Publicado en: 9 marzo, 2015

8 de marzo Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Por mireya davila

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora surge de aquel encuentro internacional en 1910 donde se acordó promover la lucha por el derecho al voto sin ninguna limitación contemplada por la democracia censitaria burguesa.

Con poca frecuencia se ha debatido en el ámbito académico sobre el origen del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No obstante, las distintas versiones sobre la celebración se encuentra en la opinión pública y en los numerosos artículos divulgativos oficiales y no oficiales1. Durante décadas, la celebración del Día Internacional de la Mujer2 fue un homenaje a las mártires de 1857 que en Nueva York fallecieron en el incendio de una fábrica textil en huelga. El origen del 8 de marzo no se encuentra en un evento histórico específico, como el del incendio, sino que tiene sus raíces en el movimiento de obreras y sufragistas que confluyen a principios del siglo XX en Estados Unidos y Europa.

Y más aún, las organizaciones feministas socialistas y comunistas contribuyeron a la oficialización e internacionalización de esta fecha al instituir un día al año no sólo para rememorar el pasado de las luchas populares sino para hacer pública la demanda de igualdad en las condiciones laborales, protestar contra explotación y conquistar la ciudadanía política que el voto podría conferirle a las mujeres. En definitiva, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora surge de aquel encuentro internacional en 1910 donde se acordó promover la lucha por el derecho al voto sin ninguna limitación contemplada por la democracia censitaria burguesa.

A continuación veremos cómo se fraguó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y el legado del proyecto feminista socialista de principios de siglo XX.

Industrialización y lucha obrera

Hacia 1860 Estados Unidos protagoniza una revolución económica conocida en la historiografía como la Segunda Revolución Industrial3, en la que el desarrollo científico y técnico jugó un papel importante en el diseño y construcción de máquinas con uso de energía eléctrica y combustible derivado de petróleo. La producción en cadena donde cada obrero se ocupa de la elaboración de una sola pieza y no de la fabricación total del producto, hizo que la expansión fabril se manifestara en el crecimiento de la producción, en la formación de un mercado nacional compuesto por los sectores medios y trabajadores, y en la inversión de grandes corporaciones con capital financiero. Así Estados Unidos comenzaría a expandir el modelo económico capitalista, a regir los asuntos internacionales y a colocar sus bienes en el mercado mundial.

Desde un principio la creciente industria estadounidense necesitó atraer fuerza de trabajo, los inmigrantes europeos vieron en el norte de América una oportunidad de mejorar sus condiciones de vida, en comparación a las que se encontraban en sus países de origen. Estados Unidos fue convirtiéndose en “una nación de naciones”, como la llamó el historiador Samuel Eliot Morison.. En los centros de producción se encontraron mujeres y hombres de distintas nacionalidades y grupos étnicos: irlandeses, italianos, alemanes, checos, así como también judíos de origen polaco, lituano, eslovaco, ucraniano y húngaro. El autor explica las causas de la emigración en Europa:

“La transferencia de personas del Viejo Mundo al Nuevo fue el experimento más extenso y victorioso de su especie en la historia, llevado a cabo en mayor escala y sobre un período más largo y con menos reacciones que ninguna otra empresa comparable. La perturbadora revolución agrícola de Europa, la persistente pobreza de los campesinos, los recurrentes malos tiempos para los obreros, la guerra y la constante amenaza del servicio militar para los jóvenes, la opresión política, la persecución religiosa, un sistema de clases que cerraba la puerta de la oportunidad a las grandes masas de los pobres y negaba la educación de sus hijos: éstos fueron durante 200 años los principales motivos de emigración de 40 millones de europeos a los Estados Unidos…”4

Entre 1860 y 1920 se triplicó la población en las ciudades y los inmigrantes traían consigo la efervescencia de la lucha obrera, inspirados en las corrientes políticas del socialismo utópico y el anarquismo europeos.

Las mujeres y los niños sufrían una mayor opresión dentro del sector obrero, además de trabajar un promedio de 60 a 84 horas semanales en la industria textil y del vestido y, en muchos casos, arriesgaban la vida exponiéndose a las tareas de maquinistas sin gozar de seguridad industrial, recibían un salario menor que el de los hombres. A cambio de vender su fuerza de trabajo obtenían un promedio de 3.93 a 6.91 dólares, menos de la mitad que sus compañeros obreros. Bajo estas condiciones las mujeres obreras, niños y niñas se encontraban en una situación de vulnerabilidad; sometidos al acoso y abuso sexual.

En la medida en que se incrementaba la producción y la actividad fabril no paraba ni un día a la semana, también crecía la organización de trabajadoras y trabajadores de la industria. En primer lugar, exigían la reducción de la jornada laboral y mejores salarios, para ello, organizaron protestas y huelgas, en varias ocasiones pararon la producción por varios días y se congregaron en agrupaciones políticas como la National Labor Union que en 1866 fue la primera federación nacional de trabajadores, integrada por sindicatos y sectores reformistas de clase media, entre ellos, se encontraban mujeres defensoras del sufragio femenino. Los dueños de las fábricas arremetían contra la organización obrera y lograban eludir las demandas laborales, al respecto Eliot Morison señala:

“…las grandes corporaciones podían permitirse el lujo de sostener un conflicto durante meses, importar rompehuelgas, alquilar detectives de Pinkerton*, sostener luchas en los tribunales con abogados bien pagados, comprar la prensa y los políticos influyentes y, si era preciso, cerrar fábricas y lanzar a los obreros al hambre hasta que se diesen por vencidos.”5

Las mujeres se encontraban en las fábricas bajo el mismo dominio patriarcal que se reproducía en el hogar. Su trabajo en la industria -en su mayoría textil donde desempeñaban labores similares a las tareas domésticas, tales como: lavanderas, tejedoras, costureras, planchadoras- no era remunerado con un salario justo, por el contrario, el pago menor favorecía a los dueños capitalistas y su jornada era considerada un ingreso complementario en la economía del hogar. Al respecto, nos dice Morison:

“La ’emancipación’ de la mujer no resultó un éxito completo, pues muchas se emanciparon de la servidumbre del hogar para caer en la servidumbre del taller. El paso de la casa de campo a la habitación urbana y la reducción de las familias limitaron las actividades domésticas de las mujeres, pero cuando éstas dirigieron sus energías y talento a la industria, los negocios o las profesiones, encontraron en todas partes un trato

discriminatorio.”6

Las mujeres obreras sufrían el mismo trato discriminatorio en la vida pública como en el hogar y mucho menos se le permitía la participación política ni el sufragio. Si en la vida privada las mujeres se encontraban en desventajas legales frente a sus maridos, en la vida pública la situación empeoraba, sin mínimas posibilidades de participar en el ámbito político para transformar su realidad. En este contexto, las mujeres obreras organizaron acciones de calle, huelgas y protestas, en muchas ocasiones sin el apoyo de las organizaciones socialistas y sindicales compuestos en su mayoría por hombres, pero en alianza con mujeres de clase media y de profesiones liberales que integraban el movimiento sufragista. En medio de este panorama, aparecen las primeras organizaciones de mujeres, por un lado, las denominadas “sufragistas”, promotoras de la participación política de las mujeres en la elección de cargos públicos y, por otro lado, las mujeres obreras, defensoras de los derechos laborales y de la causa revolucionaria.

Movimiento sufragista femenino de entresiglos

Entre 1870 y 1939 el movimiento feminista por el sufragio tuvo lugar en Estados Unidos y Europa con repercusiones en América Latina. Estas organizaciones femeninas promovían el voto como derecho fundamental para el ejercicio de la ciudadanía, en oposición al sufragismo censitario de la democracia liberal y burguesa que no contemplaba el derecho al voto de todos los hombres sino de aquellos que poseyeran propiedades y supieran leer y escribir. Si los hombres pobres no estaban incluidos en las decisiones políticas de la nación, mucho menos lo estaban las mujeres tanto pobres como ricas.

Las mujeres de clase media consideraban que el voto inauguraría su accionar en la vida pública y a través del sufragio podrían influir en la arquitectura jurídica que, hasta ese momento, no contemplaba la igualdad ante la ley entre mujeres y hombres. Convertirse en una mujer ciudadana -actora política de la nación-, según las sufragistas, era el primer paso para el reconocimiento de sus derechos económicos y sociales.

Las sufragistas vieron en las mujeres de la clase obrera un frente popular para ampliar su movimiento político y juntar fuerzas en las peticiones, lo que derivó en organizaciones policlasistas de mujeres. Ana de Miguel Álvarez7 señala que el movimiento sufragista en Estados Unidos tiene su origen a mediados del siglo XIX y estuvo vinculado con la corriente abolicionista, décadas más tarde las feministas socialistas, utópicas y marxistas se unieron a este movimiento político. Las diferencias entre las corrientes ideológicas eran latentes, en el caso de las socialistas, diferenciaban la lucha de las mujeres de la clase obrera a la de las mujeres burguesas, no obstante, todas coincidían en que la conquista del sufragio era una táctica para la emancipación de la mujer.

Alexandra Kollontai señalaba una situación similar del movimiento de mujeres burguesas en Europa, donde se consolidó una red de organizaciones femeninas que pretendían ser representantes de “todas” las mujeres, al respecto decía:

“El movimiento feminista burgués pretendía ser no clasista, neutro, y afirmaba que representaba las reinvindicaciones y las acciones de todas las mujeres. Sin embargo, la realidad era muy diferente, y las feministas burguesas no representaban finalmente nada más que sus propias reivindicaciones e intereses, lo cual no excluye el hecho de que el movimiento feminista burgués reclutase a sus miembros entre las capas sociales más diversas…”8

Por otro lado, se encontraban las feministas anarquistas quienes no consideraban el voto un logro en la lucha por la emancipación de la mujer, contrariamente a las socialistas, veían que la causa de la opresión era el Estado, era necesario erradicar cualquier forma de dominio patriarcal. Según su perspectiva, la organización estatal era una creación masculino que basaba su dominio sobre las mujeres en el artificio jurídico. Las anarquistas proponían una verdadera liberación femenina que emergiera de sus propio desarrollo histórico, alterando el modelo político patriarcal.

Emma Goldman, una de las mayores exponentes de la corriente feminista anarquista, señalaba que el voto no terminaría con la situación de pobreza y desigualdad en la que vivían las mujeres obreras.

“…no creo que la influencia de la mujer empeore el ambiente político, pero tampoco creo que lo mejore. ¿Y si no puede enderezar los errores de los hombres, por qué contribuir a perpetrarlos? (…) En ese sentido el sufragio ni añadirá ni quitará esa cualidad intrínseca. El desenvolvimiento ideal de sus facultades, su libertad, su independencia personal deberá ser la obra de su propio intelecto y de sus propias manos. Primero, afinándose como carácter y como individualidad libre, y no como un objeto de placer; segundo, rechazando todo derecho que se quiera imponer sobre su cuerpo; rehusándose a procrear, cuando no se sienta con necesidad de hacerlo, negarse a ser sierva de dios, del Estado, de la sociedad, del marido, de la familia, simplificando su existencia tornándola más profunda y rica en nobleza.”9

No obstante, las socialistas mantuvieron su lucha por el voto femenino como instrumento político para alcanzar logros concretos, por ejemplo, intervenir en el diseño de políticas públicas que transformaran radicalmente las condiciones de subyugación en las que se encontraban las mujeres obreras. Las mujeres socialistas y anarquistas coincidieron en la incorporación de las mujeres a la educación, como estrategia para alcanzar la independencia política y económica, tanto del marido como del patrón.

Clara Zetkin en 1907 señala con claridad en qué condiciones las organizaciones socialistas de mujeres obreras podían estar acompañadas del movimiento sufragista para el avance de la revolución del proletariado:

“…Las proletarias no deben contar, por tanto, con el apoyo de las mujeres burguesas en al lucha por sus derechos civiles; las contradicciones de clase impiden que las proletarias puedan aliarse con el movimiento feminista burgués. Con ello no queremos decir que deban rechazar a las feministas burguesas si éstas, en la lucha por el sufragio universal femenino, se pusieran a su lado y bajo su dirección para combatir en diversos frentes al enemigo común…”10

La unidad entre sufragistas y socialistas promovió un frente interclasista de liberación femenina por el derecho de las mujeres a un salario justo y a la formación, de gozar protección laboral y maternal, suprimir el trabajo infantil y a favor del voto universal. No obstante, la militante comunista Kollontai advertía que las conquistas de las mujeres burguesas se ceñían dentro del sistema capitalista, por tanto, no cambiarían a profundidad la situación de las mujeres obreras, “una protección legal de la madre y otras leyes especiales que debían garantizar la protección de la trabajadoras”11, no resolvía la calamidad de una mujer obrera que debía encargarse de sostener a la familia y del cuidado de los niños y el hogar, en detrimento de su cuerpo, de su vida y del tiempo necesario para el disfrute, la formación y el placer.

Tiempos de huelgas y de la Internacional de Mujeres Socialistas

Entre 1908 y 1910 en Estados Unidos hubo varias huelgas organizadas por las obreras, en algunos casos, lograron detener la producción por varias semanas12. Las mujeres obreras y socialistas en alianza con las sufragistas, no sólo organizaron huelgas y agitaron las masas obreras exigiendo las transformaciones económicas y sociales, sino que también sus delegadas se congregaron en asambleas políticas de alcance internacional para tratar los asuntos de la desigualdades civiles entre mujeres y hombres, tanto en Europa como en Estados Unidos. Es el caso de las sufragistas fundadoras de la agrupación política Women’s Trade Union League, a la que sumaron obreras con el fin de conquistar derechos laborales y ciudadanos. Progresivamente, las mujeres de clase media engrosaron sus filas para conseguir el sufragio, mejorar la educación y defender la igualdad entre mujeres y hombres en la familia.

Una de las reuniones más importantes celebradas por estos años fue la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, realizada el 17 de agosto de 1907 en Stuttgart, Alemania, a la cual asistieron 58 delegadas provenientes de Alemania, Italia, Austria, Francia, Finlandia, Inglaterra, Suiza, Noruega, Holanda, Bélgica y Estados Unidos. La reunión cumplió con la siguiente agenda:

“1° Memoria acerca del movimiento socialista femenino en los distintos países de Europa.

2° Establecimiento de relaciones constantes y periódicas entre las socialistas organizadas de los distintos países; y

3° Derecho electoral de la mujer.”13

Zetkin propuso la creación de una oficina internacional que recibiera las memorias del trabajo de las organizaciones socialistas y divulgara sus alcances a través del órgano Gleichheit (La Igualdad). En su intervención definió los objetivos del movimiento feminista internacional:

“…El movimiento proletario femenino de todos los países tiene en un primer término un fin educador: llevar la mujer al socialismo, despertando en ella el sentimiento de clase, convirtiéndola en combatiente de la emancipación social. Pero tiene otro fines más inmediatos: la protección de la mujer, como obrera, como madre, como esposa y como ciudadana, contra el abuso, y la conquista de la igualdad política al efecto de ayudar á

los proletarios á destruir el actual estado social.”14

La estrategia de internacionalizar el movimiento político e intercambiar sus experiencias para consolidar una sola fuerza social que procurara la liberación de todas las mujeres oprimidas, lo enfatiza en esa intervención:

“…Es indudable que el movimiento socialista y revolucionario femenino será más poderoso, más efectivo cuando las mujeres de todos los países se unan y se apoyen mutuamente…”15

En el último punto de la agenda fue cuestionada la democracia burguesa. Las socialistas rechazaban la falsa igualdad bajo los parámetros del sufragio censitario, en la que el individuo propietario educado es el único facultado para ejercer el voto, por el contrario, defendieron el voto ilimitado para las mujeres, en oposición al orden social que emergía del capitalismo:

“…el movimiento socialista femenino de todos los países rechaza el derecho electoral limitado de la mujer como una falsificación de la igualdad política, afirma que su ideal es el derecho electoral sin limitación de ninguna especie, excepto las de la mayoría de edad…”16

El resultado de la discusión entre mujeres sufragistas y socialistas fue comprometer a sus partidos en la lucha por el voto femenino. Para ello, la I Conferencia Internacional eligió a Clara Zetkin para asumir la Secretaría Internacional de la Mujer, quien varios días después, expuso el acuerdo de las feministas en el VI Congreso Socialista Internacional. Allí señaló que el voto femenino no era el fin de la lucha de las mujeres proletarias, sino más bien el principio de la emancipación política y era necesario que, en ese proceso de revolución socialista, la mujer obrera luchara en las mismas condiciones que el hombre proletario:

“…El reconocimiento del derecho de voto al sexo femenino no suprime la contradicción de clase entre explotadores y explotados, de la cual surgen los obstáculos más tenaces para el libre y armónico desarrollo de las proletarias (…) Nosotros, socialistas, pedimos el derecho de voto para las mujeres, no como un derecho natural, nacido con la propia mujer, sino que lo pedimos como un derecho social basado en la nueva actividad económica, en la existencia y en la consciencia personal totalmente transformada de la mujer…”17

En este evento, las representaciones de los partidos socialistas de unos 25 países de Europa, América Latina18 y Estados Unidos aprobaron la moción de Clara Zetkin, solidarios en la lucha por el sufragio femenino, sin distinción de clase social, declarando:

“…En aquellos países donde ya se haya efectuado la democratización parcial o total del derecho de sufragio, los socialistas deberán luchar por la implantación del sufragio universal femenino y por la concesión de cuantos derechos complementarios puedan reclamarse en relación con el Código Civil…”19

Del Woman’s Day al Día Internacional de la Mujer

Dos años antes de oficializarse el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Estados Unidos varias organizaciones de mujeres se reunían un día al año, al cual llamaron Woman’s Day (Día de la Mujer). El 3 de mayo de 1908 se congregaron en el teatro The Garrick, en Chicago, allí las socialistas participaron en el debate sobre la situación de las obreras, en rechazo a la esclavitud sexual y abogaron por el derecho al voto. Al año siguiente, el 28 de febrero las mujeres se congregaron alrededor del Woman’s Day en Nueva York con grandes manifestaciones y, a partir de esta fecha, hasta 1913, el Día de la Mujer fue celebrado el último domingo de febrero en Estados Unidos.

Unos meses antes de celebrarse la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en 1910, las socialistas norteamericanas se reunieron el último domingo de febrero con objetivos más definidos: divulgar las condiciones de explotación entre la militancia obrera, visibilizar la situación de las mujeres proletarias con largas jornadas laborales sin descanso, salarios a la mitad y víctimas de acoso sexual por los patrones. La intención fue proclamar la lucha de las obreras a través del Partido Socialista estadounidense, la única agrupación política que defendía la igualdad social y económica entre hombres y mujeres. Las sufragistas aliadas también aprovecharon para elevar la propuesta del derecho al voto, y así las delegadas socialistas decidieron llevar estas vindicaciones a la conferencia a realizarse en Copenhaguen. Al respecto, aclara Carmen López:

“…el origen del Día Internacional de la Mujer no está en ninguna manifestación de obreras, sino que fueron las trabajadoras que habían acabado la huelga 12 días antes las que asistieron a los actos celebrados por las socialistas en defensa del voto de las mujeres. Dado que la reivindicación que justificaba la celebración del Woman’s Day era el derecho al voto para las mujeres, a las obreras les era más fácil identificarse con las sufragistas que con los hombres de su misma clase social.”20

Sin duda, eran tiempos de agitación política en las calles y de asambleas para trazar estrategias y alianzas con la Internacional Socialista. Las mujeres militantes no sólo actuaron en las marchas y protestas y agrupando a más obreras en la dirección política sino que además formularon planes de alcance popular que permitieran conseguir objetivos políticos a corto y mediano plazo. En este contexto, se reúne en agosto de 1910 la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas con una destacada participación de Clara Zetkin por su propuesta de celebrar un Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en repudio a las condiciones de opresión en la que se encontraban las mujeres obreras en el mundo y a favor de la emancipación de la mujer. Al mismo tiempo, se vislumbraba la guerra en Europa y las socialistas propusieron que ese día también se hiciera un llamado a la paz. Aún cuando en el acuerdo no se fijó un día específico, a partir de entonces el Día Internacional de la Mujer Trabajadora comenzó a celebrarse en varios países de Europa.

Primeras conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Europa

A partir de 1911 las socialistas tomaron un día del año para hacer pública su postura política y convocaron a más mujeres para unirse al movimiento revolucionario. La primera de estas conmemoraciones tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. El día 19 de marzo fue escogido en Alemania por conmemorarse la protesta obrera en contra de Guillermo de Prusia en 1848. Mientras que en París fue celebrado 18 de marzo, en Estados Unidos seguían conmemorándolo el último domingo de febrero.

Este año fue de especial relevancia en Norteamérica por el incendio acaecido en la fábrica del vestido Triangle Shirtwaist Company21, ocurrido en Nueva York. Cerca de 146 mujeres, de origen judío e italiano murieron en la tragedia. En los años que siguieron las organizaciones sindicales como la International Ladies’ Garment Workers’ Union (ILGWU) se fortaleció junto con la American Federation of Labour (AFL) y lograron legislaciones garantes para la seguridad laboral en ese país.

Por pirmera vez, en 1914 el Día Internacional de la Mujer se celebró un 8 de marzo, ese día las mujeres obreras de Alemania, Suecia y Rusia denunciaron la explotación en las fábricas. Mientras que los hombres eran reclutados para cumplir con el servicio militar en la guerra, las trabajadoras se encontraban en situación de miseria y vulnerabilidad.

Del 8 de marzo de 1917 a la Revolución de Octubre

La destacada participación de las mujeres en la Revolución de Febrero fue decisiva para el partido bolchevique y la conquista de la revolución proletaria. En 1917, tal como venía ocurriendo todos los 8 de marzos, las mujeres obreras salieron a las calles de Moscú a protestar contra la participación de Rusia en la guerra, la desigualdad en las condiciones laborales y la escasez de alimentos. Las mujeres decidieron convocar a la agitación pública y, aunque contradecía la estrategia política concebida por los bolcheviques, el estallido popular del 8 de marzo (23 de febrero en el calendario juliano), protagonizado por las obreras, puso fin a la dinastía Románov. Los sucesos del 8 de marzo sobrevinieron en el proceso revolucionario que más adelante proclamó la República Soviética. E.H. Carr señala el papel combativo de la irrupción popular en los sucesos de febrero:

“La Revolución de Febrero de 1917 que derribó la dinastía Románov fue el espontáneo estallido de unas masas exasperadas por las privaciones de la guerra y por una eminente desigualdad en reparto de las cargas bélicas”22

En 1920, Vladimir Ilich Lenin señalaba, con motivo del Día Internacional de la Obrera, la importancia de incluir en condiciones dignas, a las mujeres obreras al proyecto socialista. La revolución convocaba a “incorporar a la mujer al trabajo social productivo, arrancarla de la ‘esclavitud del hogar’, liberarla de la subordinación -embrutecedora y humillante-”.23

La Revolución rusa dio pasos agigantados en los derechos de la mujer, en consecuencia, se aprobaron varias de las demandas feministas: derecho al voto, socialización del trabajo doméstico, protección a la maternidad, el divorcio, entre otras. La transformación radical de las normas jurídicas y la creación de otros mecanismos legales para reivindicar la liberación de la mujer fue el resultado de la labor incansable de militantes comunistas como Alexandra Kollontai, Clara Zitken y Rosa Luxemburgo, entre otras, todas precursoras del movimiento de mujeres feministas de la época.

Lenin a propósito del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, señalaba el carácter emancipador de la mujer en la Revolución bolchevique:

“Y no es posible incorporar las masas a la política sin incorporar a las mujeres. Porque, bajo el capitalismo, la mitad femenina del género humano está doblemente oprimida. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital y, además, incluso en las repúblicas burguesas más democráticas, no tienen plenitud de derechos, ya que la ley les niega la igualdad con el hombre…”24

Clara Zetkin expuso un informe sobre el movimiento revolucionario de mujeres en el III Congreso de la Internacional Comunista que se llevó a cabo entre junio y julio de 1921 y con ello, se adoptaron dos resoluciones a favor de la lucha internacional de las obreras: consolidar los vínculos de las comunistas en el extranjero a través del Secretariado Internacional de la Comintern y ahondar en “las formas y los métodos del trabajo comunista entre las mujeres”25

La revolución había suprimido aquellas leyes que mantenían a la mujer en el hogar y las confinaba únicamente al trabajo doméstico, al tiempo que, abolió la propiedad privada de las tierras y las fábricas, en procura de que la mujer se dedicara a la formación, al trabajo colectivo y a la producción para el bienestar común. En Rusia se materializaban las exigencias de las mujeres obreras y socialistas que proclamaron el 8 de marzo el día para visibilizar sus luchas y victorias. En revolución, además de analizarse la situación de la mujer en el capitalismo, también se insistía, gracias a la contribución del trabajo militante de Kollontai y Lenin, en destruir el modelo patriarcal de la sociedad rusa con experiencias concretas de emancipación de la mujer en la vida pública y privada y en colectividad.

Día Internacional de la Mujer en Venezuela: ¡Viva el voto femenino!

El clima político internacional que, desde décadas anteriores a 1930 se vivía en Europa y Estados Unidos, también tuvo su expresión en el ámbito nacional. En 1944 por primera vez se celebró en Venezuela el Día Internacional de la Mujer26, convocado por las mujeres de clase media organizadas por el voto femenino27.

El 8 de marzo las mujeres cumplieron con el rigor de los actos oficiales, asistieron al Panteón Nacional, rinderon honores al padre de la patria en la Plaza Bolívar de Caracas y de la misma forma dejaron una corona de flores al sepulcro de su esposa, María Teresa del Toro, en la Catedral. En la plaza principal Josefina Juliac de Palacios ofreció un discurso político que terminó con la consigna: ¡Viva el voto femenino!. En los colegios femeninos o con representación femenina, Fermín Toro, Católico Venezolano y en la Normal del Mujeres, también se realizaron homenajes a las mujeres que luchaban por la democracia y en repudio a la guerra que se vivía en Europa. Para cerrar la celebración, las organizadoras convocaron a una jornada de reflexión sobre el estado actual de los derechos políticos de la mujer. En la conferencia intervino Lucila Palacios, integrante del Comité, y apuntó la necesidad de incorporar a la mujer en el proceso de su propia liberación, mientras que, Eumelia Hernández por la Unión Municipal, intervinó con el tema “Mujer trabajadora y el momento actual”, en la que recordó a Clara Zetkin y llamó a la realización pronta del Congreso Femenino. También las acompañaron Josefina Palacios por el partido Acción Democrática (AD), Pastor Oropeza por el Partido Democrático Venezolano (PDV), Luis Beltrán Pietro Figueroa, Luis Tovar, vocero de los trabajadores de la industria petrolera y Miguel Otero Silva.

La celebración estuvo signada por un espíritu de unidad entre las mujeres sin distingo de clase social y con ausencia del carácter reivindicativo de la mujer trabajadora. La idea de que el voto las unía a todas soslayó la naturaleza combativa de la mujer empobrecida y obrera, aquella celebración inaugural buscó homogeneizar a la mujer venezolana para contar con la fuerza política necesaria que respaldara el reclamo de ciudadanía liderado por las mujeres de clase media.

“En efecto, el ‘Día Internacional de la Mujer’ no es para levantar a determinada mujer, ni siquiera a varias, sino a todas las mujeres. Es el día de la obrera, de la profesional, de la proletaria, de la dama encopetada, de la intelectual, de la madre, de las hijas, de la esposa, de la novia… y hasta de la infeliz ‘magdalena’. Un día verdaderamente amplio, fraternal, solidario, total (…) Una masa homogénea de mujeres celebrando su día (…) es sin duda alguna lo más efectivo que puede hacerse en pro del Voto Femenino.”28

Durante ese mismo año las organizaciones de mujeres se unieron en el Comité Pro Sufragio Femenino que llevó a cabo la campaña por el derecho de las mujeres a participar en la vida política de la nación, logrando que el Congreso Nacional aprobara únicamente el voto femenino para las elecciones municipales. En aquel entonces, la dirigencia política manifestó que las elecciones locales, considerada de menor trascendencia, sería una prueba para que las mujeres demostraran su inteligencia y capacidad de decisión política. No obstante, las mujeres venezolanas al conseguir sólo el sufragio limitado continuaron la lucha a través de su órgano divulgativo, el Correo Cívico y trabajaron con otros partidos políticos para posicionar el tema sobre la igualdad entre mujeres y hombres. Finalmente, en 1947 la Junta de Gobierno, conformada posterior al derrocamiento del gobierno de Isaías Medina Angarita, estipuló el voto universal, directo y secreto y, de esta manera, las mujeres no sólo consiguieron votar sin restricción alguna sino también a ser elegidas en cargos de representación pública.

En 1945 se consagró en Venezuela, por segunda vez, el Día Internacional de la Mujer con la Segunda Conferencia Venezolana de Mujeres, llevada a cabo durante los días 8, 9 y 10 de marzo. En esta oportunidad se reunieron delegadas de organizaciones femeninas culturales, obreras, deportivas, parroquiales y benéficas provenientes de distintas regiones del país: Zulia, Lara, Trujillo, Guayana, Sucre, Miranda, Táchira, Anzoátegui, Bolívar y Distrito Federal. Una comisión se reunió con el presidente Isaías Medina Angarita en la que manifestaron:

“…la preocupación de la mujer venezolana por todos los problemas que son de vital importancia para el pueblo, los cuales no antepone a la mujer a sus problemas específicos sino que los considera como parte principal en su lucha por las reivindicaciones más queridas…”29

En esta segunda reunión, las delegadas del estado Lara manifestaron su preocupación por la situación de las mujeres campesinas que viven en situación de pobreza y abandono. María González, vocera de las trabajadoras del agro, expuso el reclamo de estas mujeres, resumido en: “…protección para los hijos que darán al mundo (…) amparo educativo, seguridad para un mundo sin guerras, sin diferencias de clases.”30 Para ello, las militantes reafirmaron en la Segunda Conferencia su principal objetivo: “el sufragio pleno”.

Institucionalización del 8 de marzo

Hacia 1975 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instituyó el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer y resolvió el carácter obligatorio de la celebración para todos los países del mundo. Un año antes el organismo declaró el Año Internacional de la Mujer (1975) y el Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985). La Primera Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer se celebró en México con el lema: “Igualdad, Desarrollo y Paz”.

Inmediatamente, Venezuela se adhirió a la resolución de la ONU y se creó la Primera Comisión Femenina Asesora de la Presidencia de la República, compuesta por mujeres de trayectoria en la lucha por los derechos políticos, esta instancia buscaba generar diagnóstico y políticas públicas dirigidas al sector femenino de la población. Para ello, convocaron en ese mismo año el Primer Congreso de la Mujer Venezolana, en el que disertaron sobre el proyecto de reforma del Código Civil, como primer paso para la igualdad jurídica de las mujeres en la propiedad de bienes y en la patria potestad.

La descomunización del Día Internacional de la Mujer Trabajadora

A mediados de la década de 1950, el origen del Día de la Mujer Trabajadora comenzó a sufrir un proceso de descomunización que tergiversó el carácter socialista de la celebración. Los acontecimientos que marcaron el rumbo de la internacionalización de un día de la mujer obrera y su significación combativa y clasista, propia del movimiento de mujeres trabajadoras y de militantes socialistas y comunistas como Zetkin, Kollontai, Luxemburgo, entre otras, fueron omitidos en el período de la posguerra y del anticomunismo. Temma Kaplan refiere el trabajo de las historiadoras Liliane Kandel y François Picq31, quienes advirtieron sobre el mito del incendio de la fábrica en 1857, ampliamente difundido, así Kaplan en “On the socialist origins of international women’s day”, refiere la interpretación de las estudiosas francesas:

‘Para destacar el día internacional de la mujer, de su historia soviética, con el fin de darle un origen más internacional, más antiguo que el bolchevismo, más espontáneo que una decisión de un congreso o de una iniciativa de mujeres afiliadas a un partido, la fecha de 1857, fue escogida como un tributo a Clara Zetkin, nacida ese año.’32

Con esta hipótesis coincide Ana María Portugal33, al afirmar que fue el órgano del Partido Comunista francés, L’ Humanité en 1955 fue el responsable de propagar la versión de un 8 de marzo conmemorativo en homenaje a las mártires de un incendio acaecido en Nueva York, así pues esta interpretación rápidamente encontró eco en la opinión pública y en la historiografía. A partir de entonces, la rebeldía de las obreras que participaron en las huelgas y agitación de masas que derrocaron al Zar Nicolás II de Rusia en 1917 también fue borrada de la historia.

Varias investigaciones34 coinciden con que el origen del 8 de marzo comenzó a despejarse hacia 1984 cuando Renée Côté rastreó el caso de la huelga de 1857 y de 1908 y no encontró datos significativos que vincularan directamente el Día Internacional de la Mujer Trabajadora con estos sucesos, tal como lo han dado a conocer. La celebración del 8 de marzo no obedece a una conmemoración sino al desarrollo del movimiento de obreras que venía gestándose en el seno de la industrialización en Estados Unidos y Europa y se encuentra a principios del siglo XX en alianza internacional con las sufragistas y socialistas. Por su parte, la historiadora norteamericana Mari Jo Buhle35, según Álvarez González, estudió el incendio de Triangle Shirtwaist Company y demostró que este suceso fue un año después de la oficialización de un Día Internacional de la Mujer Trabajadora por la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910.

Estos resultados de investigación también explican el interés de la Organización de Naciones Unidas por prescindir de toda índole clasista al suprimir el adjetivo “Trabajadora” y llamar el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer:

El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. En la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían “libertad, igualdad y fraternidad” marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

La idea de un día internacional de la mujer surgió al final del siglo XIX, que fue, en el mundo industrializado, un período de expansión y turbulencia, crecimiento fulgurante de la población e ideologías radicales.”36 (subrayado nuestro)

La reseña histórica del 8 de marzo divulgada por el organismo internacional no ahonda sobre el aporte de las feministas socialistas y comunistas en las experiencias de organización obrera y el alcance de un movimiento internacional que tuvo alcances en el proceso liberador de las mujeres más vulnerables. Por el contrario, soslaya la acción revolucionaria de las feministas de principios de siglo al señalar de “ideologías radicales” el contexto de la lucha obrera. En un intento de reunir a “todas” las mujeres del mundo sin distinción de clase y etnia, evita la discusión sobre la agudización del patriarcado en el régimen capitalista y la relación entre dada entre clase, género y etnia que confluyen en la explotación económica de mujeres en situación de pobreza.

Otras Fuentes Consultadas

Fuentes primarias

1. Hemerografía

De Ávila, Juana. “Un alto en el camino”. El Nacional. Caracas, 9 de marzo de 1944, p. 7.

Carrillo, Rosario. “Día Internacional de la Mujer”. El Universal. Caracas, 8 de marzo de 1944, p. 16.

Guevara, Ada Pérez. “La Comisión Interamericana de Mujeres, su Actuación”. El Universal. Caracas, 8 de marzo de 1944, p. 4.

“Con el mayor entusiasmo popular se celebró el Día Internacional de la Mujer”. El Nacional. Caracas, 9 de marzo de 1944, p. 11.

“Con más de sesenta delegaciones se instaló anoche la II Conferencia Nacional de Mujeres”. El Nacional. Caracas, 9 de marzo de 1945, p. 16.

“Delegadas de Ocumare al Congreso Femenino”. El Nacional. Caracas, 9 de marzo de 1945, p. 8.

“Hacia la conquista de los derechos femeninos”. El Nacional. Caracas, 9 de marzo de 1944, p.1.

“Las Delegadas de Lara traen trabajos de un gran interés a la II Conferencia de Mujeres”. El Nacional. Caracas, 8 de marzo de 1945, p. 15.

“Por primera vez se celebró ayer en esta ciudad el Día Internacional de la Mujer”. El Universal. Caracas, 9 de marzo de 1944, p. 5.

“Segunda Conferencia Venezolana de Mujeres”. El Nacional. Caracas, 8 de marzo de 1945, p. 1.

Fuentes Secundarias

  1. Artículos de revistas

Carosio, Alba. “Día Internacional de la Mujer Trabajadora. 100 años de lucha feminista en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo”. En Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Caracas, Centro de Estudios de la Mujer, Universidad Central de Venezuela, Vol. 15, No. 34, enero-junio 2010, pp. 271-273.

Huggins Castañeda, Magally. “Re-escribiendo la historia: Las Venezolanas y sus luchas por los derechos políticos”. En Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Caracas, Centro de Estudios de la Mujer, Universidad Central de Venezuela, Vol. 15, No. 34, junio 2010. Disponible en http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S1316-37012010000100009&script=sci_arttext (Accedido el 20 de enero de 2014).

Llovera, María del Mar. “Reflexion acerca del 8 de marzo. Día Internacional de la Mujer”. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Caracas, Centro de Estudios de la Mujer, Universidad Central de Venezuela, Vol. 13, No. 30, enero 2008. Disponible en <http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1316-37012008000100012&lng=es&nrm=iso>. (Accedido el 20 de enero de 2014).

Pérez Guevara, Ada. “Correo Cívico Femenino, 1946”. En Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Caracas, Centro de Estudios de la Mujer, Universidad Central de Venezuela, Vol. 14, No. 33, julio-diciembre 2009, pp. 149-150.

Portugal, Ana María. “8 de marzo. Los hitos.” En Comisión de Igualdade. Consello da Cultura Galega. Disponible en www.culturagalega.org/album/docs/8m-los-hitos.pdf(Accedido el 20 de enero de 2014).

  1. Libros

Carosio, Alba; Vargas Arenas, Iraida. Feminismo y socialismo. Caracas, Editorial El perro y la rana, 2010.

1Ejemplo de algunas páginas web oficiales: Ministerio de Educación y Ciencia de la Federación Rusa http://es.russia.edu.ru/russia/holidays/2645/ y Organización de las Naciones Unidas: http://www.un.org/es/events/womensday/history.shtml ; y no oficiales: http://tercerainformacion.es/spip.php?article23090 y http://www.mujeractual.com/sociedad/8marzo/4.html

2Hacia la década de 1940, posterior a su nacimiento y con la institucionalización de la celebración del Día de la Mujer por los Estados-naciones, la denominación de la fecha perdió el adjetivo de Trabajadora para incorporar a mujeres de los diversos sectores sociales. La “inclusión” de todas las mujeres también hizo desaparecer el carácter clasista del patriarcado, así el debate feminista se centró en el derecho al voto y a la protección de la trabajadora y madre. Desaparecieron de la agenda pública temas como los derechos sexuales y reproductivos y la liberación de la mujer, entre otros, desarrollados ampliamente por las feministas anarquistas y comunistas.

3Algunos autores como Felipe Pigna, la sitúan a partir del último tercio del siglo XIX, un proceso caracterizado por el maquinismo, las grandes empresas, aumento de la producción y el establecimiento del mercado mundial.

4Samuel Eliot Morison, Breve historia de los Estados Unidos. México, Fondo de Cultura Económica, 1980, 2da. edición. p. 476.

5Íbidem, p. 464. [Cursivas del original] *Los detectives de Pinkerton, era un grupo de inteligencia, formado a mediados del siglo XIX, quienes se infiltraban en las protestas de trabajadores, responsables del asesinato de líderes obreros.

6Íbidem, p. 623.

7Ana Miguel de Álvarez es directora del curso Historia de la Teoría Feminista de la Universidad Complutense, Madrid, puede leerse más sobre este tema en su artículo Los feminismos a través de la historia en http://www.mujeresenred.net/historia-feminismo2.html [Consultado el 07 de febrero de 2014]

8Alexandra Kollontai, Sobre la liberación de la mujer (Seminario de Leningrado 1921), Barcelona, Editorial Fontamara, 1979, p. 164.

9Emma Goldman, “El sufragio femenino”. Publicado por primera vez en la compilación Anarchism and Other Essays. (Estados Unidos, 1910) En http://www.marxists.org/espanol/goldman/1910/006.htm [Consultado el 30 de enero de 2014]

10Clara Zetkin, La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo. Barcelona, Editorial Anagrama, 1976, p. 115.

11Alexandra Kollontai, ob. cit., p. 164.

12Una de las más largas fue la huelga de las mujeres en las fábricas textiles de Nueva York, iniciada el 22 de noviembre de 1909 y culmino el 15 de febrero del año siguiente. Participaron cerca de 15.000 trabajadoras, en su mayoría, jóvenes y lograron el cierre de más de 500 centros de producción. Este paro fue apoyado por las mujeres sufragistas, sindicalistas y socialistas.

13“I Conferencia socialista internacional de mujeres” en Instituto de Reformas Sociales, Congresos Sociales en 1907, Madrid, Imp. de la Suc. de M. Minuesa de los Ríos, 1908, p.17. http://fama2.us.es/fde/congresosSociales1907.pdf (Disponible en formato PDF, consultado el 2 de febrero de 2014)

14Íbidem, p.18.

15Íbidem, p. 19.

16Ídem.

17Clara Zitken, ob. cit., p. 113.

18Entre ellas, Bolivia y Argentina.

19“VI Congreso socialista internacional” en Instituto de Reformas Sociales, ob., cit., p. 24. http://fama2.us.es/fde/congresosSociales1907.pdf (Disponible en formato PDF, consultado el 2 de febrero de 2014)

20Carmé López, La lucha por los derechos de las mujeres en http://www.mujeractual.com/sociedad/8marzo/4.html [Consultado el 30 de enero de 2014]

21Durante varias décadas se difundió en la opinión pública que el incendio de la fábrica era el origen del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No obstante, las investigaciones más recientes rastrearon la fecha de la tragedia que aconteció el 25 de marzo de 1911, un año después de la oficialización de la celebración en Copenhaguen.

22E. H. Carr, La Revolución Bolchevique (1917-1923). I. La conquista y organización del poder. Madrid, Alianza Editorial, 1972, p. 86.

23V. I. Lenin, “Con motivo de Día Internacional de la Obrera”, 4 de marzo de 1920 en La emancipación de la mujer. Moscú, Editorial Progreso, 1971, p. 83.

24V. I. Lenin, “El Día Internacional de la Obrera”. 8 de marzo de 1921 en ob. cit., p. 85.

25Clara Zetkin, ob. cit., p. 136.

26El nombre de la celebración del 8 de marzo en Venezuela no tuvo el adjetivo de “Trabajadora”.

27Estas mujeres se habían constituido en la Agrupación Cultural Femenina (1935) y en la Asociación Venezolana de Mujeres (1936).

28Rosario Carrillo, “Día Internacional de la Mujer” en El Universal, 8 de marzo de 1944, p. 16. A propósito de la celebración en el Teatro Nacional pautada para el mismo día.

29“Segunda Conferencia Venezolana de Mujeres” en El Nacional, 8 de marzo de 1945, p.1

30“Rutas de la Provincia. María González, Delegada campesina” en El Nacional, 9 de marzo de 1945, p. 8

31“Le Mythe des origines à propos de la journée internationale des femmes” en La Revue d’En Face, No. 12, 1982.

32Este trabajo fue publicado en

Feminist Studies 11, No. 1 (1985), pp. 163-171. Disponible en la red http://libcom.org/files/International%20Women’s%20Day.pdf (Documento en formato PDF, consultado el 30 de enero de 2014) Traducción: María Gabriela Ramírez.

33Día Internacional de la Mujer. Memoria y compromiso en www.memch.cl/Historiadel8demarzo.pdf (Documento en formato PDF, consultado el 25 de enero de 2014)

34Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer, 1910-1945, en http://www.fire.or.cr/8marzo01.htm (Consultado el 25 de enero de 2014). Artículo que forma parte de su trabajo publicado en 1999 con el mismo título en Oviedo (España) por KRK-Ediciones y que es resultado de su trabajo doctoral para la Universidad de Oviedo. El verdadero origen del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora por Vito Gianotti en http://tercerainformacion.es/spip.php?article23090 (Consultado el 30 de enero de 2014); 8 de março: conquitas e controvérsias por Eva Alterman Blay en www.scielo.br/pdf/ref/v9n2/8643.pdf (Documento en formato PDF, consultado el 30 de enero de 2014); ¿Existió realmente el 8 de marzo?, por Naumi A. de Vasconcelos en http://www.cimac.org.mx/cedoc/8demarzodiaintermujer/116_8marzoisis.PDF (Documento en formato PDF, consultado el 30 de enero de 2014)

35En Women and American Socialism 1870-1920 publicado en 1983 por la Universidad de Illinois, Estados Unidos.

36Sitio web oficial de la Organización de Naciones Unidos en http://www.un.org/es/events/womensday/history.shtml (Consultado el 30 de enero de 2014)

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