diferentes agencias y organismos especializados de los Estados Unidos: la CIA, el FBI, la Inteligencia del Comando Sur, la Policía Militar, etcétera. Era evidente que la CIA era la que estaba deteniendo a Cabrera, porque los militares no querían mayores problemas.

La Policía Militar accede a llevarse también al embajador, los montan en dos jeeps Hummer, por separado, a Cabrera lo esposaron y al embajador no y los trasladan al cuartel de Panamá Vieja, de las Fuerzas de Defensa, allí estuvieron alrededor de 3 horas calcula Alberto, la detención fue cerca de las 4 de la tarde y los regresan a la Residencia cerca de las 7 u 8 de la noche. Luis Delfín que estaba hablando con el vice canciller Raúl Roa Kouri, cuando desde la garita observa la detención de Cabrera y el embajador, le informa, e inmediatamente Cuba comienza la denuncia de este acontecimiento.

Un comentario que escucharon Cabrera y Mora en el salón donde los tenían retenidos, un alto oficial de la 82 División del Ejército yanqui, le dijo a otro oficial, es un error haber traído al embajador, al rato les devolvieron la documentación y los liberaron y los regresaron a la Residencia, queda así para los anales de la historia que esto aconteció el 27 de diciembre de 1989 y lo recordamos a 30 años de la intervención militar de Estados Unidos a Panamá.

Unos días después de la detención de Cabrera se produjo otro incidente, con el agregado de prensa de la embajada, el compañero Jorge Sosa Chacón, a quien también retuvieron en un retén, pero lo liberaron casi de inmediato.

 * Tony López R.. Periodista, politólogo, analista internacional.

La Habana, cuba, 22 de diciembre de 2019. 11 y 45 hrs.

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