El viajero Michel Onfray

Por Iñaki Urdanibia

El viaje y el combate continúa

Por Iñaki Urdanibia

El filósofo normando no descansa, y lo hace con profusión por los campos del saber – cuenta de ello dan sus más de ochenta libros- , no evitando los desplazamientos geográficos ( sin contar los innumerables entre su Normandia natal y la capital del Sena ), a los que dedicó un encendido elogio en su Teoría del viaje. Poética de la geografía, del que hablé en esta misma red (http://kaosenlared.net/de-viaje-con-michel-onfray/ ) hace ya algún tiempo. Un elogio del nomadismo frente al sedentarismo por adoptar el vocabulario deleuziano. Ya hace unos años viajó, con su progenitor, al Polo Norte, para satisfacer el deseo de su padre, dando cuenta de ello en su Esthétique du Pöle Nord. Stèles hyperboréenes ( Grasset, 2002), en donde el escritor completaba su relato del viaje con reflexiones sobre la filosofía del frío, una meditación sobre las civilizaciones que desaparecen, desaparición provocada por la depredadora industrialización y si entonces seguía las trazas del etnólogo Jean Malauris, en la presente ocasión viaja a las antípodas, siguiendo las huellas del escritor bretón Victor Segalen y del pintor Paul Gauguin, en su Le désir ultramarin. Les marquises après les Marquises ( Galimard, 2017).

Tras la senda de Segalen y Gauguin

El libro es de una belleza deslumbrante en sus descripciones viajeras – sus antecesores en barco, él en poderosos aviones- en las que las rumias sobre las concepciones cambiantes en lo que hace al tiempo y al espacio; sirviéndole los avatares de los dos personajes nombrados para, comme d´habitude. no pegando puntada sin hilo- reflexionar tomando como base a Victor Segalen al que , de entrada no le gustaba el mar, para ver como su huida a Hiva-Oa, una de las islas Marquesas, le supuso una desprendimiento de la mojigata moralina católica que se la había impuesto desde niño y el logro de una paz tanto del cuerpo como del espíritu, alejado del mundanal ruido, agitación y velocidad de la urbe. Paul Gauguin había ido por aquellas islas anteriormente suponiéndole aquellas estancias polinesias un cambio de visión del mundo y de la vida, que el alejaba de las normas dictadas por la rigidez judeo-cristiana.

El ejemplo de sus predecesores y sus propias vivencias llevan al normando a dejar constancia de la pérdida de la inocencia salvaje de aquellas alejadas regiones el globo , con respecto a su país , contaminada por la presencia extraña que importa sus poderosos valores tanto en lo que hace a costumbres en los que hace al vestir, al comer , etc. El cambio es radical lo que no quita para que se entone un encendido elogio de una vida alegre, y dominada por sus propios protagonistas, convertidos en dueños de sus existencias empapada de una lúdica y colorida voluptuosidad, comportamiento que Onfray emparenta con la alegría propiamente nietzscheana. Establece el viajero una erótica de la vida estética, una ética y una etnología del paganismo ( « paganos son todos los que dicen sí a la vida » se lee en la cita inicial del libro), y surcando entre las islas somos conducidos a diferentes islas e islotes con, reitero, luminosas descripciones y no menos brillantes reflexiones, entre las que destaca por su injusticia la existencia de dos museos : el de la vida con su riqueza, sus colores, olores y espontaneidad y el Museo de Tahití en el que se muestran diferentes objetos, mas no se expone ningua obra de los vivos retratos del Gauguin.

Viaje que nos es ofrecido una degustación los sabores de la diversidad, cantados – con los pinceles y la pluma- por las celebridades nombradas y por su actual seguidor, que comparte los gustos vitalistas, la espontaneidad de las músicas y danzas, maoris, con aires de familia del impresionismo musical de los Debussy et compagnie, que tanto gustasen a los personajes de los que se habla, celebraciones rituales alejadas de cualquier forma de rigidez y moralismo.

Un canto a la vida, más allá de todo moralismo, a la fiesta, a la vida en armonía con la naturaleza, que se puede encuadrar – Onfray lo hace- con el espíritu hedonista y libertario, que desde sus inicios guía el quehacer de este bulímico filósofo.

Y…el viaje continua

Sin haber dejado a un lado el libro recién comentado, veo que se ha publicado otro libro viajero de Michel Onfray. Nager avec les pirañas. Carnet guyanais, en la misma editorial parisina; de momento me conformo con ojearlo, pues se me acumulan otras lecturas que tengo en marcha, de modo y manera que lo pongo en lista de espera..

En la costa de aquel territorio francés ( las alejadas provincias conocidas , eufemismo ocultando el colonialismo, como DOM /TOM) habita- ¿ por cuánto tiempo ?- el pueblo amerindio de los wayanas, amenazados por la extinción provocada por la introducción del desarrollo moderno occidental.

Si ya antes Onfray había denunciado en centralismo jacobino que se impuso en los tiempos de la revolución y que perdura como una segunda piel entre los políticos actuales ( no solo franceses). Tal centralismo establece una neta distinción entre los pueblos de primera y los de segunda, haciendo que los primeros gocen de todas las ventajas y comodidades mientras que los segundos, al no tenérseles en cuenta, no han sino padecer desventajas e incomodidades…que , al fin y a la postre, anula sus propias costumbres y modos de vida, basados en la pesca y la caza. Consecuencia de este ninguneo- por decirlo avec douceur– es el alarmante aumento del número de suicidios infantiles.

El viaje continúa y la denuncia / constatación del ya nombrado jacobinismo, y de la décadence ( este mismo año se había publicado por Flammarion su libro en el que enfocaba con tintes, a mi modo de ver, algo apocalíptico,spenglerianos la vie et mort du judéo-christianisme : http://kaosenlared.net/la-decadencia-de-michel-onfray/ ) que –según su visión- hace que las civilizaciones supuestamente poderosas se erijan a costa de las que le han precedido antes de su muerte…no sé, no sé.

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