400 años de ópera

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400 años de ópera

O 402 exactamente, tomando como primera ópera Orfeo de Claudio Monteverdi, estrenada en Mantua en 1607. No por ello olvidamos que Jacopo Peri presentó Dafne- obra que lamentablemente se ha perdido- en Florencia en 1597, pero le corresponde a Monteverdi ser considerado el primer compositor de óperas.

A lo largo de este tiempo hemos pasado por los castrati y el barroco, el belcanto y el romanticismo, la genialidad de Verdi, la «obra de arte total» wagneriana, la opereta francesa y la vienesa, el talento de Puccini y el verismo y por el impresionimo y el atonalismo.

Y es que hemos visto ed todo: morir de tisis a Violeta en brazos de Alfredo o a Mimí en los de Rodolfo, las conquistas del duque de Mantua y hasta hemos podido conocer al factótum más factótum de Sevilla.

¿Pero es la ópera un arte burgués? No, de ninguna manera. No más burguesa que la pintura o cualquier otro arte en la época de los mecenas o actualmente bajo un capitalismo que niega las bellas artes a la mayoría de la población mundial.

En lo que se llama primer mundo, la ópera sí tiene algo muy burgués: sus desorbitados precios. Pareciera que solo pueden ser melómanos los consumidores de rolex y abrigos de visón, convirtiendo a veces este noble arte en solo un motivo para lucirse a analfabestias musicales enjoyados. Desde luego, nadie hizo tanto por difundir y popularizar la ópera como los países del socialismo real.

Y ya que hablamos de este mundillo en que también aprarecen los divismo, ¿cuáles son vuestros cantantes favoritos? En hombres yo elijo a Beniamino Gigli (aunque alguno me tilde de hereje por no preferir a Caruso) y de mujeres a María Callas. De todas formas cito también a tres tenores más: Luciano Pavarotti (cuando cantaba «en serio»), Alfredo Kraus y Giacomo Lauri-Volpi.

Tampoco ha estado la ópera alejada de los momentos históricos que le han tocado. Como buenos marxistas, sabemos que eso de la existencia del arte y la ciencia pura es falso. Dos ejemplo clásicos: la obra de Verdi está claramente marcada por el proceso de unidad italiana (recordemos su famoso coro de Nabucco, casi, casi un himno nacional). O que decir de las obras de wagner y la «conciencia germana»), tema espinoso del que ahora no vamos a hablar.

Aunque confieso que pienso igual que Rossini: Wagner tiene buenos cinco minutos y malos cuartos de hora. O que Woody Allen: cada vez que escucho a Wagner me dan ganas de invadir Polonia.

Para terminar me hubiera gustado citar mi título favorito pero no he sido capaz. Después de seleccionar y seleccionar, me he quedado con cuatro que, insito, no digo que sean las mejores sino solo mis preferidas, a saber: Carmen, La traviata, El barbero de Sevilla y La Flauta Mágica.

Quedan, claro está, un buen número de obras maestras: Rigletto, Aida, Fidelio, Norma, Pagliacci, Bosis Godunov, El cazador furtivo, La Bohème, Tosca, Eugeni o­neguin…. Querido lector/ querida lectora, ¿cuál o cuáles hubieras elegido tú?


Raúl Calvo Trenado
23 de mayo de 2009

PD chovinista: ¿Y cuál hubiera elegido del Estado Español? Tradicinalmente se cita como obra maestra marina de Emilio Arrieta pero yo me quedo con La tabenera del puerto de Pablo Sorozábal; sería injusto catalogarla como arte menor, es como decir que La flauta mágica es un simple singspiel.

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