68° Asamblea General de la ONU: Una vitrina mediática a todo brillo

 

No es una novedad, la Organización de las Naciones Unidas no tiene realmente la mínima capacidad de decisión política a nivel internacional como colectivo de naciones. A pesar del mito reproducido sistemáticamente por las cadenas corporativas de medios de comunicación transnacionales de que esta organización representa un consenso de las voluntades de sus países miembros, la verdad real es de que sigue funcionando como el mismo organismo que se constituyera por cuenta de los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial, para mantener el control político a nivel internacional.

 

Todo el mito de la capacidad de la ONU para resolver los asuntos internacionales por consenso se hace pedazos cuando se lo enfrenta a la realidad de que el verdadero poder de decisión no reside -como debería- en su Asamblea General (que reúne a todos los miembros en igualdad de voz y voto) sino en el Consejo de Seguridad, dónde el restringido grupo de los cinco países más poderosos tienen el poder del veto que les permite ser los únicos capaces de tomar acciones en nombre de todo el resto e impedir cualquier otra iniciativa. Históricamente y siendo heredera de la fracasada Sociedad de las Naciones que se formara después de la Primera Guerra Mundial, la ONU no tiene otro remedio que funcionar así, mientras la política internacional siga comandada por aquellos países que representan el mayor poderío económico y/o militar.

 

Por eso a lo largo de la última mitad del Siglo XX y lo que va del XXI se han acumulado resoluciones de la Asamblea General que no han llegado más allá de lo discursivo, al ser detenidas en el Consejo de Seguridad por los intereses de una o varias de las naciones con derecho a veto. Cuando los medios hablan de “comunidad internacional” en realidad están hablando de la voluntad de los hegemónicos Estados Unidos y/o alguno de sus aliados incondicionales.

 

Si a eso le agregamos que en la actualidad el Secretario General de la institución (que debería ser vocero del consenso de todos sus miembros) es en realidad una especie de “secretario de colonias” que responde directamente a los intereses de la potencia imperial o de las naciones centrales, es muy poco lo que podemos esperar de las Naciones Unidas como factor capaz de resolver los entuertos globales.

 

A pesar de ello creemos que la Asamblea General de las Naciones Unidas sigue teniendo una utilidad general, es todavía una gran “vitrina mediática”. La posibilidad que tiene todo Estado miembro de participar en igualdad de condiciones en la Asamblea General, permite que esta sea un ámbito donde puedan expresarse las verdaderas posiciones de cada nación. Es, según una expresión popular, el sitio donde puede ejercerse el “derecho al pataleo”, a veces la única posibilidad de los menos poderosos. Así, aunque las Naciones Unidas puedan ser un cascarón vacío respecto a sus declaradas intenciones de organización mundial encargada de la política internacional, siguen siendo sin embargo un espacio, una caja de resonancia, desde dónde pueden escucharse las múltiples voces de sus integrantes.

 

La 68° Asamblea General

 

En la versión de su Asamblea General de este año que acaba de darse, este carácter de vitrina mediática ha funcionado a la perfección. Basta con examinar las intervenciones de los mandatarios que allí se han expresado, para tener un claro panorama de los grandes cambios que se vienen produciendo en forma acelerada en la geopolítica mundial.

 

Una de las características más positivas de este proceso, es como se han ido perdiendo los formalismos discursivos, y las intervenciones van reflejando con absoluta claridad y transparencia los planteos y posiciones de cada gobierno respectivo.

 

Esta vez, a diferencia de otros tiempos, dónde los discursos mostraban una gran mayoría de apoyo a las políticas e ideas de los Estados Unidos y los países centrales, el panorama general mostró claramente los cambios que van desde la unipolaridad hacia la multipolaridad.

 

Un extensa exposición de Barak Obama reafirmó -en un casi absoluto “doble discurso” (afirmo exactamente lo opuesto a lo que hago)- las posiciones imperiales y su concepción del rol de los Estados Unidos como policía planetario. Respecto a este doble discurso es interesante consultar el análisis de David Swanson analizando las “45 mentiras que dijo Obama ante la ONU” (www.aporrea.org/internacionales/n237118.html) Lo más importante en este caso fue que este discurso sonó absolutamente solitario (con unos apoyos mínimos de países que siguen siendo incondicionales de los EE.UU.).

 

El resto de las intervenciones mostró como hoy en el mundo existen innúmeras posiciones que no responden a los intereses hegemónicos, sino que muestran las visiones políticas soberanas de los nuevos protagonistas de la geopolítica internacional.

 

En nuestra Latinoamérica, esa tendencia soberana fue reflejada por la mayoría de los mandatarios y representantes que intervinieron en la Asamblea General. Desde los duros planteos específicos hacia Estados Unidos de Dilma Rousseff y Evo Morales, pasando por las críticas consideraciones respecto al fracaso de nuestro planteo civilizatorio (en un discurso más ético-filosófico que político) de Pepe Mujica, hasta las intervenciones críticas de Cristina Fernández, el Canciller ecuatoriano Ricardo Patiño o el Canciller venezolano Elías Jagua; nuestro discurso se caracterizó por su carácter contestatario e independentista (con las previsibles excepciones de Colombia a través del presidente Santos y Costa Rica en voz de su presidenta Laura Chinchilla), así como por su apuesta a la paz y su condena a la guerra.

 

Fue también paradigmática la intervención del presidente Rohani, hablando de un Irán defensor de la paz y dispuesto a dialogar con el resto del mundo (lo cual provocó una airada respuesta de Israel en voz de Netanyahu, tratando de desautorizar unos planteos que dejan a su país sin plataforma política para atacar a la nación persa).

 

 

Por Rusia, el canciller Lavrov dejó claro como fueron los esfuerzos diplomáticos de su país quienes lograron detener el inminente ataque a Libia propuesto por EE,UU. y proponer una posible solución a ese conflicto.

 

En general el panorama fue absolutamente contrario hacia las pretensiones hegemónicas expuestas por Obama, dejando claro que el fiel de la balanza está inclinándose hacia un nuevo esquema de distribución de poder político global. Una nueva reafirmación de la creciente pérdida de influencia de los Estados Unidos, y de la emergencia de múltiples nuevos protagonistas en el panorama geopolítico internacional. Posiblemente los Estados Unidos nunca han tenido una Asamblea General tan mayoritariamente contraria a sus posiciones y sus políticas.

 

Las noticias que confirman lo mostrado en la Asamblea General se traslucieron rápidamente en hechos como el primer contacto telefónico en 34 años entre el gobierno iraní y el estadounidense, o la resolución respecto a Siria negociada y aprobada por unanimidad por el Consejo de Seguridad, que detiene el anunciado ataque militar y propone una vía de negociación.

 

 

La ocultación mediática

 

Sin embargo no todo son flores. El análisis que realizamos de la Asamblea General no ha sido posible a nivel de los grandes medios corporativos, quienes se han cuidado muy bien de mostrar a los grandes públicos solamente lo “conveniente” de lo allí sucedido. Como ejemplo digamos que si bien no han logrado (por lo significativo) ocultar totalmente la intervención de la presidenta de Brasil, si lo han hecho con la de Evo Morales. Han potenciado además las intervenciones menos polémicas, utilizando la técnica del sesgo y el ocultamiento en la información. Para poder aproximarse al panorama general de la Asamblea es necesario realizar un esfuerzo en conseguir fuentes alternativas que sí se han preocupado de mostrar los planteos críticos mayoritarios.

 

Una vez más, la manipulación ejercida a través de la hegemonía comunicacional de las cadenas corporativas ha estado presente. El sistema de dominación continúa perpetrándose a través del poder alienante de los medios. Sin embargo existen motivos para sentirse optimistas. Ya esa hegemonía está siendo debilitada a través de la existencia de fuentes alternativas (en el caso de la TV en castellano, Telesur, RT TV o Hispan TV,) y las verdades se van filtrando lentamente a públicos masivos (sobre todo en los países centrales) que cada día descreen más de los grandes medios, confrontados a una realidad cotidiana que desmiente sus afirmaciones. Un paradigmático ejemplo nos lo da España, dónde todos los medios hablan constantemente de una recuperación económica que es absolutamente contraria a la realidad cotidiana de sus ciudadanos, y en la progresiva pérdida de confiabilidad de éstos en las “verdades mediáticas” registrada por sucesivas encuestas.

 

En definitiva, el balance sigue siendo cada vez más positivo para todos aquellos que creemos y luchamos por dejar a nuestros descendientes un mundo mejor y más justo. Los síntomas comienzan a mostrarse claros.

 

miguelguaglianone@gmail.com

 

Publicación Barómetro 30-09-13

 

 barometrointernacional@gmail.com

 

 

 

No es una novedad, la Organización de las Naciones Unidas no tiene realmente la mínima capacidad de decisión política a nivel internacional como colectivo de naciones. A pesar del mito reproducido sistemáticamente por las cadenas corporativas de medios de comunicación transnacionales de que esta organización representa un consenso de las voluntades de sus países miembros, la verdad real es de que sigue funcionando como el mismo organismo que se constituyera por cuenta de los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial, para mantener el control político a nivel internacional.

 

Todo el mito de la capacidad de la ONU para resolver los asuntos internacionales por consenso se hace pedazos cuando se lo enfrenta a la realidad de que el verdadero poder de decisión no reside -como debería- en su Asamblea General (que reúne a todos los miembros en igualdad de voz y voto) sino en el Consejo de Seguridad, dónde el restringido grupo de los cinco países más poderosos tienen el poder del veto que les permite ser los únicos capaces de tomar acciones en nombre de todo el resto e impedir cualquier otra iniciativa. Históricamente y siendo heredera de la fracasada Sociedad de las Naciones que se formara después de la Primera Guerra Mundial, la ONU no tiene otro remedio que funcionar así, mientras la política internacional siga comandada por aquellos países que representan el mayor poderío económico y/o militar.

 

Por eso a lo largo de la última mitad del Siglo XX y lo que va del XXI se han acumulado resoluciones de la Asamblea General que no han llegado más allá de lo discursivo, al ser detenidas en el Consejo de Seguridad por los intereses de una o varias de las naciones con derecho a veto. Cuando los medios hablan de “comunidad internacional” en realidad están hablando de la voluntad de los hegemónicos Estados Unidos y/o alguno de sus aliados incondicionales.

 

Si a eso le agregamos que en la actualidad el Secretario General de la institución (que debería ser vocero del consenso de todos sus miembros) es en realidad una especie de “secretario de colonias” que responde directamente a los intereses de la potencia imperial o de las naciones centrales, es muy poco lo que podemos esperar de las Naciones Unidas como factor capaz de resolver los entuertos globales.

 

A pesar de ello creemos que la Asamblea General de las Naciones Unidas sigue teniendo una utilidad general, es todavía una gran “vitrina mediática”. La posibilidad que tiene todo Estado miembro de participar en igualdad de condiciones en la Asamblea General, permite que esta sea un ámbito donde puedan expresarse las verdaderas posiciones de cada nación. Es, según una expresión popular, el sitio donde puede ejercerse el “derecho al pataleo”, a veces la única posibilidad de los menos poderosos. Así, aunque las Naciones Unidas puedan ser un cascarón vacío respecto a sus declaradas intenciones de organización mundial encargada de la política internacional, siguen siendo sin embargo un espacio, una caja de resonancia, desde dónde pueden escucharse las múltiples voces de sus integrantes.

 

La 68° Asamblea General

 

En la versión de su Asamblea General de este año que acaba de darse, este carácter de vitrina mediática ha funcionado a la perfección. Basta con examinar las intervenciones de los mandatarios que allí se han expresado, para tener un claro panorama de los grandes cambios que se vienen produciendo en forma acelerada en la geopolítica mundial.

 

Una de las características más positivas de este proceso, es como se han ido perdiendo los formalismos discursivos, y las intervenciones van reflejando con absoluta claridad y transparencia los planteos y posiciones de cada gobierno respectivo.

 

Esta vez, a diferencia de otros tiempos, dónde los discursos mostraban una gran mayoría de apoyo a las políticas e ideas de los Estados Unidos y los países centrales, el panorama general mostró claramente los cambios que van desde la unipolaridad hacia la multipolaridad.

 

Un extensa exposición de Barak Obama reafirmó -en un casi absoluto “doble discurso” (afirmo exactamente lo opuesto a lo que hago)- las posiciones imperiales y su concepción del rol de los Estados Unidos como policía planetario. Respecto a este doble discurso es interesante consultar el análisis de David Swanson analizando las “45 mentiras que dijo Obama ante la ONU” (www.aporrea.org/internacionales/n237118.html) Lo más importante en este caso fue que este discurso sonó absolutamente solitario (con unos apoyos mínimos de países que siguen siendo incondicionales de los EE.UU.).

 

El resto de las intervenciones mostró como hoy en el mundo existen innúmeras posiciones que no responden a los intereses hegemónicos, sino que muestran las visiones políticas soberanas de los nuevos protagonistas de la geopolítica internacional.

 

En nuestra Latinoamérica, esa tendencia soberana fue reflejada por la mayoría de los mandatarios y representantes que intervinieron en la Asamblea General. Desde los duros planteos específicos hacia Estados Unidos de Dilma Rousseff y Evo Morales, pasando por las críticas consideraciones respecto al fracaso de nuestro planteo civilizatorio (en un discurso más ético-filosófico que político) de Pepe Mujica, hasta las intervenciones críticas de Cristina Fernández, el Canciller ecuatoriano Ricardo Patiño o el Canciller venezolano Elías Jagua; nuestro discurso se caracterizó por su carácter contestatario e independentista (con las previsibles excepciones de Colombia a través del presidente Santos y Costa Rica en voz de su presidenta Laura Chinchilla), así como por su apuesta a la paz y su condena a la guerra.

 

Fue también paradigmática la intervención del presidente Rohani, hablando de un Irán defensor de la paz y dispuesto a dialogar con el resto del mundo (lo cual provocó una airada respuesta de Israel en voz de Netanyahu, tratando de desautorizar unos planteos que dejan a su país sin plataforma política para atacar a la nación persa).

 

Por Rusia, el canciller Lavrov dejó claro como fueron los esfuerzos diplomáticos de su país quienes lograron detener el inminente ataque a Libia propuesto por EE,UU. y proponer una posible solución a ese conflicto.

 

En general el panorama fue absolutamente contrario hacia las pretensiones hegemónicas expuestas por Obama, dejando claro que el fiel de la balanza está inclinándose hacia un nuevo esquema de distribución de poder político global. Una nueva reafirmación de la creciente pérdida de influencia de los Estados Unidos, y de la emergencia de múltiples nuevos protagonistas en el panorama geopolítico internacional. Posiblemente los Estados Unidos nunca han tenido una Asamblea General tan mayoritariamente contraria a sus posiciones y sus políticas.

 

Las noticias que confirman lo mostrado en la Asamblea General se traslucieron rápidamente en hechos como el primer contacto telefónico en 34 años entre el gobierno iraní y el estadounidense, o la resolución respecto a Siria negociada y aprobada por unanimidad por el Consejo de Seguridad, que detiene el anunciado ataque militar y propone una vía de negociación.

 

La ocultación mediática

 

Sin embargo no todo son flores. El análisis que realizamos de la Asamblea General no ha sido posible a nivel de los grandes medios corporativos, quienes se han cuidado muy bien de mostrar a los grandes públicos solamente lo “conveniente” de lo allí sucedido. Como ejemplo digamos que si bien no han logrado (por lo significativo) ocultar totalmente la intervención de la presidenta de Brasil, si lo han hecho con la de Evo Morales. Han potenciado además las intervenciones menos polémicas, utilizando la técnica del sesgo y el ocultamiento en la información. Para poder aproximarse al panorama general de la Asamblea es necesario realizar un esfuerzo en conseguir fuentes alternativas que sí se han preocupado de mostrar los planteos críticos mayoritarios.

 

Una vez más, la manipulación ejercida a través de la hegemonía comunicacional de las cadenas corporativas ha estado presente. El sistema de dominación continúa perpetrándose a través del poder alienante de los medios. Sin embargo existen motivos para sentirse optimistas. Ya esa hegemonía está siendo debilitada a través de la existencia de fuentes alternativas (en el caso de la TV en castellano, Telesur, RT TV o Hispan TV,) y las verdades se van filtrando lentamente a públicos masivos (sobre todo en los países centrales) que cada día descreen más de los grandes medios, confrontados a una realidad cotidiana que desmiente sus afirmaciones. Un paradigmático ejemplo nos lo da España, dónde todos los medios hablan constantemente de una recuperación económica que es absolutamente contraria a la realidad cotidiana de sus ciudadanos, y en la progresiva pérdida de confiabilidad de éstos en las “verdades mediáticas” registrada por sucesivas encuestas.

 

En definitiva, el balance sigue siendo cada vez más positivo para todos aquellos que creemos y luchamos por dejar a nuestros descendientes un mundo mejor y más justo. Los síntomas comienzan a mostrarse claros.

 

miguelguaglianone@gmail.com

 

Publicación Barómetro 30-09-13

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