Shangay, maestro del nunca callarse

Por Giulio María Piantadosi

Shangay era una fuerza de la naturaleza. Si contactabas con ella, empezaba una relación fantástica y enriquecedora.

Por Giulio María Piantadosi

Conocí Shangay Lily en el verano del 2010, en Madrid. Hacía un calor intenso. Yo ayudaba a un amigo italiano -organizador de un festival de cine gay en Roma- a rodar un mini documental sobre el movimiento gay español. En la lista de las personas a entrevistar estaba, por supuesto, Shangay Lily. Nos abrió las puertas de su casa y nos recibió como si fuéramos hermanos, con gran curiosidad y entusiasmo. Me sorprendió que nos hablara fluidamente en italiano, Shangay lo aclaró “Io ho vissuto a Bologna. Amo l’Italia. Mi piace la sua storia”.

Y es que Shangay, como buena nómada pagana que se consideraba, había vivido en Bologna y Roma (además de Nueva York, Ámsterdam, Londres, Miami o París). Amaba Italia y no entendía cómo el Belpaese se había quedado tan atrás en el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales y de las mujeres. Un país donde la televisión comercial había apagado cerebros a golpes de señoritas en minifalda.

Nos preguntaba cómo era posible que en el país de Pier Paolo Pasolini, los homosexuales fueran tan sumisos e impotentes frente a los abusos de la política (izquierda y derecha por igual) y de la Iglesia.

El documental fracasó, pero la amistad con Shangay continuó. “Quiero volver a Roma”, me repitió durante años. De vez en cuando hablábamos italiano. Me preguntaba sobre acontecimientos de los años sesenta y setenta. Mientras en España se vivían los coletazos finales del franquismo, en Italia había un poderoso movimiento de la izquierda extraparlamentaria que desafiaba abiertamente el papel del poderosísimo Partido Comunista Italiano. Shangay quería saber por qué la influencia de la Iglesia seguía siendo tan fuerte sobre la izquierda –plasmada en el dualismo de los catto-comunistas o católicos-comunistas–, por qué los gays buscan más la aprobación del Papa que la propia. Entonces volvíamos a hablar de Pasolini y de cómo en España la lucha del colectivo gay se ha convertido en un negocio sin alma.

A Shangay le fascinaba la figura de Pier Paolo Pasolini, intelectual, escritor, director de cine, pero sobre todo comunista, profundamente cristiano y homosexual. Murió –como Shangay a los 53 años– asesinado una noche por un prostituto con el que había ligado. Aparentemente fue un homicidio pasional, en realidad fue un asesinato político perpetrado por quienes querían callar una voz incómoda: la derecha neofascista.

Hablamos a menudo de Pasolini porque era una figura molesta, pero lúcida en su mirada crítica sobre los males del mundo y de la sociedad. A la izquierda tradicional no le gustaba por homosexual, pero no podía ignorarlo. A la izquierda radical tampoco le gustaba porque era un librepensador y no encajaba con los rígidos esquemas de los antisistema. A pesar de que no compartiera del todo el pensamiento y la vida de Pasolini, pues Shangay era profundamente ateo, le fascinaba esa figura de intelectual corsario que no encajaba en ninguna de las familias en que se compone la izquierda. En esto eran parecidos. A costa de salirse de lo políticamente correcto, Shangay nunca calló sus pensamientos y cuando no casaban con las ideas dominantes su crítica era todavía más dura y en voz más alta. Este es el legado más valioso que nos deja, una enseñanza de la que aprender.

Shangay era una fuerza de la naturaleza. Si contactabas con ella, empezaba una relación fantástica y enriquecedora. Estaba ahí cuando le necesitabas. Sabía cómo apoyarte. Su voz siempre ha sido hermana, incluso si nos peleábamos. Y pasaba a menudo cuando debatíamos de política, de filosofía… Acabábamos a grito pelado, pero con respeto y amor. Teníamos nuestras afinidades y divergencias.

Shangay Lily, Miss Shangay Lily, ha sido muchas cosas: televisión, teatro, cine, autor… y ante todo artivista, su particular forma de hacer activismo a través del arte, de lo artístico, incluso de su propia persona. En mi casa tengo muchos de los libros que ha escrito en más de 15 años. A través de ellos se puede hacer una historia alternativa de la sociedad española. Cito los primeros que he encontrado en la librería: “Machistófeles”, una novela que sigue siendo de actualidad. Cuenta la historia de tres mujeres que viven a la sombra de un mundo creado a medida de los hombres. Estoy convencido de que Shangay, que defendía que el feminismo es la madre de todas las luchas, habría estado a la cabeza de las protestas feministas del pasado 8 de marzo.

Otro libro que quiero recordar es “Plasma Virago”. Supone el salto de Shangay a la poesía con el corazón puesto en el activismo y en la crítica a un mundo que cada vez más se parece a una cárcel. Una distopía en versos y ciencia ficción, de homocíborgs e injusticias, pero siempre con la esperanza puesta en el lado de los más débiles.

Y su último libro, su legado, un imprescindible: “Adiós, Chueca: Memorias del gaypitalismo. Construyendo la marca gay”. Me acuerdo cuando lo empezó a escribir, surgió como una idea de verano y de pronto se convirtió en un esfuerzo que le llevó casi cinco años en terminar. Al leer “Adiós, Chueca” comprendes que su vida está indisolublemente ligada a la historia reciente del movimiento gay. Es un libro necesario para entender lo que ha pasado en el movimiento gay en España en los últimos años y la capitalización y apropiación de la lucha LGTB por la derecha y los gaympresarios, lo que Shangay denominó gaypitalismo.

Shangay Lily ha sido la única persona en tener el valor – y enfrentarse a las consecuencias– de alzar su voz y decir una verdad políticamente incómoda: también los homosexuales pueden ser una herramienta de opresión hacia su propia comunidad.

“Adiós, Chueca” es un libro que se lee como una autobiografía, donde Shangay plasma su pensamiento. Un mensaje que va más allá de los muros de Chueca y del mundo LGTB, es un llamamiento a la sociedad entera: ¡Debout les damnés de la terre!

 

Nota: En el segundo aniversario del fallecimiento de Shangay Lily, el próximo 15 de junio a las 19 horas en la librería Traficantes de Sueños (C/ Duque de Alba, 13, Madrid) se celebrará un acto centrado en la obra, pensamiento y lucha de Shangay Lily, con una participación de lujo con Cristina Fallarás (periodista), Elena Ortega (Madre de Alfon y Madres Contra la Represión), Alvaro Aguilera (Secretario General del PCM) y Paloma Linares (su mano derecha y gestora de su legado).

 

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