Para volver a tejer lazos

Por Rafael Calero Palma

Lola Villuendas ha escrito un libro original, necesario y de combate. Quizás, no obstante, esté a punto de nacer su mejor obra, a saber: la Asociación de los abrazos perdidos que hubieron de darse tanto l@s abuelos con sus niet@s, así, como también, a la viceversa.

Rafael Calero Palma

Abuelos y/o abuelas con nietos y/o nietas, ¡reuníos!

Lola Villuendas ha escrito un libro original, necesario y de combate. Quizás, no obstante, esté a punto de nacer su mejor obra, a saber: la Asociación de los abrazos perdidos que hubieron de darse tanto l@s abuelos con sus niet@s, así, como también, a la viceversa. El libro que reseñamos es un material de construcción para llevar a cabo la puesta en marcha de esa gran obra tan necesaria como ilusionante. Por eso este libro sea algo así como la primera piedra para ir construyendo una asociación que nos una gracias al impulso de su emprendedora y apasionada pionera.

La abuela Lola no se ha resignado a dejar pasar su tiempo de la jubilación como si hubiera de ser un tiempo libre sin consecuencias. El hecho de haber sido abuela y los problemas que le han conllevado están presentes en su libro. Son o han sido el punto de arranque, de su parcial emotividad, de su toma de partido, de su inquebrantable lucha. Ha dejado su docencia como profesora universitaria, pero no su vocación de psicóloga comprometida con verdaderas y auténticas causas de combate que ayuden a preparar la insurgencia desde los fundamentos de una solidaria psicología de la educación y de la buena comunicación social. Ha cambiado los atriles y las pizarras por ir dando voz a las asambleas de abuelos y abuelas que reclaman su sitio, su derecho a dar y recibir los abrazos, los besos, los consejos a sus queridos e inolvidables niet@s. Ha sabido unir voces que no se tienen en cuenta y que no se quieren oír.

Es cierto que el texto ha salido demasiado rápido de los fogones editoriales, casi sin corregir y habría que volver a pulir su escritura. Las erratas, con sus consiguientes yerros, han hecho acto de presencia con bastante frecuencia. Pero eso es lo de menos, Lola VILLUENDAS ha dado a luz una obra preñada de ideas sugerentes para que otros profesionales las vayan haciendo también suyas y, con el devenir de los días, todo ello conlleve que se planteen ciertas cuestiones desde otras ópticas, que, si es posible, nos ayuden a todas en el arduo camino de traspasar la antorcha de nuestras vidas a los seres que más queremos a diario con tanto empeño y denuedo, con tanto desvelo y ternura.

El título del libro de Lola Villuendas, En busca de los abrazos perdidos de niet@s y abuel@s, tiene contraídas muchas deudas, pero afortunadamente son de esas que se les escapan a los acreedores de la banca mundial y de las mafiosas finanzas internazionales. El libro de esta digna psicóloga jubilada es el fruto de una buena persona sentipensante. Y ella sabe al modo y manera de los sabios pescadores de las costas colombianas que no hay que separar los dichos de los hechos, las razones de sus corazones, los sentires de los pensares; y, por todo, ello los atrapa, los junta y los teje, cual Penélope feminista, para volverlos a destejer mil y una vez en las miles de historias que con sus pesares nos comunica. Y con la humana esperanza de que esos hilos se vuelvan a tejer en otra hilaridad más humana, consciente y responsable. Hilaridad en, su al menos, doble sentido: de hilo y de risa. Para volver a tejer lazos que nos arranquen nuevas risas y unas sonrisas amplias y sentidas.

En busca de los abrazos perdidos de niet@s y abuel@s[1] (Editorial Cántico, colección El árbol del silencio, Córdoba, 2015) nos coloca en línea con la búsqueda proustiana del tiempo perdido, así como en la galeánica aventura de escribir tomando en cuenta los abrazos que no damos y que el viento de la historia se lleva hacia los tristes rincones de nuestras solitarias muchedumbres alienadas, masificadas y explotadas. Pero también levanta acta simbólica de las investigaciones psicosociales que, al modo de Pierre Bourdieu, nos pueden ayudar a que las ciencias sociales sean hechas para tomar nota de los problemas sociales y, en la medida de nuestras posibilidades, podamos construir alternativas políticas a favor de la emancipación o liberación de las colectividades humanas.

El libro es sólo una piedra para ir construyendo asambleas, que cual comandos de acción psicosociológica, que, inspirados en estrategias de capoeira política, permitan comprender mejor los actos egoístas e irracionales a los que nos ha ido abocando la cruenta y miserable contrarrevolución mal denominada como neoliberal. Habría que contar muchas historias paralelas a este libro: cómo se ha metido la judicialización de la vida como metástasis oncológica en los intersticios de nuestras miserables vidas. Esa jodida judicialización parece ser la última ratio en la solución diaria de nuestras conflictivas existencias. Cómo hemos llegado a ahí. Cómo diablos podemos creer en esos sofisticados circos de mediocres charlatanes. Qué se puede esperar de Salas burrocráticas, abarrotadas de papeles perdidos, donde se imparte por doquier la sinrazón jurídica. Cómo hemos podido poner nuestras vidas al socaire de ignorantes disfrazados con togas de prepotencia y ridiculez institucional. Muchas de estas preguntas habría que ir haciéndoselas. Pues muchas de nuestras derrotas se consuman en esos códigos jurídicos donde es imposible que podamos encontrar cualquier atisbo de esperanza y hasta de vida racional. Con solo ver el mal estado diario de esos Palacios de Injusticia se nos cae el alma a los suelos. Y lo peor es que, por desgracia, se nos ha metido hasta la médula la ideología jurídica de los establos de derechas, por decirlo al modo irónico y corrosivo de nuestro inolvidable Baltasar Gracián. Y es que por más vueltas que den en la plaza voceando sus mercaderías esos ridículos e inmisericordes representantes, la inmensa mayoría deberíamos saber que, por desgracia, no existe eso que tanto se cacarea con el complejo semántico de Estados sociales y democráticos de Derecho, sino otra cosa bien diferente: Establos para rebaños manipulados y codificados por las cerriles e irracionales ideologías serviles de Derechas. De ahí, que no hayan ni siquiera pequeños resquicios para la existencia de ciudadanía, pero sí de siervos súbditos de la realeza que anida en el poder con sus cohortes monárquicas (o diárquicas, como es el caso del hispánico Reino francobourbónico de los Bribones). De ahí que haya súbditos, para nuestra desgracia colectiva, pero no aún ni ciudadanos ni ciudadanas.

Hay que volverse a plantear no solo las problemáticas de cómo hemos de ser abuelas y abuelos, sino algo previo y más urgente: cómo se puede ser padre y madre en una desorganización terrorista de la vida comunitaria que pone por encima de todo la salvaguardia de los indiscutibles y sacrosantos valores del capital tanatocrático. Familias que inculcan los valores de la competitividad y la meritocracia para que sus vástagos no tengan conciencia nunca del suicidio colectivo para el que son amaestrados y domesticados. No es una tarea baladí la definición del psiquiatra francés Jacques Lacan cuando definió a la familia como célula terrorista de desorganización social. Cómo se engendra a la criatura humana desde la ideología más atroz que la convierte en una mercancía posesiva que pasa de mano en mano, como cualquier otra, y que es la familia, precisamente, quien se la entrega inerte y pasiva a la criminal máquina de producción y reproducción de servidumbre voluntaria que, a su vez, es la que les imprime las inseguridades que de por vida arrastrarán todos aquellos que se creen endiosadamente sujetos libres, y que, sin embargo, viven a diario sin más libertad que la de su necesaria puesta en venta como esclavos de su enfermiza fuerza de trabajo para un mercado global controlado por bastardos y criminales juegos de destrucción que son, a su vez, manejados a placer por infernales multinacionales de producción, gasto, explotación y consumo.

Un simple ejemplo: el caso de Ciudadanos como partido político. Obsérvese el grave olvido: dónde están las ciudadanas. Qué hay detrás de esa organización criminal, mafiosa y prepotente denominada al modo machista y patriarcal de generalizadores: ¿Ciudadanos? Quizás sí: ciudad anos, y con todas sus implicaciones léxicas de esa mal hablada división. Deberíamos aprender a denominarles por lo que realmente son. Y dígase a las claras y se les ha de llamar conforme a sus intereses más reales y crematísticos: Transnazionales. Que eso es lo que realmente son. Y a partir de ahí se tendrá que saber cómo ponerles los puntos sobre las íes. No defienden los derechos de la ciudadanía –esto es: de los pobres y miserables trabajadores–, sino los intereses oligárquicos e imperialistas de las corporaciones multinazionales. Defienden sin rubor –un increíble síntoma de su jodida ignorancia– expresiones tan imposibles como mercado libre. Y se creen que éste se debe dejar a su entero capricho. ¡Pobres e insensatos ilusos!

Por desgracia, también algunos abuelos y abuelas quieren y desean hacer de los caprichos con sus niet@s, su razón de existir. Pero est@s aún saben antropomorfizar lo que es humano, demasiado humano, como son los deseos de sus congéneres. Sin embargo, por el contrario, para los apologetas del mercado libre no saben ni siquiera que es una aberración creer que inventos como puedan ser un cuchillo, un coche o un mercado se puedan concebir desde los parámetros de la volición o la decisionabilidad propia de los seres humanos que, por naturaleza, debieran ser los únicos que actuasen en libertad y no presos de la alienación y de la explotación que para ellos diseña la irracionalidad de la máquina capitalista. Para más inri: la crematística Bolsa de la basura financiera que declara a diario la obsolescencia programada de todos sus valores.

Porque: ¿dónde se puede buscar hoy, aquí y ahora, una ciudadanía racional, lógica, con sentido común de verdadera y auténtica comunidad de l@s comunes? Pues, quizá, se tuviera que aprender de tod@s l@s jubilad@s, como los admirables yayoflaut@s, que con sus luchas nos puedan enseñar que hay vida más allá de las relaciones de explotación y consumo de una suciedad nuclear que revienta desde las raíces y hace añicos todo lo que toca.

Así que habría que empezar a gritar con verdadero conocimiento de causa: abuelas/ abuelos de todos los países, ¡reuníos con vuestros nietos y con vuestras nietas! ¡Y mostrarles las penalidades que hay detrás de nuestras explotadas y gastadas existencias! ¡Contadles de verdad vuestras penosas vidas! Aprended a narrar vuestra triste longevidad…

Dejemos, pues, nuestra simiente sembrada en la insurgencia partisana de los bellos saludos, de las bellas despedidas, de las heroicas luchas de aquellos que con su sangre, su entrega y su sudor nos traspasan todos los días el corazón llenándolo de pasiones y de razones; para poder hacer un futuro que recupere los abrazos perdidos de la buena solidaridad entre diferentes generaciones de seres humanos. Y no dejemos de regar esa semilla que es fruto de la lucha guerrillera de nuestros más queridos y amados antepasados.

Oh, bella abuela/ bello abuelo: ¡Ciao como un solidario largo adiós! ¡Y salud para poder abrazar un mundo más libre, humano y solidario! Oh, ¡Bella Ciao! Quizás ese debiera ser el canto de nuestras fuerzas amadas revolucionarias que, cual efectivo y ejecutivo ejército del pueblo, sepan ayudarnos en la angosta lucha de nuestras libertades públicas y comunitarias. Salud y subversión.

Autor: Colectivo Insurgente BELLA CIAO

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