150 años de tergiversación del marxismo – Respuesta al artículo: “La vieja consigna: ¿Socializar los medios de producción?”

Respuesta al artículo: “La vieja consigna: ¿Socializar los medios de producción?” publicado en el blog “El viejo Soldado”

http://www.elviejosoldado.com/2012/09/la-vieja-consigna-socializar-los-medios.html

Abraham Mendieta Rodríguez

En los albores del movimiento obrero organizado, y con su principal ideólogo aún vivo, comenzó la tergiversación malintencionada de la teoría de liberación de clase obrera, con la pretensión de despojar a esta de su carácter revolucionario.

Siglo y medio después, aquellos que siguiendo el esquema político de la burguesía, se encuadran en una izquierda reformista y desorientada, siguen cometiendo los mismos errores que un tal Karl Marx criticaba hace ya demasiados años en la “Crítica al Programa de Gotha”.

El autor del artículo al que procedo a responder, cimienta su crítica a la teoría leninista en consignas populares que determinados partidos y organizaciones han defendido de manera táctica (y en cierto modo, erronea), y no mediante criterios de análisis ideológicos de la realidad histórica y social del capitalismo. Veamos un ejemplo:

El argumento del leninismo más ortodoxo para dejar fuera de lugar a la izquierda actual –llámese neomarxismo, socialismo del siglo XXI, etc- es generalmente el paradigma de la socialización de los medios de producción. Se tiende a pensar que, sin la aplicación inmediata de esta medida como paso al socialismo, es imposible conseguir la emancipación de la clase trabajadora. Sin embargo, no siempre se puede trascender con tanta facilidad de lo político a lo económico –la ‘socialización’ es utilizada como arma política en este caso-, y el carácter económico de tal medida es lo que determinaría su impacto en el plano político o social.“

Tras leer este primer párrafo del artículo, me surgen las siguientes dudas: ¿Acaso alguien que haya asimilado la teoría marxista, puede pensar que con la simple socialización de los medios de producción se puede llegar a la implantación de un sistema socialista? ¿Acaso algún lector de los clásicos del marxismo duda de la necesidad de romper con las instituciones del orden burgués totalmente, y en definitiva, del Estado Burgués, antes de proceder a la socialización de los medios de producción? ¿Acaso en el capitalismo no han existido (y siguen existiendo) cooperativas en las que los propios trabajadores son en conjunto dueños de los medios de producción de sus fábricas, y no por ello suponen la ruptura del sistema capitalista?

Si interpretamos el párrafo del artículo original de la manera en la que anteriormente lo hemos hecho, podemos considerar que el autor, simplemente, está cayendo en el error de generalizar una consigna táctica, sin remitirse a la teoría científica que lo avala. Otra cosa bien distinta, sería pensar, que con este párrafo, el autor intenta justificar que el paso al socialismo no debe ser mediante un cambio cualitativo, sino mediante pequeños cambios cuantitativos, o lo que es lo mismo, reformar paulatinamente este sistema, hasta que llegue la emancipación de la clase obrera.

¡Qué bonito! Se acabaron las armas, se acabaron las guerras y las tomas de poder, o dicho de otra manera, se acabó la lucha de clases, lo único que tenemos que hacer es trabajar en el ala más progresista del capitalismo, y esperar a que poco a poco, este nos vaya regalando concesiones, ¿no dijo cierto sabio, que el capitalismo tenía dentro de si mismo, el germen de su autodestrucción?

Un pequeño detalle se le pasa al autor del artículo, si es por esta segunda vertiente, por donde pretende encaminar su argumentos: Jamás en la historia de la sociedad, se han conseguido siquiera reformas mediante la “lucha” reformista, más alla de las puramente puntuales, que siempre, acaban retrocediendo. ¡Menuda afirmación, ¿verdad?! Demostrémosla empíricamente.

Un siglo de luchas para conseguir la jornada laboral de 8 horas y el capitalismo solo cedió con el ejemplo obrero de la revolución bolchevique, como “cordón sanitario” para que no cundiera el ejemplo organizativo del estado proletario.

Pasemos a otra cuestión, el autor afirma:

Es cierto, muchos se llenan la boca tachando de ‘traidores’ a aquellos marxistas que intentan abrir nuevas vías de progreso diferentes a las que se dieron en el período del ‘socialismo real’, y ahí si que se tiende a confundir el plano económico -el sistema de producción capitalista- con el plano político.”

Creo que el autor coincidirá conmigo en el carácter dialéctico del marxismo, es por ello, que se nutre de las experiencias prácticas y aportaciones teóricas que van surgiendo en el desarrollo del conflicto de clases, es por ello que ningún marxista-leninista puede afirmar que la teoría de la clase obrera esté concluida, pues por ejemplo, el gran aporte de Lenin, es desarrollar la teoría marxista en la época imperialista, otra cosa bien distinta es intentar adaptar la teoría marxista a convivir dentro del capitalismo y a modificarlo, eso no es solo de traidores, es también de canallas, pues están condenando indefinidamente a la clase obrera al yugo del capitalismo.

«Me refiero a las teorías que cimientan el concepto de ‘democracia’ y que deben trasladar la soberanía al pueblo, pero que por desgracia no se aplican en visos de la enorme crisis moral y democrática que vivimos –consecuencia directa de una base económica basada en el beneficio sin fin-. Un ejemplo es el concepto de ‘Estado de Derecho’. Es obvio que jamás lo conseguiremos llevar a cabo bajo un régimen de producción como el actual, pero no por ello debemos desechar tal idea, si no luchar por llevarla a cabo.»

Empiezo destacando un error empírico de poca importancia que se encuentra al final del párrafo, pues si algo es verdaderamente imposible de realizar por las características intrínsecas del sistema, no se debe intentar realizar. Un ser humano, sin tecnología externa a su anatomía, no puede jamás volar. Como podemos tomar la frase como una licencia literaria, vamos a pasar a lo importante.

No existe ninguna crisis moral ni democrática, existe la moral capitalista, y la “democracia capitalista”. Entendiendo el mundo desde la perspectiva marxista, la perspectiva de clase, podemos afirmar que la estructura de un estado pertenece siempre a la clase dominante, y se usa para reprimir a la clase dominada. Partiendo de ese “axioma”, ni en el capitalismo, ni en el socialismo, existirá jamás una democracia plena, si esta se entiende como “la ausencia de dictadura”, pues serán siempre dictaduras de clase, en el capitalismo, una escasa minoría oprime a la gran mayoría para mantener sus privilegios, y en el socialismo, una gran mayoría oprime a la anterior aristocracia (hablando con propiedad, a la burguesía) para crear una sociedad en la que no exista la explotación del hombre por el hombre y avanzar hacia el comunismo, donde no será necesario el estado, y por tanto, será una verdadera democracia. Y a este concepto de explotación entre hombres es donde el autor llega.

«Por eso, cuando los más ortodoxos hablan de socialización, no es difícil pensar: ¿Socialización o nacionalización? En los antiguos países socialistas, aquella plusvalía que anteriormente hubiese ido a parar al beneficio personal de un patrón, ahora pasaba a manos del Estado. No eran pocos los que hablaban de un régimen de producción en el que todo cambiaba para seguir igual: Aunque ahora el carácter del Estado era reinvertir esa plusvalía en la mejora de la sociedad, los trabajadores no dejaban de ser explotados. La pregunta queda abierta: ¿Era entonces el Estado controlado por la misma clase trabajadora? ¿Era una opresión efectiva de una mayoría sobre una minoría, una ‘dictadura del proletariado’ tal y como Marx la describió?»

¿Que querrá decir el autor con ortodoxos del marxismo? ¿Marxistas-leninistas? ¿Ortodoxos puramente de la teoría de Marx, sin su desarrollo en el imperialismo? ¿”Ortodoxos” a la altura de Kautsky? Demasiado abstracto para mi gusto.

Entremos al tema en cuestión, ¿existe en el socialismo la explotación del hombre por el hombre?

¿Cuando un obrero construye con sus manos su casa, está explotándose a si mismo? Obviamente no, entonces ¿Por qué trabajar para una sociedad de la que formas partes y te beneficias del fruto común del trabajo sí que lo es? Llevemos el ejemplo al extremo, si todo el trabajo que no producimos únicamente para nosotros mismos es una explotación, para evitar la explotación, deberíamos ser capaces de destruir cualquier lazo social y vivir en plena autarquía. Demasiado dificil…

Entrar en las preguntas “¿Era entonces el Estado controlado por la misma clase trabajadora? ¿Era una opresión efectiva de una mayoría sobre una minoría, una ‘dictadura del proletariado’ tal y como Marx la describió?” no procede si lo que se quiere es hacer el estudio de un teoría económica política y social, y no de una experiencia histórica y puntual en particular, eso es otro debate, también muy interesante, pero que quizá, despunta en el artículo, si lo que se quiere es ver la vigencia de la teoría marxista y su posterior desarrollo.

(El autor del artículo original cita a Fernandez Buey)

«Hablando con propiedad, que es como hay que hablar, la Historia no demuestra nada. Demostrar, demostrar sólo demuestran los matemáticos y los lógicos: las ciencias formales. (…) La Historia, cuando se la estudia mucho, con mucha dedicación y sin principios, es, a lo sumo, un pariente de la Humanidad sugeridor de argumentos plausibles’’.

Dejando a un lado la poca simpatía ideológica que un servidor tiene hacía el teórico Francisco Fernández Buey (Q.E.P.D), intentar justificar que la transformación revolucionaria de toda sociedad requiere un análisis exhaustivo de la realidad del momento, y no un calco de antiguos sistema, con una frase sacada de contexto de manera metafísica (algo que curiosamente el autor critica de los leninistas) no es la mejor manera de demostrar ningún postulado, y menos, si la frase lo único que hace es caer en el relativismo, afirmando, de una u otra manera, que no existe ninguna verdad “absoluta” en las ciencias sociales, eliminando a estas materias su carácter científico, y renegando de la filosofía materialista y dialéctica.

«Hay que buscar la forma de conseguir la propiedad social sobre los medios de producción, sin reforzar el carácter ‘controlador’ del Estado. Por eso existen formas de buscar la redistribución de la riqueza y el control efectivo de la economía, lo que significa recuperar la soberanía política sobre los organismos que la controlan (bancos, empresas, etc). Se puede empezar a buscar la ‘democracia’ regulando democráticamente –y valga la redundancia- el más potente recurso de nuestra sociedad: el dinero»

Nadie que haya entendido la teoría marxista puede permitirse afirmar que es necesario buscar un mejor reparto de la riqueza sin un estricto control sobre la economía, pues es precisamente la anarquía de producción de capitalismo, una de las características que lo hacen más vulnerable.

¿Cómo se regula la economía democráticamente? ¿Le pedimos opinión al señor Botín a ver que opina sobre el reparto de sus riquezas? ¿Le pedimos opinión a un pueblo aletargado por la ideología dominante, que posee todos los medios de difusión de masas, al que algunos se niegan a organizar mediante su conciencia de clase si quiere una expropiación masiva? ¿No sería lo correcto organizar a los trabajadores mediante asambleas en las que adquieran conciencia, y ellos mismos sean los que descubran que no necesitan a la clase dominante para absolutamente nada?

Y para concluir, podríamos preguntarnos ¿Es democrático cualquier sistema de explotación capitalista, aunque esté en teoría legitimado por la mayoría de la sociedad?

Realmente este debate es positivo si se canaliza en analizar los errores de aquellos militantes que se dicen leninistas pero que están anclados en experiencias pasadas y son incapaces de analizar la realidad, pero de eso no tiene la culpa, ni el leninismo, ni los leninistas, sino la tozudez y la melancolía de algunos individuos en particular.

Mientras, los que creemos que la teoría marxista-leninista, aun tiene un largo camino por delante, seguiremos estudiando, desarrollando y trabajando, pues es la única manera, de enviar al capitalismo, de una vez por todas, al basura de la historia.

Saluda Abraham Mendieta, estudiante de Bachillerato, al igual que el autor del artículo respondido.

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