12 octubre 2016. Tenerife

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12 de octubre 2016. Tenerife.

El día marcado estaba en la retina antifascista. No importa cuantos porque los cualos impactan más duro en el resorte del vacío de valores a afligir. En la vertiente, la razón de unos seres que no tragan la injerencia ajena de desfile opaco, de edificio provocador en cimientos de muerte, de consentimiento desganado. La cita en la plaza, la que lleva el nombre que no elegimos, del innombrable asesino de vida que corría en el XIX como corre la nuestra durante el XXI, su gesta, la ambición, su propósito, el terror, terror de estado fascista.
El sol depurando la piel estaba. Recuerda, me decía, escucharás que portándolo al hombro el mundo se vuelve amarillo. Un kiwi, medio de aguacate y para abajo, sí, en sentido metafórico, no desde el relieve conocido hacia los 32 metros sobre el nivel del mar donde se vislumbraba el encuentro. Abajo porque no conocemos otro lugar donde ubicarte, hasta erradicarte, eliminarte y olvidar de odiarte hasta matarte, fascismo.
Me acerco estando. No veo a nadie. Nunca veo a nadie de los que apenas reclamo su histeria en miradas que matan, que no aman. Los otros. Ahí están, juntos como hermanos. Familia. Los peludos, los de los cojones en la mirada, las de la voluntad inquebrantable, las de aquí estoy y no me con-vence tu mierda. Aplaco el paso, me tiro al piche, sin perder las formas: la cabeza bien alta, no para rendir pleitesía ni por chulería, sino para decir esta cara que tu ves es la nuestra, sin tapujos, la de: mírame bien porque me declaro tu enemigo, fascismo.
Oh, lo militar, representación acorde a ti, nulo, parásito, de una proyección prescindible. Se comenta que hay dos tipos de secreta observando, paseando las migajas de su vida interior. Ni me-nos inmutan. Un contenido de espacio-tiempo inabarcable nos separa de nuestros fines; el suyo: lamer, el nuestro: morder, el antagónico mismo putrefacto objetivo, fascismo.
La hora prevista. Un saludo fraterno de rumbo simétrico, de jóvenes canarios que sienten de que va esto, de aprendizaje mutuo, de lucha unida. La sonrisa, si no se presenta en la boca, lo hace en el corazón. El cemento engalanado, embadurnado con el rojigualdo trozo de tela. Colores que no casan con la luminosidad canaria. Exabrupto anal para evaporar la rojigualda visión de la anatomía. Te busco y no te encuentro. Por fín. Un sensato, brazo en alto, palo en mano, aupa la otra visión. La tricolor. La de las siete estrellas verdes que ondea con buenas vibras ante 15 hieráticas hispanas que se dicen unas a otras: – nuestro sino es el fascismo y esa representa algo que desconocemos: independencia, paz, libertad.
Nos toca. Megáfono gargantero. Ideas que te acongojan. Que te ponen en el lugar que te corresponde. Que te dicen: si aquí viniste y te quedaste, aquí morirás. No hay celebración, solo rechazo. Rechazo a la historia que te has granjeado, las formas que mantienes, que pretendes virusificar sobre la sangre y la emoción de un mundo mejor. Un mundo que no es el tuyo, fascismo. No eres bienvenido. El decoro canario de varios jóvenes te está plantando cara. Hoy y siempre. Ni los hilos más rotundos de tu sistema, cárceles, fronteras, podrán golpear ni un átomo de vida del que te declara ingrato. Se acercan más, más y más se acercan para unirse a la festividad: la que otorga la lucha antifascista, del ser humano contra el ogro humano, desde Tenerife para el universo. Contra el fascismo, ni un paso atrás.

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