Publicado en: 28 noviembre, 2016

¿Ser oposición al régimen o ser oposición sólo al PP? El dilema REAL de Unidos Podemos

Por Luis Juberías, Beto Vázquez, Pedro Antonio Honrubia Hurtado y Laura Arroyo

En Unidos Podemos hay dos elementos ideológicos y estratégicos que son compartidos por el global de las personas que participan activamente en tal espacio político: que somos la única alternativa de gobierno viable y real al bipartidismo tradicional y que, por su naturaleza ideológica, el PP es nuestro principal adversario político. A partir de ahí, […]

En Unidos Podemos hay dos elementos ideológicos y estratégicos que son compartidos por el global de las personas que participan activamente en tal espacio político: que somos la única alternativa de gobierno viable y real al bipartidismo tradicional y que, por su naturaleza ideológica, el PP es nuestro principal adversario político. A partir de ahí, estas variables compartidas se pueden expresar principalmente de dos maneras posibles en el día a día de nuestra actividad política e institucional: O bajo la fórmula populista “nosotros contra ellos” (pueblo vs casta) o bajo la fórmula de oposición institucional “Todos contra el PP”.

Dos posibles estrategias vs muchos falsos debates

La primera de ellas supone que asumimos nuestro papel de alternativa no solo frente a un gobierno concreto, sino frente a todo un modelo político identificado con el régimen del 78 y sus partidos asociados. La segunda, por su parte, implica asumir nuestro papel como oposición de gobierno frente a un enemigo único y central que sería el Partido Popular y su actual gobierno del Estado. Una de ellas, pues, se mueve de lleno en el eje “arriba-abajo” que sirvió a Podemos para desarrollarse y crecer, mientras la otra oscila entre los ejes “cambio-continuidad” y,  guste o no a sus defensores, el eje “izquierda-derecha” (en tanto que necesariamente te fuerza a tomar al PSOE como “aliado” en el marco parlamentario). No podemos negar que actualmente existe una tensión entre ambas estrategias, una tensión que condiciona el día a día de la política estatal tanto hacia dentro como hacia fuera de Podemos.

Una tensión que posteriormente, desde el interior del propio partido y al amparo de los marcos que van imponiendo los grandes medios de comunicación en su estrategia mediática, tiene su traducción en falsos debates teóricos que, en principio, tejen una serie de divergencias entre “moderados” y “radicales” o “partidarios de la calle” y “partidarios de las instituciones”, al interior de nuestra formación. Supuestos debates que se expresarían como canalizadores de las discusiones estratégicas dentro del partido de cara al próximo Vistalegre pero que, en la práctica, atendiendo a la diferentes posiciones internas, no existen. No, al menos, más allá de la retórica abstracta, vía innumerables artículos que sirven para catapultar estas falsas discrepancias en los medios que los desean perpetuar. Y decimos que no existen como verdaderos debates porque, a nuestro entender, en realidad de lo que se está debatiendo, de facto, aunque no se verbalice así, es de lo dicho: o apostar por una confrontación abierta y directa contra la Triple Alianza (y su intento restaurador), que tome como campo de acción todos los frentes posibles (calle e instituciones) o apostar por una oposición al gobierno del PP que tome al PSOE como aliado necesario para nuestra labor, priorizando la actividad parlamentaria conjunta con el PSOE frente a otras actividades.

Con la primera estrategia se estaría siguiendo la estela de lo que Podemos ha sido desde su inicio y que despertó la ilusión por un cambio real en millones de personas, que pasaba no solo por echar al PP del gobierno, sino además, por proponer una transformación de amplio alcance que permitiera pensar en un cambio rupturista del sistema político e institucional español. En palabras de Pablo Iglesias: la constitución de un nuevo orden. Una estrategia en la que tanto PSOE  (tras su “abstencionazo”), como PP, como Cs, formaría parte de un mismo “bloque restaurador” a combatir: el viejo orden moribundo. La segunda estrategia, centrada principalmente en resaltar nuestra capacidad para influir en el espacio institucional y ejercer una oposición permanente contra el PP desde el parlamento, puede servir, en cambio, para limpiar la cara a PSOE y Cs al desvincularlos, de facto, de su corresponsabilidad -si acaso complicidad- en la actual labor de gobierno del PP (permitiendo así que ambos partidos puedan aspirar a rentabilizar el desgaste que este gobierno pueda sufrir en lo sucesivo como consecuencia de su labor). Por otro lado, puede servir también para “victimizar” al PP como enemigo único de todos los demás (y le pone en bandeja campañas como la de la semana pasada, construidas sobre el relato “hay una cacería contra nosotros”). Pero, sobre todo, contribuye a romper una dinámica clara de bloques “ellos-nosotros”, “los de abajo” vs “los de arriba”, que permita construir, en el imaginario colectivo y en la praxis diaria de nuestro hacer político, a la vez alternativa al gobierno y alternativa al oxidado régimen del 78. Una estrategia que pudo haber tenido un sentido mientras el PSOE no lograba resolver su paradoja interna, pero que dejó de tener sentido en el momento en el que PSOE se hizo cómplice del PP.

¿Gobierno débil o régimen débil? Cuidado con alimentar al tiburón

Pareciera, no obstante, que hay una parte de Unidos Podemos que todavía no ha logrado asumir lo que, en la práctica, ha supuesto ese movimiento del PSOE hacia su espacio tradicional de régimen y su apoyo, vía abstención, de un nuevo gobierno del PP: un intento por regenerar el régimen desde adentro teniendo como objetivo principal aislar a Unidos Podemos de las dinámicas “responsables” de la política española. Un intento por imponer una especie de “turnismo por abstención” en el cual PSOE, PP y Cs intercambien posiciones para, en última instancia, encontrar siempre la manera de cerrar el paso de Unidos Podemos hacia el gobierno. Ello mueve a esta parte del partido a, por ejemplo, hablar reiteradamente de la supuesta existencia de un “gobierno débil” en referencia al actual gobierno del PP.  Algo que a nuestro entender es un error de bulto. Un error al estilo de aquel de llamar “desempate” a la situación pre 26J (cuando, en la práctica, jamás hubo “empate” alguno). Se trata de una mirada analítica de corto alcance que, en última instancia, juega en contra de los intereses de Podemos y lo que representa como fuerza de ruptura, pues rompe la dinámica de bloques “ellos-nosotros” y muestra a un PP desconectado del “bloque de régimen” que lo sustenta, minusvalora su capacidad para imponer sus criterios por diferentes vías legales e impedir de facto una verdadera oposición parlamentaria continuada. Finalmente, da aire al  PSOE y Cs al tratarlos como si fueran agentes distintos de la labor actual del gobierno del PP.

De hecho, si nosotros fuésemos asesores de Susana Díaz (o similar) estaríamos encantados que la línea estratégica de Podemos fuese precisamente esa de hablar de un “gobierno débil” en relación al actual gobierno del PP. Ahí, su discurso de “ni PP ni PODEMOS”, los “tortolitos” (sic), entra con guante de seda. Le abre un espacio ideal para poder aparecer como “partido responsable” y como “partido oposición”, según el momento y el debate del que se trate. Por ejemplo, aplicado a la semana que pasó: dar imagen de “partido de oposición” con el apoyo a la subida del SMI, y de “partido responsable” respecto al minuto parlamentario en honor a Rita Barberá, o respecto del principio de acuerdo para un pacto de reforma educativa alcanzado junto a PP y Cs. Con ello, a medio plazo, una vez eliminada la dinámica de bloques “ellos-nosotros”, “arriba-abajo” y separada la labor del PSOE de la labor del PP, pueden legítimar y fácilmente aspirar a lograr votos tanto del desgaste del gobierno por su labor (oposición), como del mensaje de “orden” que en ciertos momentos parte del electorado, en especial el electorado conservador que pueda ir desencantándose con el gobierno, defenderá (responsabilidad).

Al mismo tiempo pueden desafiar también parte del espacio ya conquistado por UP, apelando al electorado de UP más “crítico” con el supuesto “giro radical” del partido tal y como es fomentado desde los medios. Esto es lo preocupante de verdad, toda vez que parte de ese dañino mensaje se desarrolla desde el propio interior mediante la formulación de los falsos debates antes comentados y la creación narrativa de falsas posiciones internas “perdedoras”.

Y es que aunque creamos que con eso de repetir el mantra de un supuesto “gobierno débil” somos nosotros los que presionamos al PSOE para que tenga que estar “retratándose” continuamente, en realidad es el PSOE el que puede moverse a su antojo oscilando, según el caso, entre ser “responsables” y ser “cambio”, los dos grandes pilares sobre los que los “susanistas” y similares pretende tejer su proyecto de partido y que, a su vez, responden a dos demandas de amplio alcance en el actual momento político del estado español. No se lo pongamos tan fácil. Saquemos del agua al tiburón antes de que nos muerda.

Construir transversalidad sí… pero desde la oposición al régimen

Volvamos pues a ser aquel partido que la gente identificaba por estar enfrente de la “casta”.  Aquel espacio político que se expresaba como oposición no solo a un gobierno del PP, sino a todo un régimen caduco que estaba, y sigue estando, en crisis de complicada salida. Aquel partido que se movía en un discurso “populista” real y rupturista, y no en una especie de populismo light y dietético, que no muerde, en el que últimamente algunos han pretendido encerrarnos.

Porque de la misma manera que no es posible vencer al régimen anclándonos en viejas etiquetas o en un reparto de posiciones que nos vincule a un espacio único “a la izquierda del PSOE” (y esto nadie en Podemos lo pone en duda), tampoco es posible pensar que se puede ser “populista” y “amable”. O somos “populistas” y hacemos política como tales, o somos “amables” (¿con quién?)  y con un planteamiento de ser principalmente agentes políticos “institucionales”. Ambas cosas a la vez son imposibles.

Nosotros, claro, apostamos por un populismo impugnador sin miedo y sin medias tintas, que dé expresión política a la crisis de régimen que sigue existiendo, que ponga voz a las expresiones de protesta y al sufrimiento que la gestión austericida de la crisis ha generado, que ofrezca alternativas capaces de tejer nuevos sentidos y que prioricen el “cuidarnos” como forma central de nuestra puesta en común con la ciudadanía, los movimientos sociales y la sociedad civil, aquello que estaba en la base de la explosión social que se produjo en el ciclo de movilización 2010-2014 y que tuvo en el 15M su referencia más potente.

Apostamos, pues,  por ser oposición al régimen del 78 en su conjunto, azote de quienes han gobernado para unas élites privilegiadas y han abandonado al pueblo y canalizadores, en todo espacio posible, del “orgullo de lo popular”, y no solo mera oposición institucional al PP mano a mano con el PSOE. En definitiva, apostamos por construir nuestra transversalidad desde la “oposición al régimen” y no desde la “oposición al PP”. Para ganar, claro que sí, para ganar.

*Luis Juberías, Beto Vázquez, Pedro Antonio Honrubia Hurtado y Laura Arroyo. Analistas políticos y militantes de Podemos

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