12.000 personas se manifiestan a favor de los presos políticos vascos.

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Un compromiso que se evidencie en la práctica. Eso es lo que Etxerat reclamó ante los cerca de 12.000 ciudadanos unidos en la manifestación que recorrió Donostia en favor del respeto a los derechos de los presos. Los allegados de los represaliados vascos abogaron por «estrechar lazos y aglutinar fuerzas y compromisos» para que se refleje que la mayoría social, política y sindical de este país demanda que cesen las vulneraciones en las cárceles y las calles.

Después de que en este curso se hayan cumplido dos largas décadas desde que se diseñara la dispersión de los presos políticos vascos, los integrantes de Etxerat se preguntaron «cómo no existe una respuesta unitaria que ponga freno a esta realidad», y con el fin de encontrar la respuesta anticiparon que llevarán a cabo una reflexión.

Ese será el quehacer que ocupará a Etxerat durante las próximas semanas. Desde el Boulevard donostiarra se encargó de adelantarlo Manu Errazkin, padre de Oihane Errazkin, presa política donostiarra fallecida en la cárcel parisina de Fleury-Merogis. Detalló que los allegados irán «puerta a puerta» en busca de esos compromisos, interpelando a agentes políticos y sindicales. Entienden además que ésta es la mejor respuesta frente al intento de Madrid y Gasteiz de «infundir el miedo». «No contentos con meternos cada fin de semana en el `corredor de la muerte’ que supone la dispersión, buscan acallar ahora la solidaridad», denunció tajante.

Errazkin lamentó el intento de «borrar» de las calles la denuncia de la política penitenciaria emprendido por el Departamento de Rodolfo Ares y con- tinuado por el de Javier Caballe- ro en Nafarroa, y recordó que para ello han «hecho uso de la violencia. Dentro y fuera de las cárceles han empleado la violencia», denunció. Como muestra de ello recordó lo ocurrido con el prisionero donostiarra Asier Arzallus esta misma semana, en la que ha denunciado malos tratos en el transcurso de un traslado.

Etxerat resaltó la situación crítica que padecen sus seres queridos encarcelados e hizo especial hincapié en aquellos que aun habiendo cumplido su condena o encontrándose gravemente enfermos continúan en prisión, lejos de sus hogares. «¿Es que esto no es una condena de muerte?», preguntó Errazkin.

Pese a todo, aseguró con contundencia que la presencia de los presos vascos no va a desaparecer de las calles de «ninguna manera». Los miles de manifestantes que escuchaban en silencio su alocución saludaron esta afirmación con gritos y una ovación cerrada.

La emoción general fue patente en todo el recorrido de la manifestación, pero más aún a la altura del Boulevard, donde los sones de trikitixas acompañaron a canciones tan sentidas como «Zai dago ama» o «Lepoan hartu ta segi aurrera».

Hora y media antes, nada más extender la pancarta en la que se exigía la repatriación de los presos políticos vascos y el reconocimiento de sus derechos, el silencio se quebró pronto. Irrintzis y aplausos acompañaron toda la marcha, provocando en algunos momentos un estruendo ensordecedor. A su llegada no eran pocos los que afirmaban que les dolían las manos de tanto aplauso.

Santos Sagardui, que cuenta con el triste honor de ser el padre del preso que más tiempo lleva en prisión, Joxe Mari Sagardui, Gatza, era uno de los que portaba la pancarta. Junto a él caminaba Jose Campos, compañera de Bautista Barandalla, preso gravemente enfermo que ha sido recientemente excarcelado, y Mattin Troitiño, hijo y hermano de presos políticos. Todos ellos, así como las decenas de familiares que se agolpaban en la cabecera de la manifestación, vestían los emblemá- ticos pañuelos blancos anudados al cuello.

De todas las edades

Tras dejar atrás el túnel del Antiguo, las primeras filas de la marcha avanzaron entre ovaciones. La marcha había partido puntual, y eran muchos los que llegaban tarde y optaron por esperarla a medio recorrido. Todo el Paseo de la Concha estaba repleto de personas que esperaban ansiosas, e incluso había quien aguardaba a la altura del Buen Pastor. El hecho de que la marcha de ayer no estuviera bajo la amenaza de la Ertzaintza provocó una imagen inusual a la acostumbrada este verano. Decenas de niños participaron también en la cita acompañando a sus familiares desde la silleta o a la espalda de la ama y amonas y aitonas que no se quisieron perder esta cita de ningún modo. Había incluso un hombre que recorrió la larga marcha ayudado por un taca-taca. Fue una muestra más de que, como resumió Etxerat al final, «la llama de solidaridad sigue encendida».

Los organizadores no ocultaban su satisfacción por el grado de participación en esta manifestación, de largo la más numerosa de los últimos meses. En Donostia se hacía difícil recordar una movilización más nutrida, y algunos se remontaban incluso hasta la que abarrotó el Paseo de la Concha tras el cierre de «Egunkaria» en 2002.

Sin porras y peloteros a la vista, los manifestantes no tenían prisa alguna y parecían querer disfrutar cada momento. A las puertas de la calle San Martín, la cabecera de la marcha optó por tomarselo con tranquilidad y se paró en seco, irritando a los ertzainas que abrían la marcha en sus ocho furgonetas.

Poco después de las 19.00 la cabeza de la manifestación llegaba al Boulevard, donde fue recibida por los sones de la trikitrixa. Emocionados, e incluso saltando y bailando en muchos casos, los miles de manifestantes que reclamaron el respeto a los derechos de los presos fueron ocupando los alrededores del kiosko antes de que Manu Errazkin cerrara el acto.

12.000

personas participaron en la movilización según el habitual método de recuento de GARA, realizado en la confluencia entre el Paseo de la Concha y la calle San Martin. Durante 36 minutos, pasaron por allí una media de 330 personas por minuto, lo que da un cómputo de cerca de 12.000 manifestantes. La marcha tardó una hora y media en recorrer el trayecto. Cuando la cabecera llegaba al Boulevard, la cola seguía aún sin entrar al Paseo de los Fueros.

Harrera bero eta hunkigarria Rufi Etxeberria eta Pepe Reiri

Euskal preso politikoak defendatzeko Donostian batu ziren milaka herritarren artean politika, kultura eta gizarte arloko aurpegi ezagun andana izan zen. Horien artean, Rufi Etxeberria eta Pepe Rei nabarmendu ziren, manifestarien partetik harrera bero eta hunkigarria jaso zutenak. Ezker abertzaleko ordezkaria astelehenean utzi zuten aske bi urte espetxean eman ondoren, eta manifestazioa hasi aurretik Antiguako tunel ingurura agertu zenean txalo zaparrada batekin agurtu zuten. Oiartzuarrak Arnaldo Otegi ondoan zuela bete zuen ibilbidea. Baina ez ziren ezker abertzaleko aurpegi ezagun bakarrak izan, besteak beste, Jose Ramon Etxebarria ere Gipuzkoako hiriburuan izan baitzen.

«Egin» egunkariko eta «Ardi Beltza» aldizkariko kazetari izandako Pepe Rei, gurpildun aulkian, Artzain Onaren parean zegoen manifestazioa iritsi zain eta aurrealdean zihoazen presoen hainbat senide hurbildu zitzaizkion agurtzera. Presoak ere izan ziren bertan, besteak beste, Anjel Alkalde eta 20 urte kartzelan emandako Jose Antonio Torre Altonaga «Medius» preso ohia ere. Iñigo Iruin abokatua, ESAITeko koordinatzaile Martxel Toledo eta ostiralean deialdiarekin bat egiten zutela adierazi zuten Iker Sarriegi abokatu eta futbolari ohia, bai eta Txan magoa ere, ageri ziren. Kultur arlotik, Joan Mari Irigoien idazlea, Iñaki Egaña historialaria eta Igor Elortza eta Unai Iturriaga bertsolariak… zerrenda amaigabea.

Reportaje fotografico:&nbsp http://www.gara.net/argazki-galeriak/presoak/index.php