¿Susto o muerte? La izquierda ante el colapso de la civilización industrial

Por Alex Corrons

Manuel Casal Lodeiro ha escrito “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Un debate urgente”, sin duda un libro a tener en cuenta en estos tiempos en los que la izquierda institucional ha abrazado el keynesianismo sin reparar en el colapso ecológico y de recursos en ciernes.

Por Alex Corrons

Semanas atrás llegó a mis manos un libro cuyo título me invitaba urgentemente a su lectura: “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial / Apuntes para un debate urgente”, y efectivamente no me equivocaba, este libro del activista y divulgador ecologista, Manuel Casal Lodeiro, da en el clavo de un asunto fundamental en el que la izquierda navega a la deriva.

Da un repaso a las diferentes declaraciones y posicionamientos de diversas personalidades de la izquierda institucional, que mayoritariamente basan su discurso económico en prometer el crecimiento económico a toda costa, en el desarrollo de las fuerzas productivas, para repartir la riqueza correspondiente. Un discurso socialdemócrata keynesiano que está fuera de lugar porque como muchas sabemos -y Manuel lo expone con claridad en su obra- el crecimiento económico es historia, el cénit de producción de la mayor parte de los combustibles fósiles que han hecho posible la sociedad del consumo y del crecimiento exponencial ha llegado. Es decir, esta civilización ha tocado techo, y ahora toca mirar hacia abajo, esto es, irremediablemente tenemos que reducir el consumo de materias primas energéticas, lo que conlleva reducir toda nuestra actividad productiva.

El decrecimiento no es ningún tipo de teoría que algunas personas estemos dispuestas a imponer o un capricho del movimiento ecologista. El decrecimiento es una imposición material de la realidad que viene y de la que ya es, la diferencia es que estamos dejando que el sistema capitalista lo organice de forma injusta. Es decir, si los países ricos mantienen el crecimiento de sus economías, este crecimiento recae sobre las espaldas de los países pobres, que paradójicamente suelen ser los que más recursos suelen tener bajo sus pies. Para repartir la riqueza, como promueve la izquierda, lo primero que hay que hacer es analizar de dónde proviene esa riqueza. Uno puede proponer el reparto del trabajo dentro de sus fronteras para vender camisetas producidas en condiciones de esclavitud en otro lugar, con un consumo de recursos brutal para su producción y su transporte. Bananas ecológicas de Ecuador, un producto al alcance de cualquier europeo que tenga dinero para pagar semejante despropósito de consumo de recursos, y que además lo llamen “ecológico” no deja de ser un ejercicio de hipocresía similar al de prometer el crecimiento económico con una mano, y con la otra firmar el Manifiesto Última Llamada (un llamamiento que advierte del fin de los recursos que lo hacen posible), como hicieron muchos líderes de la izquierda institucional.

Una lectura muy recomendable para los tiempos que vienen, plagado de referencias de reconocidos investigadores, divulgadores y activistas ecologistas. Sin duda una lectura imprescindible para ser más conscientes del mundo que viene y cómo afrontarlo, y principalmente, para aquellas personas que siguen creyendo en el crecimiento económico y en el desarrollo de las fuerzas productivas. Hay otro mundo posible, la economía de los cuidados, la de la reducción material y energética y la del crecimiento personal, de las relaciones y del bienestar y el buen vivir: el decrecimiento.

La elección no está entre reparto de la riqueza o acumulación solamente, debemos de frenar la producción misma. La verdadera decisión que tenemos que afrontar es: ¿susto o muerte?.

3 Comentarios
  1. Erazmo dice:

    ¿La izquierda? eso no existe, nunca existió fue otro de tantos inventos que vendió la mafia khazar, lo que siempre ha existido es explotados-explotadores, revolucionarios-opresores, lacayos-irreductibles.

    Izquierda-derecha es un invento para dividir y hay que reconocerlo que lo lograron pero no hay mal que dure por siempre.

    Agur

  2. J.Avila dice:

    Estoy de acuerdo con los decrecionistas en sus afirmaciones sustanciales y en que este sistema a llegado a los límites posibles de su desarrollo económico y que dentro de este marco se otea un horizonte de miseria creciente para la gran mayoría y que no funcionará ya la opción keinesiana. Pero el desarrollo es posible adaptando las relaciones sociales a la nueva realidad. El zenit y posterior colapso de nuestra civilización industrial es la etapa senil del capitalismo, que en su deriva mortal ya no puede dentro de su paradigma desarrollar las fuerzas productivas, que en su centralización de la propiedad de los recursos y su distribución globalizada hace imposible el desarrollo de las fuerzas productivas descentralizadas y localizadas, así como a la vez que disipa la energía fosil pone la barrera del poder de sus corporaciones para que no se desarrollen otras energías descentralizadas ni otra tecnología necesaria para aumentar el bienestar humano de la gran mayoría de las poblaciones. No se trata de dedicarse a cuidar del abuelito a la vez que nos apretamos el cinturón, se trata de adaptar el sistema económico social al nuevo paradigama.

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