Mercato de verano

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Barroso respondiendo a la pregunta: «¿Cuánto quieres?»


Sin esperar siquiera el fin de la Eurocopa, que se juega mientras esto escribo, Goldman Sachs compró el pase de Barroso.

José Manuel Durão Barroso, hasta hace poco presidente de la Comisión Europea, –cuya sucesión asegura el defraudador fiscal a escala industrial Jean-Claude Juncker–, ha sido adquirido por el Banco entre los Bancos.

La prensa y algunos políticos hacen como si el tema fuese chocante. ¿Cómo es posible, –se preguntan–, que la máxima autoridad europea pase con camas y petacas al servicio de la banca privada?

Uno no ve de qué se sorprenden. En realidad debiesen agradecer, preparar sus currículum y esperar su turno. Que los funcionarios públicos europeos practiquen el tráfico de influencias vendiéndole sus talentos al sector privado no es sino una forma de gratitud. Mira ver.

Cuando estalló la crisis de los subprimes, George W. Bush no encontró mejor solución que poner en la Secretaría del Tesoro a un rufián de primera, Henry ‘Hank’ Paulson, que hasta ese momento fungía de presidente de… Goldman Sachs.

A la cabeza de Goldman Sachs ‘Hank’ Paulson había ganado fortunas vendiéndole productos financieros tóxicos a Fannie Mae y Freddie Mac, instituciones de crédito inmobiliario garantidas por el Estado Federal. Poner a Paulson en el Tesoro equivalía a ofrecerle al Chapo Guzmán la dirección de la DEA. Después de todo ¿quién sabe más de narcotráfico que el Chapo?

La primera ocurrencia de Paulsen en el Tesoro fue exigir 800 mil millones de dólares para la banca privada, en un programa apodado TARP (troubled asset relief program). Una forma de devolverle a los bancos la solvencia que habían perdido especulando con “productos de mierda”. La frase no es mía, es de los genios de Merril Lynch que aconsejaban comprar los “productos de mierda” y les acordaban la calificación Triple A.

Los USA no tienen el privilegio de la exclusividad. Goldman Sachs contribuyó poderosamente al maquillaje de las cuentas públicas griegas que le permitiría a los helenos entrar en el euro, con los resultados que vemos hasta ahora.

Entre los directivos europeos de Goldman Sachs que ‘no vieron nada’ se contaban Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Monti, que más tarde sería designado por narices presidente del Consejo en Italia, y Lukas Papadimos, que fue impuesto como primer ministro de Grecia (2011-2012) cuando Yorgos Papandreu mostró toda la inmensidad de su incompetencia.

Así, eminentes banqueros habituados a todo tipo de trapacerías, fraudes, disimulaciones y estafas, vinieron desde la banca privada a ejercer sus talentos en el sector público. Nadie les eligió, y ni falta que hacía: la Unión Europea se construye sobre el cadáver de la democracia y sus más eminentes figuras se pasan la opinión pública por las amígdalas del sur.

Para ser justos, Goldman Sachs tampoco tiene el privilegio de la exclusividad en la materia. La república francesa y su majestad la reina de Inglaterra le deben un par de favores al Banco Rothschild.

Cuando Mon Général – el gran Charles – la palmó, quién le sucedió en la presidencia fue un valioso colaborador de Rothschild, el astuto Georges Pompidou. A lo largo de su historia el Banco Rothschild tuvo la generosidad de proveer presidentes para los bancos centrales de Gran Bretaña y de Francia, sin olvidar algunos menudos servicios rendidos a la poderosa Alemania.

Más recientemente, durante la campaña presidencial de 2012, François Hollande declaró:

“En esta batalla que comienza, diré quién es mi adversario, mi verdadero adversario. No tiene nombre, ni rostro, ni partido, ni presentará jamás su candidatura, por consiguiente no será elegido pero sin embargo gobierna. Ese adversario es el mundo de la finanza”(sic).

Elegido presidente de la república, no sabiendo –o no queriendo saber– de dónde sacar un ministro de Economía, no tardó mucho en encontrar la perla rara en Emmanuel Macron, un banquero de negocios, asociado-gerente en el Banco Rothschild, apodado “el Mozart de las finanzas” en virtud de sus talentos.

Como parece evidente, que Goldman Sachs compre ahora a José Manuel Durão Barroso, ex militante maoísta y ex presidente de la Comisión Europea, no es sino una forma de retribución a sus desvelos.

Quién vea en esta transacción una forma de tráfico de influencias no es sino un mal pensado y un enemigo de la libertad de comercio.

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