1953: el último año de Stalin

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Por Iñaki Urdanibia

Mucho se ha escrito sobre Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, y mucho se le ha vilipendiado( desde León Trotski, a Isaac Deutscher, pasando por Simon Sebag Montefori, en su La Corte del zar rojo, Alan Bullock que le retrataba en compañía de Adolf Hitler, Sheila Fitzpatrick, Olga Ivinskaia, o en el terreno de la narrativa Martin Amis), y mucho se le alabó en su tiempo- ¡ qué remedio!- hasta que tras su fallecimiento, Nikita Kruchev, abriese la veda en el XX congreso del PCUS denunciando los crímenes cometidos bajo su mandato y el denominado culto a la personalidad; también hay quienes le aplauden y le justifican: aí está Domenico Losurdo en lugar destacado.

Pues bien, ahora cae en mis manos y casi se me cae de ellas ( causa del dejà vu), una novela de Robert Littell, « Koba» ( Baker Street, 2019) en la que se presenta a un anciano en supuesta, e inverosímil ( ¡ los derechos de la ficción!)en sincera conversación con un muchacho que irrumpe en sus estancias, en una narración en la se mezcla, la intriga, la historia, la política y el thriller..

El autor fue periodista en el Nesweek, especialista en asuntos rusos y del Oriente Medio, para dedicarse posteriormente a escribir novelas, fundamentalmente de espionaje ( ahí están entre las traducidas al castellano su The Company: Una historia de la CIA, editada por Paidós hace una decena de años, en las que presentaba una historia de luces y sombra de dicha compañía; retrato que no era una historia de buenos sino que también se entraba en asuntos turbios, llenos de infiltrados, provocaciones y sangre-, o Leyendas. Una novela de falsas apariencias en las que se relataban las andanzas de un detective, antiguo agente de la CIA…).

Pues bien, si anteriormente ya se había zambullido en los tiempos del stalinismo por medio de algunos poetas, Ossip Mandelstam y Vladimir Maiakovski, que tuvieron sus más y sus menos con el poder al que se enfrentaban con sus versos , ahora se adentra en el responsable máximo de los males: la censura, la represión, los desplazamientos forzados de poblaciones enteras, los tremendos juicios.farsa, etc., etc., etc.

Unos muchachos a quienes se les han hurtado sus padres, viven escondidos en algunos pasillos de viviendas, en la casa del muelle, en las que habitualmente residían personas pertenecientes al aparato, cuadros del partido y profesionales, precintadas y vigiladas en esos momentos por miembros con largas gabardinas aunque no lloviese, policías de la NKVD. Tales recovecos se unen entre sí y curiosamente sirven para que el protagonista de la historia, un muchacho de once años, que responde al nombre de León Rozental, acceda a un enorme salón en el que va a mantener repetidas conversaciones con un anciano que se le presenta bajo el nombre de Koba. El muchacho se ha quedado solo ya que su padre , físico nuclear, ha fallecido en un accidente de laboratorio, luctuoso hecho al que ha seguido la detención de su madre, médica, acusada de tratar de envenenar a diferentes cuadros del partido, y más en concreto a su secretario general; era la purga de los médicos judíos, conocido bajo el nombre de: proceso de las batas blancas. Los colegas del muchacho, Isabeau y sus hermanos, están en condiciones parecidas al anterior sin padres, fusilados, detenidos, etc. El muchacho accede, como digo, a la estancia vigilada por algunos guardias, en donde ve a un anciano que juega al ajedrez con el comisario del pueblo en asuntos internos. Lo que queda claro, desde el principio para el joven, es que el malencarado anciano es un alto funcionario, cosa que queda confirmada en cuanto comienzan a mantener las primeras conversaciones. Quien se presenta como ruso por transfusión, ya que de origen es georgiano, se presenta : « mi santa madre me llamaba su pequeño Soso. Para los obreros de la fábrica Putilov de Petrogrado, era el camarada Ivanovich y era Chichikov en un arrabal aburguesado d la ciudad. Desembarqué en Viena con un pasaporte a nombre de Papadopoulos. Mis amigos georgianos, los pocos que me quedan, los raros que no han sido ejecutados, me llaman Koba, que era mi nombre de guerra en el rugiente Caúcaso de antes de la revolución. El primer Koba era un bandido en una novela georgiana popular que a decir verdad no he leído nunca. Estaba demasiado ocupado en hacer la historia para leer historia. Puedes llamarme Koba».

Leon, a pesar de todos estos datos, no se empana de ante quién está, sólo sabe que es un anciano que pertenece a la cúpula del partido y el estado soviético que canta loas continuas a Stalin y a sus políticas, buscando justificaciones a los problemas más problemáticos. Defensa de la política ante los campesinos que se resistían a las colectivizaciones, bromas crueles incluidas acerca del canibalismo al que se veían abocados, virtudes del pacto germano-soviético con el fin de ganar tiempo y permitir que los nazis entrasen más en tierras soviéticas para que luego el invierno les pillase allá en done serían atacados por las tropas acantonadas por los costados de la penetración, loas al socialismo en un solo país, y dardos sin piedad hacia los traidores de todo pelaje ( el mismo Marx, Lenin, Trotski, Kamenev, Zinoiev, Bujarin…)que no habían previsto la audacia de la construcción del socialismo en medio de todos los peligros que acechaban a tal construcción; en su declaraciones destaca un anti-intelectualismo, ya que él pensaba que los anteriormente citados vivían en las nubes, de la abstracción teórica, o eran unos redomados traidores. También desvela aspectos de su intimidad matrimonial, con Nadezhda, y la caída de ésta…tampoco pierde la ocasión de poner a caldo a Krupskaia, la compañera de Vladimir Illich Ulianov, que escribió en contra de Stalin, en su escrito conocido como su testamento, movido por una bronca que éste había tenido con la mujer, a la que respondió con cajas destemplados…Resulta, a mi modo de ver, excesiva la obsesión antisemita que se ponen boca del anciano hasta el punto de detectar la causa de todas las desviaciones, o casi, en el ser judío; en este orden de cosas, sorprende la inclusión del mismo Lenin («Lenin tenía celos con respecto a Stalin. La sangre judía de Lenin esté tal vez en la raíz de esta envidia. Estáte seguro de que nuestros manuales de historia no dicen que Lenin tenía sangre judía. Él mismo jamás lo reconoció. Era un secreto de Estado…»); sin obviar los señalamientos de los nombres camuflados de dieferentes miembros del bolchevismo: Trotski ( Bronstein), Zinoiev ( Apfelbaum), Kamenev ( Rosenfeld) Lazar Kaganovitch ( Kosherovitch)...Marx, la hija de Stalin, Svetlana, desvirgada por un actor judío…un escenario propio del complot judío. Tampoco faltan las tajantes descalificaciones con respecto a Boris Pasternak o con respecto a una ópera de Shostakovitch

Si lo anterior da por pensar que es una elucubración desmedida, tampoco resulta creíble, sino más bien parece una muestra de un puro afán de demonizar al secretario general, su aliento fétido ( asunto que se repite con énfasis en varias ocasiones), y que el muchacho en su absoluta inocencia y sinceridad le declara: « tú no eres más que un viejo amargado que tiene los dientes podridos y un mal aliento, que se peda cantidad y que suelta la primera burrada que le pasa por la cabeza» – cosa, la del olor, que no sería extraña debido a la cantidad de cigarros Herzegovina que se fumaba acompañado de vodka, facilitados por la servicial Valechka, que también surtía al muchacho de helados de vainilla- del mismo modo que no sería extraño que ya en aquellos años se le fuese la olla de vez en cuando dejando al muchacho en albis, haciendo que éste le tuviese que hacer el periodo hilo. Los recuerdos de sus andanzas en atracos varios con el fin de recabar fondos para el partido bolchevique, sus huidas de diferentes prisiones zaristas, el ambiente familiar ( padre borracho y maltratador y madre beata)parecen responder fielmente a la realidad biográfica del persona.je, del mismo modo que las opiniones vertidas sobre Churchill, Truman, etc …lo que ya resulta retorcido y chungo, ad nauseam, son las preguntas que el anciano ( hablando con la dureza del acero, que no otra cosa significa Stalin en ruso), plantea al muchacho sobre su sexualidad ( masturbaciones, erecciones, etc.) y las lecciones que le ofrece sobre las mujeres, etc., etc., etc., resultando la más humano las frecuentes visitas al retrete que extrañan al muchacho y que son explicadas por el anciano por causa de la próstata; explicaciones y preguntas al precoz muchacho que le enseña a jugar al ajedrez y que domina aspectos profundos de la física, la mecánica cuántica, la teoría unificada, y…el principio de incertidumbre de Heisenberg, entre otros, aspectos que había mamado en su casa.

En fin, una novela en la que se retrata la paranoia como estado esencial de Stalin ( Koba), con respecto a todo el mundo y en especial , siempre vigilante de sus compañeros del Politburó, en los últimos tiempos de su existencia y que resalta algunos de los asuntos y hechos políticos de los duros tiempos de la pretendida construcción del socialismo en un solo país.

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