1976-2005: 29 años de resistencia

El 24 de marzo se cumple un nuevo aniversario del golpe de estado perpetrado en 1976. Veintinueve años pasaron ya desde el momento en que las Fuerzas Armadas tomaron el poder para imponer un régimen genocida. Genocida por la desaparición forzada de personas. Genocida por la apropiación y cambio de identidad de bebés hijxs de desaparecidxs. Genocida por imponer lineamientos económicos que llevaron y llevan al hambre a millones de personas, lineamientos sostenidos por todos los gobiernos «democráticos» que sucedieron a la dictadura.

El horror fue inmenso, pero el valor de quienes no se dejaron amedrentar fue extraordinario. Todxs lxs prisioneros políticxs, hombres y mujeres, jóvenes o mayores, discapacitadxs, católicxs o judíxs, fueron torturadxs salvajemente. Aún así, la saña de los represores genocidas fue todavía peor contra algunos grupos de personas. Jacobo Timmerman y muchxs otrxs dieron testimonio de la feroz crueldad contra lxs prisionerxs judíxs. Quienes eran sometidos a tratos degradantes y humillaciones constantemente.

El rabino Marshall Meyer contó antes de morir que entre los testimonios que escuchó como miembro de la CONADEP, hubo algunos de personas gltttb que contaron que hubo un tipo de tortura mas violenta y sadica para lxs “putos”. Esa información no esta recopilada en el Informe, segun se dice por la fuerte presión ejercida por el ala católica de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), como tampoco esta registrado las vejaciones que sufrieron muchas familiares de lxs detenidxs desaparecidxs, que acudian al Vicariato castrense en busca de información y fueron acosadas por altos jerarcas de la Iglesia. Entre lxs casi 400 desaparecidxs gltttb cabe destacar el caso de Enrique Raab, tal vez el periodista más importante de las décadas de los 60 y principios de los 70 que fue “chupado» por ser militante del PRT, o el de Marino Suarez, miembro en los primeros años de la década de los setenta, del Frente de Liberación Homosexual (FLH). Las tres A empezaron la cruzada, que fue seguida por la dictadura militar. En 1982, un autodenominado «Comando Cóndor» envio a los periódicos de la época un comunicado en el que advertía su intención de acabar con todos los homosexuales.

Flores de Acero

Las violaciones y otros tipos de violencias sexuales fueron métodos de tortura sistemáticas, permanentes y masivas usadas contra las mujeres. Los testimonios de las compañeras son más que abundantes y elocuentes al respecto. En esto también la operatoria de los militares fue semejante en todos los países del Cono Sur. En noviembre de 2004, el gobierno chileno de Ricardo Lagos dio a conocer un informe de la Comisión Prisión y Tortura. En el informe se reconocía que las mujeres sufrieron torturas físicas y psicológicas iguales a las que soportaron los hombres pero que además, por su condición de género, fueron violentadas en su sexualidad. Sin embargo, las medidas dispuestas por el gobierno chileno pasan por alto el contenido del propio informe. Las militantes sobrevivientes al horror se niegan a ser tratadas como «mujeres o esposas de…» ya que fueron perseguidas por su propio compromiso político. La Agrupación de Mujeres, Ex-Prisioneras Políticas, Sobrevivientes de la Red de Centros de Tortura Clandestinos del régimen militar de Pinochet, luego de conocer el contenido del informe y las medidas que pensaba tomar el gobierno de Lagos declararon: «Nosotras, mujeres chilenas, torturadas y violadas en nuestros propios cuerpos (cuerpos gestores de vida), seguiremos luchando por parir un Chile realmente democrático, justo e igualitario, en cuyo horizonte no se vislumbre la posibilidad de que nadie, nunca más, bajo ninguna circunstancia viva lo que nosotras vivimos.»

En la Argentina, las mujeres debieron padecer además, el enorme despojo de parir y que sus bebés les fueran arrancados para ser entregados- la mayoría de las veces- a los propios miembros de las fuerzas armadas torturadoras y genocidas. Esos más de 500 bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres luego fueron niñxs y hoy son jóvenes adultxs que en su gran mayoría no han recuperado su historia, que ignoran sus orígenes. Por esos jóvenes y por la memoria de sus madres militantes es que debemos seguir exigiendo restitución de la identidad, develamiento de la historia.

La dictadura impuso un régimen económico genocida que dejó a millones de personas por debajo de la línea de pobreza. Pero esto no fue lo único que trató de imponer la dictadura. También impuso una ideología sobre valores como la familia, el matrimonio, el divorcio, el aborto, la homosexualidad, la cultura, que permanece en parte instalada todavía en el pensamiento social. En su esfuerzo por reforzar la imagen del “ser nacional”, dejó claro que éste se encarna en un hombre heterosexual, blanco, de clase media y alta, católico, dejando como único lugar para las mujeres el hogar y niguno para las personas gltttb. Con esto colaboró la Iglesia Católica, cuya jerarquía fue sostén indispensable de la dictadura, que estableció/establece los roles que debe cumplir cada persona. Luchar para que finalmente se haga justicia es luchar contra el modelo de exclusión que impusieron lxs genocidas y que continua vigente. Luchar por justicia también es luchar contra el hambre de millones de personas. Pero esta lucha que continúa es también luchar para que los modelos retrógrados de sociedad que se intentaron imponer desaparezcan y para eso es necesario dejar de pensar la sociedad en términos patriarcales y heterosexuales.

Las madres de Plaza de Mayo fueron una fuerza irrefrenable para denunciar la atrocidad, para reclamar justicia. Mujeres de un enorme valor, de fortaleza a pesar del miedo, de tenacidad, de perseverancia. Valor que llevo a algunas de ellas a ser detenidas-desaparecidas como el caso de Azucena Villaflor. Pero no queremos ni podemos terminar esta editorial sobre este 24 de marzo sin un recuerdo para Olga Márquez de Aredes, que murió el 18 de marzo de un cáncer complicado severamente por las emisiones tóxicas del Ingenio Ledesma, una de las empresas socias de los genocidas.

Olga fue una mujer extraordinaria, que sostuvo en solitario la lucha en Ledesma, dando vueltas a la plaza sola con su pañuelo y su cartel cuando nadie más era capaz de superar el miedo y sumarse a su reclamo. Con esa serena e imbatible convicción siguió adelante, hasta que poco a poco el miedo fue cediendo y otros se sumaron. Gestando la movilización de recuerdo a «La Noche de los Apagones», noche en que un apagón masivo sirvió de cobertura a los asesinos que secuestraron a trabajadorxs del ingenio.

La recordamos recibiendo en su casa -en esos días- a militantes que viajaban desde otros lugares para participar en las jornadas de lucha y memoria. Cálida, sonriente, atenta, fuerte, ocupándose de ellxs como unx se ocupa de lxs compañerxs aunque a muchxs no los conociera personalmente. O en el recital que las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora hicieran con motivo de sus 25 años de existencia. En ese recital Olga invitaba a Nora Cortiñas a subir al escenario y bailar juntas un chamamé. La imagen de esas dos mujeres, capaces de bailar y sonreír a pesar de tanto dolor, quedó como una imagen de la fuerza con profundidad humana. Olga Aredes dijo en sus palabras de despedida, en Tucumán, que moría en paz, porque había hecho todo lo que era posible. Sabemos que fue así y la vamos a extrañar, nos va a faltar.

Querida compañera Olga Aredes, presente!
30.000 compañeros y compañeras detenidxs-desaparecidxs,
¡Presentes!
¡Ahora y siempre!

Foto: Olga Aredes en una movilización de apoyo al pueblo Ava Guaraní de Salta

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