Publicado en: 19 julio, 2018

Una mujer habla por boca de Sócrates

Por Iñaki Urdanibia

Una exploración polifónica del papel de la voz femenina en medio del dominio falogocéntrico que diría el otro.

Por Iñaki Urdanibia

Si uno ojea los manuales, diccionarios, introducciones…de filosofía, puede llegar a la conclusión de que como el soberano la filosofía es cosa de hombres; conste – por si hiciera falta hacer constar algo- que lo que digo es a modo de simple constatación de hechos, a la vez que como denuncia de esta ausencia femenina, no vaya a suceder como alguna vez sucedió: que alguien embista contra el menda por una afirmación del estilo tergiversándolo todo y achacándome la afirmación de que las mujeres no sirven para eso del filosofar ( ¡ ay María Zambrano!) ( * ).

Se suele afirmar con frecuencia, a modo de premio de consolación, que siempre hay una mujer detrás de un gran hombre…eso sí, ella detrás de su compañero masculino, como compañera, como musa, como segundona. En el caso del filósofo griego, padre-fundador del amor a la sabiduría ( filo sophia ), siempre bajo su nombre han hablado otros, más en concreto en los diálogos platónicos, venía a ser la voz del autor de tales . En el caso de El banquete, diálogo sobre el amor ( el amor siempre es hacia algo o hacia alguien , en especial es amor hacia algo que falta), se da una presencia femenina, la de Diotima, que sin forzar las cosas viene a ser quien imparte sus lecciones a Sócrates y de paso a Platón; el mismo Sócrates llega a afirmar que fue la misteriosa Diotima de Mantinea quien le ilustró acerca del amor.

Varias cuestiones asoman desde el principio, la primera referida al lugar que la mujer ocupa en el diálogo, entre hombres ( que evitan los tragos y expulsan a la flautista, como condiciones expuestas para una conversación en condiciones), como si se mantuviese en el umbral sin entrar de lleno en la tertulia, en una actitud cercana al pudor, la segunda sería una continuación de lo anterior, si de lo éste se deduce, como algunos hacen, que la filosofía no es apta para el ejercicio femenino , frente a otras posturas que mantienen que si la mujer ha estado marginada de tal quehacer cada vez va tomando más posiciones hasta el momento en que tomará el palacio de invierno, que es lo mismo que decir, en esta ocasión, que tomará la palabra , y la tercera – amén de algunos otros asuntos- sería la pregunta acerca del propio ser de Diotima: ¿ existió realmente? ¿ Es un simple mito o un personaje imaginario llamado a cubrir una función dentro del diálogo mentado y de paso en la filosofía todo?

Pues bien, a todas estas preguntas y a bastantes más trata de aproximarnos, o al menos rondarlas por las posibles sendas que rodean el asunto, Anna Pagés en su « Cenar con Diotima. Filosofía y feminidad» ( Herder, 2018). Nadie debe esperar hallar en la obra respuestas a todas las preguntas planteadas sino garbeos por los temas relacionados con el papel de la mujer en la disciplina ( ? ) de la que hablamos, y que consta desde el subtítulo del libro, además de derivar por los interrogantes que la filosofía se plantea sobre la feminidad. Así, en la lectura la sombra del personaje femenino como metáfora , con su « voz en off atraviesa el índice, una voz incluida en otras…una diseminación».

La lectura de los diferentes capítulos pueden realizarse sin problemas por separado sin merma alguna de aprehender lo expuesto, ya que en cada uno de ellos se plantean diferentes vías de entrada al problema; esto no quita que por supuesto pueda leerse siguiendo el orden de los capítulos con lo que se puede hallar el hilo que vertebra las ideas subyacentes a la obra. Así se inicia la travesía con un acercamiento a la figura de la enigmática sacerdotisa: exponiendo diferentes hipótesis que van desde quienes afirman la inexistencia histórica de la señora a lo contrario, del mismo modo que se plantean los diferentes papeles que se hacen jugar a tal figura femenina: desde quienes la presentan como símbolo fecundo para pensar el papel de la mujer en el terreno del pensamiento a quienes juzgan que es un mito inconsistente. Continua la travesía con una exploración de distintas visiones con respecto a le feminidad a partir de distintas pensadoras: Karen J. Warren, Linda M. Alcoff o Martha Nussbaum y algunas más; en tal capítulo se oye exponer la experiencia personal de las féminas en el mundo de la filosofía y los crujidos que han surgido habitualmente por parte de los hombres, masculinos, al ver peligrar su dominio exclusivo. Tal planteamiento conduce a que algunas preguntas pasen a ocupar el orden del día: por una parte, acerca del escaso número de mujeres en estos ámbitos del saber ( de los saberes), al igual que se piensa el potencial que Diotima, como metáfora, puede jugar de cara a asignar un papel a las mujeres como potenciales representantes de un modo de acercamiento diferente al diálogo son los otros. Conocida es la anécdota , relatada por Diógenes Laercio, de la caída de Tales de Mileto absorbido por sus hondas cavilaciones y su mirada centrada en el cielo con la consecuencia de acabar en un hoy, y la risa sonora que esto produjo en una joven tracia; este relato dispara la atención hacia otro diálogo platónico, el Teeto, y hacia reflejar en paralelo las relaciones entre Hannah Arendt y Martin Heidegger, y las diferentes modalidades practicadas por cada uno de ellos en el acto del pensar.

El caminar avanza por unas certeras aproximaciones en las que se ve el papel dominante que juega el eje padre-marido-profesor ( padre, padrone, padresanto ), para cuyo análisis recurre Anna Pagés a los casos relatados, acerca de ellas mismas y ese tipo de cuestiones, por Siri Hudsvedt y Julia Kristeva, para volver posteriormente al diálogo platónico el el lugar de la enunciación que juega Diotima en el discurso mayeútico de Sócrates, conduciendo tal pregunta a relacionar a este personaje con otro presente en la Biblia, Rut y los modos de acercarse a la verdad, sirviendo Diotima como guía de las preguntas socráticas.

La feminidad como escritura es analizada, tomando como trampolín las obras de Hélène Cixous, con incursiones, en diferentes autoras, y sus respectivos relatos: Hannah Arendt, LouAndreas-Salomé , Anna Freud, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, en los que quedan reflejados algunos elementos personales como la maternidad, el rol de intelectuales jugado por ellas, y la voz femenino que planea en sus silencios o charlas, teñidos de pasión, de amor.

La presencia de nuevas voces, femeninas, en el campo de la filosofía y el (re) descubrimiento de algunas autoras que hasta ahora habían permanecido silenciadas, ignoradas o borradas del canon, y el desplazamiento de posiciones que tal irrupción supone, lo que supone un señalamiento del papel que juega la trasmisión de estas figuras recuperadas. Un tête à tête entre Emmanuel Lévinas y Simone de Beauvoir acerca de la alteridad, que el lituano ubicaba en el mujer, como alteridad radical, y que la autora de El segundo sexo juzgaba como una posición androcéntrica; Pagés resitúa el -según ella – malentendido, presentando para ello la auténtica visión de Lévinas, para lo que resulta necesario recurrir a los textos considerados sagrados, y recuperar le papel de la mujer como más cercano y hasta privilegiado con respecto a la Creación [ la autora del libro busca algunos equilibrios que esquivan algunas posturas ya consagradas por el uso y el abuso del papel de tentadora, pecadora…o como se quiera llamar, que en este sentido llegan a desvirtuar, o desviar, las iniciales pretensiones de la denominada programación del mundo…desde Lilith / Eva y la serpiente, también femenina; esa presunta cercanía de las mujeres con respecto a la naturaleza se ha considerado por más de uno/a como una anulación de la presencia femenina en el campo de la cultura, como terreno propio para los hombres, masculinos. Recuerdo alguna polémica que originaron ciertas posturas de algunos antropólogos, influidos por la hermenéutica simbólica del círculo de Eranos como Andrés Ortiz-Osés y epígonos, que con apariencia de defensa de la mujer, teorizando acerca de un hipotético matriarcalismo vasco, no hacían sino alejar a éstas de otros terrenos reservados a los hombres].

La confrontación que lleva cabo a cabo Pagés entre las dos figuras más señeras del pensamiento de género en Estados Unidos: Martha Nussbaum y Judith Butler, se guía por un intento de conciliar las distantes posturas de inicio entre ambas, por medio de subrayar la motivación común que les guía : cómo interpretar el papel de la mujer más allá de las significaciones, normas, etc. que se le atribuyen social y culturalmente …lo cual supone limar los dispares postulados que mantienen ambas mujeres; por situarlas de un modo sumario, y que se me perdone el afán de señalar y clasificar: la primera más cercana a un liberalismo pragmático mientras que la segunda más integrada en el pensamiento radical y posicionada en la galaxia queer.

El último capítulo viaja a a la antigua Grecia y a las ceremonias de Telesterion, en Eleusis, y al personaje de la doncella Perséfone…y la cuestión de lo indecible, y la compañía de Sófocles servir a Anna Pagés, a presentar la feminidad como figura de lo indecible, tema ya abordado por la tragedia griega…y ahí se acerca a lo femenino con la hybris…y quedamos atrapados en la senda recorrida, de la mano de una avezada guía, por los pagos del pensar, siempre inacabado, enredados por el logos filosófico, y la figura de Diotima « esta tenaz inquilina acurrucada en la oquedad del edificio filosófico, minúscula grieta , trabajadora incansable, hacedora de surcos en lo universal».

Una travesía que en su rica dispersión nos conduce por sendas, caminos del monte ( como los holzwege mentados por Heidegger), o rutas de más puntilloso trazado, que nos hace entrar en la exploración de los diferentes asuntos que se entrecruzan en el acercamiento general al tema planteado…se podrá estar más o menos de acuerdo con algunas de las propuestas planteadas, más lo que es seguro es que las pistas que se ofrecen a quien se acerque a la obra son de indudable interés, abriendo las puertas a nuevas reflexiones, libres de cualquier catecismo o de los corsés de los postulados prêt-à-penser, que en vez de enriquecer lo único que hacen es repetir la consigna como si de una letanía se tratase.

( * ) Me permito recuperar un pequeño repaso que he utilizado más de una vez , la última hablando recientemente de Simone de Beauvoir, como constatación de la expulsión de la mitad del cielo del ágora filosófica: la pensadora siempre era , y sigue siendo, presentada como alumna, seguidora, segundona con respecto a su compañero Jean-Paul Sartre, calificándola que

calificación que habitualmente cobra presencia en los mismos diccionarios o manuales de la filosofía[ sin entrar en mayores,basta con mirar las historias, manuales, enciclopedias o iniciaciones a la filosofía: las de Bréhier, Sverino, Abbagnano, Hirschberger, Ferrater Mora, Copleston, la historia de la Pléiade, la de Hottois, Cooper, Husman, la de la Encyclopaedia Universalis, Bermudo Ávila, Besneir, Descamps, Descombes, la de Châtelet, Störig, Jacobo Muñoz, o…para comprobar la ausencia de mujeres y más en concreto la de Simone de Beauvoir…Diré más, llama más la atención todavía que en los Historia de la ética, publicada por Crítica y dirigida por Victoria Camps, la entrada de Sartre está cubierta por la promotora de la crítica de la razón patriarcal, Celia Amorós…pues bien a Simone de Beauvoir ni siquiera la nombra, y, por supuesto, no se le otorga en tal obra un capítulo propio; la injusticia de este papel de mera comparsa es injusto a todas luces y ello desde los tiempos en que ambos se conocieron como preparándose para obtener plaza en la enseñanza: el primer puesto le fue otorgado a él, el segundo a ella – más de una, y más en concreto, una ha dudado de la justicia de la decisión : ahí está, por ejemplo, Michèle Le Doeuf .

Para otro significativo botón de muestra de lo que subrayo, recurro a una ejemplar publicación que tengo a mano Vocabulaire européen des philosophies>> ( dirigido por Barbara Cassin, mujer nada sospechosa de machismo sea dicho al pasar, y al contrario plenamente volcada en posiciones feministas) que entre los casi setecientos autores -citados / consultados- que aparecen en el índice, basta con los dedos de una mano para contabilizar las mujeres que se citan; conste que no es el caso del número de coautoras de la monumental obra que son numerosas. mitad del cielo >> que les corresponde es pura filfa en este, como en otros tantos terrenos.

Hendaia, 19 de julio

COLABORA CON KAOS