Actualmente, las instalaciones de la cogeneradora EcoEléctrica, en Peñuelas, son las únicas en las que se puede recibir y almacenar gas natural licuado, que se regasifica antes de quemarlo para la producción de energía.

Con la publicación de una solicitud de propuestas (RFP, en inglés) para conseguir un suplidor de combustible para la central San Juan, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE)presenta el gas natural como la alternativa principal para reducir su alta dependencia a los derivados de petróleo como fuentes de generación.

Si bien el RFP no ata a las compañías a someter propuestas exclusivamente de gas natural, lo cierto es que a lo largo del documento –de 30 páginas– no se hace referencia a ningún otro tipo de combustible. Sin especificar, el RFP establece que las propuestas pueden ser de gas natural o un “combustible alternativo”.

Efraín O’Neill, profesor e investigador de sistemas de energía en la Universidad de Puerto Rico (UPR) Recinto de Mayagüez, explicó que el gas natural es “el menos contaminante” de los combustibles fósiles, que han dominado el sector eléctrico en el país.

Indicó que la ventaja de los combustibles fósiles es que, mientras se tengan suficientes abastos en un lugar, se puede generar energía de forma constante. La desventaja es que Puerto Rico no cuenta con reservas de ninguno de estos combustibles “con valor comercial significativo”, por lo que hay que importarlos por la vía marítima, lo que aumenta el costo de generación.

El gas natural, que actualmente se utiliza en la cogeneradora EcoEléctrica y la central Costa Sur, se trae en barcazas en forma líquida. Se almacena en tanques y se regasifica antes de quemarlo. Según O’Neill, todo ese manejo hace que las instalaciones de recibo, almacenamiento y regasificación sean costosas.

“El costo del recibo y manejo del gas natural hace inviable tener un puerto como este en cada planta de la AEE”, dijo O’Neill.

El RFP dispone que la compañía seleccionada no solo suplirá combustible a las unidades #5 y #6 de la central San Juan, sino que deberá hacerles las mejoras operacionales necesarias para que sean más eficientes. Además, deberá aprovechar la infraestructura portuaria existente en la planta para despachar el combustible.

O’Neill sostuvo que, “en ese camino o transición fuera de los derivados de petróleo” –como el diésel y búnker C que usa la AEE–, hay propuestas para usar gas propano como combustible.

Explicó que el gas propano “tiene la ventaja” de que es un combustible conocido, con varios suplidores en la isla y con emisiones menores a las de los derivados de petróleo. Las desventajas incluyen la incertidumbre en torno a los precios que los suplidores estarían dispuestos a negociar con la AEE, y que el riesgo de accidentes puede ser más alto.

El otro combustible fósil que se conoce en la isla es el carbón, ya que la cogeneradora AES Puerto Rico lo usa como fuente de generación. O’Neill dijo que el carbón tiene la ventaja de que es el combustible fósil más barato, pero sus desventajas incluyen las emisiones al aire y la disposición de las cenizas resultantes del proceso de generación.

“Más potencial”

De acuerdo con O’Neill, las fuentes renovables “son los únicos recursos con los que contamos localmente” para producir energía.

Un estudio de la UPR-Mayagüez, publicado en 2008, concluyó que los recursos renovables “con más potencial” en la isla son el sol, el viento y las olas del mar.

“El sol es el mejor recurso renovable local que tiene tecnologías disponibles a un costo asequible a todos los niveles: residencial, comercial, industrial y utility-scale”, dijo O’Neill, tras destacar que la política pública energética debe procurar un balance entre proyecto fotovoltaicos en techos de todo tipo y fincas solares.

“La alternativa en techos es una más distribuida, no tiene asociadas las pérdidas en transmisión y distribución, pues se usa en el mismo lugar que se produce la electricidad, y su costo ya es menor que el de la AEE. Además, los sistemas en techos proveen la oportunidad de aumentar la resiliencia local”, agregó.

En cuanto a la energía eólica, O’Neill señaló que Puerto Rico tiene “algunos lugares” en los que el viento es una alternativa viable, tanto a escala pequeña como grande. Una ventaja del viento es que está disponible de día y de noche. Su desventaja principal, sobre todo a gran escala, es la localización.

“Puerto Rico no cuenta con procesos de permisos que permitan que la localización de estos proyectos se haga de forma que realmente atienda las preocupaciones de los sectores afectados, comenzando por posibles impactos ambientales en terrenos sensitivos, pasando por el uso y valor de los terrenos, hasta preocupaciones por el valor estético del área”, resaltó O’Neill.

Sobre la energía de las olas del mar, dijo que “es excelente” en la costa norte de la isla, y tiene un “potencial grande” para integrarse al portafolio energético local. Su desventaja es que la tecnología “no está tan madura” como la solar y eólica. “Pero esto presenta una oportunidad de estudio y desarrollo local”, aseveró.

¿Desventajada?

O’Neill indicó que a las tecnologías renovables se les atribuye como desventaja su carácter variable. A su juicio, sin embargo, se trata de una desventaja desde el punto de vista de una infraestructura eléctrica pensada para una generación con combustibles fósiles (constante).

“Aquellos entrenados en la forma tradicional de diseñar, construir y operar redes eléctricas pretenden que las renovables se comporten como generadores convencionales fósiles. El reto hay que mirarlo desde otro prisma. Si en Puerto Rico contamos con excelentes recursos renovables, ¿cómo diseñamos, construimos y operamos una nueva red eléctrica que maximice el uso de esos recursos locales?”, planteó.

Según el Departamento de Energía federal, en los pasados 20 años, el 75% de las emisiones provino de la quema de combustibles fósiles. En opinión de O’Neill, dado que la isla no cuenta con ninguno de esos combustibles, la meta debe ser minimizar su quema “en todo lo que sea posible”.

“Cada vez que quemamos fósiles, casi literalmente estamos quemando dinero que bien pudiera invertirse en construir una nueva infraestructura eléctrica que maximice el uso de nuestros recursos locales”, reiteró.

Para O’Neill, la devastación causada por el huracán María representa “el momento ideal” para crear una nueva red eléctrica.

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