Publicado en: 9 agosto, 2018

Partido y violencia revolucionaria en el pensamiento político de Marx

Por ABP ecuador

El fantasma comunista convertido en Partido, no teme reconocer ante el mundo sus fines, y estos consisten en acabar con el capitalismo, en tomar el poder por la fuerza, en acabar con la propiedad privada.

MOVIMIENTO GUEVARISTA TIERRA Y LIBERTAD para ABP Ecuador

 

Dentro del pensamiento político de Marx, los conceptos de Partido y Violencia Revolucionaria son conceptos fundamentales para entender la construcción teórica y práctica que se levantará bajo el nombre de comunismo o socialismo científico. Y los mismos serán desarrollados por el marxismo posterior, tanto en la práctica concreta como en la reflexión generada en torno a su aplicación en las diferentes realidades. Pero la fidelidad a los principios cardinales, requiere leer con atención los cinco textos que configuran la base política del marxismo: El Manifiesto del Partido Comunista, El Dieciocho de Brumario, La Guerra Civil en Francia y la Crítica al Programa de Gotha.

El Manifiesto del Partido Comunista

El Manifiesto del Partido Comunista es uno de los más grandes libros de la historia de la especie. En sus pocas páginas resume de manera magistral toda una nueva concepción de la realidad, de la historia, de la política y del pensamiento. Esta concepción llamada marxismo será la base sobre la cual se levantará todo el pensamiento posterior, y la guía de millones de seres humanos que buscarán transformar conscientemente sus condiciones de opresión y miseria. Fue resultado de casi medio siglo de lucha de los círculos clandestinos comunistas de Francia y Prusia que, tras el fin de la Gran Revolución, habían comenzado a denunciar los límites de las sociedades burguesas y soñar con la construcción de una sociedad dialécticamente superior.

Dentro de la misma Gran Revolución, comenzaron a surgir voces críticas del mismo orden burgués que comenzaba a nacer, las mismas que fueron acalladas por la misma burguesía: Robespierre, burgués, pero radical y principal dirigente del periodo revolucionario, sería traicionado y asesinado, para implantar el Termidor reaccionario, Marat “El amigo del pueblo”, radical y dirigente político de “El Terror” sería asesinado por una conspiración monárquica, y Gracco Babbeuf y Buonarroti, quienes tras la caída de Robespierre desarrollarán las ideas de que es posible construir una sociedad superior a la capitalista, que es posible alcanzar, lo que ellos llamaban, la “igualdad perfecta” basada en la posesión común de bienes y la fraternidad entre todos los seres humanos, y que dicho estado puede ser alcanzado por una nueva Revolución, estas propuestas quedarían plasmadas en el “Manifiesto de los Plebeyos” (antecedente directo del Manifiesto Comunista) e intentarían ser llevadas a cabo en una Insurrección, que pasó a la historia como La Conspiración de los Iguales que buscaba implantar una sociedad comunista. La Conspiración fue derrotada y Babbeuff terminó en la guillotina, pero la idea comunista comenzó a germinar en las clases populares de Francia durante el Termidor, el Imperio y la Restauración.

Para mediados del siglo XIX, se habían desarrollado tres tipos de movimientos revolucionarios: movimientos radicales políticos autodenominados comunistas, surgidos en torno a los restos de la “Conspiración de los Iguales” de Babbeuff y Buonarroti, que se habían aglutinado en torno a los “Círculos Clandestinos” en Francia que conspiraban contra la restauración monárquica, movimientos Socialistas Utópicos seguidores de Fourier, Saint- Simon, Owens, o Ricardo y que realizaban experimentos sociales y productivos especialmente en Inglaterra, y grupos intelectuales surgidos de la izquierda hegeliana que realizaban círculos de estudio, periódicos y críticas al Kaiser en Prusia. Karl Marx pertenecía a este tercer grupo.

El encuentro de Marx con un joven comunista alemán, hijo de burgueses y heredero de la fábrica “Ermen & Engels” Federico Engels, quien junto con Mary Burns habían realizado un estudio y un proceso organizativo de las condiciones de vida de la clase obrera inglesa, radicalizarán al joven Marx que pronto criticará la impasividad de los teóricos hegelianos alemanes, y desterrado en París se unirá a los círculos radicales comunistas, en específico a la llamada “Liga de los Justos”; conformada en su gran mayoría por emigrados alemanes.

La presencia de Marx, Engels, Prohudon, Bakunin, Wolff y otros en la “Liga de los Justos”  la radicaliza aún más y pasan a llamarse “La Liga de los Comunistas” y encargan a los dos jóvenes filósofos la redacción de un Manifiesto público. Cabe resaltar que la radicalización fue de la mano de un continuo proceso de crisis política y económica en Francia y Prusia, que desembocaría en las insurrecciones de 1848 que terminarían con la “Restauración” de Luis Felipe, y que convulsionarían la zona rural de Prusia. No obstante, para fines del año 47, Marx y Engels estaban concentrados en la redacción de la inmortal obra. La misma que consta de un borrador previo, llamado “Principios del Comunismo” redactado exclusivamente por Engels, y que será la base para el desarrollo del Manifiesto posterior.

El Manifiesto del Partido Comunista sería publicado en Londres el 21 de Febrero de 1848, consta de cinco partes, una breve declaración que comienza con el histórico “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, el primer capítulo llamado “Burgueses y Proletarios”, el segundo capítulo “Proletarios y Comunistas”, el tercero “Literatura socialista y comunista” y un último llamado “Actitud de los comunistas respecto de los diferentes partidos de oposición”. Las tesis de Marx y Engels serían puestas a prueba para mediados de 1848 cuando un levantamiento general derroca a Luis Felipe en Francia y los comunistas organizan un intento insurreccional contra el nuevo régimen, y cuando en Prusia se produce un gigantesco levantamiento obrero y campesino. La insurrección en Francia es derrotada rápidamente y Marx es expulsado a Bélgica, para terminar en Inglaterra, donde iniciará su largo destierro donde, en medio de la pobreza más angustiante, escribirá El Capital, y fundará la Asociación Internacional de Trabajadores, conocida en la historia como la Primera Internacional.

Mientras tanto, Engels se enrolará en los batallones guerrilleros que combatían al Kaiser en Prusia, (a pesar de las advertencias de Marx de no hacerlo, puesto que la derrota era previsible), los mismos que serán  derrotados por las tropas del Reich, y terminará en Manchester, bajo el yugo de su mismo padre, dedicado a llevar la contabilidad de la empresa, e imposibilitado de volver a Prusia o Francia, desviando fondos de la empresa paterna para ayudar a Marx y financiar la naciente Internacional. Recién con la muerte del padre de Engels, este podrá ayudar de mejor manera a Marx, pero para entonces la miseria londinense se había llevado a varios de sus hijos y enfermado irremediablemente al inmortal pensador y su esposa, muriendo ambos años después como consecuencia de las durísimas condiciones a los que el destierro los sometió.

El Manifiesto del Partido Comunista inicia con la frase icónica de “Un fantasma recorre Europa”, donde se comienza a desarrollar la noción de que el Comunismo ha aparecido en la historia como una fuerza política destinada a transformar la sociedad moderna en una forma superior de sociedad, y que todas las fuerzas del Viejo Régimen, están condenadas a ser enterradas en el basurero de la historia junto con todo lo que conforma la formación económico- social capitalista.

El fantasma comunista se convierte en la encarnación terrestre y materialista del viejo Espíritu de la historia, ya no como una entidad ideal trascendente, sino como el proletariado que ha tomado consciencia de sí mismo y que lucha por destruir el actual orden de dominación y liberar a las fuerzas productivas de las caducas relaciones sociales burguesas. Esta conciencia histórica convierte a los comunistas en los más feroces adversarios de la burguesía, y por lo tanto esta comenzó una lucha ideológica por las conciencias de los pueblos para desprestigiar todo lo que tenga que ver con una propuesta societal diferente. Marx y Engels describen como el comunista se convierte en epíteto en boca de los corifeos de la burguesía para ideologizar a las masas buscando que estas rechacen la única alternativa para construir un mundo de justicia sobre las ruinas de la sociedad burguesa.

Esto implica que desde sus inicios el comunismo fue reconocido como una fuerza política capaz de destruir la sociedad capitalista, el fantasma comunista implica la conciencia de la misma burguesía de que sus días como clase dominante y su orden social están condenados a desaparecer. El fantasma comunista es el terror de la burguesía a aceptar que ha nacido en su mismo seno la fuerza destinada a destruirla. Sus mismos proletarios, su misma fuerza de trabajo, esos mismos brazos sin los cuales no puede sobrevivir, serán los brazos que empuñarán las armas que la destruirán. Al reconocer al fantasma comunista como una verdadera fuerza política se hace necesario que los comunistas expongan sus verdaderos fines y propósitos.

El fantasma del comunismo dejará a partir de entonces de ser una leyenda en boca de los aterrorizados burgueses, para convertirse en un verdadero partido combatiente que les hará sudar frío de terror ante su arremetida en la historia. El fantasma comunista convertido en Partido, no teme reconocer ante el mundo sus fines, y estos consisten en acabar con el capitalismo, en tomar el poder por la fuerza, en acabar con la propiedad privada. Nunca antes se vio un Partido tan radical, tan valiente, tan dispuesto a enfrentar los retos de la historia. La clase proletaria es la clase del porvenir, una clase tan activa, tan dinámica, que todas las columnas de la historia tienen que temblar ante ellos.

El Manifiesto del Partido Comunista es el resultado de la unión revolucionaria de comunistas de las diferentes naciones, que han esperado a la sombra el momento de iluminar al mundo con la llamarada roja de la revolución, y que han redactado un libro que será el mayor golpe que podría haber recibido la burguesía en su historia, un folleto que es más poderoso que cualquier arma o cualquier ejército, unas cuantas páginas que destruyen bibliotecas de ideología burguesa, un libro que disputará la conciencia de las masas a las escuelas, iglesias y medios de comunicación de las clases dominantes, y que cada vez que una reorganización general de la sociedad se aproxima, se levanta como un fantasma rojo que pone a trepidar a los cobardes burgueses escondidos en sus lujosas viviendas construidas con sangre y huesos de generaciones de obreros.

El primer capítulo del Manifiesto del Partido Comunista inicia afirmando que la historia de todas las sociedades es la historia de la lucha de clases. Esto abre una nueva concepción de la historia y la sociedad, que hasta ese entonces había sido vista como resultado de acciones individuales o una manifestación de entidades metafísicas, y es propuesta como resultado concreto de la acción revolucionaria de clases que se alzan contra el orden de dominación establecido.

Marx y Engels describen en este punto la dialéctica de la historia, existe un desarrollo de las fuerzas productivas, estas generan una serie de relaciones sociales de producción que permiten y potencian este desarrollo, pero en un momento determinado estas mismas relaciones se vuelven un freno para las fuerzas productivas, y en ese momento las clases oprimidas, dominadas, comienzan a generar en su misma vida nuevas relaciones sociales que permitirían el desarrollo de las fuerzas productivas, y entonces la lucha de clases se agudiza y las revoluciones terminan por liberar las fuerzas productivas y dar origen a nuevas formaciones sociales.

La burguesía y la sociedad capitalista mismas son resultado de este proceso, la burguesía se impone como clase dominante por sobre las viejas clases feudales y aristocráticas, liberando a las fuerzas productivas de las cadenas del viejo régimen y permitiendo un gigantesco desarrollo productivo no visto por sociedades anteriores.  La sociedad burguesa se levanta sobre la industria, sobre la descomunal producción de mercancías que genera los afanes de enriquecimiento burgués, pero también sobre los productores de dicha mercancía, mientras se desarrolla la industria va sembrando por el mundo a millones de obreros que dejan su fuerza de trabajo en las fábricas burguesas para el enriquecimiento social. Esto da origen al aparecimiento de una nueva clase, de una clase numerosa, educada, política, el Proletariado Moderno

El capitalismo desde su origen necesita globalizarse, y al hacerlo genera toda una clase mundial proletaria, que pone en jaque a la misma sociedad burguesa que le dio origen. Y en esta lucha la burguesía genera una sociedad a la necesidad de su modo de acumulación, una sociedad con un Estado, que no es otra cosa que un instrumento de dominación que administra los negocios comunes a toda la burguesía, y que genera unas leyes que no son otra cosa que la voluntad de la clase dominante. Y los obreros comienzan a luchar contra la opresión, en un primer momento de manera aislada, se enfrentan a sus burgueses individuales, destruyen las máquinas que les quitan el trabajo, luego se van organizando en redes, después luchan contra sus burgueses nacionales, y son derrotados, pero el resultado de estas luchas no es, ni puede ser la victoria final, sino la politización y organización más extensa de la clase obrera. A medida que el proletariado se concientiza y en un algún momento reconoce que la única forma de superar sus condiciones de opresión es derribando todo el orden social burgués y construyendo una sociedad dialécticamente superior a la capitalista. El proletariado es la clase social revolucionaria por excelencia, es la única clase que es revolucionaria, es la única clase que puede construir una forma superior de sociedad.

El proletariado es el resultado del sistema capitalista, es aquel que con su trabajo genera riqueza, es aquel que luchó junto con la burguesía para acabar con el Viejo Régimen, y que adquirió en esta lucha el conocimiento y las armas para su propia emancipación, el proletariado como clase revolucionaria moderna se convierte en el Sujeto de la Historia, la burguesía está condenada a ser enterrada en el basurero de la historia junto con su modo de producción de opresión y dominación, y el Sujeto de la Historia a construir una nueva sociedad, liberando a las fuerzas productivas de las cadenas burguesas y comenzando por fin la verdadera historia de la especie.

El segundo capítulo del Manifiesto, inicia con una descripción de las características de lo que implica ser comunista. Por lo tanto es una valiosa guía para no caer en el revisionismo o el dogmatismo. Comienza afirmando claramente que los comunistas no forman un Partido aparte del movimiento obrero, no tiene, ni puede defender intereses especiales o diferentes a los intereses de los trabajadores. No se desconectan de las luchas particulares y nacionales, participan de todas las reivindicaciones de los oprimidos, pero en todas ellas hacen valer los intereses generales de toda la clase obrera, es decir, la lucha general por la emancipación de la clase proletaria.

Los comunistas por lo tanto son el sector de vanguardia de los partidos obreros de todos los países. Al mismo tiempo son el sector formado teóricamente que es capaz de observar, analizar y guiar al movimiento obrero hacia la consecución de sus fines emancipatorios. Las ideas comunistas no salen de la cabeza de ningún reformador de la realidad, son resultado de la misma lucha proletaria y el movimiento histórico general de la sociedad. Por lo tanto, los comunistas tienen el siguiente plan general de acción: constitución de los proletarios como partido, derrocamiento de la burguesía como clase dominante, conquista del poder político.

El objetivo de los comunistas se resume en la abolición de la propiedad privada. Esta abolición constituye la culminación de un proceso histórico iniciado por la misma burguesía, puesto que el capitalismo ha abolido ya toda propiedad personal fruto del esfuerzo y del trabajo, y ha concentrado la propiedad en manos de unos cuantos burgueses. Los comunistas lo que harán es terminar este proceso aboliendo la propiedad privada burguesa. El capital, la riqueza es un producto colectivo, parte de la expropiación de la propiedad individual y su concentración en manos burguesas, y luego se acumula mediante la explotación de la fuerza de trabajo obrera, y este es un proceso social, por lo tanto, al abolir la relación social capital, simplemente se está distribuyendo la riqueza producida socialmente, en manos de la misma sociedad que la produce.

Al realizar este proceso se abolirán al mismo tiempo todas las demás relaciones sociales de producción que sustentan el capitalismo, Marx y Engels mencionan que al abolir el capital se abolirá la personalidad burguesa en todas sus formas, es decir, se abolirá al sujeto alienado. Al abolirse el sujeto alienado se terminará también con toda la cultura burguesa, ese arte que Mariátegui decía que se construye solo para adular “el gusto mediocre de la burguesía” y que cada vez es peor, más obsceno, y más vacío, será enterrado en el basurero de la historia junto con los sujetos alienados que lo crean como un producto de mercado.

La familia dejará de ser la propiedad privada del pater familias, los hijos dejarán de ser los famulus (esclavos)  del padre, se transformará la estructura familiar y se construirá sobre la libertad y el bienestar comunitario. La prostitución oficial desaparecerá, así como la miseria sexual que provoca la estructura familiar. Las patrias desaparecerán y darán paso a nuevas formas de organización social. El proletariado no tiene familia, no tiene educación, no tiene Patria, y por eso generará nuevas formas sociales que permitan el desarrollo de las fuerzas productivas

Es por esto que la Revolución Comunista es la ruptura más radical de la historia de la especie, porque cambiará las circunstancias y los hombres de manera nunca antes vista. El proletariado se elevará a clase dominante acabando con la democracia burguesa, instaurando la Dictadura del proletariado, y mediante esta dominación política terminará  con el capital de la burguesía, y para esto será necesario una violación despótica del derecho a la propiedad. Esta dictadura será la primera fase del comunismo, donde el proletariado suprimirá las relaciones de producción burguesas y al mismo tiempo se suprimirá a sí mismo como clase, dando paso a una organización social sin propiedad privada y sin clases sociales, naciendo una asociación social donde la libertad colectiva será la garantía de la libertad personal.

El tercer capítulo del Manifiesto ha sido olvidado por las diferentes lecturas del texto que se han realizado a lo largo de la historia. Sin embargo, este olvido genera una serie de problemas graves al momento de aplicar y entender el comunismo y sus verdaderas características.  En este capítulo Marx y Engels describen las diferentes formas de falso socialismo o de socialismo reaccionario, formas que serían descritas en décadas posteriores como reformismo o revisionismo, es decir, la infiltración de pensamiento burgués, pequeño burgués o aristocrático en el seno del pensamiento obrero que termina por destruir y minar las estructuras revolucionarias.

La primera forma descrita por los autores es el socialismo reaccionario. El mismo que puede ser, entre otros un socialismo feudal, este tipo de socialismo surge de la misma aristocracia, que se siente atacada por el avance de la burguesía y el sistema capitalista. Esta vieja clase dominante al no poder adaptarse al nuevo modelo productivo rechaza el capitalismo y genera un ideario que fantasea con el regreso del viejo orden de dominación, disfrazándolo de socialismo. Esta forma de socialismo clama por el pasado, por la dominación feudal, de clamores cristianos sobre la igualdad, pero que no se levantan sobre la construcción socialista, sino sobre el imposible regreso al pasado.

Así mismo, el avance del capitalismo constriñe a la pequeño burguesía que ve terminarse su propiedad privada, y en lugar de asumir la ideología proletaria, tiende a levantar sus protestas contra el capital, pero enmascaradas de un socialismo que no revela las contradicciones, sino que las encubre. Esta es la forma más peligrosa de socialismo reaccionario, puesto que se infiltra en el Movimiento Obrero a través de los cuadros pequeño burgueses, que por sus condiciones de vida y educación asumen muchas veces la dirección de ciertos procesos. Esta fue la enfermedad que infectó a los Partidos Comunistas tras la muerte de Stalin, y que los llevó a convertirse en organizaciones revisionistas al servicio de los gobiernos burgueses.

Lenin mencionaba que el discurso contra el Imperialismo es un discurso vacío, sino va de la mano de la lucha contra esta forma de socialismo reaccionario en el mismo Partido Comunista. Otras formas de socialismo burgués o pequeño burgués son aquellas que se esconden tras discursos de la burguesía radicalizada, los mismos que adquieren la forma de movimientos anarquistas, sus discursos libertarios encubren el mismo proceso del libre mercado burgués, y olvidan que el socialismo proletario solo puede ser construido con organización, Partido y revolución. Marx y Engels alertan también contra el socialismo de los intelectuales, que se precia de infinitas discusiones sobre la realidad sin pasar nunca a la práctica concreta, y que se mueve en medio de la fantasía filosófica.

El cuarto capítulo menciona que los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses de la clase obrera en medio de toda lucha contra el sistema de dominación. Es decir, los comunistas participan de las luchas de los diferentes sectores, pero sin dejar jamás de tener clara consciencia del antagonismo irreconciliable entre burgueses y proletarios, y que la única forma de transformar la sociedad es con un proceso de revolución que trastoque todas las estructuras de la vieja sociedad burguesa. Esto se puede resumir en el hecho de que los comunistas apoyan todo movimiento revolucionario contra el régimen social existente, poniendo en estas luchas en primer término la cuestión de la eliminación de la propiedad privada. Esta característica es fundamental, por cuanto los comunistas no son un grupo dogmático y sectario de iluminados que dividen a las fuerzas populares, sino cuadros revolucionarios que unifican y proletarizan a las fuerzas del pueblo para generar procesos revolucionarios. El divisionismo y dogmatismo son también prácticas reaccionarias.

Finalmente, los únicos que pueden llevar adelante esta tarea revolucionaria son los proletarios, la única clase en la historia con la suficiente valentía para cambiar todas las circunstancias y los hombres, y generar una sociedad sin propiedad privada, sin clases, y para eso tendrá que librar innumerables batallas. Es por esto que los comunistas consideran que no se pueden ocultar sus fines y propósitos, y estos son la transformación radical y revolucionaria de la sociedad, y esto solo puede ser alcanzado por la “violencia revolucionaria”, que es distinta a la “violencia interpersonal o violencia de género”, este concepto refiere específicamente a comprender que la burguesía jamás entregará en bandeja de plata los medios de producción a los trabajadores, razón por la cual el proletariado tendrá que tomarlos por la fuerza y para ello innegablemente existirá una lucha violenta entre ambas clases.

Las clases dominantes tiemblan ante una Revolución Comunista, mientras que los proletarios no tienen en ella nada que perder, y por eso la pueden llevar hasta las últimas consecuencias. Y para este fin tendrán que unirse, los proletarios de todo el mundo unificados arrojarán al capitalismo al basurero de la historia. Y entonces tendrán frente así, el mundo realmente humano que acabarán de ganar.

El Dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte

El Dieciocho de Brumario es uno de los grandes textos políticos del marxismo, cargado de una fina y ácida ironía es la gran denuncia del parlamentarismo como la forma más desarrollada de opresión burguesa, y en su crítica Marx descubre la dialéctica reaccionaria del mismo Estado moderno y su tendencia a la imposición de regímenes autoritarios que revelan la verdadera cara de la democracia burguesa.

Comienza con la clásica frase parafraseando a Hegel de “los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces, una vez como tragedia y la otra como farsa”, para denunciar los acontecimientos suscitados en torno al fin de la restauración monárquica, la segunda república y la llegada del II Imperio bajo la dictadura de Luis Bonaparte. La monarquía francesa se había reconstituido tras el fin del Imperio Napoleónico, el proceso recorrido desde la Gran Revolución, el Terror, el Termidor, el Imperio y la Restauración, marcaron la historia de la modernidad, el inicio de la era de la burguesía estuvo marcada por este proceso político, pero que terminó por una gran alianza entre la aristocracia y la burguesía bajo la monarquía constitucional. No obstante la crisis política llevaría a este sistema a la bancarrota y se produciría un gran levantamiento que mostraría el verdadero rostro de las clases en pugnas.

La aristocracia optará por aceptar su destino silenciosamente, no obstante entre la naciente clase obrera y la burguesía preferirá aceptar el orden burgués que le permite mantener su estilo de vida desde la decadencia ociosidad. La llegada de Luis Bonaparte al poder significará para esta la aceptación de su lenta muerte en medio de la vagancia y el parasitismo. Las clases medias, la pequeño burguesía, la clase que organizó la revuelta contra la Restauración, frente a la posibilidad de una reorganización general de la sociedad, optaron por confiar en la decadente república parlamentaria. En lugar de optar por el valor de los jacobinos de la Primera República, estos nuevos republicanos asustados entregaron sus votos al partido del orden, para que este entregue la nueva república a la farsa del nuevo Bonaparte.

La burguesía, otrora clase revolucionaria, se había convertido en la pusilánime clase que conocemos hoy en día: débil, asustadiza, incapaz de enfrentarse sola a la aristocracia o a la clase obrera, amparada en el apoyo de potencias imperialistas, frente al advenimiento de la clase obrera, asustada decidió entregar el poder al lumpen (lumpenburgués y lumpenproletario) para administrar el Estado que se les iba de las manos. Este será el rasgo que distinguirá políticamente a la burguesía por el resto de su historia, cuando los sectores populares comienzan a avanzar, cuando se tambalea el orden, cuando se quiebra la hegemonía, entregará siempre el poder al lumpen para que este reprima brutalmente al proletariado e imponga la autoridad de dominación al servicio de la acumulación de propiedad privada. Esta práctica de la burguesía será la base para entender la imposición del fascismo en el siglo XX y XXI, cuando la burguesía se siente débil, siente que se quiebra su hegemonía, recurre a grupos fascistas (como fueron los nazis) para que éstos repriman los levantamientos populares y les permitan generar gigantescas ganancias. Luis Bonaparte fue eso, un representante de la lumpenburguesía, que se valió de grupos del lumpenproletariado para imponer el orden de manera dictatorial durante 23 años.

Por su parte el proletariado a partir de marzo de 1848 comenzó su actuación como clase independiente. Al observar la traición de la burguesía y la pequeño burguesía comprendió que una verdadera República solo puede surgir de la Dictadura del Proletariado, que las clases populares no pueden confiar ya en la República Parlamentaria, que la misma es una herramienta de dominación de la burguesía, y que en su administración no dudará en entregarla a quien sea que le garantice mantener el poder. La democracia es una forma de gobierno burguesa superada por la historia. La valiente burguesía del 79 se convirtió en una clase incapaz de cumplir con sus propios postulados ilustrados, por lo tanto solo el proletariado es la clase revolucionaria de la historia moderna, solo el proletariado puede cumplir los postulados de igualdad, libertad y fraternidad, solo el proletariado puede acabar con la aristocracia y las demás clases parasitarias, solo el proletariado puede iniciar un proceso de verdadera revolución.

Para Marx la primera derrota histórica del proletariado fue al mismo tiempo su primera victoria, la misma que está marcada por la acción del proletariado como clase independiente. A partir de 1848 el proletariado es la clase de vanguardia, clase que necesita generar sus propias formas de poder, de Estado,  de Ejército, de lucha y de sociedad. La sociedad burguesa está superada por la historia y los próximos siglos solo verán su desaparición en medio de tormentosas luchas sociales que la enterrarán en el basurero de la historia.

La Guerra Civil en Francia

La Guerra Civil en Francia es un análisis de los acontecimientos políticos de La Comuna de París, es decir del primer gobierno obrero de la historia, del primer intento de imponer la Dictadura del Proletariado. Encargado por la Internacional a Marx, constituye uno de los más importantes textos para comprender el Materialismo Histórico y el Socialismo Científico. En uno de sus prefacios Engels mencionará que la Comuna de París ha abierto un ciclo de intensas luchas por el poder político entre la burguesía y el proletariado, puesto que si bien, la derrota final de los comuneros implica que el proletariado todavía no estaba listo para hacerse con el poder político, ha quedado demostrado también que la burguesía tampoco puede ya sostenerse como clase dominante, y que por lo tanto, estamos ante el inicio de luchas terribles y violentas por alumbrar una nueva sociedad.

Para Marx La Comuna ha enseñado que solo el pueblo en armas puede contrarrestar el avance contrarrevolucionario de la burguesía en momentos de crisis de la hegemonía.  El pueblo de París levantado en armas había ocupado el Hotel de Ville e instaurado su propio gobierno, y bastaron unas cuantas descargas de fusilería para que los burgueses escaparan de la ciudad a Versalles, dejando París en manos de La Comuna, que inicio el primer gobierno obrero de la historia.  El proletariado no le basta solamente con tomar la maquinaria estatal y servirse de esta, sino que tiene que destruir el Estado burgués, el mismo que está construido según las necesidades de opresión capitalistas, y tiene que sustituir por una organización social generada para la liberación, esto era La Comuna, una nueva forma de Estado.

Las revoluciones burguesas lo único que hicieron fue perfeccionar la estructura represiva y reaccionaria del Estado, por eso la revolución proletaria tiene como perspectiva su destrucción revolucionaria. La construcción de una forma diferente de Estado, de una forma positiva de República donde la administración de la riqueza esté determinada por el interés social. Por eso La Comuna comenzó por desmovilizar el Ejército y sustituirlo por el pueblo armado, y la burocracia fue sustituida por un sistema de asambleas revolucionarias encargadas de administrar el Estado, eliminando de esta manera al ejército y la burocracia.

La Comuna fue un gobierno propio de la clase obrera, una forma política diseñada para llevar adelante la emancipación del trabajo, no tenía como objetivo generar una nueva dominación, sino emancipar al ser humano del capital. El Nuevo Estado está diseñado para eliminar la propiedad privada y con ella todas las condiciones de dominación capitalista sobre el ser humano. La Comuna  no es una utopía lista para ser implantada de manera mágica, la sociedad dialécticamente superior es el resultado del mismo movimiento de la historia que lleva a la sociedad actual a su crisis, decadencia y desaparición, y en este proceso la lucha proletaria generará nuevas condiciones sociales que cambiarán las circunstancias y los hombres, y este proceso es un largo camino de violentas luchas de clases, para permitir que los elementos de la nueva sociedad emerjan rompiendo las cadenas de la vieja sociedad.

Marx plantea que cuando inicia una insurrección no puede detenerse hasta terminar con el viejo régimen, y los comuneros, producto de su inexperiencia no llevaron adelante la persecución de los reaccionarios hasta aniquilarlos en el mismo Versalles. Y este error implicó que Thiers y Bismarck pactaran el exterminio de los obreros de París, y atacaron la ciudad de una manera brutal, la resistencia obrera fue heroica, durante días las barricadas obreras resistieron los cañones franceses y prusianos, resistieron las balas, bayonetas, cargas, hasta finalmente caer en manos de los reaccionarios que llevaron adelante una carnicería que se llevó la vida de 10 obreros, instaurando nuevamente el sistema de dominación del viejo imperio.

La Comuna de París duró poco más de un mes, pero dejó marcado el camino de la clase obrera, la toma del poder cuando las crisis interburguesas permiten el asalto obrero, la destrucción del Estado, y su sustitución por el Nuevo Estado emancipador, la insurrección hasta terminar con la resistencia de los reaccionarios, y la construcción de nuevas relaciones sociales basadas en el poder del pueblo en armas.

Crítica del Programa de Gotha

Este texto contiene una ácida crítica a las desviaciones teóricas propuestas por Lassalle  sus seguidores en el seno del Partido Obrero Alemán, y en la misma se desarrolla claramente la diferencia entre una visión pequeño burguesa cargada de utopismo y la visión proletaria fundamentalmente científica.

Un verdadero programa revolucionario debe partir de una visión económico- política clara como fundamento para analizar la realidad. La economía, la base material, el análisis del modo de producción y la formación económico social es la base para pensar los procesos políticos. A partir de estudiar esta base y las contradicciones que en esta se producen se puede pensar la acción política y las características de la Revolución. Los seguidores de Lassalle pensaban que el trabajo era una fuerza sobrenatural y que el comunismo era un conjunto de buenas intenciones. Para Marx el trabajo es un hecho histórico y se deben analizar sus contradicciones en los momentos históricos determinados, en nuestro caso, dentro del capitalismo y en el marco de la crisis permanente del modo de producción actual.

Y de este análisis saldrán las conclusiones políticas que  permitirán generar la acción revolucionaria hacia la instauración de la clase proletaria como clase dominante, la dictadura del proletariado y la construcción de una sociedad dialécticamente superior. Y en ese proceso las tareas inmediatas no serán utópicas o basadas en las creencias de algún dirigente, sino que serán el resultado de una lectura crítica y científica de la realidad social.

En este texto Marx se atreve a proponer la famosa máxima de que en el socialismo será “a cada quien según su trabajo”, mientras que en el comunismo será “de cada quien según su capacidad y a cada quien según su necesidad”, siendo la única vez que se atreve a anticipar rasgos de la sociedad del porvenir. Pero esta anticipación no es utópica, parte de un análisis de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, y como una revolución organizada por el partido proletario podrá resolver, liberando a las fuerzas productivas de sus cadenas capitalistas, eliminando la propiedad privada y alumbrando una sociedad nueva donde la propiedad privada de paso a la propiedad común y las relaciones sociales nuevas que de este proceso se desprendan.

MOVIMIENTO GUEVARISTA TIERRA Y LIBERTAD para ABP Ecuador

 

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