Por qué el fascismo es la fuerza de choque del 155 (cast/cat)

Por Xavier Godàs 

La proliferación de nazis en la calle es ostensible desde que fueron convocados a la primera gran manifestación españolista del 8 de octubre en Barcelona.

Los fascistas han vuelto a salir a campar por las calles, de cacería. Su lema es la violencia. En Cataluña la proliferación de nazis en la calle es ostensible desde que fueron convocados a la primera gran manifestación españolista del 8 de octubre en Barcelona. Otras ciudades del Estado, particularmente Valencia y Madrid, también han experimentado el incremento de la presencia pública de fascistas en manifestaciones y disturbios aprovechando el clima generado contra el conflicto catalán. Esto, en cuanto a los fascistas militantes. Hemos podido ver, también, cómo han proliferado actitudes propias de un fascismo cultural, civil, casi de carácter familiar: el famoso “A por ellos” como expresión popular de un sentir catalanofóbico. Un “A por ellos” empleado como grito de guerra también por policías de viaje en Cataluña. Y hemos comprobado con estupor como la Policía Nacional y la Guardia Civil cuentan entre sus destacados miembros en sindicatos policiales y asociaciones a activistas decididos de extrema derecha.

La policía municipal de Madrid nos queda lejos, pero marca el tono de un espíritu nazi incrustado en componentes de los cuerpos armados: loas a Hitler y el nazismo; deseos de muerto a repartir entre inmigrantes de todo tipo, y apología del asesinato contra políticos de izquierdas, republicanos y/o independentistas. Un “A por ellos” algo más sutil pero igualmente incendiario ha estallado entre el periodismo español nacionalista, como en el caso de “Espejo Público”, confirmando a sus audiencias que la catalanofobia es una emoción justificable. En fin, para acabarlo de sazonar, el Tribunal Constitucional es tajante en el encarcelamiento de cargos electos y dirigentes independentistas pacíficos pero suspende cautelarmente el ingreso en prisión de los fascistas asaltantes de Blanquerna formalmente condenados. Podríamos continuar hasta la extenuación con otros muchos ejemplos.

Pero, si cómo se nos insiste, vivimos en democracia, ¿por qué es posible la expresión desacomplejada del fascismo? Sencillamente, porque en España el fascismo está blanqueado y es normal: forma parte del horizonte del sistema político español. De hecho el mismo Partido Popular flirtea constantemente con él. Personajes como los señores Albiol y Casado son un claro ejemplo. Dos políticos del PP perfectamente homologables a la extrema derecha europea; dos parafascistas que hacen gala de su agresividad y su labrada ignorancia.

¿Qué es lo que marca la diferencia en el tratamiento del fascismo en España respecto a otros estados europeos de pasado fascista? Pues el hecho histórico que en el Estado Español la Ley de Reforma Política, impulsada por las instituciones franquistas en 1976, blanqueó definitivamente el fascismo contenido en el Movimiento Nacional. De hecho, normalizó al conjunto del franquismo. Porque España llega a la democracia formal mediante un proceso de reforma pilotada por el sector reformista de la dictadura. Una dictadura, no lo olvidemos, protegida por el bloque militar occidental durante la guerra fría, con los EE.UU. al frente. En este marco histórico, la dictadura de Franco fue concebida por muchas democracias liberales europeas como un mal menor en la cruzada geopolítica antisoviètica. La dictadura española ofreció sus servicios a Occidente erigiéndose en muro de contención del comunismo y permitiendo convertirse en plataforma militar de los EE.UU. y, por derivada estratégica, de la OTAN.

Sin embargo, a partir de 1975 el estado de derecho español se estructuró en base a concesiones progresivas a las fuerzas democráticas sin alterar la estructura institucional básica de la España concebida de azul: la indisoluble unidad de la nación española, las fuerzas armadas como garantes de la integridad territorial del Estado, las autonomías uniformizadas que concretan paradigmáticamente la unidad nacional, la misma monarquía impuesta por el dictador. Se trataba de pervivir en el marco de las democracias formales europeas en proceso de coordinación en un mercado común y en políticas generales que conformarían con el tiempo la UE. Seamos conscientes del hecho de que no fue bastante fuerte la oposición democrática del conjunto del Estado como para hacer caer la dictadura en vida del dictador. Cuando no se es bastante fuerte, el oponente delimita las reglas del juego. Seguro que en aquel contexto las fuerzas democráticas, particularmente los comunistas y los republicanos, valoraron los avances que se estaban haciendo como necesarios a la luz de la correlación de fuerzas existente, pero el tiempo ha demostrado que la democracia resultante es deficiente; que las pautas político-culturales del franquismo mantienen su dinamismo en el despliegue del régimen del 78 hasta nuestros días.

En consecuencia: la democracia española políticamente secuestrada por una transición hegemónicamente franquista, consiente el fascismo porque la evolución de las instituciones de la dictadura a las resultantes de la transición española comportó el pacto de que ningún responsable del régimen dictatorial tuviera que rendir cuentas de su pasado ni de sus actos. La transición fue, entre otras cosas, la consumación de un blanqueo en toda regla de la obra de Franco y del espíritu del Movimiento Nacional. Cómo si no hubiera existido el fascismo español. La teoría de las dos españas señalaba la republicana como fuente de desórdenes y violencia. Franco, en fin, presentado casi como una necesidad histórica para poner orden en un periodo histórico desordenado, plagado de conflictividad social y confrontaciones nacionales interiores. Así, con una parte del pueblo sometido a la derrota, con muertos mal enterrados en los arcenes de caminos y carreteras y con una historia criminal todavía por revisar, España es un estado donde el fascismo puede pervivir sin problemas y expresarse sin dificultades, porque ha sido absuelto por pactos de las élites políticas a espaldas de la ciudadanía.

Por lo tanto, tenemos que entender que cuando la concepción de la unidad patria concebida por Franco y el Movimiento Nacional está en peligro, es lógico que los fascistas salgan de sus madrigueras a hacer de fuerza de choque del bloque del 155 en Cataluña, y a torpedear cualquier resquicio de republicanismo en el Estado que pueda empatizar con alguna solución para Cataluña que no pase por la misma medicina constitucional de siempre. Actúen desacomplejadamente porque el sistema político español dominante los incluye como parte de la familia. Forman parte desde 1939.

 

 


 

Per què el feixisme és la força de xoc del 155

 

“La proliferació de nazis al carrer és ostensible des que varen ser convocats a la primera gran manifestació espanyolista del 8 d’octubre a Barcelona”

Els feixistes han tornat a sortir a campar pels carrers, de cacera. El seu lema és la violència. A Catalunya la proliferació de nazis al carrer és ostensible des que varen ser convocats a la primera gran manifestació espanyolista del 8 d’octubre a Barcelona. Altres ciutats de l’Estat, particularment València i Madrid, també han experimentat l’increment de la presència pública de feixistes en manifestacions i aldarulls aprofitant el clima generat contra el conflicte català. Això, pel que fa als feixistes militants. Hem pogut veure, també, com han proliferat actituds pròpies d’un feixisme cultural, civil, gairebé de caràcter familiar: el famós “A por ellos” com a expressió popular d’un sentir catalanofòbic. Un “A por ellos” emprat com a crit de guerra també per policies de viatge a Catalunya. I hem comprovat amb estupor com la Policia Nacional i la Guàrdia Civil compten entre els seus destacats membres en sindicats policials i associacions a activistes decidits d’extrema dreta.

 

La policia municipal de Madrid ens queda lluny, però marca el to d’un esperit nazi incrustat en components dels cossos armats: lloes a Hitler i el nazisme; desitjos de mort a repartir entre immigrants de tota mena, i apol·logia de l’assassinat contra polítics d’esquerres, republicans i/o independentistes. Un “A por ellos” un xic més subtil però igualment abrandat ha esclatat entre el periodisme espanyol nacionalista, com en el cas de “Espejo Público”, tot confirmant a les seves audiències que la catalanofòbia és una emoció justificable. En fi, per acabar-ho d’adobar, el Tribunal Constitucional és taxatiu en l’empresonament de càrrecs electes i dirigents independentistes pacífics però suspèn cautelarment l’ingrés a presó dels feixistes assaltants a Blanquerna formalment condemnats. Podríem continuar fins a l’extenuació amb molts altres exemples.

 

Però, si com se’ns insisteix, vivim en democràcia, per què és possible l’expressió desacomplexada del feixisme? Senzillament, perquè a Espanya el feixisme està blanquejat i és normal: forma part de l’horitzó del sistema polític espanyol. De fet el mateix Partit Popular hi flirteja constantment. Personatges com els senyors Albiol i Casado en són un clar exemple. Dos polítics del PP perfectament homologables a l’extrema dreta europea; dos parafeixistes que fan gal·la de la seva agressivitat i la seva llaurada ignorància.

 

Què és el que marca la diferència en el tractament del feixisme a Espanya respecte d’altres estats europeus de passat feixista? Doncs el fet històric que a l’Estat la Llei de Reforma Política, impulsada per les institucions franquistes el 1976, blanquejà definitivament el feixisme contingut en el Movimiento Nacional. De fet, normalitzà el conjunt del franquisme. Perquè Espanya arriba a la democràcia formal mitjançant un procés de reforma pilotada pel sector reformista de la dictadura. Una dictadura, no ho oblidem, protegida pel bloc militar occidental durant la guerra freda, amb els EE.UU. al capdavant. En aquest marc històric, la dictadura de Franco fou concebuda per moltes democràcies liberals europeees com un mal menor en la creuada geopolítica antisoviètica. La dictadura espanyola oferí els seus serveis a Occident erigint-se en mur de contenció del comunisme i permetent esdevenir plataforma militar dels EE.UU. i, per derivada estratègica, de l’OTAN.

 

Amb tot, a partir de 1975 l’estat de dret espanyol s’estructurà en base a concessions progressives a les forces democràtiques sense alterar l’estructura institucional bàsica de l’Espanya concebuda de blau: la indissoluble unitat de la nació espanyola, les forces armades com a garants de la integritat territorial de l’Estat, les autonomies uniformitzades que concreten paradigmàticament la unitat nacional, la mateixa monarquia imposada pel dictador. Es tractava de perviure en el marc de les democràcies formals europees en procés de coordinació en un mercat comú i en polítiques generals que conformarien amb el temps la UE. Siguem conscients del fet que no fou prou forta l’oposició democràtica del conjunt de l’Estat com per fer caure la dictadura en vida del dictador. Quan no s’és prou fort, l’oponent delimita les regles del joc. Segur que en aquell context les forces democràtiques, particularment els comunistes i els republicans, valoraren els avenços que s’estaven fent com a necessaris a la llum de la correlació de forces existent, però el temps ha demostrat que la democràcia resultant és deficient; que les pautes político-culturals del franquisme mantenen el seu dinamisme en el desplegament del règim del 78 fins als nostres dies.

 

En conseqüència: la democràcia espanyola políticament segrestada per una transició hegemònicament franquista, consenteix el feixisme perquè l’evolució de les institucions de la dictadura a les resultants de la transició espanyola comportà el pacte que cap responsable del règim dictatorial hagués de passar comptes del seu passat ni dels seus actes. La transició fou, entre d’altres coses, la consumació d’un blanqueig en tota regla de l’obra de Franco i de l’esperit del Movimiento Nacional. Com si no hagués existit el feixisme espanyol. La teoria de les dues espanyes assenyalava la republicana com a font de desordres i violència. Franco, en fi, presentat gairebé com una necessitat històrica per posar ordre en un període històric desordenat, plagat de conflictivitat social i confrontacions nacionals interiors. Així, amb una part del poble sotmès a la derrota, amb morts mal enterrats als vorals de camins i carreteres i amb una història criminal encara per revisar, Espanya és un estat on el feixisme pot perviure sense problemes i expressar-se sense dificultats, perquè ha estat absolt per pactes de les elits polítiques a esquena de la ciutadania.

 

Per tant, hem d’entendre que quan la concepció de la unitat pàtria concebuda per Franco i el Movimiento Nacional està en perill, és lògic que els feixistes surtin dels seus caus a fer de força de xoc del bloc del 155 a Catalunya, i a torpedinar qualsevol resquici de republicanisme a l’Estat que pugui empatitzar amb alguna solució per a Catalunya que no passi per la mateixa medicina constitucional de sempre. Actuen desacomplexadament perquè el sistema polític espanyol dominant els inclou com a part de la família. En formen part des de 1939.

2 Comentarios
  1. Porque los adoradores de franco y hitler son los unicos de acuerdo con un golpe de estado. A falta de materia gris, buenas son mentiras.

    Tanto beeeeenezuela y luego apoyan a franco. Sera porque Chavez o Maduro era/es demasiado flojo/s?? Ni ellos saben.

  2. Yo lo que no me puedo creer es que ciudadanos vaya a ganar las elecciones del 21D.
    Osea que el 1-O eran cadi todos independentistas y ahora 1mes más tarde. Son casi todos esxpañistanis…
    Hablan de fraude en Venezuela, que si Rusia se inmiscuye… Y los que van hacer “Pucherazo” van a ser ellos.
    Igual que en los años 70 y 80. En Belfast.
    Dónde hasta en barrios puramente Católicos. Ganaban los unionistas Británicos.
    En fin…

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