Publicado en: 19 febrero, 2018

Puerto Rico. Ideología y educación: ¿cuál reforma se propone?

Por Oscar G. Dávila del Valle

La educación siempre responde a los intereses de una estructura que a través del sistema se ocupa de la reproducción y transmisión de la ideología desde la cual se justifica y convalida.

 

“No se puede cambiar el sistema educativo
si no se transforma el sistema global de la sociedad”.
Paulo Freire, La alfabetización de adultos y el “inédito viable”

 

El Proyecto 825 del Senado de Puerto Rico que tiene el objetivo de establecer una “Ley de Reforma Educativa”[1] con el propósito de “fijar la nueva política pública en el área de educación” nos exige una reflexión sobre los fundamentos, objetivos y consecuencias de las relaciones pedagógicas en sus tres dimensiones principales: ontológicas, epistemológicas y éticas. Aunque el eje central de la discusión vuelve a girar alrededor de los conceptos de las llamadas “Escuelas Alianza”, que serían administradas por “entidades especializadas sin fines de lucro”, y el de subsidio, que acompaña al de “Programa de Libre Selección de Escuelas”, el Proyecto, en su exposición de motivos, especifica que pretende “reformular”, no tan solo el “sistema educativo” sino también la concepción que tenemos del desarrollo del ser humano.

No es difícil identificar en qué sentidos el Proyecto 825 resulta ser la implantación de una ideología política y económica promovida por el Estado. Admitamos, sin embargo, que, en principio, sería extraño que no lo fuera. La educación siempre responde a los intereses de una estructura que a través del sistema se ocupa de la reproducción y transmisión de la ideología desde la cual se justifica y convalida. Es así que coincido con Paulo Freire, educador y filósofo brasileño, cuando afirma que no es la educación la que le da forma a la sociedad, sino que es la sociedad la que configura a la educación de acuerdo a los intereses y necesidades de aquellos que controlan sus estructuras de poder. Es decir, ninguna sociedad conocida se organiza sobre la base de su sistema educativo sino que es el sistema educativo el que es creado por las prácticas y formas de pensamiento que constituyen y definen a la sociedad vigente.[2]

Por su parte, Louis Althusser (siguiendo a Antonio Gramsci) incluye al sistema escolar bajo la lista de instituciones que identifica como “aparatos ideológicos de Estado” (AIE). Escribe Althusser:

“…la reproducción de la fuerza de trabajo no solo exige una reproducción de su calificación sino, al mismo tiempo, la reproducción de su sumisión a las reglas del orden establecido, es decir, una reproducción de su sumisión a la ideología dominante…”[3]

Podemos constatar estas intenciones en varios pasajes de la formulación del Proyecto de Ley. Es cierto que en varias ocasiones declara que su objetivo es el de “reformular el sistema educativo en función del estudiante como centro y eje principal de la educación” e inclusive que “los seres humanos que son educados en el sistema público deben convertirse en humanistas empáticos ante la realidad y necesidades del prójimo y de las comunidades en que viven”.[4] Sin embargo, este aparente desarrollo se enmarca dentro de los que llama “factores más importantes de la producción nacional” y “necesidad de insertarse productivamente en la fuerza laboral”.[5] Quiere decir, entonces, que el verdadero concepto de desarrollo del ser humano que permea en el Proyecto queda en evidencia páginas después cuando alega que deberá “priorizar una educación enfocada en la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas”.[6] Por lo tanto, como asegura Louis Althusser, la escuela estaría circunscrita a la transmisión de destrezas y habilidades bajo formas que aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”.[7] A su vez, la escuela como AIE viene a asegurar las relaciones correspondientes a un modo de producción capitalista neoliberal. De ahí que, según el Proyecto, el estudiante se convierta en “un ser capaz de insertarse en una economía global dinámica”.[8]

No puedo negar que puedo coincidir con esa sección del Proyecto en la que se establece la necesidad de “desarrollar pensadores críticos con sensibilidad y profundidad”[9] o con aquella otra en la que se pretende defender “las esperanzas de tantos niños en nuestro País que, por nacer en condiciones de pobreza económica, no tienen los mecanismos para alcanzar la igualdad social”.[10] Sin embargo, como bien señala Freire, para esta transformación de la subjetividad y de la conciencia se requiere también una reconfiguración de aquellas instituciones y relaciones sociales desde las que se generan y sostienen los diferentes mecanismos de opresión y exclusión; de aquella que identifica como dinámica estructural que conduce a la dominación de las conciencias a través de la educación bancaria.[11] Es necesaria, entonces, una transformación de la situación concreta desde donde nace esa opresión. Para ello, el filósofo brasileño considera necesario comenzar desde un análisis crítico de las formas en que la ideología dominante desfigura la conciencia.

En Pedagogía del Oprimido, según el análisis de Carlos Alberto Torres, se identifican cuatro elementos componentes de cualquier ideología. Primero, su opacidad, en cuanto que impide la verificación del contenido social real. Segundo, su función de convalidación y legitimación a partir de esa ocultación. Tercero, su función práctica, ya que, usualmente, logra establecer una normativa para poder articular sistemas de conducta. Cuarto, su función de servir de fundamento y pieza unificadora del edificio de la estructura social vigente que se defiende y promueve. La consecuencia ética inmediata de estos elementos del funcionamiento teórico y práctico de cualquier ideología es que las clases oprimidas tienden a adoptar y reflejar una conciencia que no es la propia; una conciencia que describe como de “imbuída de la ideología de la clase dominante”.[12] Si analizamos este fenómeno en términos freudianos, podríamos decir que el dominado introyecta al dominador y por lo tanto quiere ser como él. Pero este procedimiento no ocurre por libre elección o por un ejercicio de la voluntad. El conocimiento se transmuta en un contenido que se prescribe como imposición de una conciencia sobre otra. Así es que, poco a poco, la educación se ha ido convirtiendo en un bien de consumo en el que el currículo es el producto que se vende y que debe ajustarse a deseos y valores comercializables.[13]

Consideremos otra evidencia textual que nos sirve para enmarcar a las anteriores. En varias ocasiones subraya que la educación es un tema medular en el Plan para Puerto Rico “que recibió el aval del pueblo en las urnas en noviembre de 2016”. Regresa a la misma referencia cuando escribe sobre la necesidad de implementar el modelo LEA (Local Education Agency) porque somos “la única jurisdicción de la Nación Americana que no ha establecido el modelo a nivel regional…otro compromiso cumplido del Plan para Puerto Rico”.[14] La escuela como AIE queda, entonces, unificada bajo el esquema operacional de la ideología dominante.

El concepto de ideología según Althusser queda recogido en dos tesis. La primera dice: “la ideología representa la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia”. La segunda: “la ideología tiene una existencia material”. Imaginaria supone, a grandes rasgos, que aunque la ideología señala hacia la realidad no corresponde necesariamente a ella. Por lo tanto, a través de la ideología dominante se puede establecer un dominio sobre la imaginación y la conciencia. Recalca también que lo que se representa en la ideología no son las condiciones reales de existencia sino más bien una relación que establecemos con ella. Si miramos a Althusser desde una perspectiva freireana, entonces, estas tesis definen y describen un proceso que podemos considerar como análogo al de la introyección de los valores de la clase dominante o acordados entre las clases dominantes.[15]

Según Althusser, la ideología se materializa a través de las ideas y operaciones prácticas que le corresponden. Y el concepto de propiedad privada, hermanado al de plusvalía, son los fundamentos de lo que ha sido el capitalismo y el neoliberalismo durante el presente y el pasado siglo. No me cabe la menor duda de que la otorgación de certificados como parte del Programa de libre selección de escuelas y el establecimiento de las Escuelas alianza son proyectos equivalentes a la privatización del sistema público de educación.[16] Pero, más allá del hecho de que se sigue el modelo del Programa de Becas y Libre Selección de Escuelas (Ley 71-1993) que fuese declarada como inconstitucional por el Tribunal Supremo de Puerto Rico, el que los estudiantes o sus padres puedan escoger una escuela pública o privada para utilizar los certificados educativos y el que las escuelas sean administradas por Entidades Educativas Certificadas, es, en principio, equivalente a la privatización de fondos públicos que, de por sí, no garantiza la igualdad social deseada. Pero más aún, es la imposición de la materialización de una ideología particular.

Se podría preguntar: ¿acaso no corresponde también mi reflexión a los elementos de otra ideología? Respondo, obviamente, en la afirmativa. En múltiples ocasiones, con los y las estudiantes de mis cursos de Fundamentos filosóficos de la educación, llegamos a la conclusión de que es imposible eliminar toda ideología en cuanto que parece ser un elemento de la conciencia. De ahí que esta reflexión deba llevarnos por otro camino: el de superar las ideologías que se materializan en las estructuras más opresivas y excluyentes de nuestra sociedad hacia aquellas de mayor justicia e inclusión. Aquellas, diría Freire, a través de las cuales podemos ir actualizando nuestra “vocación ontológica de sujeto” hacia la posibilidad de “ser más”. Allí comenzaría el segundo nivel de esta reflexión.

Referencias

[1]Proyecto del Senado 825. (7 de febrero de 2018) 18 Asamblea Legislativa, Tercera Sesión Ordinaria.

[2] En Paulo Freire. Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI, 1988. P. 32. También véase en la nota #1 en Pedagogía de la Esperanza.

[3] En Louis Althusser. “Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Freud y Lacan”. (p. 4)

[4] En páginas 1 y 3 del Proyecto.

[5] En páginas 2, 4 y 5 del Proyecto.

[6] En página 11 del Proyecto.

[7] En Althusser op-cit, p. 4.

[8] En página 4 del Proyecto.

[9] En la página 4 del Proyecto.

[10] En la página 15 del Proyecto.

[11] En Pedagogía del Oprimido. P 54.

[12] En Pedagogía del Oprimido. P. 132.

[13] En Pedagogía del Oprimido y Carlos Alberto Torres. Paulo Freire: educación y concientización. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1980. p. 62.

[14]En páginas 6 y 8 del Proyecto.

[15] Althusser. Op-cit, p. 21 y 23.

[16] El concepto de Escuela Alianza aparece descrito en la página 10 del Proyecto. El de Libre selección de escuelas, en las páginas 14 a 17.

 

* Oscar G. Dávila del Valle. Es puertorriqueño. Catedrático de Filosofía en la Facultad Interdisciplinaria de Estudios Humanísticos y Sociales de la Universidad del Sagrado Corazón. Completó su Maestría en Filosofía. Hizo estudios doctorales en Literatura en la Universidad de Valladolid y en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Sus más recientes conferencias y publicaciones se concentran en temas relacionados con la filosofía del arte y de la literatura, la teoría literaria, la presencia de las mujeres en la filosofía y en el estudio de las culturas amerindias, el arte, la literatura y la filosofía latinoamericanas.

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