Publicado en: 13 agosto, 2017

Paseantes

Por Jose Luis Merino

Pasear para vivir mejor, como Confucio, Robert Walser y tantos otros…

Ya en tiempos de Confucio se recordaba al pueblo la siguiente advertencia: vive mucho, quien anda mucho. Por vías occidentales se mencionaba a los tres médicos de la Antigüedad: el agua, la dieta y el ejercicio. Considerando que estamos en el verano de 2017, nada nos impide escribir lo que sigue…

El paseo de la Ría bilbaína, en diferentes horas de la mañana y la tarde, presenta una amplia idiosincrasia del paisanaje. De una parte, el paseo como prescripción médica, de otra, para estar en forma o porque es una buena manera de conocerse. Algunos pasean en grupo, otros por parejas, otros para salirse de la manada. Hay muchas formas de pasear. Está quienes corren como si se entrenaran para un maratón. Otros van a paso ligero del corazón. Aquel de allá apoyándose en dos bastones de esquí. Y los más dejándose pasar por los campeones de la prisa. Mientras dos perros se oliscan, los dueños acaban de conocerse. Más adelante, alguien llama a la perrita remolona: “Vamos, Carlota, que se hace tarde”. No pocos de los paseantes hablan en sus móviles (a unos los han llamado y otros llamaron ellos, para no aburriese demasiado). Pasan unos jóvenes con los móviles en las manos, como camareros portando bandejas de licores y refrescos. Para algunos, los móviles cumplen la función de poder hablar, lo mismo de lo sustancial como de lo superfluo, y siempre como una afirmación de su mayoría de edad (“sin móvil a la vista no eres nadie”, lo dijo un sociólogo de poco pelo). De cuando en cuando pasan ciclistas, a energúmenas velocidades, a escasos centímetros de los peatones.

Gracias a los paseos por el paisaje montañoso próximo al psiquiátrico donde estaba recluido desde hacía muchos años, un ilustre escritor, llamado Robert Walser, se des-enloquecía, escuchando las voces del viento, el rumor de las hojas de los árboles, el paso de las nubes y el transcurrir de los días.

Un caso extremo es el de Robert Walser, pero conmovedor para sus fieles admiradores, entre ellos Franz Kafka.

Otros muchos siguieron y seguirán su ejemplo, porque el caminar es siempre un bálsamo para vivir mejor.

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