Publicado en: 11 abril, 2018

USA, instrucciona a Bogotá para liquidar a la Farc por narcotráfico.

Por emiro enrique vera suarez

Las TCO colombianas son responsables del envío de cantidades de múltiples toneladas de cocaína y múltiples kilos de heroína a América Central y México donde las TCO mexicanos compran las drogas para eventualmente ingresarlo a Estados Unidos de manera ilegal para su distribución.

Asidero

 

Los carteles de la droga en Colombia se ponen al descubierto al caer en un plan encubierto de los Estados Unidos de Norteamérica, vía carteles mexicanos, para dar con los sembradíos de amapola, coca, marihuana y estupefacientes, a su vez, con las oficinas administrativas que en corto plazo despachaban hacia el norte en el envió de las mismas.

La disponibilidad y uso de la cocaína en Estados Unidos se incrementó entre 2014 y 2015 y seguirá creciendo en lapsos de asistencia, advierte la Oficina de Control, mejor conocida como DEA. Es decir que Colombia produce la droga y los carteles mexicanos la distribuyen mayoritariamente en Estados Unidos, “La mayoría de la cocaína que es traficada en Estados Unidos por organizaciones criminales mexicanas es de origen colombiano.  Las pequeñas organizaciones criminales mantienen vías directas de cocaína y heroína a Estados Unidos a través de mensajeros y carga aérea en vuelos comerciales. Los colombianos] también mantienen presencia física en Estados Unidos para ayudar en el blanqueo de ganancias ilícitas.”, dice el informe

Según Aníbal Fernández de Soto, , las incautaciones de cocaína por parte de la fuerza pública “marcaron un récord” en 2016, pues se decomisaron 350 toneladas de cocaína, 100 más respecto a 2015“. Hemos incrementado un 60 por ciento las acciones de interdicción en el eslabón industrial de la cadena criminal del narcotráfico y hemos incrementado también la desarticulación de estructuras criminales”, dijo y agregó que el Gobierno enfocará esfuerzos en las zonas más afectadas por el tráfico de drogas.

El problema del narcotráfico en Colombia es tan serio que el país pasó de estar exclusivamente dedicado a la producción de estupefacientes a construir estructuras en toda el área mexicana

Según la DEA, las organizaciones criminales colombianas con mayor impacto directo en Estados Unidos son: las bandas criminales (conocidas como BACRIM) El Clan del Golfo y Los Rastrojos y las FARC; todas las organizaciones están aliadas, según las autoridades de Estados Unidos. Sobre las FARC, la DEA asegura que “siguen participando en la producción a gran escala y exportación de cocaína desde Colombia”.

Juan Manuel Santos, amigo personal de Los Castro, (Fidel y Raúl), ha dado una estocada mortífera al principal grupo guerrillero, después de un conjunto de reuniones en La Habana, (Cuba), para la firma de acuerdo de Paz. Los principales frentes guerrilleros que se encuentran a lo largo de las fronteras desde Panamá hasta el Ecuador, vienen siendo desmantelada en un plan progresivo con Estados Unidos de Norteamérica en conjunción con mercenarios de fuerzas multinacionales provenientes del mundo globalizado. Los frentes son el 57 de Panamá, Venezuela, el 10 y Ecuador, el 48.

Las TCO colombianas son responsables del envío de cantidades de múltiples toneladas de cocaína y múltiples kilos de heroína a América Central y México donde las TCO mexicanos compran las drogas para eventualmente ingresarlo a Estados Unidos de manera ilegal para su distribución.

Como vemos, las circunstancias son explícitamente territoriales y los norteamericanos, con nueve bases militares en Colombia y enfocados en Perú y Ecuador para crear nuevas bases geopolíticas con armas, deben limpiar dichos territorios. Es una estrategia integral para desarticular y judicializar a la misma guerrilla comunista y quienes sirven de bandoleros para hacer el transito de envió para que esa droga al llegar a USA y España sea enviada a los frentes de batalla del Medio Oriente.

En junio del 2017, la Fiscalía de Colombia reveló en un informe sobre las finanzas del grupo guerrillero, (FARC- ELN) en el que evidenció que guerrilla está involucrada en toda la cadena de valor del narcotráfico: siembra de la hoja de coca, a la que transforman en pasta de coca y clorhidrato de cocaína y distribuyen la cocaína a clientes nacionales e internacionales.

Por otro lado, El partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), surgido de la extinta guerrilla, ha denunciado el asesinato de antiguos combatientes en el departamento de Antioquia y Nariño, en noroeste de Colombia. Los recientes ataques a Chimonteko  y algunos guerrilleros pacificados, muestran una preocupación creciente de una nueva cultura política que es la eliminación física de la oposición política colombiana, incluyendo a Álvaro Uribe Vélez por algunas tendencias que controlan un sector geopolítico.

El partido político de la Farc realizó una rueda de prensa en la que Iván Márquez leyó un comunicado donde la exguerrilla rechazó, de manera tajante, la captura este lunes de ‘Jesús Santrich’, pedido en extradición por los Estados Unidos por cargos de narcotráfico y que fue detenido con una circular roja de la Interpol en su contra.

En el comunicado, de seis puntos, se asegura que “con la captura de nuestro camarada el proceso de paz se encuentra en su punto más crítico y amenaza ser un verdadero fracaso. A los manifiestos incumplimientos por parte del Estado, se le agrega una nueva situación que ya habíamos considerado desde que en el Congreso (…) se iniciara el desmonte de la Jurisdicción Especial para la Paz”.

Desde que se conoció la captura de Santrich, la hipótesis manejada por su partido fue que se trata de un “montaje”, algo que Márquez reafirmó, en varias ocasiones, durante la rueda de prensa de este martes. En ese sentido, por ejemplo, dijo que fue un “plan concertado en la reciente visita del director del ente acusador (Néstor Humberto Martínez) al país del norte, que amenaza extenderse a toda la excomandancia fariana, con el propósito de decapitar la dirección política de nuestro partido”.

Además, insistió en que las Farc, en su época de guerrilla, “no fue causante” del narcotráfico en el país y que estaba siendo usada como “encontrar un pretexto que justificara la actualización de la fracasada guerra contra las drogas”. También dijo que la captura de Jesús Santrich busca “impedir además el conquistado derecho a la participación política”.

Después de esas críticas, se dirigió a los exguerrilleros que están en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), invitándolos a “mantener la calma, a no aceptar la provocación y a no permitir que el honor y la dignidad farianas continúen siendo mancillados. Es indiscutible que se pretende forzar la desbandada del proceso para justificar la continuidad de la violencia”.

Así mismo, pidió a la presidencia de la Jurisdicción Especial para la Paz que cumpla los procedimientos que señala el artículo 19 transitorio del Acto Legislativo 01 de 2017; la presidente Juan Manuel Santos “que cumpla el acuerdo y la palabra empeñada”, y a los países garantes (Noruega y Cuba), a la segunda misión de la ONU en Colombia y a la Unión Europea que hagan veeduría de todo el proceso contra Santrich.

Desde antes de que se formalizara la creación de las Farc y el Eln a mediados de los años 60, ya Estados Unidos estaba atento a la evolución del modelo insurgente en Colombia. Sin contextualizar décadas anteriores en las que el influjo norteamericano fue definitivo en el derrotero de los asuntos nacionales, en tiempos contemporáneos hay un hecho fundamental que marca el comienzo de una larga intervención norteamericana en los asuntos internos de Colombia, en especial en sus definiciones de orden público.

 

Cuando triunfó la Revolución Cubana en 1959, el objetivo claro de Estados Unidos fue impedir que una situación similar se presentara en algún otro país de América Latina. Eran los tiempos de la Guerra Fría y el fantasma del comunismo o de otras expresiones de izquierda rondaba por el continente. En diversas naciones fueron surgiendo grupos armados con el objetivo de la toma del poder, y de México a la Patagonia, desde Washington se extremaron los esfuerzos para impedir una segunda Cuba en América Latina.

 

Al tiempo que en el plano diplomático, las presiones de Estados Unidos llevaron a que varias democracias del continente rompieran relaciones con Cuba, en la agenda bilateral y colectiva, se le fue dando forma en Estados Unidos al programa de la Alianza para el Progreso, que pretendía una nueva relación entre Washington y los países de América Latina. Este programa fue la carta de presentación del presidente demócrata John F. Kennedy, y Colombia fue una de las naciones donde se lanzó públicamente.

 

En esencia, la Alianza para el Progreso, planteada para diez años, pretendía impulsar un modelo económico de industrialización y fortalecimiento de las instituciones del Estado, con componentes sociales tales como una reforma agraria, o modificaciones sustanciales a los sistemas de educación y salud. Obviamente, el interés norteamericano era privilegiar la extensión de este modelo de desarrollo en aquellas naciones donde se advirtiera amenaza del comunismo o expresiones similares.

 

Por esa razón, Colombia surgió como un destino natural para que la Alianza para el Progreso tomara forma. El propio presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy hizo presencia en Bogotá en diciembre de 1961, en una visita en la que el primer mandatario del país, Alberto Lleras Camargo, resaltó la importancia de las relaciones con Washington, al tiempo que los observadores internacionales entendieron que el país despuntaba como una punta de lanza de la nueva geopolítica de Estados Unidos en el continente.

 

Sin embargo, con el correr de los años, de los planes sociales para extender acciones cívico militares se fue pasando a la necesidad de aplicar con preferencia un componente militar, en otras palabras, que para acabar con los focos de comunismo en Colombia, se hizo necesario pensar primero en un proyecto de ofensiva militar antes que llegar con la faceta social. En los días finales del gobierno de Alberto Lleras y los comienzos de la administración de Guillermo León Valencia, esta vuelta de tuerca se hizo irreversible.

 

Entonces cobró protagonismo el llamado Plan Laso (Latin American Security Operation), que en 1962 fue presentado como un programa de 300 millones para asegurar la legitimidad del Estado en varias regiones afectadas por el orden público. En particular, esta acción se dispuso para ser aplicada en las llamadas “Repúblicas Independientes”, denominación que se le dio a aquellos territorios del país en los cuales grupos armados ilegales de inspiración comunista amenazaban al Estado y sus autoridades.

 

En medio de intensas discusiones políticas en el Congreso y otros escenarios públicos, el Plan Laso se transformó en la llamada Operación Marquetalia, desplegada a partir de 1964 para confrontar a las nacientes Farc en sus zonas fundacionales. En palabras del investigador francés Pierre Gilhodes, “en Colombia se inventó el enemigo en nombre de una respuesta continental, y se presionó sobre un presidente para aplicar una teoría gemela, complemento de la Alianza para el Progreso”.

La Operación Marquetalia se desarrolló en el sur del Tolima, la región de El Pato, en el Huila, o la zona de Río Chiquito, en el Cauca, regiones donde ya existían grupos de autodefensa campesina de inspiración comunista. Aunque las Fuerzas Armadas anunciaron que las Repúblicas Independientes habían sido controladas, en la práctica se transformaron en las Farc, u otros grupos armados. Un posterior informe reportó que tan solo entre 1960 y 1965, la ayuda militar de Estados Unidos en Colombia ya llegaba a millones de dólares.

 

Desde entonces, aunque sin involucrarse directamente, el gobierno de Estados Unidos fue aumentando paulatinamente su ayuda militar en Colombia. Cuando caía el telón de los años 60, las misiones norteamericanas en el país habían además diseñado controvertidas estrategias para enfrentar la amenaza de los grupos guerrilleros. La justificación para que Washington fuera un permanente aliado de los gobiernos colombianos era su propia política exterior claramente en contravía con la expansión del comunismo.

 

Mientras esta alianza se fue desarrollando a lo largo de los años 70, la identidad de intereses entre Colombia y Estados Unidos fue encontrando otro escenario afín de confrontación armada: el narcotráfico. A lo largo de la década, desde distintas regiones de Colombia se fueron formando carteles del narcotráfico, cada vez más lesivos para la seguridad ciudadana y para la economía norteamericana. Aunque en el país fue tardía la reacción de las autoridades, en Washington quedaron en la mira.

 

De esta manera, cuando promediaban los años 70, ya Colombia sufría la amenaza de al menos cuatro grupos guerrilleros (Farc, Eln, Epl y M-19), de bandas armadas, de paramilitarismo en connivencia con unidades del Estado o de las Fuerzas Militares, y unos bien organizados carteles del narcotráfico. En ese orden de ideas, para Estados Unidos, la situación de Colombia siguió siendo una prioridad, sobre todo a partir del momento en que las organizaciones del narcotráfico desbordaron los límites geográficos.

 

Seguiremos.

 

 

 

 

 

 

 

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