11 de marzo de 2005

Manjón: «Sólo pedimos llorar en silencio a nuestros seres queridos»

En declaraciones a Radio Euskadi, la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M ha pedido a los medios de comunicación que «el estruendo de 10 bombas destruyendo 192 vidas se convierta en ecos de silencio, respeto, dignidad y recuerdo».
 
Con motivo del primer aniversario de los atentados de Madrid, la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, Pilar Manjón, ha pedido a los medios de comunicación que las imágenes que se expongan sean las más positivas, para no les hagan recordar el horror de aquellos días.

Manjón ha reconocido que, desde su comparecencia en la comisión que investiga los atentados, «el tema de las imágenes está más controlado», hecho que ha agradecido porque «cada vez que nos exponen las imágenes de los hierros calcinados, de los heridos sangrando o del desalojo de los trenes, nos ponen ustedes en el 11 de marzo». «Nos retrotraen a ese día o días, ya que algunos tardamos ocho días en encontrar los cuerpos de nuestros familiares», ha dicho.

Por esa razón, la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M ha pedido que se emitan imágenes que arrojen «luz y esperanza», aquellas que muestran al «primero que entró en los trenes para echar una mano jugándose la vida, a aquellos que trasladaron su solidaridad con una flor o una vela, a quienes ayudaron y se manifestaron; no nos pongan el terror de ver los cadáveres de los nuestros», ha recalcado.

En ese sentido, ha demandado que «el estruendo de 10 bombas destruyendo 192 vidas se convierta en ecos de silencio, respeto, dignidad y recuerdo».

Asimismo, Manjón considera que la violencia no conduce a ningún lugar, porque «no hay ninguna sola idea, ni patria, ni religión que merezca la pérdida de una vida humana», y recuerda que murieron «lo seres que más amábamos, los seguimos amando, y mañana sólo pedimos llorarlos en silencio».

Por otro lado, Manjón ha valorado positivamente el consenso entre todos los partidos políticos en torno a la declaración institucional de memoria a las víctimas que ha sido leído este mediodía en el Congreso de los Diputados.

En el texto se destaca la necesidad de apoyar a las víctimas al tiempo que se evita cualquier mención a los autores del atentado.



 Comisión 11-M. Democracia, terrorismo y seguridad

x Agustín Morán en Rebelión

En su aspecto penal, los atentados del 11-M-04 de Madrid están siendo investigados por el Juez Del Olmo de la Audiencia Nacional. En la instrucción realizada hasta la fecha, se identifica el móvil de dichos atentados como respuesta a la participación del gobierno español en el ataque a Iraq el 19-III-03. A diferencia de la instrucción judicial, la Comisión Parlamentaria de Investigación del atentado, tiene como finalidad oficial el esclarecimiento de las circunstancias “políticas” del mismo. Esta finalidad supone determinar las acciones y omisiones de las instituciones políticas y los poderes públicos que explican las causas del atentado y su gestión posterior. Dichas acciones y omisiones no pueden limitarse al terreno policial sino también y principalmente, deben contemplar las decisiones políticas que, al colocar a España en el bando de los agresores a Iraq, pusieron a la población española en el punto de mira de las víctimas de dicha agresión.

Salvo para impedir una verdadera indagación de los hechos, la pregunta central en la Comisión Parlamentaria no puede ser la que ha sido “¿QUÉ FALLÓ PARA QUE LOS TERRORISTAS PUDIERAN CONSUMAR EL ATENTADO?” A una pregunta incoherente le corresponde una conclusión absurda. Ambas suponen que, una vez descubiertos los fallos en la seguridad policial y los servicios de inteligencia, el peligro terrorista quedará conjurado y nunca más podrá afectarnos. Esta visión reduccionista de la tragedia del 11-M, emanada de la doctrina antiterrorista dominante, sirve para justificar un gasto cada vez mayor en seguridad militarizada y para legitimar las políticas de los que dicen defendernos del terrorismo. Los violentos al por mayor nos protegen de los violentos minoristas, previamente producidos por ellos mismos. Pero no sirve para mirar de frente las políticas violentas, injustas e ilegales que nuestros gobiernos y nuestras multinacionales imponen a otros pueblos y otros países, frecuentemen te con nuestro consentimiento o con nuestra oposición testimonial e impotente. En esas políticas, que tienen que ver con nuestras formas globalizadas e insensatas de producir y consumir, está la semilla de la violencia.

Dado que la pregunta central ha sido la mencionada, solo cabe deducir que la Comisión Parlamentaria no tenía el propósito de sacar a la luz sino, por el contrario, ocultar, las causas políticas de la matanza en Madrid. Cuando la investigación para esclarecer un atentado, empieza y termina en dicho atentado, sin remontar el río de sus posibles causas, el resultado de la investigación está previamente definido. Sin causalidad solo hay casualidad, azar, destino. Para la Comisión Parlamentaria, las circunstancias políticas del atentado están contenidas en el propio TERRORISMO cuya causa económica, política y o­ntológica, es él mismo.

La pregunta verdadera para indagar la causa del asesinato en Madrid de 191 personas y las heridas de otras 1500. Sólo puede ser: ¿QUÉ HECHOS, ADEMÁS DE LA ACTIVIDAD DE LOS TERRORISTAS, CONSTITUYEN LAS CAUSAS DE LA MASACRE?, Esta pregunta no ha sido asumida como matriz en las sesiones de trabajo de la Comisión de Investigación Parlamentaria.

La verdad más verdadera de un atentado terrorista no es la que muestra, una y otra vez la sangre y el dolor producidas por el atentado, ocultando, una y otra vez, la sangre y el dolor que han producido el atentado. Cuando el terrorismo, como respuesta destructiva y autodestructiva de quienes han sido privados de todo, se eleva a la categoría metafísica de principio y fin de todas las cosas, se están ocultando la coacción y el genocidio que supone la globalización capitalista, que es su causa verdadera.

Acabar de una vez por todas con los atentados terroristas no depende de acabar con los terroristas sino con las causas que los producen. La verdadera dimensión de la injusticia que padecen las víctimas de los atentados terroristas no se puede comprender al margen de la injusticia que padecen los pueblos de los que surgen los terroristas. El terrorismo se soluciona con justicia y con democracia. Sin justicia para todos no se acabará con el terrorismo. Sin respeto a los derechos y libertades de las personas y de los pueblos no habrá paz. Sin la comprensión de las dimensiones políticas de la injusticia y de la violencia, no será posible el trabajo del duelo de las víctimas. Sin trabajo del duelo de todas las víctimas no habrá perdón, ni posibilidad de reconciliación ni justicia. Sólo habrá una interminable espiral de violencia.

Sin una pregunta general que apunte al conocimiento de las causas políticas del atentado y que articule todas las demás preguntas particulares, la Comisión de Investigación es incapaz de producir una interpretación racional del atentado. A su vez, sin apuntar a esa pregunta general, todas las respuestas quedan vacías de sentido y pueden utilizarse, como ha sucedido en las sesiones, para una finalidad y para su contraria. A estas alturas, es evidente, para quien quiera verlo, que la causa principal del atentado del 11-M en Madrid es el hecho de que el gobierno del Partido Popular presidido por José Mª Aznar, sitúo la política exterior española bajo la dirección de una potencia extranjera, EEUU, al participar de forma destacada en la cobertura política de una agresión militar ilegal contra Iraq, en contra de la o­nU, de todas las fuerzas políticas y sociales, excepto la dirección del propio PP y de la casi totalidad de la población en España.

El Partido Popular y su gobierno eran conscientes de los riesgos de esta operación. Su proyecto de implantación de la utopía neoliberal en lo económico y de un regimen neofranquista en lo político, es coherente con la participación en las aventuras coloniales de EEUU bajo el estardante de la lucha contra el terrorismo internacional. Este meritoriaje le garantizaba, tanto la participación en el botín del Nuevo Orden basado en la Guerra Capitalista Global, como la protección de EEUU en su proyecto de involución política en el Estado Español, consistente ente en un neoliberalismo sustentado en la legitimidad del 18 de Julio de 1936.

Esta apuesta prometía grandes beneficios para el PP si salía bien. Pero también graves daños si salía mal. Y salió mal. Tanto por los falsos argumentos con los que se intentó legitimar la agresión a Iraq, como por la prolongación de la guerra, una vez proclamado su fin. También por el volumen de destrucción, caos y muertes de civiles allí y aquí y por el aumento del precio del petróleo y de la inestabilidad política y económica. El atentado del 11-M es el coste de sangre de la población madrileña por una decisión tomada, en el mayor de los aislamientos, por un gobierno traidor a la soberanía de los pueblos y nacionalidades de España. El daño ha sido tan descomunal como explícita la responsabilidad del PP.



El 11-M y la derecha española


x G. Buster en Rebelión

Un año después del 11-M, con su secuela de 192 muertos y 1.500 heridos en el mayor atentado terrorista sufrido en el Estado español, la derecha sigue alimentando su rencor con el mito de que perdieron las elecciones del 14-M por un inmenso “síndrome de Estocolmo”. Lejos de hacer frente al terrorismo, los ciudadanos se rindieron a él a en las urnas.

Esta versión interesada no es solamente un insulto para todos nosotros. Es también un intento consciente de moldear una interpretación de la gestión del gobierno del PP como la única posible. Es Urdaci y sus telediarios convertidos en cliché histórico.

En realidad el 11-M hay que enmarcarlo en un período anterior de casi dos años, cuando las políticas neoliberales del PP empiezan a encontrar primero una difusa resistencia social y, poco a poco, una protesta de masas organizada. Son las manifestaciones contra la presidencia española de la Unión Europea, las marchas contra el Plan Hidrológico Nacional, la huelga general del 20-J contra la reforma del mercado de trabajo y el subsidio de paro, las jornadas de lucha en la enseñanza…Todo este proceso de movilización social, combinado con el planteamiento de la cuestión nacional en Euskadi y Catalunya por la contrarreforma autonómica del PP, acabó desembocando en cambios de la correlación de fuerzas a nivel institucional, con la formación primero del Gobierno tripartito vasco y, tras las elecciones municipales y autonómicas del 25-M, del gobierno catalanista y de izquierdas en la Generalitat.

Frente a esta resistencia social creciente -que no se reflejó en un cambio de la correlación de fuerzas más fuerte por la débil oposición del PSOE al Gobierno del PP, prisionero de los Pactos antiterroristas- Aznar comenzó a ejecutar una estrategia ya clásica de la derecha española: movilizar y encuadrar militarmente al país contra los enemigos interiores y exteriores. El discurso del antiterrorismo lo envolvió todo, como una densa neblina, con la intención de ocultar la situación y las causas de su creciente crisis de legitimidad.

La decisión de transferir al nacionalismo democrático vasco la sospecha de su connivencia de fines con ETA, criminalizándolo en su conjunto, fue paralela a la entusiasta alianza de las Azores con la Administración Bush y Blair para justificar la intervención militar en Iraq. El españolismo frente a los nacionalismos vasco y catalán y el “miedo al moro” buscaban rentabilizar unos resortes históricos que, no por primitivos, siguen siendo la base del nacionalismo de derechas español y su mejor instrumento de movilización social.

El terrible atentado terrorista del 11-M ocurrió en este contexto de intoxicación ideológica. Y fue este contexto el que permitió que, a pesar de las pruebas que se acumulaban en contra, el Gobierno del PP pudiera difundir su versión de la autoría de ETA. Que no fuese intercambiable para su fines que los autores hubieran sido unos extremistas islámicos no se debió a que en el esquema ideológico de movilización contra los enemigos interior y exterior no pudieran cumplir un papel muy similar al de ETA –como ocurre en Gran Bretaña o en EE UU-, sino porque el éxito de las movilizaciones sociales contra la guerra de Iraq habían reducido mucho esta posibilidad y la credulidad general, a pesar de no haber conseguido frenar el envío de las tropas españolas a Oriente Próximo.

La derrota de la derecha el 14-M fue el resultado combinado de todos estos factores, incluida la débil oposición del PSOE. Ello explica que, una vez recuperada de la perplejidad de su derrota, la derecha española haya vuelto a recomponer un amplio tejido de organizaciones sociales y clientelares, construidas en ocho largos años de gobierno. Ha vuelto a plantear en el eje de su estrategia el Pacto Antiterrorista y la movilización contra la reforma de los estatutos de autonomía para condicionar las alianzas del PSOE con IU y ERC, esenciales para mantener la mayoría parlamentaria; ha vuelto a movilizar a o­nGs y a la feligresía más tradicional a través de la Iglesia católica contra la igualdad de derechos de los homosexuales y la enseñanza privada; ha vuelto a exigir trasvases de agua para la agricultura de exportación de Valencia y Murcia con un Plan Hidrológico insostenible que solo beneficiaba a las empresas constructoras. Pero todo ello moviliza a millones de personas y acosa al gobierno del PSOE.

La izquierda social, por el contrario, no se moviliza, sino que apoya hasta ahora pasivamente las concesiones que hace el gobierno del PSOE a sus luchas pasadas: retirada de tropas de Iraq, parón del PHN; derechos de los homosexuales; regularización de emigrantes…Pero conviene recordar, como hizo Pilar Majón en la Comisión del 11-M, el precio que se paga hoy por esas conquistas y por una cierta pasividad expectante. Se puede medir en el desprecio de la derecha a las victimas del 11-M, que considera con razón “nuestras” y no “suyas”.

Este 11-M la derecha volverá a intentar reinterpretar la historia, a golpe de campanario. Para hacerlo necesita olvidar rápidamente a las victimas reales del 11-M y sustituirlas por el arquetipo preestablecido de las victimas del terrorismo. Y en ningún sitio es más patente este olvido que en la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, de la que dependen la mayor parte de los servicios de ayuda que deberían socorrer a las victimas. Sus reivindicaciones deberían ser inmediatamente satisfechas, como exige la Asociación de Victimas del 11-M.

Y la izquierda, cumplido un año de la derrota del PP, debería hacer suya, con el recuerdo de nuestras victimas de sus guerras, la conciencia de lo sucedido. Porque ello exige romper los pactos antiterroristas del PSOE y del PP; iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones sociales contra las políticas económicas de derechas, aunque las propongan Solbes y la Unión Europea; dialogar y negociar una reforma estatutaria que de una respuesta democrática a la cuestión nacional en Euskadi y en Catalunya; y abrir la puerta a un debate constitucional libre de verdad y no rehén, como en 1977-78, de los “poderes fácticos”.

Porque si no lo hace, si deja tomar la iniciativa a la derecha tanto en lo social como en lo político, sabemos perfectamente el precio que nos hará pagar un nuevo gobierno del PP.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS