29-M. un Fin: “Un gobierno del Pueblo para el Pueblo”

“Los proletarios de París — decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo –, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos . . . Han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder.”[1]

Pedro Pascual

Claramente la clase obrera de este país – y del resto de países europeos, salvo la griega y por supuesto no la islandesa- no está respondiendo de acuerdo a la situación actual que se le está planteando. Es decir, ante una grave batalla en el que el enemigo usa todas sus armas, incluso  bombas de racimo, la clase dominada, resignada, responde con tirachinas.

Pero no echemos la culpa a la “clase obrera” como un ente abstracto y responsabilicemos igualmente – o en mayor grado- a las organizaciones políticas y sindicales de “izquierdas”, y antes de proseguir, debemos de contextualizar el termino burdamente desvirtuado en los últimos treinta año, usando para ello las recientes palabras dichas por Kostas Papadakis, “el KKE se desmarca de los términos tradicionales de “izquierda” o “derecha”, y establece la diferencia entre quienes legitiman el capitalismo y apoyan sus estructuras de poder, y quienes adoptan una posición de clase y apuestan por el movimiento popular.”[2] Es decir, ni los sindicatos de “clase” ni las organizaciones “revolucionarias” están respondiendo ante el brutal ataque del Capital de manera contundente, y ello es parte por desechar o en no recuperar sus “armas”. No vamos hablar sobre el tan discutido tema de CCOO, pero sí que habrá que decir que no es la mejor manera de movilizar a la “clase obrera” para la huelga del 29M, explicitando cada día que, “La huelga no es el fin, es el medio para conseguir lo que hasta ahora no hemos logrado: que el Gobierno se siente a negociar”, es decir, ante la reforma laboral “más regresiva en la historia de la democracia”[3], la huelga sería desconvocada si de aquí al día 29 de marzo el gobierno del PP les plantease a los sindicatos una mesa de negociación.

Pero dejemos a un lado los sindicatos y observemos las armas usadas por las organizaciones políticas de “izquierdas”: reforma fiscal, banca pública, dación en pago, eurobonos, inversión pública, etc. Es inaudito que ante una situación que va a llevar a la clase obrera a tener unas “relaciones laborales del siglo XIX”[4] la “izquierda” se comporte de manera reformista. Se puede llegar a entender que la socialdemocracia instalada en Izquierda Unida hable desde hace un año de Keynes, pero es incomprensible que lo haga un dirigente de un partido marxista revolucionario. Por lo tanto, la mantenida estrategia de combatir al Psoe con su propia medicina – la medidas “keynesianas”, las opiniones los Premios Nobel de Economía como Stiglitz o Krugman – ya empieza a ser insultante para los comunistas.

En definitiva, es imposible que la clase obrera esté a la altura de las circunstancias, si la alternativa que se le da son las ofrecidas por el socialdemocrata Juan Torres López o el miembro del 15M y diputado por Málaga – Alberto Garzón. No, la clase explotada solo puede levantarse si empieza a exigir lo que es suyo, y eso solo es posible a través del Socialismo. Llegado a este punto, bien podríamos el evitar el término, pero no las exigencias.

La clase obrera – es decir, todos los asalariados mas los probables 6.000.000 de parados- se despertará y saldrá a la calle de manera masiva cuando las organizaciones políticas y sindicales empiecen a usar sus armas “clásicas”, y decimos clásicas, no por antiguas, sino por ser las únicas, las propias, pues todo radica en la lucha de clases. Es decir, debemos de ir grano, pues la situación actual es lo que pide, y contra una contrarrevolución solo queda el responder con la revolución. Ante este terrible ataque, nada espontaneo, pues estaba más que anunciado tras la caída del muro de berlín, con el tratado de Maastricht, no podemos proclamar que a corto plazo nuestras acciones han de consistir en reformar el “capitalismo” y a largo plazo construir el socialismo. Y no puede ser así porque es imposible. Por lo tanto, es hora de realizar un órdago a lo griego, “en la denominada izquierda hay políticas diferentes, y una heterogénea y confusa “unidad de la izquierda” sembraría una ilusión que más tarde desencantaría a los trabajadores, al no existir solución a la crisis sin romper con el sistema.”[5] Y esta última frase es fundamental el argumentarla día tras día, se ha de romper con el sistema capitalista sí o sí, e indicar que,

“el Gobierno, colocado bajo el control del parlamento – es decir, bajo el control directo de las clases poseedoras –, no sólo se convirtió en un vivero de enormes deudas nacionales y de impuestos agobiadores, sino que, con la seducción irresistible de sus cargos, prebendas y empleos, acabó siendo la manzana de la discordia entre las facciones rivales y los aventureros de las clases dominantes; por otra parte, su carácter político cambiaba simultáneamente con los cambios económicos operados en la sociedad. Al paso que los progresos de la moderna industria, desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase.”[6]

Por ello, las consignas que se han de dar en la actualidad en poco difieren de las establecidas por la Comuna de París de 1871 o las que proclama cualquier revolución de la clase explotada. Es ya hora de dejar de ser políticamente correcto en las instituciones, y señalar sin miedo que la familia real es una familia de vividores y de sin vergüenzas y que

“El grito de “República social”, no expresa más que el vago anhelo de una República que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase.”[7],

y en consonancia con esto, “abolir la propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos”, “aspirar a la expropiación de los expropiadores… convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción , la tierra y el capital, que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado”.

Es decir, constituir un “gobierno austero”, adelgazando y depurando el Ejercito, la Policía, la Administración de Justicia,  haciendo desaparecer la burocracia del estado, eliminando los gastos de representación de los altos dignatarios del estado, decretando la separación de la Iglesia. Un “gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo.”[8] Un “gobierno del pueblo por el pueblo”, que expropiase las tierras de los latifundistas y las entregase al pueblo para que las cultivase, que expropiase el mas de un millón de casas vacías y se las entregase al pueblo carente de hogar, que anulase la deuda ilegítima abandonado la Unión Europea Capitalista, que juzgase y metiese a la cárcel a políticos, banqueros y empresarios corruptos y criminales, que nacionalizase la banca y los medios de producción, etc. En definitiva, la clase obrera solo será capaz de volver a movilizarse cuando de nuevo aspire a tomar el Poder del Estado, para destruir el viejo estado de las minorías y constituir el nuevo de las mayorías, en donde sea un residuo la explotación del trabajo y de una clase sobre otra.

Por todo ello, y llegado a estas alturas del partido – que sin duda alguna vamos perdiendo de goleada- es ya hora de pasar a la ofensiva. Sería el momento en que todo dirigente político o sindical de “izquierdas”, explicitase su postura anticapitalista, señalase que se acabó la “paz social”, que no van a pedir más parches ni mas limosnas, que queremos TODO. Y ello no sería pecar de izquierdistas, sino más bien ser consecuentes.

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