Ojos que no ven, corazón que no siente

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Por Borroka garaia da

Tanto idealizar como demonizar el propio pasado puede partir de una misma base, un desasosiego ante el presente. Lo cierto es que puede ser real que el pasado fuera mejor o puede que sea peor. Dependerá del acierto del análisis comparativo, tanto del contexto como de la capacidad, y de qué se toma por mejor o peor. En cualquier caso, si se queda ahí, solo será un dato anecdótico incapaz de orientarse hacia el futuro y de entender el presente.

Lo que nunca se puede hacer es echar las culpas al pasado de las iniciativas que se toman en el presente, ya que eso es rehuir las propias responsabilidades. Si los partidos que forman EH Bildu conjuntamente han sacado los peores resultados de la historia del soberanismo de izquierda desde los 70, si siendo Sortu el partido que encabeza esta coalición que también sean los peores resultados que ha sacado jamás la izquierda abertzale legal e incluso ilegal en la mayoría de ocasiones cuando ibamos en acción directa desobediente con papeletas caseras, por algo del presente será, no por el pasado ni por supuestas cosas que se arrastran del pasado.

Achacar los malos resultados a una supuesta tracción del pasado es simplemente no tener la suficiente capacidad autocrítica para mirar a la realidad presente de cara. Los nefastos resultados sacados ayer son consecuencia directa en primer lugar de la estrategia planteada y de los dirigentes que la comandan y en segundo lugar del resto de factores que afectan hoy, no ayer.

Ciertamente los datos electorales no tienen porque ser, y de hecho no siempre son, los que expliquen la salud de un proceso determinado y las perspectivas de futuro. El problema es que a día de hoy no existe ni proceso soberanista claro, ni proceso de paz, ni confrontación abierta con el estado ni con el capital en el frente social ni en el nacional, y más grave y preocupante que el retroceso y colapso electoral, supone la evaporación de militancia y la liquidación pausada y continuada del verdadero vivero y activador de la izquierda abertzale y de Euskal Herria, lease, la militancia revolucionaria de barrio y pueblo del movimiento popular, autónoma del institucionalismo.

Nadie se cree en Euskal Herria que la vieja pero renovada socialdemocracia estatalista tuviera lo que tiene si el frente anteriormente mencionado no hubiera sido desvalijado y que durante los últimos años hubiera parecido que el soberanismo de izquierda era el sector crítico del PNV (cada vez menos crítico, ya no se quería ni desalojar ese gobierno derechista). Tampoco hubiera habido espacio si durante los últimos años se hubiera hecho un mínimo de análisis de clase para desbancar los mitos y tópicos de la socialdemocracia ante la crisis. Ese seguidismo hacia el reformismo nacional y hacia el social condena al soberanismo de izquierdas a la inoperancia por falta de espacio ya tomado.

El futuro práctico del reformismo social inevitablemente choca tanto con la legalidad y realidad de la relación de fuerzas en el estado español, el capital y la UE como con ninguna alternativa que mostrar ante ello. En Euskal Herria no es diferente, a lo que hay que añadir la completa inoperatividad del autonomismo para una salida nacional. Lo cual solo indica que una izquierda afilada y dura junto a una apuesta independentista radical puede ser el único factor que abra cuña y opciones o nos quedemos donde estamos (por ahora sin opción o con poca).

¿Podrá ver  y aceptar la estructura de la izquierda abertzale  que cualquier persona se ha equivocado o puede equivocarse sea quien sea?

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