1914 : armas y letras

<< El grado de objetividad de una persona es la medida de su valor interior. La objetividad absoluta es inalcanzable >> 

( Ernst Jünger, Diario de guerra, 1914-1918)

 

Desde la oscura noche de los tiempos la humanidad se ha entregado a enfrentamientos bélicos, y muchos de ellos-por no decir todos- han quedado inmortalizados en el arte, y más en concreto en la literatura: alg unos con tintes épicos , epopeyas que ensalzan los considerados valores bélicos de valentía, entrega, solidaridad, etc., mientras que otros con una mirada crítica acentuando los desastres de la guerra. Desde Homero y sus sucesores Herodoto, Polibio, Tucídides, Jenofonte, etc., los valores guerreros han estado  en alza, no cabe duda de que el retrato  de la Grecia clásica como un armonioso jardín es un edulcorado cuento que ya denunciase con tino Friedrich Nietzsche ,  hasta hoy, pasando por todas las épocas históricas, la guerra sí ha tenido quien la escriba, quien la cante o…también  quien la critique. Si lo afirmado es así por regla general, en el caso de la primera guerra mundial, que supondría el inicio del siglo XX, según Alain Badiou (<< Le Siècle >>, éd. Seuil, 2005 ), donde los haya siglo heracliteano ( para quien polemos, la guerra, era el arjé -fundamento-,  como la madre de todas las cosas); hubo quien fue más lejos que Badiou en la caracterización, por ejemplo Enzo Traverso, hablando de tal fecha como el inicio de una << guerra civil>> europea que duró, con su más y sus menos, hasta 1945 (<< À feu et à sang. De la guerre civile européenne 1914-1945 >>, Éditions Stock,  2007 );    si-como digo- siempre la guerra ha sido objeto de escritura, en esta ocasión, reitero,  esto se cumplió con creces, siendo numerosa la escritura tanto en libros de historia, como en testimonios y novelas…bulimia escritora que en este año se convierte en editorial, al crecer de manera amplísima las publicaciones relacionadas con tal conflicto. 

Fue el 28 de junio de 1914, cuando un atentado puso fin a la vida del heredero de la corona del imperio austro-húngaro, y lo que desencadenó el enfrentamiento armado; como señala Claudio Magris en su maravilloso ejemplo de << turismo ilustrado>>, << Danubio >> ( Anagrama): << En el Museo histórico del Ejército el uniforme de Francisco Fernando, el archiduque muerto en Sarajevo, muestra las manchas sobre la guerrera azul, el desgarrón en la manga y a la izquierda del pecho…La herida de aquel 28 de junio de 1914 sigue abierta, para toda Europa…>>; la sangre del archiduque se extendió a toda la geografía de la vieja Europa, y hasta el modo de escribir se resintió tomando  otros derroteros, ya que la magnitud del conflicto bélico- la revolución industrial elevaba el nivel de la matanza convirtiéndola al por mayor al introducir en el escenario nuevas técnicas y nuevos medios de transporte y sistemas de comunicación- también se tradujo en un cierto repliegue de las narraciones en la primera persona, en confesiones y testimonios fragmentarios que daban cuenta de la parcialidad de lo padecido, frente a la narrativa guerrera anterior, más en concreto de la del XIX, en la que un narrador omnisciente parecía sobrevolar sobre la totalidad de los hechos…Sonaba el adiós del modo de hacer de los Victor Hugo, Stendhal, Émile Zola o Léon Tolstói, con sus héroes y las correspondientes hazañas bélicas. La misma amplitud de la capacidad de matar, a nivel industrial, celebrada por los futuristas con Marinetti a la cabeza que mostraba un entusiasmo desmedido ante la grandeza del tanque, haría igualmente que aun sin desearlo, la descripción de << los desastres de la guerra >> convirtiera los textos en verdaderos alegatos anti-belicistas o al menos en prosas que provocaban de manera automática la repugnancia en el lector.

 

La no participación en la contienda del estado español no impide  que los periódicos y revistas publiquen sus suplementos  y que en lo anaqueles se agolpen traducciones de libros de historia y de ficción sobre la guerra; como significativo ejemplo de la amplitud de las  publicaciones diré, a modo de significativo ejemplo, que las bibliotecas donostiarras cuentan con un fondo sobre el tema de unos cien volúmenes, que incluyen libros de historia y narrativa de ficción, sin contar películas,  literatura infantil  y cómic . 

El ambiente era de cierta euforia guerrera, por acabar con la monotonía, imbuidos por el espíritu de aventura y pensando que la cosa iba a ser una paseo breve; tal euforia vivida en las vísperas. Invitaba al  enfrentamiento, no dominaban desde luego las publicaciones pacifistas, si se exceptúa el llamamiento de Romain Rolland ( Au dessus de la mêlée; hay traducción en Capitán Swing& Nórdica: << Más allá de la contienda >>) apoyado por su amigo Stefan Zweig y unos pocos más( como era el caso del húngaro Andres Latzko quien con su Menschen im Kriege-hay traducción francesa: << Hommes  en guerre>>. Agoné, 2014-; obra precisamente alabada por Rolland que decía que << ese libro supera en horror y en sufrimiento El fuego de Barbusse. Y le supera, sobre todo en violencia contra la guerra y sus responsables: gobernantes, ofiaciales metalúrgicos >>). En el caso del enfrentamiento franco-germano tanto de un lado ( Maurice Barrés) como del otro ( Thomas Mann) se alimentaban las razones de la patria para combatir en su defensa; más al este , ciertas obras tomaban el pulso de lo que por allá se cocía en los ambientes cuarteleros ( Joseph Roth muy en concreto). 

Los escritores no se libraron de ser movilizados -sólo el 5% de los participantes eran iletrados, y bastantes fueron voluntarios en defensa de la patria atacada…500 escritores muertos se contabilizaron en el caso hexagonal; no sólo estos, sino que por lo general en las trincheras se escribía mucho ( cartas, testimonios y hasta alguna obra filosófica; así el Tractatus lo pergeño Wittgenstein en las trincheras), es más hay quien, Juan Arnau en su reciente << Manual de filosofía portátil >>, mantiene no sin razón que si no llega a ser por su participación en el frente ruso y la visión de la sangre y la muerte, el filósofo hubiese escrito simplemente un libro de lógica, la experiencia vivida es la que inclinó el texto hacia los confines de la ética… También en la retaguardia florecía la escritura, muy en concreto, de algunas mujeres que de uno u otro modo se implicaron en la lucha: así Ágatha Christie, cuyo marido participaba en la guerra, publicó sus primeros textos de investigación ;también participaron  Colette o Gertrude Stein, estas dos  participaron directamente en labores de ayuda y no se privaron a la hora de dejar muestras escritas d sobre el conflicto bélico .

Sin pretender ser exhaustivo incluyendo una larga lista sobre los libros sobre el tema, sí quisiera, aun sin perseguir el establecimiento de hit-parade alguno, señalar aquello que a mi modo de ver son de gran interés: resulta indudable que en cantidad de las novelas y testimonios escritos por gente que ha vivido las trincheras puede extraerse- a pesar de la voluntad del autor-un cierto asqueo por los males padecidos, vistos u oídos ( Tolkien, Somerset Maughan, Jean Cocteau, Kessel, Jean Giono, Louis Aragon, C.S.Lewis, Raymond Chandler, D´Annunzio, Ford Madox Ford, Ernst Hemingway, Jonh Dos Passos, Marcel Proust, Charles Péguy, Guillaumme Apollinaire, Ruyard Kipling , Chesterton o Blaise Cendrars entre otros, vivieron la dura experiencia; y algunos dejaron la vida en el empeño: Péguy, Alain-Fournier, Apollinaire, o algún miembro como Candrars…). Un texto realmente bélico, que canta la lucha, la valentía y otros valores guerreros, se puede ver en la que para André Gide era <<la mejor novela sobre la guerra que jamás se había escrito>>, me refiero a << Tempestades de acero >>( Tusquets) de Ernst Jünger quien realmente usa su pluma como un lansquenete-por usar el adjetivo empleado por Walter Benjamín-. Céline, por su parte, en << Viaje al fin de la noche>> (Edhasa) dedica las primera parte de su novela a la movilización guerrera, a la marcha al matadero, con unos tonos disolventes que no es de extrañar que gustasen a Paul Nizan, Leon Trotski, o a Simone de Beauvoir & Jean-Paul Sartre; así como el primero de los nombrados volvió a la segunda guerra parisina en plan <<turístico>>, el primero no dejó de mostrar interés por la guerra hasta el final de sus días, dejándose ver en sus últimas novelas sus vueltas sobre la guerra nuclear, etc. También Henri  Barbusse participó como combatiente, y en << El fuego ( Diario de una escuadra) >>( Montesinos) lo deja ver ad abusum, en su crudísima novela que se vendió como rosquillas y a la que se le concedió en premio Goncourt; no se han de obviar  tampoco << Guerra. Un soldado alemán en la Gran Guerra 1914-1918 >> ( Fórcola) de Ludwig Renn o << Los que teníamos doce años. Novela de la guerra >>( Cenit) de  Ernesto Glaeser.

 Si las anteriores pueden provocar sentimientos contra la locura de la guerra, en las cuatro que señalo a continuación, la voluntad de alzarse contra la locura guerrera de los escritores queda claramente expuesta desde el principio: << Sin novedad en el frente>>(Edhasa) de Erich Marie Remarque entrega una novela teñida de anti-belicismo que no deja títere con cabeza en lo que hace a los discursos patrióticos que empujaban al personal a la masacre; de reciente aparición de Pirineos abajo es otra novela que ataca sin ambages la locura belicista que invadió Europa en los años de principio de siglo, << Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump>>( Impedimenta) de Hans Herbert Grimm, muestra inequívoca de que sus valores no eran del gusto de los gobernantes germanos, es que habiéndose publicado en 1928, no tardó en convertirse en pasto de las llamas por los pirómanos pardos; no se debe ignorar tampoco en esta misma línea << El caso del sargento Grischa>> ( RBA) de Arnold Zweig. Sin lugar a dudas, en este apartado de obras , digamos que, pacifistas, la novela que resulta francamente una bomba es la del checo Jaroslav Hasek  que en su << Las aventuras del valeroso soldado Scwejk >>( Destino; creo que hay una edición más reciente en Galaxia Gutenberg) que desnuda la estupidez militar, su cerril disciplina y sus demenciales valores hasta el punto de que la férrea autoridad jerárquica parece tambalearse ante la singularidad del soldado que da título al libro, que bien sirve para confirmar aquello de que << lo contrario de civil es militar, lo contrario de civilizar es militarizar>>.

De entre quienes no vivieron la contienda, la huella de  relatos familiares o de algunos  paisanos les ha inspirado para escribir sobre el asunto con atinada pluma:. Phillppe Claudel en sus << Almas grises>>(Premio Renaudot 2003; editada por Salamandra) deja hablar a los humanos que viven en aquellos paisajes de la guerra enfrentados con alguna muerte sonada ajena a la contienda que desencadena los recuerdos; la guerra presta el escenario aunque queda realmente alejada de la reflexión que el libro propone. Jean Rouard centra su mirada en su familia, y tras retratar a algunos de los miembros más significativos, la guerra muerde a varios familiares en el frente, en su << Campos del honor>> ( Goncourt 1991; editada por Anagrama). Jean Echenoz presenta, en <<14>>( Anagrama) a unos amigos, del mismo pueblo, que son llamados a filas y lo que esperaban que fuesen unos días se convierte en un verdadero infierno de barro, de mutilaciones y muerte; en la retaguardia algunos hacen el agosto con la necesidad ajena; por último,  el premio Goncourt del año pasado , << Nos vemos allá arriba>> ( Salamandra) de Pierre Lemaître, comienza con las peripecias guerreras de tres amigos para posteriormente centrarse más en las consecuencias que la conflagración tuvo sobre ellos, enfrentados al mundo, todo ello relatado con fino humor y con indudable sagacidad. crítica 

De la tetratogía, << Noviembre 1918>>( Edhasa) de Alfred Döblin, que algunos incluyen entre la literatura de guerra,…mejor la dejamos para otro momento, o en vena aniversarista, para el año que finalizó la primera guerra , además de que el tema fundamental de la enorme novela está más centrada en  la revolución alemana de los tiempos de la república de Weimar, si bien el primer volumen habla de los últimos momentos guerreros allá por tierras alsacianas. 

Saliendo del campo literario, y para finalizar, no puedo resistirme a recomendar << 1914 >> ( Viejo Topo) del historiador Leonardo Canfora, que sin provocar agobio alguno, debido a su claridad y brevedad encomiables,  nos presenta las causas que desembocaron en la guerra, de una manera mucho más convincente, a mi modo de ver , que la exitosa << Los sonámbulos>>( Galaxia Gutenberg) de Clark, la que refiriéndose a los antecedentes y causas,  hace que se   saque la impresión de que Alemania nunca rompió un plato…casi como si hubiese estado a verlas venir; en lo que hace al desencadenamiento de la guerra, y…la verdad.

De todos modos, como se suele decir, a todo hay quien gane y así tras la infamia de la primera llegó, una veintena de años después. la segunda; entre medio revoluciones masacradas, el ensayo general de la guerra del 36;  la segunda gran guerra  revolucionó aun más  los medios de matar en plan industrial, organizando una verdadera << locura geométrica asesina>> que diría oximorónicamente Primo Levi -bajo el control de los relojes fordistas y  tayloristas-, y el Zyklon B, más tarde Vietnam, y…las letras siempre unidas a la guerra, ya que ésta siempre ha tenido quien la escriba-como queda dicho- desde Homero hasta pasado mañana…y también  pintores que la lleven a los inquietantes lienzos: ahí están- retratando la guerra de la que hablamos- los escalofriantes  de Otto Dix o George Grosz, con sus montones de cadáveres, sus pobladas trincheras y con las entonces recién inauguradas máscaras  antigás como fieles y sangrientas y proféticas caricaturas de los cadáveres que poblaron…al por mayor la gigantesca necrópolis  europea. 

 

N.B.: en la revista dominical de hoy ( 20 / VII) del diario Gara, Zazpika, dedicada   al aniversario de la primera  guerra mundial , se recoge bajo el título de << Plumas en las trincheras >> una versión muy reducida de este artículo. 

 

 

 

 

 

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