28 de julio: La ceguera de las fuerzas democrático-populares en Cantabria

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El 28 de julio de 1778, los junteros de las diferentes jurisdicciones, villas y valles cántabros, se reunieron en Bárcena La Puente (hoy Puente San Miguel) y culminaron la redacción de las “Ordenanzas de Cantabria”, constituyendo la Provincia de Cantabria. Este fue el primer sistema administrativo provincial moderno y verdaderamente vertebrado del territorio cántabro y el primer antecedente histórico moderno de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria.

La constitución de la Provincia de Cantabria de 1778, supone un marcado carácter autonomista y democrático, ya que se constituyó desde cada uno de los territorios que decidieron unirse por libre voluntad, defendiendo el autogobierno, los intereses y las formas de organización social tradicionales de los mismos.

El año pasado, desde la dirección de Podemos Cantabria, entendiendo este carácter democrático y autonomista, además de exigir que se recuperara el 28 de julio como jornada festiva en nuestra Comunidad, planteamos abrir el debate sobre la posibilidad de que el 28 de Julio quedara recogido en nuestro Estatuto como el “Día de Cantabria”.  Lo hicimos porque pensábamos que lo sucedido el 28 de julio de 1778 era propicio para que esta efeméride fuera la que todos los cántabros pudiéramos celebrar colectivamente. No tanto por mirar al pasado con nostalgia o por idealizarlo acríticamente, sino por conectar en el presente con un suceso histórico desde el que poder desarrollarnos a nosotros mismos como sujeto político que construya su futuro en común, en torno a una voluntad democrática y de autogobierno. De esta forma, dimos un paso que, aun siendo pequeño e insuficiente, ninguna fuerza democrática y popular con presencia institucional en Cantabria había dado hasta entonces.

En contraste a lo sucedido hace un año, en este 2016, desde Podemos Cantabria (ni desde ninguna otra fuerza progresista) no ha existido ninguna clase de reivindicación o propuesta en torno al 28 de julio. La dirección de la formación morada en nuestra Comunidad, se ha limitado a cumplir con el expediente de enviar a sus representantes institucionales al acto organizado por el Gobierno de Cantabria en Puente San Miguel (un acto aún demasiado alejado de la ciudadanía), sin realizar ninguna otra actividad que sirviera como forma de celebración y conmemoración colectiva de esta fecha. Ni, mucho menos, como manera de esbozar algún tipo de proyecto para Cantabria de cara al futuro que conectara con nuestra historia.

Esta ausencia de propuestas en torno a esta efeméride, me parece un ejemplo paradigmático de la ceguera política de buena parte de las fuerzas progresistas en Cantabria. La identidad de un pueblo no es algo ya constituido e inmutable que haya que rechazar en base a prejuicios manidos si su expresión actual no concuerda con el proyecto político que una fuerza quiere desarrollar. Al contrario, existen una serie de “materias primas” o elementos en la historia, en la cultura, en la forma de vida, etc, que pueden ser articuladas de diferentes formas para dar lugar a proyectos políticos que operen en sentidos diferentes. Lo que me parece un grave error en el desarrollo de un proyecto político que quiera tener arraigo en nuestra tierra, es renunciar a resignificar y articular de otra forma estos elementos existentes en nuestra sociedad, alrededor de los cuales cientos de miles de personas se sienten parte de una comunidad política diferenciada. Y esto, es lo que desde Podemos Cantabria se ha hecho en este 28 de julio.

Una de las facetas en las que Podemos rompió moldes con respecto a la izquierda tradicional en España, fue precisamente por comprender la importancia de la disputa del significado del sentimiento de pertenencia a una comunidad política. Desde el principio, pensamos que era imprescindible disputar el concepto de patriotismo español a las élites que durante décadas vienen hegemonizándolo. Rechazarlo, solo nos llevaría a continuar siendo una fuerza testimonial. Pues bien, parece que, en Cantabria, la actual dirección de Podemos (así como otras fuerzas populares a nivel autonómico y municipal), ha dado un paso atrás en la disputa de la identidad colectiva ligada a nuestro territorio. Una actitud históricamente repetida por parte de la izquierda en Cantabria. Error que, en parte, ha dado lugar al espectacular crecimiento del PRC durante las últimas décadas que, en torno a la figura de su líder, ha sido capaz de aglutinar a sectores políticos muy heterogéneos unidos por la voluntad compartida de sentirse miembros de una comunidad política llamada Cantabria.

Creo que es necesario un debate amplio en el seno de estas fuerzas políticas en torno a esta cuestión. Personalmente, creo que, en la búsqueda de las materias primas antes referidas, el 28 de Julio puede juega un importante papel como raíz simbólica de lo que hoy somos y, sobre todo, de lo que queremos llegar a ser. Un pueblo que quiera desarrollar su autogobierno con el objetivo de construir una vida cada vez mejor para su gente.

Pero no solo esta fecha, sino tomarnos en serio la cuestión de la construcción de una identidad colectiva cántabra democrática, popular y progresista, debe de ser una tarea fundamental para el ciclo político que se abre a partir de ahora. Tomárnoslo en serio para construir un espacio político que pueda disputar de verdad el liderazgo político al PP en Cantabria –más allá de declaraciones vacías– y que nos permita a los cántabros poder ser “como la que más”, dentro de un proyecto estatal verdaderamente democrático que garantice el respeto al desarrollo autónomo de Cantabria en conjunción con el resto de pueblos del Estado.

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