Ecuador: La pugna entre Rafael Correa y el presidente Lenin Moreno

Bien pudo haber dicho el ex presidente Rafael Correa Delgado: «El miedo y yo nacimos gemelos» como el pensador Inglés Thomas Hobbes, no tanto por las vicisitudes que tuvo Hobbes al nacer, sino porque todo indica que al final del decenio correísta este  se sostenía en gran medida en el miedo. El presidente saliente logró imponer temor al conjunto de la sociedad y a sus propios seguidores a través de diversos mecanismos represivos que cuidaban mantener las formas y donde utilizaba junto a los aparatos de seguridad y espionaje al poder judicial que estaba a su servicio. Apenas dejó el poder su régimen comienza a desmoronarse y comienza a respirarse como dijo el Presidente Moreno “aires de libertad.”

Esta caída tan rápida y estrepitosa del correísmo se explica en alguna medida en el hecho de que el  gobierno de Correa siempre fue un gobierno bonapartista marcadamente personalista sin muchas mediaciones, desde que lo erigieron líder de un conglomerado heterogéneo de fuerzas de derecha, centro e izquierda. Esto fue incubándose desde su primera campaña cuando todo se hacía en función y en torno a su figura. No estando presente la figura el sistema se desploma. Otro pilar del régimen correísta era una abrumadora red de propaganda oficial que mantenía a parte de la población sumida en un sueño ideal donde el Presidente tenía todo bajo control. Esto también fue desmontado por el nuevo presidente que comenzó acabando con las “Sabatinas” espacio de un conjunto de medios: televisión, radio y redes desde donde se gobernaba, insultaba opositores y daba indicaciones a todos los demás poderes sobre como tenían que proceder, todo esto mezclado con espectáculo donde el Presidente cantaba e incluso durante algún tiempo se contó con payasos y humoristas que denostaban a los opositores.

Es curioso y sorprendente observar como en menos de dos meses la figura omnipotente de Rafael Correa cae hecha trizas y queda reducida a un señor que manda twiters furibundos desde Bélgica criticando casi todo lo que hace el actual presidente Moreno. Pareciera ser que la peor derrota de Rafael Correa fue el triunfo de Lenin Moreno.

Por otra parte todas las  medidas que empezó a tomar Lenin Moreno contradecían y dejaban mal a su antecesor: renunció al aparato de seguridad creado por una ley de última hora y declaró que a él le bastaba con la Policía y la  Fuerzas Armadas. Nombra a un destacado dirigente indígena en la Secretaría Nacional de Aguas y le dio a la CONAIE, la organización indígena más representativa del país, el local estatal que ocupaba en comodato por 100 años. Siendo esta organización y sus dirigentes activos resistentes a las políticas del presidente Correa quien quiso quitarles el local, cuestión que no pudo llevar a cabo por la fuerte presión nacional e internacional.

 El  actual presidente ha trazado como eje central de sus políticas, el diálogo y este se comenzó a realizar con algunos sectores de la oposición y no solamente con los sectores afines como acostumbraba el anterior presidente, pero esto levantó polvo y tierra entre los seguidores más duros del expresidente,  y así podríamos seguir enumerando medidas que ha ido tomando en nuevo presidente que han ido enardeciendo al antecesor quien ha llegado al extremo de acusarlo de desleal y mediocre y sus partidarios han levantado públicamente la acusación de traidor, entregado a la derecha.

Si tomamos en consideración de que estamos hablando de personas que provienen del mismo movimiento político notamos una diferencia notable entre el nuevo régimen y el pasado, esta orientación distinta del nuevo gobierno radica en que señaló que iba a respetar la independencia de los demás poderes del Estado, y así lo ha hecho en el breve lapso de su gobierno, por el contrario en el anterior mandato del presidente Correa  este esbozó una teoría “sui generis”: él era el Jefe del Estado y no solo del gobierno y por tanto subordinó y copó a todos los demás poderes, luego no había la clásica división y equilibrio de poderes de las democracias representativas.

Esta pugna ha producido una sorprendente realineación de fuerzas, la oposición que tomó con dudas y reticencias el comienzo los diálogos finalmente frente a la evidencia del nuevo estilo ha terminado apoyando al Presidente quien además ha subido considerablemente su aceptación en las encuestas por sobre el 70%, recordemos que el Presidente Moreno fue elegido con apenas un poco más de la mitad de los votos y con un cuestionamiento acerca de la limpieza en el proceso electoral, una vez en el ejercicio del gobierno y dado sus políticas y estilo consolidó su hegemonía y nadie pone en duda su legitimidad como Presidente de la República, de tal manera que hoy, y esto puede ser momentáneo, cuenta con el apoyo tácito de toda la oposición tanto de izquierda como de derecha además de sus propios partidarios. Solo están haciendo una violenta oposición los correístas más duros. Incluso los medios de comunicación a quienes el expresidente Correa combatió duramente durante sus 10 años de mandato también fueron convocados al diálogo y hoy tienen una posición de franca simpatía con el actual régimen.

Otro elemento que ha contribuido a alimentar las tensiones entre el bando correísta y el bando morenista es el factor corrupción. Una gran manto negro como el petróleo ensombrece la gestión de la llamada Revolución Ciudadana, los escándalos de corrupción  que comprometen a varios ministros y otros altos funcionarios del gobierno de Correa, que están implicados, procesados, con glosas, detenidos o fugados, incluido un tío del Vicepresidente acusado de recibir 13 millones de dólares por conceptos de coimas, además de la renuncia y posterior enjuiciamiento político a quien fue durante toda la década correísta fue el Contralor  General de la República, todo esto ha generado un clima de reproches mutuos que está manchando al gobierno anterior sobre todo desde que la fiscalía estadounidense publicó documentos en que la compañía ODEBRECHT hizo pagos por sobornos en el Ecuador por la cantidad de 33,5 millones de dólares que muchos analistas estiman que la cifra se queda corta.

Cuando estalló públicamente la pugna entre el presidente entrante y el saliente, el nuevo mandatario convocó a una reunión a todos los parlamentarios de su movimiento y su discurso fue básicamente el siguiente: no se asusten por las diferencias de los dos líderes, pero no nos vamos a dividir por eso y parece que por el momento el movimiento Alianza País no se divide y el expresidente queda más aislado que nunca.

Pero ¿Qué hay detrás de esta pugna? ¿Qué intereses se están jugando?

Al parecer no hay diferencias programáticas o ideológicas profundas, porque en definitiva ninguno de los dos bandos tiene un proyecto claro que no sea como abordar pragmáticamente la crisis, de tal manera que lo que se ve es un cambio entre una opción autoritaria y otra más democrática, eso hasta ahora, esto puede cambiar o no con el devenir. Se trata entonces de una pugna inter burocrática entre los funcionarios que fueron maltratados en el gobierno de Correa y los seguidores del estilo autoritario del expresidente, aunque observamos también una mezcla confusa entre funcionarios de antes, los desplazados de ayer y algunas figuras nuevas en la estructuración del gabinete y otros cargos públicos, además de una serie de contradicciones que se irán desenvolviendo en el tiempo.

Cabe decir lo siguiente el gobierno de Correa tuvo una primera fase, digamos con cierta licencia, democrático populista durante los dos primeros años de gobierno, de ahí para adelante una vez cumplidas las primeras metas empezó un agudo proceso de ruptura con las tendencias democráticas dentro su propio movimiento. En la segunda etapa se empezó a imponer un desarrollismo modernizante, autoritario y populista mezclado con políticas ultraconservadoras, derivadas de la formación católica del expresidente, en temas como familia, aborto, drogas, género, diversidades sexuales, se desplegó entonces un socialcristianismo ideológico combinado con un neo desarrollismo extractivista; hasta que esto derivó en los tres últimos años de su gestión en un regreso a las políticas neoliberales que tanto se vilipendiaron en la primera y segunda etapa: privatizaciones, tratado de libre comercio, formas moderadas de flexibilización laboral, etc., etc.

 La modernización capitalista de Correa apuntó a favorecer a grupos económicos emergentes como Nobis, La Favorita, El Juri, Pronaca. En cambio el Presidente  Moreno al parecer intenta convertirse en el guardián general de los intereses del conjunto de los grupos dominantes. Y ha realizado un llamado a todos los empresarios para que inviertan, puesto que el Estado no está en condiciones de hacerlo en la magnitud que se hizo durante la bonanza petrolera. La gran pregunta es qué tipo de concesiones está dispuesto a hacer a los empresarios. Puede prefigurarse que para los sectores populares se tiene diseñado una serie de políticas asistencialistas, cese al menos en una primera etapa de la represión y la criminalización de la protesta, y otorgarles quizás ciertos grados relativos de participación.

La otra gran pregunta es si los trabajadores, los indígenas, los demás sectores populares optarán por una vía de independencia o serán cooptados a las políticas gubernamentales. Ahora también corresponde preguntarse si las tímidas medidas democráticas se profundizaran o son meros distractores para distensionar el ambiente político, porque en realidad se necesita una consulta popular que modifique la constitución y algunas leyes para desarticular la estructura opresiva que dejó el correísmo.

El economista Rafael Correa Delgado deja la economía en un estado calamitoso, el Presidente Moreno lo expresó en la frase “la mesa no estaba servida” replicando al expresidente que había señalado que la mesa estaba servida para el próximo gobierno. La caída de los precios del petróleo y la apreciación del dólar se ha visto agravada por el hecho que no hubo ahorro de ningún tipo y se creó un gasto insostenible al agrandar en forma desmesurada las reparticiones estatales,  de tal manera que el gobierno de Lenin Moreno se va a ver obligado a realizar ajustes para lo cual necesita apoyo político y consensos.

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