Publicado en: 4 febrero, 2018

Panamá: El magnicidio de Remón

Por Olmedo Beluche

En enero se conmemoró un aniversario del asesinato del coronel Remón, repasemos el acontecimiento con la novela de Gloria Guardia, “Lobos al anochecer”.

La novela, Lobos al anochecer de la consagrada escritora Gloria Guardia, aborda un tema que durante cincuenta años ha sido materia de controversias en Panamá: el magnicidio del presidente Remón Cantera, ocurrido el 2 de enero de 1955. Dos historias se entremezclan a lo largo del libro. Una, la ficticia, encarnada por el personaje de Ana Lorena Jiménez, por cuyos ojos percibimos lo que fue ese Panamá de mediados de siglo. Otra, la historia misma del magnicidio, de la política panameña, el carácter de los partidos y los políticos de la época.

La autora ha desarrollado un buen retrato, tanto que, el otro personaje clave de la novela, Willie Fernández, se le parece en su encanto personal a Tito Arias. Pero, algunos familiares de Rubén Miró se han disgustado por la forma en que es descrito.

El centro de la trama busca responder a la pregunta no aclarada en cinco décadas: ¿Quién o quiénes mataron a Remón y por qué? Según la obra, la responsabilidad cae sobre una “Tríada” compuesta por la CIA, la Cosa Nostra y algunos coroneles de la Guardia Nacional en asocio con dirigentes de la Coalición Patriótica Nacional, partido formado por Remón.

¿El motivo? Múltiple, como los autores. El gobierno de Estados Unidos, le cobró a Remón hacer demasiados reclamos nacionalistas durante las negociaciones del Tratado que lleva su nombre. La mafia le habría reclamado el intento de poner fin a sus negocios en el Istmo. Los coroneles panameños y los altos políticos de la “Coalición” supuestamente temían que pretendiera eternizarse en el poder siguiendo los pasos de Somoza.

La novela descarta la versión oficial que atribuye a Rubén Miró la autoría material, como tirador solitario, y que culpó al vicepresidente Juan Ramón Guizado de la autoría intelectual. La inocencia de Guizado, se fundamenta en diversos documentos y cita la confesión del propio Miró, de que el jefe de la Guardia Nacional, Bolívar “Lilo” Vallarino lo obligó a incriminar a Guizado.

En esto coincide la antropóloga Ana Elena Porras, que alega que en este crimen hubo dos víctimas, el propio Remón, asesinado la noche del 2 de enero de 1955, y su vicepresidente, depuesto pocos días después bajo la falsa acusación de “autor intelectual”, por la cual pagó dos años de cárcel, condenado por la Asamblea de Diputados, hasta que convenientemente había expirado su mandato.

Parece que, muerto Remón, no podía dejarse el poder en manos de Guizado, quien había sido copartidario de Arnulfo Arias y ostentaba el liderazgo del Partido Revolucionario Auténtico (PRA), a quien el malogrado Coronel Remón sumó a la alianza de gobierno para simular “unidad nacional” luego del golpe de 1952.

Siendo Ricardo “Dicky” Arias Espinoza, segundo vicepresidente, y Lilo Vallarino, segundo jefe de la Guardia Nacional, beneficiarios de la conspiración contra Guizado, cabe preguntarse si estarían involucrados también contra Remón, o si simplemente recibieron el poder de carambola. Tareas para la Historia.

Otro asunto es que se presenta a Remón como pecador que se redime al final de sus días. Consulté Carlos F. Changmarín, quien me respondió en tono mordaz: “durante el gobierno de Remón me pasé tres años preso en La Modelo, por una Ley Anticomunista que había dictado, y sólo salí de allí gracias a que lo mataron”.  El carácter “macartista” del gobierno de Remón es ignorado en la novela.

No creo que el libro de Gloria Guardia haya cerrado el debate sobre este asunto, más bien creo que lo ha reabierto. Pero, sea como sea, este libro no sólo ha hecho historia, sino que ha entrado en la historia de la literatura nacional.

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