Publicado en: 12 febrero, 2018

Puerto Rico. Llegó la hora de salir del marasmo

Por Marcia Rivera

Comparto con los lectores de 80grados un resumen de la conferencia inaugural que ofrecí en la 64ta. Asamblea de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), La psicología con la gente, en el Hotel Ponce Hilton, Ponce, Puerto Rico, el 26 de enero de 2018.

Como he analizado en otros artículos, la catástrofe que dejó el paso de los huracanes Irma y María fue el resultado de una acumulación de diversos tipos de problemas que nunca fueron resueltos y que generaron un estado de gran vulnerabilidad general para Puerto Rico.[1] Casi cinco meses después, las autoridades gubernamentales del país no han logrado presentar una ruta clara y coherente para superar la debacle y todas las proyecciones apuntan a un escenario de prolongado estancamiento y de gran sufrimiento colectivo por muchos años más. Ante la coyuntura de inmovilidad del gobierno federal, de la incapacidad de los cuadros de mando del gobierno de Puerto Rico, y del marasmo en que vive buena parte de la población, no nos queda de otra que apuntalar a quienes han asumido el papel de atender la emergencia y de apoyar a la población más afectada en su lucha diaria por sobrevivir. Estamos hablando de docenas o centenares de organizaciones sociales, de líderes locales y de jóvenes que han lanzado una diversidad de iniciativas comunitarias de extrema importancia.

Hoy, quiero compartir con esta audiencia algunas ideas para seguir avanzando en el diseño de una estrategia a corto, mediano y largo plazo, que he ido generando en conversaciones, sesiones de diálogo y talleres, dirigida a trabajar sinérgicamente para transformar radicalmente a Puerto Rico a partir de esta coyuntura. Necesitamos pasar ya a discutir el para qué, el cómo, cuándo, y con quién, vamos a hacer la imprescindible refundación de Puerto Rico. Necesitamos abrir una conversación amplia, inter disciplinaria, inter institucional e inter generacional, que pueda generar alguna luz al final de lo que hoy nos parece un interminable y oscuro túnel.

Mi primera afirmación con que quiero comenzar puede parecer obvia, pero la experiencia me dice que no lo es: Cuando todo es grave y urgente, para salir adelante es imprescindible contar con un diagnóstico cabal, establecer muy bien las prioridades, una estrategia osada, y un cronograma realista. Veamos esto más detenidamente y preguntémonos dónde estamos en cada una de estas etapas, para ver si podemos coincidir en los elementos centrales a considerar en el diagnóstico.

Hace varios años he venido planteando que Puerto Rico ha entrado de lleno a la era de la exacerbación de la complejidad, producto del agotamiento de los modelos colonial y neo colonial que hemos padecido durante más de 500 años y del avasallador impacto de las políticas del capitalismo neoliberal de los últimos treinta y tantos años. Hemos creado una sociedad fragmentada y en conflicto permanente, que ha sido incapaz de superar los altos niveles de pobreza y la desigualdad social para gestar una economía propia, sana, próspera y solidaria. Procesos todos que nos han llevado a una profunda y extendida crisis multidimensional, con diversos componentes, a saber:

Crisis económica, que tiene al menos cuatro componentes fundamentales:

1. Un estancamiento del crecimiento económico de más de una década, con caída de producción, crecimiento del desempleo, dificultad para exportar, concentración de la riqueza y escaso énfasis en la innovación en la producción y distribución de bienes y servicios. Las políticas de austeridad instrumentadas en los últimos años, lejos de servir para dinamizar la economía, profundizaron el estancamiento. Las que se han anunciado y se están impulsando con el nuevo plan fiscal, provocarán un achicamiento económico mayor, una reducción en los recaudos y una mayor emigración de personas, perdiendo Puerto Rico valiosos talentos y capacidades. Todo ello nos lleva a pensar y a proyectar, como lo ha hecho la Unidad de Inteligencia Económica de The Economist, que la economía de Puerto Rico podría contraerse 8%, o más, lo que colocaría a la isla en el segundo lugar entre las peores economías del mundo.[2]

2. Una deuda pública estimada en 73,000 millones de dólares que representa el 99% del PIB; es decir, que la deuda pública es semejante a lo que era la producción anual de Puerto Rico antes de los huracanes. Esta deuda no ha sido auditada; se ha comprobado que parte fue ilegalmente contraída; es insostenible bajo cualquier escenario que se aborde. Asumir su pago o incluso parte de la misma causaría efectos muy adversos en la economía del país.

3. Un alto y creciente nivel de deuda personal, que significa poca capacidad de resistir un prolongado período sin ingresos, imposibilidad de utilizar recursos propios para iniciar actividad económica independiente, y alta vulnerabilidad y riesgo de tener que iniciar procesos de quiebra personal o de perder propiedades hipotecadas, como viviendas y vehículos.

4. Anquilosamiento y poca articulación en el ecosistema de productivo de Puerto Rico. Falta apoyo a la innovación y a iniciativas emergentes; ausencia de mercados internacionales y exportación; hay poco énfasis en aprender a emprender; orientación a la atracción de empresas de afuera; pocos eslabonamientos industriales; gran cantidad de ONGs con todavía poca capacidad de incidencia en la formulación de políticas y sin mecanismos fuertes de representatividad, que podrían potenciarse como agentes efectivos de cambio real.

Crisis de infraestructura

1. Colapso de sistema eléctrico debido a pésima gestión administrativa y técnica, continuada dependencia del petróleo, obsolescencia tecnológica, enorme deuda de la AEE (9,000 millones de dólares) y falta de mantenimiento.

2. Colapso de las telecomunicaciones – todas empresas privadas con instalaciones en Puerto Rico mostraron ser deficientes en la respuesta a la emergencia.

3. Impacto sobre estructuras inmobiliarias – viviendas, (250,000 casas con daños sin reparar, más de 70,000 viviendas fueron pérdida total), oficinas, negocios, y estructurales gubernamentales y municipales.

4. Deterioro serio en infraestructura vial, represas, puentes.

5. Casi cinco meses después no hay un informe minucioso de los daños ni estimados confiables del costo de reposición de la infraestructura del país.

Crisis en los servicios de salud

1. Desde 2013 más de una veintena de organizaciones sociales que trabajan en el campo de la salud se organizaron para reclamar una reestructuración completa del sistema de salud de Puerto Rico y el cese de las intervenciones partidistas y de intereses económicos privados en la salud. Acudieron a la Legislatura y presentaron un proyecto de ley que fue sometido por petición y convertido en la Ley 235 del 22 de diciembre de 2015. Mediante dicha ley, se creó el Consejo Multisectorial del Sistema de Salud de Puerto Rico, adscrito a UPR-CM, para estudiar y analizar en forma continua los modelos de organización existentes, a fin de recomendar al Gobernador y a la Asamblea Legislativa el modelo de servicios de salud y el modo de financiamiento más adecuado para el funcionamiento del sistema de salud. La ley afirma que la salud es un derecho humano, que no puede estar supeditado al afán de lucro, y que como tal se reconocerá en política pública del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. La Asamblea Legislativa no asignó presupuesto para el desarrollo de los trabajos de este Consejo, que emitió su primer informe el 30 de octubre de 2016. Con el cambio de gobierno, aunque no ha sido disuelto, el Consejo parece estar debilitado por la falta de compromiso de los representantes gubernamentales.

2. Según el informe del Consejo, ¡Basta ya de parchos! El sistema de salud de Puerto Rico es sumamente costoso, está agobiado por las deudas acumuladas, es ineficiente e inadecuando para atender las necesidades reales de la población, especialmente las de salud mental. Su gestión es poco eficaz y el sistema no hace justicia a los pacientes (que deben ser la piedra angular del mismo), ni a los médicos. Está diseñado a la luz de la noción neoliberal de que la salud es un negocio. Por ello, no brinda participación a la población que debe servir, no asegura cobertura a todas las personas y responde a criterios de intereses económicos y también político-partidistas.

3. Hoy, el sistema de salud de Puerto Rico está totalmente desfinanciado y enfrenta una severa escasez de especialistas por la gran cantidad de médicos que han emigrado. En los últimos diez años más de 6,000 médicos se han ido de Puerto Rico, generando una verdadera crisis en el sector, cuya solución parece cada vez más lejana. Ello significará una progresiva merma en los servicios ofrecidos y el incremento de problemas de tipo psicológico en los pacientes que debido a esta situación no pueden recibir los cuidados que precisan.

4. El asunto de acceso a medicamentos es otro problema que ha complicado el escenario de la salud en los últimos años. Por la relación con Estados Unidos venimos obligados a pagar precios más altos en que en el resto del mundo industrializado, tanto por medicamentos de marca como por genéricos. En EEUU los precios son altos porque los fija la industria, mientras que en otros países, las autoridades negocian su valor o rechazan su entrada al mercado nacional si consideran que el precio es demasiado alto para el beneficio que podrían obtener los pacientes que lo utilicen.[3] En el período 2008-2015, los precios de los fármacos de marca más utilizados en Estados Unidos crecieron un 164% en promedio.

5. Además, en Estados Unidos los precios de los medicamentos genéricos, donde tampoco existe regulación restrictiva al respecto, han experimentado incrementos disparatados, que van desde el 420% hasta más del 8.000%, comparado con sus precios de apenas hace un año.[4] Un ejemplo de algo muy común es la epinefrina, una inyección para afectados por una reacción alérgica severa, que subió de un tirón de $100 a 600 la dosis, mientras su costo de producción se estima en $2.50.

6. El incremento en costo de genéricos se debe a tres motivos principales: i) una reducción del número de fabricantes, con lo cual los que quedan actúan con acuerdos monopolísticos; ii) hay especuladores que compran productoras de genéricos, generan escasez durante algunos meses, le cambian el nombre comercial y reaparecen en el mercado con aumentos exponenciales de precios; iii) la nueva práctica anti-ética de “pay for delay”, en la que los fabricantes de fármacos de marca pagan a los fabricantes de genéricos para que retrasen su comercialización, prolongando de facto la vigencia de los derechos de patente del fabricante del medicamento “de marca”.[5]

7. Todos estos elementos relacionados con la salud conforman una situación verdaderamente crítica para la población puertorriqueña.

Crisis demográfica

1. Puerto Rico se acerca peligrosamente a una crisis demográfica tras más de una década de perder contingentes cuantiosos de población en edad de trabajar, de hacerse exiguos los nacimientos en el país y de haberse extendido la longevidad de la población. Los tres procesos en simultáneo afectan seriamente las posibilidades de equilibrio generacional para sostener sistemas de retiro y de pensiones.

2. El colapso económico y su prevista prolongación auguran un continuado y peligroso éxodo poblacional. Es imprescindible una estrategia para frenarlo.

Crisis social

1. Puerto Rico vive, además, una crisis social, caracterizada por una por una alta y persistente tasa de pobreza que rondaba el orden de 45% antes de los huracanes y se estimada ahora que estará cerca del 60%. Tiene también una persistente desigualad de ingresos, que nos coloca como el quinto país más desigual del mundo y segundo en América Latina, pero ese dato también puede empeorar.

2. Los niveles de violencia se han incrementado tras la debacle, según informes de la Policía de Puerto Rico, que relacionan el hecho con la oscuridad de las comunidades, con la falta de electricidad que deja inoperantes los sistemas de alarmas y teléfonos. Además, debe recordarse que la Policía ha perdido unos 4,000 agentes en los últimos cinco años debido a los recortes de personal aplicados para reducir el sector público.[6]

3. La coyuntura catastrófica ha sido aprovechada también por el narcotráfico organizado, que ha convertido a Puerto Rico en un importante punto de tránsito de cocaína y otros narcóticos, lo que ha desatado más violencia en ciudades y pueblos por participar en la organización del negocio.

Crisis de medioambiente

1. Durante el huracán María, aguas residuales estuvieron desembocando en ríos y embalses, contaminando los mismos. 20 de las 51 plantas de tratamiento de aguas negras dejaron de funcionar, lo que acarrea posibilidad de contaminación.[7]

2. Las lluvias esparcieron cenizas acumuladas en Peñuelas y las esparcieron sobre el terreno. Una docena de vertederos llenos permanecen abiertos en violación de leyes y normativa porque no hay dinero para clausurarlos. Durante las inundaciones que siguieron a los huracanes, en muchos de ellos su contenido se desbordó y corrió por zonas habitadas. Tampoco se ha hecho un inventario completo del daño ambiental y lo que deberá invertirse en procesos de remediación y mitigación.

Crisis educativa

1. Hay mucho malestar en el sistema educativo. El salario de los maestros está congelado desde 2008, mientras que el salario de la Secretaria de Educación es de los más altos del mundo. Tampoco tienen cobertura del Seguro Social y el sistema de retiro magisterial esta en seros apuros de solvencia.

2. Se han cerrado cerca de 200 centros escolares; se le ha recortado casi una tercera parte del presupuesto al sector, y el desempeño escolar sigue en deterioro. Solo el diez por ciento de los alumnos de segundo año de secundaria aprobaron el examen estandarizado de matemáticas.

3. Todo parece apuntar a que se prepara una profundización del modelo neoliberal de educación en todos sus niveles, lo que ya ha sido demostrado fallido en los países en que se han instrumentado políticas similares. Lo más preocupante es que contribuya a profundizar la ya grave desigualdad social que tiene Puerto Rico.

Crisis de gobernabilidad

1. Finalmente, en Puerto Rico enfrentamos también una crisis de gobernabilidad porque la incertidumbre, la desconfianza y la pérdida de credibilidad en la clase política añaden a la ya exorbitante vulnerabilidad colectiva.

2. El equipo de gobierno ha mostrado ineptitud en el manejo de la emergencia, y a esta fecha no hay un inventario completo de daños por municipio, no hay un análisis de los escenarios de vulnerabilidad, como tampoco hay marcadores o criterios para establecer prioridades y construir una estrategia.

3. La incapacidad de enfrentar y resolver las contradicciones y los dilemas; los terribles quiebres de principios éticos; la frustración, la irritación, la desconfianza y la impotencia; el desasosiego, la rabia contenida, la violencia exacerbada, y el rampante escepticismo y cinismo, caracterizan hoy a buena parte de la sociedad puertorriqueña y forman parte de eso que llamamos crisis de gobernabilidad.

Todas las crisis que hemos brevemente apuntado acá, no son cuestiones meramente coyunturales, sino que tienen una fuerte base estructural y eslabonamientos entre sí. Por ello, el tradicional simplismo o solución facilista no nos sirve más; se necesita una estrategia transversal, integral, multidimensional, donde cada objetivo, meta y programas atienda y actúe sobre varios problemas en simultáneo. No será una varita mágica, sino que tardará décadas en regenerar un nuevo Puerto Rico; pero necesitamos pensar con cabeza fresca en el corto plazo las diversas posibilidades de reorientar las estrategias que hasta ahora se han seguido y han fracasado. Es preciso enfrentar la cuestión de cómo cambiar la visión de mundo de los puertorriqueños sobre lo que son nuestras aspiraciones, sobre cómo calibrar nuestras capacidades y limitaciones; sobre lo que han sido nuestros hábitos de consumo y sobre cómo deben cambiar para asegurar sustentabilidad. También es preciso dialogar colectivamente sobre cómo vamos a articular nuestras relaciones en la isla, con la diáspora, con la región más inmediata y con el resto del mundo.

Dicho esto, mi segundo mensaje contundente es que tenemos que buscar oportunidades de reinventarnos desde esta catástrofe. Estoy segura de que las hay.

¿Cuáles podrían ser los elementos centrales de una nueva estrategia integral de refundación de Puerto Rico?

Sin duda, habrá muchas propuestas y miradas sobre qué enfatizar en la definición de una estrategia. Apunto lo que considero son los elementos centrales sobre los cuales creo que podemos generar un diálogo fecundo entre la enorme mayoría de la población puertorriqueña.

1. Encaminar a Puerto Rico hacia un desarrollo humano sustentable y usar ese paradigma como eje y guía de todas las políticas públicas. Esta visión parte de la premisa de que todas las políticas públicas deben estar sustentadas en proveer para el pleno ejercicio de los derechos humanos. Deben también asegurar equidad e igualdad real de oportunidades y condiciones de acceder al bienestar, proveer para la participación de las personas en la definición e instrumentación de las mismas, y tener a los seres humanos en su centro. Las políticas deben tener especial consideración en la relación con la naturaleza y el uso de los recursos naturales para asegurar su disfrute por las futuras generaciones.

2. Apoyar un desarrollo estratégico fundamentado en el principio de solidaridad, principio que debe guiar todo el ecosistema productivo y distributivo. El eje del nuevo proyecto económico debe ser la generación de empleos dignos, que reduzcan los niveles de pobreza, produzcan ganancias razonables, y se recupere un ritmo estable de crecimiento económico.

3. Apuntalar un movimiento ciudadano que reclame la puesta en marcha de un proceso cabal, y facilitado por la ONU, para lograr la descolonización jurídica, política y mental de Puerto Rico. Sin un proceso serio y vinculante para la descolonización y libre determinación de Puerto Rico, no podremos reencaminar el desarrollo económico, social y cultural del país.

Prioridades individuales y colectivas – ¿Por dónde comenzar?

En Puerto Rico hay muchos frentes de lucha abiertos hoy. Demasiados, sin duda. Cada cual tiene que hacer una opción personal sobre cuáles luchas apoyar, evaluando en cuáles tiene mejores condiciones, capacidades y tiempo que ofrecer; cuáles siente como prioridades; cuáles tienen más necesidad de voluntarios. Lo que no debemos hacer es dispersarnos en mil “apariciones” esporádicas que resultan engañosas desde todo punto de vista. El trabajo social, comunitario, y el trabajo político toman mucho tiempo y precisan de constancia y persistencia en lo se conjuga un proceso de transformación personal y colectivo. No es con una presencia ocasional y liviana que podemos ayudar a una comunidad que ha decidido dar una batalla contra expropiaciones, contra las cenizas, contra la basura, para conseguir la reconstrucción de viviendas, o lo que fuera. Si los que de verdad queremos una transformación profunda de la realidad de Puerto Rico no nos ponemos la camiseta de trabajadores apasionados, cotidianos y comprometidos con la transformación radical en la actual situación de caos, sólo avanzaremos en expulsar población que piensa que no hay alternativas.

Para comenzar una conversación a múltiples voces y niveles, propongo que en esta ocasión comencemos por ver cuales podrían ser algunas medidas prioritarias en el corto plazo, y dejaremos para un futuro diálogo continuar abordando otras de mediano y largo plazo.

Diez medidas de primera prioridad y de corto plazo en esta coyuntura: 

1. Asegurar que la población que vive con ingresos mínimos tenga acceso a comida.

  • Plan de emergencia para otorgar concesiones en comodato de terrenos gubernamentales o municipales baldíos por un período de 5 años, para siembra de hortalizas en huertos agroecológicos comunitarios y/o escolares.
  • Apoyar los esfuerzos de los agricultores jóvenes en fincas agroecológicas – gobierno, profesionales y ciudadanía
  • Apoyar los mercados orgánicos – gobierno, profesionales y ciudadanía
  • Apoyar la organización de ollas populares, e intercambios de productos en la comunidad
  • Explorar la creación de un programa de Hambre Cero, como el de Brasil, con el apoyo del sector empresarial. Podría funcionar muy bien a nivel municipal.

2. Poner en marcha el proceso de reconstruir las casas que puedan ser reparadas, con el mecanismo de ayuda mutua y esfuerzo propio, donación de materiales del exterior, y con la supervisión de los colegios profesionales de planificadores, arquitectos e ingenieros. Este proceso debe estar enmarcado en el Plan de Uso de Terrenos de Puerto Rico y asegurar que nadie tenga que vivir en zonas de riesgo y vulnerabilidad.

3. Poner en marcha un programa de generar soluciones tecnológicas para reducir la pobreza en Puerto Rico y otros países y establecer un ecosistema que le permita florecer y desarrollarse. Se precisa apoyar la creación de centros de innovación social que puedan acompañar y apoyar el proceso de diseño, montaje e instrumentación de proyectos productivos en áreas clave para el DHS de Puerto Rico, tales como economía verde, transporte colectivo, sistemas de energía solar; manejo de aguas, medicamentos genéricos; elaboración de alimentos, sistemas de cuidados y otros dirigidos a reducir la pobreza y aumentar las posibilidades del DHS. Puerto Rico puede perfectamente generar una plataforma económica de producción de bienes y servicios para superar la pobreza que sirva al país y a otros del continente. A través de la innovación social se buscará vincular la investigación científica con el ámbito de la producción por parte de empresas, cooperativas, PT, PyME, para ofrecer soluciones efectivas, de bajo costo y fortalecer el sector de economía social y solidaria.

4. Poner un tope de $100,00 a los salarios en todas las instancias del gobierno central y municipal, incluyendo los jueces y los legisladores por un período de tres años, a fin de crear un fondo de ahorro. Diseñar sistema de mérito para el reclutamiento público. Establecer límites también a los honorarios por contrato. Con el fondo generado se puede poner en marcha un programa de recalificación laboral en campos donde se pueda innovar, a fin de potenciar talentos y capacidades para dinamizar el mercado laboral.

5. Generar propuesta para participar en el proceso de la AEE, creando una empresa nacional cooperativa o PT para administrar el sistema energético, y diversificar significativa y sosteniblemente la matriz energética y asegurar que hospitales, asilos, escuelas, y centros críticos tengan energía asegurada en momentos de emergencia.

6. Negociar con EEUU la creación de un programa de empleo gubernamental a salario mínimo, con beneficios marginales, para todas las personas que reciben beneficios por su condición de pobreza, a fin de darles herramientas y aprendizaje de trabajo.

7. Juntar firmas y movilizar a las organizaciones sociales, profesionales, comunitarias y acudir ante el Secretario General de la ONU solicitando que se facilite la puesta en marcha el proceso de descolonización y libre determinación de Puerto Rico, con un proceso mediado y supervisado por la ONU. Descolonizar a Puerto Rico requiere de un proceso jurídico mediante el cual la soberanía que actualmente ostenta el Congreso de los Estados Unidos sea transferida al pueblo de Puerto Rico. Esto busca salir de la trampa que se nos ha tendido por décadas de celebrar sucesivos plebiscitos que nunca generan acción por parte del Congreso de EEUU y también de un peregrinar anual de pequeños grupos al Comité de Descolonización, logrando sendas resoluciones que nunca se elevan a la Asamblea General.

8. Incrementar el impuesto a las herencias y a los premios de lotería. Profesionalizar y utilizar tecnologías de punta para mejorar la recaudación de todos los impuestos, generando un sistema totalmente transparente al escrutinio ciudadano.

9. Buscar asociaciones con empresas farmacéuticas en América Latina y establecer centros de producción de medicamentos genéricos en Puerto Rico y de derivados del cannabis, con aprobación de FDA. Estos medicamentos constituyen el 86% de las recetas en Estados Unidos. La reducción en precios sería de gran beneficio para Puerto Rico.

10. Crear un programa de incentivos para formalizar empresas que operan sin permisos y ponerlas en condiciones de contribuir a la reactivación económica. Estimamos que en Puerto Rico hay cerca de 7,000 – 8,000 micro y pequeñas empresas que podrían recibir adiestramiento, acompañamiento técnico y amnistías para convertirse en un sector dinámico de la economía social. Se pueden diseñar mecanismos asociativos para reunirlas por clusters e incentivar su crecimiento.

Tenemos talento y capacidades instaladas y podemos comenzar mañana si lo decidimos.   Por más empresas extranjeras que vengan a Puerto Rico; por más cabilderos y consultores de Wall Street y calles adyacentes; por más leyes, reglamentos, normas y órdenes que emita el gobierno federal de los Estados Unidos; por más sonrisas populistas y promesas de los políticos trillados del patio, Puerto Rico no podrá superar el colapso si no hacemos un cambio de enfoque, de estrategia y de actores sociales.   Es decir, si cada una de las personas que está aquí hoy no es capaz de hacer un introspección preguntándose qué puedo hacer yo en esta coyuntura por Puerto Rico y se dispone a hacerlo y a buscar a otras personas que se sumen al esfuerzo.

No cobrar conciencia de la urgencia que tenemos, y no disponerse realmente a aportar a la construcción de un gran movimiento de refundación transformadora, significa aceptar que para el resto de nuestras vidas y la vida de nuestra descendencia, Puerto Rico será una sociedad, como decía Xabier Gorostiaga, de las viejas copas de champán: con una boca muy ancha y repleta del elixir y una base angosta donde se agolpa la muchedumbre hambrienta. Si rechazamos esa previsible sociedad debemos comenzar ya porque llegó la hora de salir del marasmo.

 

[1]   “Del colapso a la refundación de Puerto Rico”. 80Grados, 3 de noviembre de 2017; En: http://www.80grados.net/del-colapso-a-la-refundacion-de-puerto-rico/; “Pobreza, desigualdad y violación de derechos humanos en la colonia de Puerto Rico: el sustrato de la catástrofe”. 80Grados, 15 de diciembre de 2017. http://www.80grados.net/pobreza-desigualdad-y-violacion-de-derechos-humanos-en-la-colonia-de-puerto-rico-el-sustrato-de-la-catastrofe/

[2]   Según lo informa El Nuevo Día el 22 de enero de 2018. Ver:https://www.elnuevodia.com/negocios/economia/nota/anticipanunanuevacaidadelaeconomialocal-2391788

[3]   “¿Es posible contener el precio de los medicamentos en Estados Unidos?” Scientific American, 25 de agosto de 2016. En:https://www.scientificamerican.com/espanol/noticias/reuters/es-posible-contener-el-precio-de-los-medicamentos-en-estados-unidos/

[4] “El gran negocio de las farmacéuticas que encarecen medicamentos genéricos”. CNN 23 septiembre, 2015.http://cnnespanol.cnn.com/2015/09/23/el-gran-negocio-de-las-farmaceuticas-que-encarecen-medicamentos-genericos/

[5]   “Aumento de los precios de medicamentos genéricos en Estados Unidos”. Info Farmacia. Com. 11 octubre de 2014. En:http://www.info-farmacia.com/medico-farmaceuticos/informes-tecnicos/aumento-de-los-precios-de-medicamentos-genericos-en-estados-unidos

[6]   Ver varios artículos sobre el tema en este portal de El Nuevo Herald, 20 de octubre de 2017:http://www.elnuevoherald.com/noticias/estados-unidos/article180091396.html

[7]   “El medio ambiente: otra víctima del huracán” María. El Vocero, AP 16 de octubre de 2017.   En:http://www.elvocero.com/actualidad/el-medio-ambiente-otra-v-ctimadel-hurac-n-mar/article_f71bbb60-b2ad-11e7-ab5e-f34a0a012f82.html

 

Marcia Rivera

Profesora universitaria, socióloga con múltiples estudios sobre los procesos electorales de Puerto Rico, la pobreza y las comunidades, la mujer trabajadora, feminismo y la educación. Fundadora del Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña (Cerep). Analista política en la televisión y en otros medios. Se desempeña hoy como Directora Área de Políticas Sociales del Instituto Latinoamericano de Educación para el Desarroillo (ILAEDES)de Uruguay.

 

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Llegó la hora de salir del marasmo

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