18 de Julio de 1936: La resistencia al golpe militar franquista en El Puerto de Santa María

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INTRODUCCIÓN

Se cumplen 80 años del golpe militar franquista que trajo consigo la página más negra de la historia del estado español. No solo nos abocó a una larga y sangrienta guerra de casi tres años, o provocó un genocidio en las zonas que fueron ocupando a sangre y fuego (Badajoz puede ser un ejemplo paradigmático, pero no fue el único ni mucho menos), sino que acabó con las nobles y dignas esperanzas que millones de personas había depositado en la República del Frente Popular.

Hace tiempo que deseo escribir este artículo. En mi larga trayectoria como militante y activista jamás había oído ni leído que en nuestra Bahía de Cádiz el pueblo trabajador opusiera una resistencia más o menos organizada, o más menos contundente, a los planes golpistas. Fue en una conferencia de José Luís Gutiérrez Molina en Puerto Real el pasado 8 de octubre titulada «Represión y justicia golpista en Puerto Real», basada en su obra reconocida «La justicia del terror», donde escuché por primera vez la palabra «resistencia» asociada al golpe del 18 de julio. Y desde entonces me propuse como objetivo dar a conocer de forma amplia y objetiva este episodio de la historia del Puerto que tanto se desconoce.

A partir de ese momento hemos conversado varias veces sobre la resistencia en general y sobre la que tuvo lugar en El Puerto en particular, y me ha facilitado los documentos de los Juicios Sumarísimos con la idea de que los trabajara y le diera una forma más o menos literaria. Así lo he hecho y siempre le agradeceré que me haya dado esta oportunidad de adentrarme en este tema que me fascina.

Todo lo que narro aquí procede de esa media docena de sumarios. Ninguna otra información existe sobre esas horas en las que se pusieron en marcha actos de resistencia que desconocíamos. Seguro que ocurrieron más cosas, intervinieron otras personas, hubo deliberaciones, discusiones y se tomaron acuerdos que desconocemos. No aparecen muchas personas que debieron tener un peso importante, como Ramón Mila, Alfonso Manzanete o Juan Gandulla, los primeros comunistas que Daniel Ortega se ganó para su causa. Quizá algún día aparezcan documentos, escritos, cartas que nos aclaren y amplíen el panorama aquí descrito. En estas semanas de elaboración del documento varias veces me he preguntado qué hubiera pasado si en El Puerto hubiesen estado presentes Daniel Ortega y Juan Guilloto, personas conscientes capaces, resolutivas, con experiencia militar y un gran liderazgo entre los obreros portuenses. Los dos fueron comandantes del Quinto regimiento de milicias que el PCE organizó en Madrid pocos días después. Nunca lo sabremos porque de la historia solo podemos aprender y sacar conclusiones que nos sirvan para avanzar en la lucha por la libertad y la justicia social, pero no podemos cambiarla…

ANTECEDENTES:

VICTORIA DEL FRENTE POPULAR Y

ASCENSO DEL FASCISMO

En la provincia de Cádiz, el domingo 16 de febrero votaron 163.004 personas, de los que 98.432 votos fueron para el Frente Popular y 64.325 para las derechas. Muchos de esos votos serían anarcosindicalistas, que acudieron a las urnas por vez primera, tanto simpatizantes del nuevo Partido Sindicalista de Ángel Pestaña (antiguo dirigente cenetista), como de la CNT que acudieron a las urnas ante la gravedad de la situación.

Los ocho candidatos del Frente Popular de Izquierdas (FPI) fueron elegidos diputados, y el vecino de El Puerto Daniel Ortega, representante del Partido Comunista, se convirtió en el primer diputado comunista por Cádiz (y único durante varias décadas).

En El Puerto de Santa María, 3.664 personas votaron al FPI (el 53% de los votantes) y 3.237 a las derechas (el 47%), destacando entre esos votos los 427 que obtuvieron los Falangistas, una cifra importante en la provincia solo superada en número por Jerez, de donde era la familia de José Antonio Primo de Rivera (502) (pues el caso de Sanlúcar ¡con 4.346 votos!, respondió a disputas dentro de la coalición de derechas, y la cifra no es comparable).

Esta vez la derecha no llamó a que votasen las mujeres, sino que se centraron en ganarse a los obreros a través de los centros católicos y de Acción Católica. El papel de Falange en esta misión de ganarse a los obreros menos conscientes y más cercanos al lumpen proletariado fue importante y de ahí el número de votos. Los hermanos Zamacola (Domingo y Fernando, sobre todo, pero también Alejandro), hijos de un contratista de la empresa «Obrascon» de origen humilde, poseían antigua militancia sindical y de izquierda, por lo que fueron decisivos en esta labor y de ahí su papel de dirigentes en la organización de José Antonio Primo de Rivera.

El 17 de febrero de 1936, al día siguiente, una vez hecha pública la victoria del Frente Popular, se conoció el primer intento de los generales fascistas de anular por la fuerza los resultados de las elecciones.

Fue Gil Robles, presidente de la CEDA (Confederación española de las derechas autónomas), en la misma tarde del 17 de febrero, el que intentó que el presidente en funciones, Portela Valladares, declarase el «estado de guerra» y de esta forma pasaría el poder a los generales y se anularan los comicios. El general Franco, entonces jefe del Estado mayor del ejército, se adelantó a los planes de Gil Robles y dio órdenes a los mandos militares para que asumieran el control del país. Pero la situación no estaba «madura» todavía, varios generales (entre ellos los de la Guardia Civil y la Policía) no aprobaron la maniobra golpista, y encima los generales Goded y Fanjul fracasaron en su intento de sublevar la guarnición de Madrid. Eso provocó que se precipitaran los acontecimientos. Azaña fue elegido para formar gobierno y la primera medida que tomó consistió en alejar a los generales antirrepublicanos de los centros de poder: Franco fue destinado a Canarias y Mola a Pamplona. Eso fue todo.

En El Puerto, pocos días después de las elecciones, la Revista Portuense informaba con el titular «Bandera» que encima de la puerta de la entrada a la Casa del Pueblo había aparecido una gran bandera roja y negra con el yugo y las flechas de la Falange Española. Seguían con las provocaciones.

El viernes 21 de febrero de 1936, según publicó Trabajo! días después, con motivo de la toma de posesión de los concejales de elección popular reemplazando al ayuntamiento radical-cedista anterior, se celebró una grandiosa manifestación de varios miles de personas con banderas y estandartes de todas las sociedades obreras y partidos de izquierda. Fue convocada por la Federación Portuense de Sociedades Obreras y por el Frente Popular de Izquierdas. Salió del Parque Calderón, recorrió la calle Luna y acabó en el ayuntamiento en la Plaza Isaac Peral.

A finales de febrero se anunciaron las elecciones municipales para el 12 de abril, como única forma de legitimar unos ayuntamientos provisionales y que no representaban la correlación de fuerzas manifestadas en las elecciones generales del 16 de febrero. La demostrada mayoría socialista y comunista en las calles del ganador Frente Popular de Izquierdas se convertía en una minoría en los ayuntamientos republicanos, como ocurría en El Puerto, donde en el ayuntamiento se hablaba de la «minoría socialista y minoría comunista».

La primera reunión de la comisión gestora municipal, presidiendo el alcalde socialista José Blandino Mitges tuvo lugar el 18 de marzo.

Las elecciones municipales finalmente se pospusieron (y finalmente nunca se celebrarían) debido a que el estado de alarma seguía vigente por el clima de inseguridad que, según el gobierno, vivía la sociedad. La Revista Portuense del 9 de abril de 1936 se hace eco del aplazamiento hasta nuevo aviso de las elecciones municipales previstas para el 12. Es más que evidente el agrado con el que acogió la noticia, y no podía ser más claro diciendo que ese aplazamiento iba a beneficiar a las derechas, pues les daría tiempo para seguir forjando una unidad que necesitaban a toda costa para volver a vencer en las urnas.

Falange Española, en los días siguientes al triunfo del Frente Popular, experimentó un auge de su militancia proveniente de jóvenes derechistas desencantados por el fracaso del Frente Contrarrevolucionario que encabezó la CEDA de Gil Robles. De hecho, a nivel de todo el estado, incrementaron sus militantes en más de tres veces en pocas semanas. Además, muchos de ellos comenzaron a cometer acciones violentas. El primer atentado importante que perpetraron fue el llevado a cabo el 12 de marzo contra el diputado socialista, y «padre» de la Constitución de 1931 Luis Jiménez de Asúa, en el que éste resultó ileso pero su escolta, el policía Jesús Gisbert, murió. El entierro al día siguiente del policía se convirtió en una manifestación de repulsa contra la violencia fascista. La respuesta del gobierno de Azaña fue prohibir el partido, detener el 14 de marzo a su máximo dirigente José Antonio Primo de Rivera y a otros miembros de su Junta Política, y cerrar su periódico Arriba. Pero el paso a la clandestinidad no impidió que siguieran perpetrando atentados y participando en reyertas con jóvenes socialistas y comunistas. La casa de Largo Caballero fue tiroteada el 15 de marzo.

El 13 de abril el magistrado de la Audiencia Manuel Pedregal, que había condenado a algunos de los falangistas implicados en el atentado contra Jiménez de Asúa, fue asesinado. Pero los incidentes de mayor trascendencia se produjeron los días 14 y 15 de abril. El día 14 tuvo lugar un desfile militar en el Paseo de la Castellana de Madrid en conmemoración del Quinto Aniversario de la República y junto a la tribuna principal, ocupada por el presidente de la República en funciones Diego Martínez Barrio y por el presidente del gobierno Manuel Azaña, estalló un artefacto y se produjeron a continuación varios disparos que causaron la muerte a Anastasio de los Reyes, un alférez de la Guardia Civil que estaba allí de paisano, e hirieron a varios espectadores.

Seguro que esta situación propició el telegrama que el Gobernador civil envió en abril a la policía gubernativa de El Puerto ordenando que se «detuviera a los jefes locales de Falange Española y a los elementos destacados que estime peligrosos». Ya hemos dicho que aquí en El Puerto los falangistas tenían un feudo, y que ya habían ejercido su prepotencia. También eran sobradamente conocidos sus discursos obreristas desde su nacimiento; ya en abril de 1934 las sociedades denunciaron la aparición de la primera octavilla de Falange Española titulada «Obreros». Basta con decir que la Federación Portuense de Sociedades Obreras acordó por unanimidad el 27 de febrero dirigirse a la Alcaldía para que «hiciese las gestiones oportunas para la expulsión de la ciudad a los individuos residentes en ella, Fernando y Domingo Zamacola, como indeseables y agentes provocadores. Lo que pedimos en evitación de males mayores y alteración del orden público». Y el dos de abril el Juzgado de primera instancia e instrucción de El Puerto pedía al alcalde el informe de conducta de Fernando Zamacola Abrisquieta, «de 26 años de edad, soltero, chofer y vecino de esta ciudad, Ribera, 20». La respuesta del jefe de la guardia fue la siguiente: el citado individuo había «intervenido en algún asunto como pistolero y había estado en esta localidad detenido varias veces por asuntos perturbadores».

Pero la espiral de pistolerismo no cesó y el 8 de mayo el capitán de Ingenieros Carlos Faraudo, adscrito a la Guardia de Asalto e instructor de las milicias socialistas en la revolución del 34. Era el primero de la lista de militares de la UMRA (Unión de Militares Republicanos Antifascistas) que la ferechista UME y los falangistas se habían propuesto eliminar.

Volviendo a la Bahía, el domingo 24 de mayo se celebró por la mañana en la Plaza de toros de Cádiz un mitin de unidad sindical organizado por la Federación Gráfica donde participaron Largo Caballero (socialista) y Vicente Ballester (anarquista, del sector de la CNT defensor de las Alianzas Obreras) entre una muchedumbre de obreros que abarrotaba la plaza. En su discurso, Largo Caballero atacó duramente a la burguesía y al capitalismo, defendiendo la dictadura del proletariado, y Ballester llamaba a la lucha y a la unión, ahora más que nunca, «pues aunque no somos mucho de levantar el puño, sí sabemos emplearlos y los levantaremos con un fusil cuando tengamos que defender a la revolución».

Largo Caballero acudió por la tarde a otro mitin, en la Plaza de toros también, donde intervinieron Fernández Hermida (presidente de los socialistas de la provincia de Cádiz), Leoncio Pérez (Juventudes Socialistas Unificadas) y Daniel Ortega (PCE).

Daniel Ortega habló como miembro del Comité Central del PCE y aconsejó a las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas a organizarse y a disciplinarse para estar atentas para cuando llegara el momento de luchar por la revolución… «Son las defensoras del Frente Popular y están llamadas a evitar que la burguesía se una para aplastar al proletariado». Aseguró que estas milicias deben organizarse aun sin armas, porque el día que se necesitasen las habría en 24 horas como las obtuvieron los revolucionarios en Asturias. Largo Caballero terminó diciendo que había que formar un ejército proletario para que la lucha fuera más fácil, «organizaros porque el fascismo se extiende por todas partes». Y terminó diciendo: «necesitamos una organización fuerte para cuando el capitalismo quiera la guerra, venga la guerra social y con ella el triunfo del proletariado».

El 30 de mayo de 1936 Daniel Ortega en el nº 163 de Trabajo! advirtió que «Aún no está derrotado el fascismo». Habían pasado tres meses desde la victoria del Frente Popular, pero la situación para la clase obrera no había cambiado mucho. «En toda la provincia se ha iniciado una ofensiva contra la clase obrera. Raro es el pueblo donde no haya detenidos y procesados». Así de contundente comenzaba Daniel el artículo de portada del semanario, donde en sus líneas se denunciaba a jueces y magistrados que tenían relación con familias poderosas y donde la connivencia era la rutina de su proceder. «Desde siempre la autoridad judicial en España fue un apéndice de la reacción, de las castas que sangran al país y del caciquismo más odioso… Jueces y fiscales que ponen en libertad a los pistoleros reaccionarios, burgueses y fascistas encontrados con armas o en reuniones clandestinas, al mismo tiempo que encarcela a trabajadores a los que no se les puede acusar de nada… ¡La paciencia tiene un límite, señores de la justicia fascista! ¡Aún no ha triunfado Primo de Rivera!». De todas formas se mantenía prudente, se decía defensor de la República y exigía de las autoridades verdaderamente republicanas que ayudaran a solucionar esa situación de injusticia. No creía necesario todavía hacer uso de la fuerza de los obreros, de una huelga general a nivel provincial y se mostraba, por el contrario, partidario de la fuerza de la razón entre los amigos republicanos del Frente Popular en El Puerto y en la provincia de Cádiz. La fuerza en la que creía Daniel Ortega en ese momento se sintetizaba en la frase con la que concluía la editorial: «¡Trabajadores!, unión, unión y unión».

En el mes de junio, otro telegrama del Gobernador civil ordena la retirada de armas y licencias de las personas que se hubieran significado por su actitud y dando normas para que se cumpla el estado de alarma. Esto prueba el grado de enfrentamiento que se vivía en el municipio.

El 24 de Junio se leyó en el pleno del Ayuntamiento de El Puerto un escrito de la minoría socialista-comunista en estos términos: «Entre los asuntos que más nos preocupan en estos momentos se halla uno que es como agudísima espina clavada en el corazón del proletariado portuense. Nos referimos a la situación en que se encuentran muchos hermanos nuestros, muchos compañeros nuestros, presos algunos, procesados solo otros, con el consiguiente dolor para la masa obrera». José Blandino y Ramón Mila fueron nombrados para la comisión que debía ir a Madrid. Así se acordó mayoritariamente y se terminó el expositivo pidiendo que no tardasen en partir, pues la situación era muy grave.

Los falangistas portuenses seguían con su propaganda criminal. Precisamente fue en la entrada de Puerto Real, quizá porque, como hemos comentado, en El Puerto no eran bien acogidos, donde estaban pintando en el asfalto de la carretera consignas de carácter fascista cuando fueron detenidos por la Guardia Civil tras una persecución tras el coche que conducían. El alcalde republicano José Mª Fernández Gómez, advertido de lo que estaba ocurriendo, había avisado a la fuerza pública. Por este motivo fueron detenidos el 29 de junio los conocidos falangistas portuenses Luis Benvenuty Morphy y Alejandro Zamacola Abrisquieta, así como dos falangistas de Jerez como el señorito de ascendencia noble José Luís González de Aguilar y Núñez de Villavicencio o Manuel Gago Gutiérrez. Fueron multados y encerrados en la Prevención Municipal, hasta que el 5 de julio fueron conducidos por la Guardia Civil a instancias del Gobernador, al Penal del Puerto.

El trimestre previo al golpe militar, Falange Española (llamada al principio Fascismo Español, las mismas iniciales FE) tuvo 40 muertos y más de 100 heridos.

Daniel Ortega presenció junto a su grupo de diputados comunistas la reunión de la Diputación Permanente del Congreso que se reunió el 15 de julio en vista de la extrema gravedad de la situación política suscitada después del asesinato del líder derechista José Calvo Sotelo el 13 de julio en Madrid. Allí, como portavoz del grupo comunista, intervino José Díaz con su discurso «¡Alerta ante el complot de la reacción!». «…estamos completamente seguros de que en muchas provincias de España, en Navarra, en Burgos, en Galicia, en parte de Madrid y en otros puntos, se están haciendo preparativos para el golpe de estado, ¡tened cuidado!».

Hasta el día 10 de julio no estuvieron de vuelta los miembros de la comisión municipal encabezada por el alcalde Manuel Fernández Moro. En el pleno de dicho día explicaron el alcance de sus gestiones ante el gobierno de Madrid. Y entre otras medidas de tipo social y laboral prometidas, anunciaron que el ministro de justicia ordenaría que los presos con un sumario abierto pasarían a una situación de prisión atenuada en sus domicilios.

EL 18 DE JULIO EN EL PUERTO

Al llegar el sábado 18 de julio por la mañana a su despacho en el Ayuntamiento cuenta Mariano López Muñoz (jefe de la unidad administrativa) que recibió una confusa noticia de que las tropas de Regulares en África se habían pronunciado y que el gobierno no había logrado dominarla. La mañana la pasó entre multitud de noticias y rumores con gente por los despacho y antedespachos de las distintas concejalías. A la hora de la comida se fue a su casa y durmió la siesta.

Mientras tanto, reunidos en la Casa del Pueblo la Federación de sociedades obreras decretó una huelga general y los obreros organizados se prepararon para la resistencia.

Por la tarde ya se sabía que era un alzamiento militar contra la República, y más de primera mano se supo cuando Ramón Mila llegó de Cádiz. Según contaba el hijo de Marín Jaén, «El 18 de julio de 1936, por la tarde, volvió de Cádiz, en el vapor Adriano II, Ramón Mila, el líder sindical y militante comunista del Puerto, que había ido a la capital a enterarse directamente sobre el golpe militar del día anterior en África y poder coordinarse con los mandos del Frente Popular de la provincia… Cuando saltó del vapor Ramón Mila se le juntaron un grupo de obreros que le esperaban y éste comentó: «Estamos cogidos, rodeados…poco podremos hacer».

Desde esa tarde el ayuntamiento se constituyó en Sesión Permanente y también hubo reuniones del Comité del Frente Popular algunas presididas por Ramón Mila y otras por Bonilla.

El alcalde también intentó desde ese primer momento de certeza y gravedad del golpe militar formar una Junta o Comité de Salud Pública que tomara el control político de la ciudad, en vez de la alcaldía, pero nunca se pudo llevar a cabo.

Se sabía que el Gobernador civil Zapico no había interrumpido sus funciones, y respondían a las llamadas telefónicas todos los alcaldes de la costa, desde San Fernando hasta Sanlúcar y también Jerez.

En la parte baja del Ayuntamiento estaban los Carabineros o guardia rural y la Guardia Municipal. Las fuerzas de la Guardia Civil estaban acuarteladas y decían que acatarían y defenderían la legalidad vigente. Poco antes grupos de obreros y jóvenes habían pretendido detener al Capitán de la Guardia Civil y llevarlo a la cárcel sin conseguirlo. Por su parte, los militares que estaban en el Penal dijeron que seguirían cumpliendo su misión de vigilancia de los presos, y que no admitirían que se acercaran grupos «levantiscos» de civiles armados por las inmediaciones.

Se sabe por Fermín Vázquez que ese 18 de julio de 1936, a las cinco de la tarde, el gobernador civil de Cádiz, Mariano Zapico Menéndez-Valdés, llamó por teléfono al alcalde portuense Manuel Fernández Moro para comunicarle la gravedad del golpe franquista. El alcalde, acto seguido, reunió a varios concejales del Frente Popular, de los que solo hemos podido saber los nombres de los socialistas Gallardo y Ceferino Gómez, y el republicano Fermín Vázquez, para prevenirles de lo que estaba ocurriendo. Minutos más tarde volvió a llamarle Zapico para ordenarle que tomara medidas para armar al pueblo, que enviara, si podía, refuerzos a la capital, y que hiciera lo imposible para prevenir que elementos afines a los golpistas se aprovecharan de la situación para tomar el control de la misma.

Un grupo de gente, principalmente jóvenes, pedían armas a gritos en las inmediaciones del despacho del Alcalde. Éste siguió conferenciando con el gobernador civil y otros alcaldes de la comarca para coordinar las acciones. También llamó al Cuartel de la Guardia Civil, pero ante su negativa a colaborar, acto seguido, en compañía de varios concejales y siguiéndole una multitud de obreros simpatizantes del Frente Popular se dirigieron al cuartel de la Guardia Civil que se encontraba en la calle Cielos, en el actual número 79, frente a la calle Santa Clara (hoy Carmen Pérez Pascual). El alcalde pidió hablar con el sargento y se fueron a una habitación donde hablaron a solas y le exigió, por orden del Gobernador, que le facilitara armas para entregarlas a los obreros y defender así la República. El sargento no accedió a lo que pedía si no tenía una autorización de sus superiores y volvieron al Ayuntamiento…

Fernández Moro regreso sin resultados positivos a su petición de armas y volvió a hablar por teléfono con el Gobernador, mientras la gente seguía pidiendo armas. Después de colgar el teléfono volvió a acudir al Cuartel y se corrió la voz que la Guardia civil por fin accedía a entregar las pistolas que habían entregado particulares por orden gubernativa y que ellos la tenían custodiadas. Se sabe que el sargento presionado por la multitud que se encontraba en la puerta y la insistencia de que era una orden del Gobernador, sí entregó una caja con 29 pistolas.

El guardia civil Matías Ayuso dice que Rogelio Sánchez y Rafael Velázquez son los que cogieron las cajas con las armas que sacaron el 18 de julio del cuartel para repartirlas, y que, mientras, el alcalde y el concejal Gallardo, iban anotando las armas que se repartían. Según cuenta, la gente fue al Cuartel de la Guardia Civil en un nutrido grupo y al grito de ¡vamos por las armas!

Rogelio Sánchez Conde, de Izquierda republicana, regentaba una barbería en la calle Cielos 99, donde vivía, participó en la organización de la resistencia según las denuncias, y se le vio en el Ayuntamiento con un revolver de tambor.

Algunos concejales republicanos, como Fermín Vázquez, le recriminaron a Fernández Moro que hiciera una cosa así, pero el alcalde contestó que era una orden del gobernador la de armar «a los elementos de la CNT» (según declaró Vazquez) y que el levantamiento golpista era una cosa muy seria y había que tomar decisiones valientes. Enseguida se repartieron entre los obreros, muchos de ellos jóvenes. Y en ese momento, con esas pistolas disuasorias, también salieron grupos de obreros a requisar armas, especialmente escopetas de caza, de las casas de vecinos pudientes.

El ayuntamiento y la Casa del Pueblo, situadas a escasos cuatrocientos metros, fue un continuo ir y venir de dirigentes obreros y políticos durante toda la tarde-noche. Aunque parece ser que el mando y las órdenes se tomaban en la casa consistorial donde estaban todos los concejales comunistas, socialistas y republicanos intentando poner un poco de orden en aquel caos.

Más tarde en las primeras horas de la noche del 18 de julio llegaron a la alcaldía grupos de obreros exigiendo la libertad de los veintiún presos por la huelga de abril y de mayo de 1936 que se encontraban en la cárcel de partido, como le había prometido el ministro de justicia en Madrid. Al poco se fueron sin que el Alcalde accediera a su petición, pero unos minutos después firmó la libertad de los presos ante el peligro de que la gente asaltara la cárcel y fuera peor. También contaba con la autorización del Gobernador de hacer lo que creyera oportuno en esos momentos críticos.

Según cuentan algunos testigos, pasadas las once de la noche una multitud de obreros, hombres y mujeres, fueron a la Plaza de la Cárcel y consiguieron liberar a veintiún presos. Si hacemos caso al cabo de la guardia municipal Antonio Vidal, en un informe del 30 de julio para el juez especial del sumario 60-61 por sedición, se decía que fueron el maestro nacional Ángel Madrigal Gómez y el concejal socialista Gallardo, acompañados por otras tres personas cuya identidad desconocía, los que obligaron al oficial de la cárcel, Melchor Parach Cerezo, a que soltaran a todos los detenidos que estaban en la cárcel. También se acusaba a Gallardo de llevar una pistola automática que se la mostró como amenaza, si bien Gallardo comentó que la tenía «para defender a sus correligionarios». No sabemos si fue mediante estas presiones y amenazas o mediante la orden del alcalde que llevaban, pero el caso es que las fuerzas que los vigilaban les abrieron las celdas sin violencia, y los obreros presos se fundieron con sus familiares que les esperaban, y que muchos entendían que era producto de una amnistía o similar.

Con estos militantes puestos en libertad se comenzó en serio a tomar medidas de resistencia al golpe franquista.

Un capitán del ejército, procedente de Sanlucar o Chipiona (según se decía) y conocido por algunos de los que estaban en el Ayuntamiento (según testigos) se presentó a colaborar y a luchar por la defensa de la República. Con él precisamente se formó una Comisión de Defensa esa noche del 18 de julio. Lo primero que organizó esa Comisión fue la requisa de armas por toda la ciudad, y para ello se apropiaron de coches y con ayuda de conductores de la Sociedad obrera se formaron grupos que fueron consiguiendo escopetas, pistolas y rifles, pero muy poca munición. También se procedió a la detención de destacados falangistas o elementos de orden que se habían destacado por su oposición a la República.

En esos veinticuatro horas escasas del 18-19 de julio se requisaron coches de personas importantes del Puerto, y con chóferes de la Sociedad de chóferes y conductores realizaron algunos servicios como por ejemplo el traslado de los detenidos esa noche del 18 de julio desde el Ayuntamiento a la Cárcel de partido, una vez la vaciaron de los obreros allí encarcelados. También se utilizaron para requisar armas en casas de diferentes portuenses señalados como de ideología derechista. El chofer de Izquierda Republicana Nieto Camacho fue uno de ellos y en su coche (requisado al propietario José Luis de la Cuesta y Aldar) iban obreros organizados y armados que eran los que entraban en las casas.

También se ha declarado que un directivo de la Casa del Pueblo le dio una escopeta con dos cartuchos a un camarero de la Sociedad obrera afecta a la UGT (Sanchez Beza) y que se fueron juntos por la carretera de Rota a buscar armas por los campos. Trajeron tres escopetas.

A eso de la una de la madrugada (18-19 de julio) se presentaron en coche un grupo de obreros armados en la Finca La Atalaya, propiedad de la condesa de Osborne, pidiendo el armamento que allí hubiera. No pudieron llevarse nada, pero volvieron a ir el día 19 por la mañana.

Manuel Arenas, capataz de la Finca La Atalaya, dice que a las 5 de la mañana del 19 de julio fueron a su casa en El Puerto siete u ocho hombres armados con escopetas y pistolas, lo subieron al coche y lo llevaron a la finca, donde les entregó un rifle que tenía allí.

En las horas siguientes en el ayuntamiento iban entrando personas detenidas por grupos de obreros que eran llevados en coches incautados y los entregaban a la policía municipal dentro del edificio.

Sobre los nombres de los detenidos se sabe apenas nada, pero en un sumario se dice que uno de los que llevaron al Ayuntamiento era el hermano del dueño del Bar Pavoni (quemado en la huelga general de abril de 1936) frecuentado por falangistas y gentes «de orden».

Uno de los que destacó por detener a un mayor número de fachas fue el marinero Antonio Salmerón Gallo (alias Pipón o Pepón), conociéndose únicamente el nombre de uno de ellos, Nimo Real, propietario de una barbería. Este hombre declaró que a su casa fueron unos dieciocho obreros armados con escopetas, pistolas e incluso espadas y sables antiguos que habían requisado en otras casas. Y recordaba que en el interior del ayuntamiento hacían guardia grupos de obreros que servían de correos y vigilancia a las órdenes del Alcalde y el gobierno municipal del Frente Popular.

También está documentado que grupos de obreros armados se dedicaron a recoger aparatos de radio de casas de «personas de orden». Fue el 19 de julio por la mañana. En la «tienda del Medio» de la calle Sierpes dicen que tuvieron que usar la intimidación con las escopetas que llevaban ante la negativa de su dueño (José Fernández Iturbe), en primera instancia, y finalmente se llevó el aparato José Caraballo de la Flor que iba al mando del piquete.

El marinero Salmerón cuenta que la noche del 18 de julio le dieron en el Parque Calderón una escopeta sin munición y con ella se fue a dormir al barco donde pernoctaba. A la mañana siguiente, con otros escopeteros que estaban en la Plaza del Ayuntamiento, y por orden del Alcalde, fueron a requisar el aparato de radio en la tienda de vinos de En Medio, en la calle Sierpes junto a la plaza de Abastos.

También registraron la casa de Luis Fernández y Tembe, y requisaron la radio de Manuel Arenas, entre otros muchos.

Sánchez Beza, camarero, fue quien recogió en casa de Francisco Dosal el aparato de radio que tenía en su casa. Fue a la una y media de la madrugada del 19 de julio, y por no querer entregarla cuando así lo dispuso el Alcalde. Con un compañero, y ambos armados con escopetas, fueron a la casa y llevaron la radio al Ayuntamiento. También recogieron la radio de La Pastora. En todos los casos se daba un recibo a los propietarios. También dice Sánchez Beza que esa mañana del 19 de julio estuvieron buscando armas en casas, y que él registró la de Juan Monedero, sargento retirado de la Guardia Civil, sin encontrar nada y que nadie fue molestado.

Al mismo tiempo, se tiene constancia de que algunos grupos hicieron intentos de asaltar y quemar la casa de los Osborne y la del médico Muñoz Seca, cosa que no consiguieron por evitarlo el Alcalde. También quisieron asaltar el recreo o casa de campo de Francisco Javier Terry, que además no quería entregar las armas como le había solicitado el alcalde. También fue impedido por la autoridad municipal.

Otra de las medidas tomadas fue impedir que elementos afectos a los golpistas pudieran salir de El Puerto para unirse a los de otras poblaciones y colaborar con el alzamiento. Para ello se pusieron piquetes de obreros armados en las entradas y salidas de la población, como el Puente de San Alejandro.

Un dato curioso es la llegada al Puerto la noche del 18 de julio de una camioneta con obreros procedentes de Chipiona, parece ser que anarquistas. Venían a solicitar armas porque la comandancia de la Guadia Civil de su pueblo no accedía a entregárselas. Y, claro, tampoco aquí lo consiguieron porque solo había unas pocas decenas entre pistolas y escopetas de caza.

Las noticias volaban y no eran nada esperanzadoras. Ya se sabía del alzamiento en Sevilla y en Córdoba, y que en Cádiz no se avanzaba en la organización de la resistencia. La Comisión de Defensa comenzó a planear cómo impedir el paso de las tropas alzadas contra la República. En la noche del día 18 de julio grupos de obreros volvieron a ir al Cuartel de la Guardia Civil con el alcalde y otros concejales, y esta vez acompañados por el capitán del ejército para incautarse de la dinamita allí almacenada, cosa que no consiguieron por oponerse firmemente el mando de la Guardia Civil.

Se pensó volar el puente de San Pedro, para que no entraran desde Puerto Real y la alcantarilla de la carretera de Cádiz-Jerez, en la zona del paso a nivel de la Victoria, para que no llegaran desde Jerez. También quisieron cortar la carretera de Sanlúcar. Además de la voladura de los puentes y alcantarillado, se propuso hundir una embarcación usada en la draga del Guadalete (gánguil o gangui, expresión muy gaditana) en la canal del río para evitar que desembarcaran las tropas en el muelle.

En vista de la negativa de la Guardia Civil, el Comité de Defensa de la República decidió robar la dinamita de las canteras de la Sierra de San Cristobal con ayuda de los canteros socialistas y comunistas asociados que conocían el terreno y las instalaciones a la perfección.

La noche del 18 de julio, a las nueve o nueve y media de la noche según declarantes, numerosos canteros de la Sociedad de Canteros (UGT) se montaron en la camioneta de un tal Barcala que la conducía. A su lado en la cabina iba José Pagliani (recién liberado de la cárcel) y un guarda rural llamado Morales, ambos comunistas. Estuvieron por la sierra de San Cristóbal recogiendo dinamita y herramientas (espiochas y palas, sobre todo) de varias canteras y las llevaron al puente San Pedro, pasando antes por el Puente San Alejandro. Allí dejó herramientas y se bajaron obreros; después hizo lo propio en la carretera de Jerez y de Sanlúcar.

Primero quisieron cortar las carreteras a golpe de pico y pala, y solo al ver la lentitud del trabajo, fueron a la una de la madrugada del 19 de julio nuevamente a la Sierra de San Cristobal a recoger el «compresor de las aguas» con el que se hacía las galerías de las aguas de la Piedad. Fueron en un camión y ataron la máquina para remolcarla y conducirla al puente y a las carreteras para hacer los taladros para la dinamita.

Fabián Portillo, otro de los obreros liberados de la cárcel de partido, es el que aseguran que estuvo manejando el compresor haciendo los barrenos en la zona de La Victoria.

Estuvieron toda la noche haciendo taladros con el compresor y cargando lo huecos con explosivos. Dicen que fueron con Silva, joven comunista que acababa de ser liberado de la cárcel, y con el presidente de los Canteros Fernando Benítez, entre otros, y que iban armados con pistolas y escopetas. También se ha comentado que el Capitán pidió que se tuviera mucho cuidado en no dañar en las explosiones las conducciones de agua que estaban en el puente y cerca de esas carreteras.

Eduardo Lojo Rodríguez, cantero, Francisco Marín Jaén, cantero, y Guillermo Rodríguez López, cantero, participaron en los destrozos parciales en el Puente de San Pedro y la alcantarilla de la carretera de Jerez. Lo explosionaron el 19 de julio por la mañana y el resultado no fue el deseado. Pero quizá las tropas golpistas tuvieron noticias de estas acciones y no se atrevieron a entrar por carretera sino por el río.

Siempre dicen en los sumarios que había órdenes escritas del alcalde para todo o casi todo lo que se hizo aquella noche: expropiación de armas, coches y camionetas, radios, detenciones, dinamita o herramientas. Esas órdenes escritas le costó la vida…

Se denunció que ya en la mañana del domingo 19 de julio a un Guarda rural o carabinero que no quiso participar en las acciones de resistencia, el alcalde en persona le requisó la tercerola y la pistola que portaba, al no tener también en ese momento su rifle reglamentario. Poco después al presentarse al servicio los Carabineros los acuartelaron en la Comandancia Municipal, salvo a dos que eran de ideología «extremista» (eran del Partido Comunista) y habían participado en las acciones (Morales y Negreira).

Cuenta Mariano López que conforme pasaban las horas de la mañana del 19 de julio, al saber de las noticias del ya golpe militar contra la República y del avance de las tropas, con la rendición de Cádiz, muchos obreros fueron abandonando el Puerto o buscando un sitio donde refugiarse y esperar que capeara el temporal. Solo los jóvenes, menores de 21 años, se quedaron por las calles y los campos con sus escopetas a las órdenes de las autoridades municipales que intentaban organizar la situación.

Todavía a mediodía de ese 19 de julio seguían varios grupos hablando de quemar la bodega de los Osborne y asaltar la casa del Doctor Muñoz Seca, en el nº 18 de la calle Vicario. Cosa que el alcalde impidió nuevamente.

Una de las cosas que se fue fraguando y organizando esa mañana fue el desarme de la población para prevenir represalias de las tropas franquistas. Muchas armas se fueron depositando en la Alcaldía y no faltaron momentos de tensión por querer cogerlas nuevamente grupos de obreros desencantados con esa medida. De todas formas, no todos entregaron las armas

Rogelio fue denunciado porque el 19 de julio por la tarde al entrar los regulares en El Puerto, muchos obreros con escopetas entraron en su vivienda y salieron sin ellas. Un vecino habló de que había tirado pistolas al pozo (eso es una constante en otros sumarios). Por ejemplo, en otros sumario se habla de una escopeta que Cayetano Aparicio llevó a la casa de una conocida para que la tirara al pozo.

Quiero destacar que durante esa tarde-noche sí hubo amenazas y se usó la fuerza, pero no hubo ningún herido ni mucho menos víctima mortal en esas acciones de la resistencia republicana en El Puerto. Al contrario, varios testigos del asalto de esas casas de familias pudientes dijeron que los piquetes respetaron a las personas en todo momento. Nada que ver con lo que pasó a las pocas horas, cuando el poder legítimo de la República acabó en El Puerto aplastado por las botas de las tropas de regulares de Franco que desembarcaron a la una de la tarde del 19 de julio en la plaza de las Galeras, procedentes de Cádiz.

Muy pronto la ciudad se dio cuenta de que la legalidad republicana había terminado y el terror fascista se había impuesto, aunque éstos siguieron actuando como si de republicanos se trataran y en los coches de los falangistas llevaron durante unas semanas banderines de la república. Lo primero que hicieron las tropas de regulares fue ir a la cárcel y liberar a las «personas de orden» que allí se encontraban, y lo mismo pasó en el Penal, donde había algunos falangistas presos. Inmediatamente después, los concejales y tenientes de alcalde que estaban en el ayuntamiento con el alcalde Manuel Fernández Moro fueron detenidos y llevados al Penal de El Puerto.

Pepe Valiente recuerda que al mediodía del domingo 19 de julio, el padre se echó a la calle y al ver las tropas de marroquíes custodiando el Ayuntamiento gritó a un grupo de curiosos que merodeaba por los alrededores: «¿Dónde están los hombres del Puerto?», momento en el que un grupo de falangistas armados fueron hacia él y su padre huyó refugiándose en una vivienda cercana. El padre apareció en casa a la hora de comer y anunció «¡la que se va a armar!», aunque en realidad quería decir «la que se estaba empezando a armar».

Desde ese momento, e incluso antes, la mayoría de los obreros sacados de la cárcel y muchos destacados sindicalistas y militantes obreros y republicanos comenzaron a huir de El Puerto, quien pudo, o a esconderse y a desembarazarse de las armas y de toda la documentación, cartas, fotos y prensa que pudiera comprometerles, la mayoría.

Unos 40 portuenses de izquierda fueron fusilados aplicándoles el Bando de Guerra (es decir, sin juicio ni procedimiento legal de ningún tipo). Aún no existe una lista definitiva como la que existe en muchos pueblos de la provincia. Entre ellos están Fernández Moro, Ramón Mila, Juan Gandulla, Ceferino Gómez, Manuel Rodríguez, Eduardo Cossi, Manuel Silva, José Pagliani, Artola, Valiente, Carlos de la Flor (Cosita buena), etc, etc. De todas las ideologías que conformaban el Frente Popular, republicanos y socialistas, aunque bien es verdad que muchos fueron comunistas.

Se sabe que los hermanos Ibáñez, comunistas, pudieron escapar y llegar a zona republicana para alistarse en el ejército legítimo. Estando Daniel Ortega en prisión, en 1939, le dio a María Luisa la noticia de que ambos habían caído en combate y que se lo dijera a su madre. También se sabe que Cayetano Aparicio también pudo huir a zona republicana y lo detuvieron al finalizar la guerra. Coincidió con Daniel Ortega en la cárcel de Yeserías (Madrid).

También hemos averiguado que Alfonso Manzanete, uno de los primeros comunistas de El Puerto pudo salir del país y se exilió en Brasil.

Por último, destacar otra peculiaridad portuense que ha sorprendido a varios estudiosos de esa época. La cantidad de obreros de izquierda, afiliados a sociedades obreras, que en esos primeros momentos se alistaron en la Falange de los Zamacolas. Muchos habían participado en la resistencia y habían sido militantes activos, por lo que es de suponer que esa fue su forma de salvarse de la muerte y de proteger a su familia. De hecho, los Zamacolas fueron a la cárcel a reclutarlos para su columna pues los conocían y había simpatía entre ellos (recordar que procedía de familia obrera y habían estado militando en sindicatos y partidos de izquierda en algún momento). De estos nuevos falangistas «de ocasión», algunos se saben que desertaron en el frente y se pasaron al bando republicano. Y a otros muchos los echaron de la Falange porque había quien pensaba que era un «nido de comunistas». En este telegrama del Gobernador civil al Jefe Local de Falange de El Puerto en agosto de 1936 queda claro el mensaje: «que se expulse a F. Andras y otros por ser elementos comunistas».

Por último comentar que el Capitán del ejército que colaboró en la resistencia, por ser militar, pudo haber corrido la misma suerte que el teniente de infantería de marina que (según recuerda Paco Artola, pues lo presenció siendo un niño) fue fusilado públicamente en la plaza del Polvorista donde estaba el cuartel de artillería. No quiso que le vendaran los ojos y antes de las detonaciones gritó con el puño en alto: ¡Viva la República!

Epílogo: En ninguna de las declaraciones sumariales aparecen las mujeres participando en las acciones de resistencia que se vivieron en El Puerto. Estamos hablando de armas y explosivos, de detenciones, de requisas, etc. y en esa situación de enfrentamiento y peligro la educación machista haría que se evitara su participación y se las mandara a casa cuidando de la familia. María Luisa afirmó que ese día 18 entero estuvo cuidando al marido de una amiga suya en su casa de la calle Diego Niño. Otras como Antonia Suano, Dolores Pérez, o Rosario Bocaranda también negaron su participación y dijeron que estuvieron en casa. Parece increíble que pocas semanas antes estaban participando en piquetes de huelga, uniformadas en manifestaciones y evitando una masacre de los Guardias de asalto haciéndoles frente, Seguro que fue así.

Fuentes bibliográficas fundamentales:

– Procedimientos Sumarísimos contra Mariano López Muñoz, Fermín Vázquez, Eduardo Lojo, Francisco Marín, Guillermo Rodríguez, Rogelio Sánchez, Manuel Ramírez, Miguel Marroquí, López Román, Ramos Sevilla, Nieto Camacho, Sánchez Beza, Francisco Oliva, José Salmerón y Ramón Ortiz. Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo (Sevilla).

– Francisco Artola Beuzón. No soy eterno. Editorial El Boletín. El Puerto, 2011.

– José Marín Ordóñez. Cuadernos de palabras y ausencias. Editorial Tierra de nadie. Jerez, 2013.

– José Valiente Moreno. Lo contado por un niño de la guerra. Concejalía de cultura del ayuntamiento de El Puerto, serie Vivencias y saberes. El Puerto de Santa María, 2006.

El Puerto de Santa María (Andalucía), 18 de julio de 2016

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