Publicado en: 15 abril, 2016

Techo y comida: o de los desechos humanos en el basurero de nuestra prehistoria

Por Maíz PEÑA DELFARGUE & Isabel BELLACIAO

A modo de reseña de la película Techo y comida de Juan Miguel DEL CASTILLO (2015).

Por Rafael Calero Palma

Maíz PEÑA DELFARGUE & Isabel BELLACIAO

Salobreña a 14 de abril de 2016

(85º Aniversario de la proclamación de la 2ª República española).

Dedicado a dos sabios maestros: Juan MARTÍNEZ y Augusto Ángel ARIAS

QUÉ PODEMOS VER REALMENTE EN TECHO Y COMIDA (2015).

Creemos que más que una película con sus típicos nudos, desarrollos y desenlaces, Techo y comida es un simple documental, bastante largo (su metraje en corto quizás sería mucho más eficaz e impactante) y algo frustrante fílmicamente hablando respecto a sus resultados. Se podría decir que es un fiel reflejo fílmico de las tesis prestalinistas del realismo social, pero sin poseer ninguna de las grandezas épicas (y éticas) del realismo socialista (¿estalinista?), aplicado a las crisis sociales que desencadena periódicamente el régimen cruel e inhumano del pornocapitalismo tanatocrático.

Por tanto, el estalinismo estético aún está a lustros o a infinitos años luz (de iluminación ilustrada por el marxismo leninismo) del realismo social que solo quiere dar cuenta descriptiva de lo que pasa, de lo que es, sin necesidad de ofrecer algo más: una salida racional y digna a los problemas sociales que plantea la suciedad capitalista. Dicho con otras palabras: no estamos capacitados aún para criticar el realismo socialista estalinista porque nuestra actual estética se resigna a los parámetros conservadores del existencialismo positivista como única expresión válida de la realidad realmente asfixiante.

Lo más impactante del film es el retrato bastante fiel de la soledad católica de una madre soltera con un hijo de 8 años que intenta desde su individualismo más atroz e ignorante tirar hacia delante sin percatarse nunca de las raíces reales de su drama. Vírgenes, procesiones y santos desfilan por doquier en la pantalla cuando la protagonista pretende buscar consuelo. En ese sentido sería muy oportuno recordar las palabras de Marx acerca del papel de consuelo que posee la toxicomanía religiosa en tanto que opio del pueblo y para el pueblo. También se agarra a las ayudas de la beneficencia que regulan entes locales y autonómicos en forma de cheques y comedores sociales para sufridores de una economía criminal que los excluye y relega a ser unos miserables moribundos. Manifestaciones religiosas de un catolicismo enfermo que tiene sodomizada y presa el alma buena de la pobre gente que ni entiende y sólo padece los males de una estrategia económica que sólo engorda las viles cuentas bancarias de las mafias que juegan con nuestras miserables existencias a golpe de ruleta en el casino mundial en el que especulan con sus intereses y nuestros maleficios. Entes municipales y autonómicos que ni entienden ni quieren poner freno a los reales artífices de una economía criminal que nos embrutece y reduce a escoria social mendicante y delincuenciable. Sólo hay que ver las actitudes que durante más de treinta años han tenido los dueños del cortijo andaluz llamado Yunta de Andalucía. Pésimas, cobardes y deleznables. Han hecho de la corrupción financiera, política y moral su modo de vida. Y han esparcido migajas en forma de dádivas para que el pueblo se conforme a sufrir en silencio sin más horizonte que el de pasear muñecos en procesiones religiosas que ayudan a mantener el tipo mientras se malvive en la ignorancia más atroz y resignada.

¿POR QUÉ ESTÁ RECIBIENDO TANTOS PREMIOS?

Por el reflejo en el que se sienten cómodos y satisfechos aquellos que quieren premiar nuestra miserable existencia sin más compromiso ni subversión. Creemos que se debe a la situación social que se percibe sólo de forma sentimental, de tal manera que la crisis social desencadenada por las finanzas internacionales y transferidas en sus costos más sangrantes a una parte de la sociedad europea más débil: portuguesa, irlandesa, griega y española (PIGS, en sus impactantes siglas burocráticas) se queda sin tocar a fondo. Son premios que se convierten en una especie de espejo de autoconsolación y de gratificante lágrima fácil para aquellos que los conceden. Es una forma de autobombo y platillo que sirve para desactivar conciencias gracias a estrategias sentimentales.

Esa forma de premiar invita a pensar que ya que compartimos las lágrimas sólo nos cabe formar una comunidad terapéutica de impotentes y desconsolados. Y así sentirnos felices y contentos. Juntos y revueltos en una especie de cambalache, como ya presagiara la conocida letra de un admirable tango argentino. Sin necesidad de ir más allá de las corruptas gachas del electoralismo predemocrático. Ese que una y mil veces desactiva el potencial de transformación social porque el electoralismo de credencial bancaria nos ha hecho creer que la democracia sólo consiste en votar un puñadito de veces en unas cuantas citas electorales.

Cabe una simple pregunta: ¿se habría derrotado al nazismo criminal –esa variante histórica de la cruel lógica interna del capital tanatocrático– en Stalingrado si nos hubiéramos resignado a estar de brazos cruzados y compartiendo lágrimas y pucheretes sentimentales?

Así que, quizás, Stalin no sea el ogro monstruoso que se nos quiera presentar por doquier. Al menos, él supo poner algo más que sonrisas y lágrimas para derrotar a la bestia criminal del capitalismo disfrazado con los ropajes mitológicos de la grandeza nazi y fascista. Una mitología ante la que mentes tan conservadoras y/o liberales, como el siempre loado Winston CHURCHILL, no tuvieron ningún asco de claudicar bajo la alabanza y la licencia literaria más ruín, sumisa y enaltecedora. ¡Siempre ha habido chupaletrinas!

No es el momento de hacer balance ni siquiera lugar para una crítica a Stalin, sólo señalar que sus posiciones políticas y estéticas no forman aún parte de nuestra historia, porque nuestro pasado aún está escrito desde el analfabetismo de la prehistoria, y los actos éticos de liberación auspiciados por Stalin se encuentran en algún utópico lugar de nuestro aún desconocido e ignoto futuro o por-venir. A Stalin se le podrá criticar con contundencia y sin piedad siempre que se sepa entender el complejo tiempo en el que, por desgracia, le tocó mal vivir. Al menos a él no le engatusaron con retóricas nacionalistas ni grandezas mitológicas…

Volviendo al tema de la presunta y supuesta película: a Techo y comida le sobra metraje y le falta vislumbrar una salida colectiva a la pesadilla criminal que aún se cierne sobre nuestras miserables vidas. Y esa salida necesita aún mucha pedagogía, mucha ética y una estética épica que nos ayude a entender y transformar nuestra prehistoria de resignados analfabetos que nadan y pretenden guardar a la vez la ropa en este océano de putrefacción oncológica en el que nos estamos todos malmuriendo a diario.

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