60.000 familias granadinas viven ya por debajo del umbral de la pobreza

Prensa

El aumento de la pobreza es galopante y cada vez es mayor el número de familias granadinas que no tienen para cubrir los gastos considerados básicos: alimentación, ropa, calzado y transporte. Por fortuna, la sanidad y la educación de sus hijos están fuera de esta amenaza al correr por cuenta de las administraciones.
 
Los datos que maneja Cáritas Diocesana no hacen sino corroborar lo anterior. Si a nivel nacional el número de hogares que viven por debajo del umbral de la pobreza –que está establecido en unos ingresos inferiores a 7.800 euros al año para cuatro personas integrantes de la unidad familiar– roza casi el 22%, en el caso de la provincia granadina es aún algo mayor, para llegar hasta el 25%, a tenor de la información de que dispone esta oenegé. Es decir, unos 60.000 en toda la geografía provincial no alcanzarían ese nivel de ingresos y a las 240.000 personas que viven en ellos, no les alcanza para cubrir esos gastos antes mencionados. Sin duda alguna, el elevado nivel de desempleo existente en esta parte de Andalucía tiene mucho que ver con la situación de que se trata.
 
La desesperación con que muchos integrantes de este colectivo viven la situación por la que atraviesan, les ha obligado a acudir a organizaciones asistenciales en busca de ayuda urgente. Cáritas Diocesana conoce bien estos casos, pues no en vano la labor que desarrolla de auxilio a estas personas se ha incrementado considerablemente en estos cuatro años de crisis. «A nuestras puertas llaman cada día más personas, que hoy no son las mismas que años atrás porque quienes se muestran más afectados son los que han perdido de la noche a la mañana su puesto de trabajo», explica José Martínez Vallejo, director provincial de Cáritas Diocesana. Es decir, el perfil ha cambiado con la crisis. «Hoy, muchas personas que hace poco tiempo tenían un trabajo y vivían en una situación de normalidad, se han visto abocados a acudir a la beneficencia porque han agotado todas las ayudas posibles», agrega Martínez Vallejo. Pero no se trata de pedir para pagar el alquiler del piso, la electricidad o el recibo del teléfono. «Ahora nos piden más alimentos, más ropa, más calzado… el nivel de la pobreza es cada vez mayor, hacen falta productos básicos que antes solo se destinaban a los más necesitados», afirma a este respecto el director provincial de Cáritas Diocesana.
 
Ayuda anímica
 
Otro de los factores que diferencia en estos momentos el perfil de quienes acuden a asociaciones como Cáritas en busca de ayuda, es el grado de desesperación personal que arrastran. A tal punto, que cada vez son menos extraños los casos en los que lo primero que solicitan es asistencia anímica, «una persona que les escuche, que les atienda y que muestre de verdad interés por su caso concreto», manifiesta también Martínez Vallejo. En su opinión, estas situaciones predepresivas han dejado de ser la anécdota y preocupan cada vez más a los responsables de Cáritas. «Nos enfrentamos a un fenómeno nuevo más propio de atender por otros especialistas, como son los psicólogos que por nosotros», añade el responsable de la oenegé. Pero la carencia de medios económicos o las largas listas de espera en la sanidad pública, hacen que lo más inmediato sea acudir a quien abre la puerta desde el primer momento y se interesa por quien se sienta frente a él.
Por fortuna para muchas de estas personas, el otro apoyo importante con el que cuentan es el de sus propias familias, donde buscan refugio porque son el verdadero sostén ante situaciones límite. «¿Cuántos jóvenes, incluso casados y con hijos, han tenido que regresar al domicilio paterno ante la imposibilidad de seguir adelante?», se pregunta el director de Cáritas. Él mismo da la respuesta: «muchos».
 
Alcance de la labor
 
¿Qué alcance concreto tiene en Granada la labor de Cáritas? A este respecto, cabe diferenciar el trabajo que llevan a cabo las dos organizaciones que actúan conforme a las respectivas diócesis a las que pertenecen y en las que trabajan. Así, la primera de ellas que dirige Martínez Vallejo es la de Granada, en la que durante el pasado año recibieron ayuda directa alrededor de 15.000 personas, cerca de un 25% más que en el año precedente. Personas procedentes de cualquier rincón de la provincia, excepto de las comarcas del norte de la misma, pero con especial incidencia de las que viven en la capital y en su cinturón metropolitano.
 
Por lo que se refiere a la diócesis de Guadix-Baza, la otra existente en Granada, Cáritas atendió también en el pasado año a unas 12.000 personas, aproximadamente el 10% de la población diocesana. En este caso, como en el de Granada, la demanda de atención diversificada (distribución de alimentos y ropa, ayudas para afrontar los distintos gastos domésticos, formación ocupacional, bolsa de trabajo…) se ha incrementado cuantitativamente con respecto al anterior. Adoración Morillas, directora de Cáritas en esta zona de la provincia, explica que el perfil poblacional atendido ha variado en los últimos dos años. Junto a las habituales familias desestructuradas, se suman cada vez más parejas jóvenes, de entre 28 y 40 años, con hijos y en situación de desempleo. «Tenemos que destacar la ingente labor solidaria llevada a cabo en las distintas parroquias, a través de la recogida de alimentos, las colectas del día de la Caridad, el voluntariado, para atender a quienes más lo necesitan», asegura también Morillas.
 
Brecha social
 
Otra de las cuestiones a tomar en consideración en relación con la pobreza, es la brecha cada vez mayor que separa a las personas que se pueden considerar ricas con el resto. Un asunto éste que no es exclusivo de Granada ni de Andalucía, sino que muy por el contrario es constatable en todo el territorio nacional desde que estalló la situación de crisis en 2007. Incluso algo antes. En este caso, los datos que corroboran lo anterior figuran en el Informe de Exclusión y Desarrollo Social que ha elaborado Cáritas y que fue dado a conocer semanas atrás.
 
Pues bien, a juicio de los responsables de Cáritas Diocesana la citada brecha amenaza con seguir aumentando a medida que la crisis se endurece. «El pelotón de los pobres crece cada día y no solo se trata del número, sino de que son cada vez más pobres, mucho más pobres», resume la situación Martínez Vallejo.
 
Un drama social que sin duda no ha tocado fondo, a tenor de las previsiones económicas que maneja el Gobierno para el presente año.
 
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