Publicado en: 9 febrero, 2018

Noticias Uruguayas 8 febrero 2018

Por Colectivo Noticias Uruguayas

URUGUAY: La vuelta de Aquino: resistencia y opresión del asalariado rural en la Campaña Oriental // El PIT-CNT convoca a un paro el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

Un viaje a través de una tierra de pobreza extrema: Bienvenido a Estados Unidos // Reportando desde el manicomio por David Brooks // Gobernador de Puerto Rico anuncia privatización de escuelas públicas // Ecuador: De la consulta popular a un futuro político incierto por Kintto Lucas // Las revoluciones de Rosa Por Claudia Korol // HONDURAS: Un muerto, periodistas y manifestantes golpeados deja desalojo en toma de carretera en Choloma, Cortés // Insurrección constitucionalista y diálogo, dos frentes y una ruta //URUGUAY: La vuelta de Aquino: resistencia y opresión del asalariado rural en la Campaña Oriental // El PIT-CNT convoca a un paro el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

URUGUAY

La vuelta de Aquino: resistencia y opresión del asalariado rural en la Campaña Oriental

por Martín Delgado Cultelli


Ante las recientes movilizaciones de los “autoconvocados del campo” y los debates sobre la cuestión agraria que se han sucedido, una ausencia llama la atención: la de los asalariados rurales. Las “pionadas” solo han sido mencionadas por cuenta de los costos que suponen para el productor rural o de lo tiránico que es el Ministerio de Trabajo cuando exige a los establecimientos cumplir con la seguridad social. Ante la invisibilización de los olvidados de la tierra y ante reclamos que plantean volver a formas semi-esclavistas, es que proponemos hacer un recorrido histórico de la lucha y la situación de las y los trabajadores rurales. Un recorrido por la otra cara de la campaña Oriental.

En 1833 el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga describía a la clase trabajadora de la naciente República Oriental del Uruguay. El fundador de la Biblioteca Nacional decía: “los indios, morenos, pardos y demás castas componen la mayor parte de nuestros jornaleros y artesanos”. Y de acuerdo a la Constitución de la República las ciudadanías se suspenden en caso de ser “sirvientes a sueldo, peón jornalero, analfabeto, ebrio consuetudinario, soldados de línea o deudos del Estado” tanto como por ser mujer y menor de 21 años. Ósea que la clase trabajadora en el Uruguay nació siendo racializada y sin ningún tipo de derecho ciudadano básico. Será recién con la Constitución de 1918, que los varones trabajadores obtendrán el derecho al voto, y las mujeres 20 años después (1938).

La Campaña Oriental se construyó en base a sistemas laborales coloniales (esclavismo, feudalismo, precariado y una lógica racialista) en función al mercado internacional capitalista de productos agropecuarios. La oligarquía criolla (de origen castellano) junto con los façendeiros brasileños y los colonos europeos (los denominados “gringos”) eran los dueños de las principales tierras en el país. Por su parte, los indígenas, los afrodescendientes y los criollos pobres (producto del mestizaje amplio entre todos los otros grupos) se dedicaban a “changuear”. Este sistema de división del trabajo era tan eficiente que no solo no se modificó con la “modernización” del país (1876-1890) sino que se mantuvo y se profundizó. La modernización llevada a cabo por las dictaduras de Latorre, Santos y Tajes al igual que lo hiciera Fructuoso Rivera entre 1831-1834 se basaron en el despojo de tierras a los sectores subalternizados. Rivera con el sistema independiente de comunidades charrúas y Latorre con los trabajadores independientes (los gauchos) y los productores familiares (chacreros y otros propietarios chicos).

Las bases de este sistema de producción agropecuario (basado en el despojo, la criminalización, la racialización y la precarización laboral) han sido los pilares por los cuales Uruguay se tornó uno de los principales productores de carnes y cereales a principios del siglo XX. A este núcleo duro del capitalismo en el Uruguay, ni siquiera los gobiernos más reformistas como los batllistas (1903-1929) y neobatllistas (1942-1959) se atrevieron a modificar. Incluso el Instituto Nacional de Colonización (INC), creado en 1948, tenía un objetivo más paliativo que transformador realmente. Los políticos colorados que apoyaron la creación del INC lo hicieron más por el temor a que las peonadas se identificaran con el comunismo que por un interés real de transformación del campo. El INC es más hijo de la guerra fría que de la justicia social. Solo el colonialismo interno explica cómo es que los trabajadores urbanos hayan conseguido la ley de 8 horas en 1915 mientras que el beneficio para los rurales se extiende en 2008.

Pero el paisanaje no ha aceptado sumisamente la situación de extrema explotación. Un claro ejemplo de ello es el famoso matrero Martín Aquino. Hijo de una mujer indígena con un padre desconocido (algunas versiones dicen que era hijo bastardo de un estanciero, otras que era hijo de un tropero), nacido sobre el Río Santa Lucía en las cercanías de El Tala. Aquino a los 14 años fue llevado por la leva (reclutamiento militar forzoso) del ejército nacional para combatir a las fuerzas de Saravia, luego deserta y se pasa para las filas saravistas. Al finalizar la guerra realiza todo tipo de trabajos rurales (carnear, esquilar, tropear, cosechar, plantar, alambrar, albañileria) e incluso llegó a ser ayudante de Comisario. Pero como bien dice la gente de campo “Aquino no era malo, lo hicieron malo”. El origen de sus bandolerías fue provocado por un patrón no quiso pagarle el sueldo. La excusa era que en una tempestad se habían ahogado unas vacas y por eso el peón tenía una deuda con el patrón. Aquino en vez de bajar la cabeza se impuso para que le pagaran el sueldo y es así que se fueron a duelo criollo, en donde salió victorioso Aquino.

Este Martín Fierro real se transformó en leyenda no solo por la similitud con el gaucho de la literatura sino porque en su vida encarna la opresión y la rebelión de las personas de campo contra la oligarquía rural y el centralismo montevideano. Aquino no se dejó explotar y por eso fue perseguido. Por eso la frase de que él no era malo, sino que lo volvieron así. La rebelión contra el sistema lo llevo a esconderse entre montes y cuchillas.

Otro ejemplo es el también famoso matrero “El Clinudo” (inmortalizado en una canción de Los Olimareños). Alejandro Rodríguez, alias El Clinudo (por su pelo largo), nació en la zona de Villa Serrana, Lavalleja y matrereó en la década de 1880. El origen de sus bandolerías tuvo lugar en una pulpería donde se peleó con otro hombre por una mujer, lo que imaginó es aquel era pariente del Comisario de Cerro Largo. Sus andanzas por cuchillar y rancheríos se deben a que él evidenciaba los abusos de poder del sistema político-judicial en el interior del país. El dicho campero no duda “nunca se corre contra el caballo del comisario

Tanto Alejandro Rodríguez como Martín Aquino y otros bandidos rurales evidencian una rebeldía contra los sistemas de explotación y abuso de poder. Cosas que en la capital sería inaceptables, en la campaña son moneda corriente. De esta manera podemos comprender lo que plantea Mignolo como “la otra cara de la modernidad”. Mientras los centros de poder se dan el lujo de los derechos sociales y hablar de democracia, en las periferias lo único que hay es violencia. Si bien estas rebeliones se presentaban personificadas e individualizadas o de grupos pequeños (las famosas “gavillas”, grupos de bandidos rurales de hasta 60 personas), en el siglo XX comenzó el intento de organizaciones más estables para el reclamo de los derechos del trabajador rural.

Si bien el sindicalismo uruguayo data de la época de la modernización, los representantes de éste incipiente sindicalismo eran todos inmigrantes europeos o “gringos”. Las diferencias culturales abismales entre los “gringos” de tendencia anarquista y el paisanaje funcionaron como un diálogo de sordos. Los anarquistas no entendían a los paisanos y los pisanos no entendían a los “gringos con ideas raras”. Cabe aclarar que en Uruguay tampoco hubo intentos fuertes de organización de los trabajadores rurales respetando su propia forma de organización como sí sucedió en la Argentina de la Patagonia Rebelde. Fue recién a finales de los años 50 que comienza la organización de los trabajadores rurales por parte de la izquierda, fundamentalmente influenciados por el movimiento de los maestros rurales encabezado por figuras como Agustín Ferreiro y Julio Castro. Es así que se da la famosa huelga del Arrozal 33 en 1955 en Vergara, Treinta y Tres, dando inicio al sindicalismo rural. El reclamo de los trabajadores era que se les pagara el sueldo en dinero y no en bonos, y que se respetaran las 8 horas. Cabe destacar que uno de los organizadores de la huelga, Leguizamón, recibió una paliza por parte de sicarios de la patronal y quedo discapacitado.

Otro actor clave fue Raúl Sendic (padre), quien a fines de los años 50 es enviado a Paysandú, por el Partido Socialista, para ayudar en la organización de los trabajadores rurales del litoral norte (Paysandú, Salto y Artigas). Así en 1961 surgirá la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), sindicato icónico del medio rural nacional. Sendic no tardó en darse cuenta que las relaciones laborales en el norte profundo del Uruguay eran más similares a las del resto de Latinoamérica que a las de Montevideo. Regiones del Uruguay donde el Estado de Bienestar nunca había existido. El contraste entre el discurso nacional de la Suiza de América y las condiciones de vida del trabajador rural del norte marcaron su pensamiento. Debemos mencionar que después de la Dictadura y la prisión política Sendic ayudó a organizar al Movimiento por la Tierra, teniendo en claro que el interior del país necesitaba organización social y que era ahí donde se daban algunas de las peores condiciones de vida en el país.

Teniendo en cuenta las formas históricas en que se ha manejado la Campaña Oriental no nos debe sorprender las agresiones a los trabajadores rurales organizados. Estas agresiones son parte de un movimiento reaccionario que busca volver a colocar al trabajador rural en su sitio, bajo las botas del patrón. Debido a la labor de la Unión Nacional de Trabjadores Rurales y Afines (UNATRA) es que cada vez más peones y zafreros denuncian los abusos. Esa es la vuelta de Aquino, la sombra del matrero recorre los fogones de las peonadas. Los trabajadores rurales exigen los mismos derechos sociales y libertades democráticas que antes solo eran para los montevideanos. De esa forma se ataca uno de los pilares del capitalismo nacional, las relaciones coloniales en la producción agropecuaria. Y de los derechos sociales y libertades democráticas pasar a represar como se contituye la propiedad de la tierra en el país.

Porque como dijo un gran cantor popular nuestro, hay que desalambrar.

Borges, L. 2013. Sangre y Barro. Ediciones de la Plaza. Montevideo

Duffau, N. 2014. Armar al Bandido. Prensa, folletines y delincuentes en el Uruguay de la modernización: el caso de El Clinudo (1882-1886). Ediciones Universitarias. Montevideo.

Serrano Abella, W y Vaz, J. 2017. Martín Aquino: el matrero. Editorial Fin de Siglo. Montevideo.


Una sociedad de base agraria

Investigación sobre el capitalismo y la renta del suelo en Uruguay

por Rodrigo Alonso

4 mayo, 2017 BRECHA

Hace unas cuantas décadas que en Uruguay no son comunes las reflexiones en economía política fuera de la órbita del pensamiento dominante. En el debate predominan los análisis comprometidos con la tradición de la escuela neoclásica y en menor medida aparecen formulaciones más propias de capitales rezagados, que, sin mayor impulso teórico en los últimos años, suelen beber del agua empozada del pensamiento cepalino. El trabajo de la tesis doctoral de Gabriel Oyhantçabal1 intenta echar luz sobre las tendencias estructurales que definen la economía política del Uruguay, y se inscribe dentro de un esfuerzo más amplio por la recomposición de un pensamiento económico crítico en nuestro país. En las siguientes líneas, presentamos una mirada sobre la acumulación de capital en Uruguay (1973-2014), tasa de ganancia, renta del suelo agraria y desvalorización de la fuerza de trabajo a través de los avances de la mencionada investigación.
Una de tus principales hipótesis en la tesis es que los ciclos de la economía uruguaya dependen de los flujos de renta de la tierra. ¿Por qué?
—Empecemos por aclarar que no es una hipótesis propia. Ya Methol Ferré en El Uruguay como problema (1967) y González Guyer en El país de los fisiócratas (1984, aunque editado en 2009), postularon en sus respectivos ensayos que el devenir del Uruguay independiente respondía a los ciclos de la renta agraria. Luego hay que destacar la línea de investigación abierta por Juan Íñigo Carrera en Argentina que ha ubicado el problema de la renta del suelo como clave para entender la acumulación de capital en América Latina, y que ha derivado en sendas investigaciones sobre Brasil, Venezuela, Ecuador y Chile.
En mi caso, la hipótesis surge de forma más empírica investigando primero el boom sojero de la última década y media, y luego cuando con Martín Sanguinetti investigamos la distribución del ingreso en el agro. Ahí la cuestión de la renta del suelo apareció en toda su relevancia, porque era (es) un ingreso extraordinario que no tiene que ver con la ganancia capitalista media. Ese fue el punto de partida de la hipótesis que me llevó a formular un proyecto de investigación para hincarle el diente al problema de la renta en los últimos 40 o 50 años, retomando una idea, que es de sentido común, que afirma que los ciclos económicos en Uruguay tienen que ver con los precios de lo que exportamos. La novedad de mi hipótesis es que interpreto esos ciclos de altos precios como renta del suelo que apropia el país, y me propongo estimar empíricamente su relevancia.
Yendo al meollo del asunto, en Uruguay no tenemos capitales que estén en la frontera tecnológica (no diseñamos ni celulares ni autos ni robots), no somos un reservorio de mano de obra barata (como México o Asia Oriental), nuestro país, así como otras economías de la región, integran la acumulación mundial de capital como vendedores de mercancías primarias, en cuyo precio está contenida la renta del suelo. Si la renta, como ya habían señalado los economistas clásicos y el propio Marx, es un ingreso extraordinario por encima de la ganancia media, entonces cuando ésta crece es posible que capitales de baja productividad, que de otra forma serían inviables, se vuelvan rentables porque apropian parte de esa renta. Esto se expresa más visiblemente como crecimiento del Pbi, de los salarios directos y de los indirectos a través del gasto público. Por el contrario, cuando la renta se achica, esos capitales empiezan a quebrar porque ya no tienen esa compensación que era la renta, y se producen ciclos de recesión o estancamiento económico, que producen crecimiento de la población obrera en condición de sobrante, lo que se manifiesta en desempleo y migración, y retracción de los salarios.
—¿Cómo se distribuye ese flujo de renta?
—Básicamente la renta tiene dos destinos. El primero, y más conocido, es su apropiación por los dueños del suelo: los terratenientes. Y ojo que los terratenientes pueden ser al mismo tiempo capitalistas, cuando se superpone en la misma persona/empresa el dueño del capital y de la tierra. Como la tierra es finita, heterogénea y monopolizable, y para producir ciertas mercancías se precisa usar la tierra como medio de producción, sus dueños pueden exigir una parte del plusvalor social, aunque no participen del proceso de producción. El precio de arrendamiento de la tierra es la manifestación más evidente de este ingreso.
Sin embargo existe otro destino, menos estudiado y analizado, que es su apropiación por capitales no agrarios y por el Estado. El mecanismo más evidente de redistribución son los impuestos a las exportaciones (las detracciones o retenciones), que lo que hacen es afectar la ganancia de los capitales que exportan, y estos a su vez trasladan esta pérdida a la renta del suelo, básicamente porque para los terratenientes su margen de negociación es dejar de percibir renta. Otro mecanismo menos evidente, y por esto más efectivo (o menos conflictivo), es la sobrevaluación de la moneda nacional, el abaratamiento del dólar, que reduce la cantidad de pesos que apropian los capitales agrarios por cada dólar exportado. Esa pérdida de los exportadores también se compensa con renta del suelo. Si en el caso de las detracciones la renta la apropia directamente el Estado, en este caso la renta se apropia a través de la mediación cambiaria bajo la forma de “dólares baratos”. La renta que así se apropia puede tener como destinos principales: la importación de maquinaria y equipos; la remisión de ganancias al exterior; el abaratamiento del componente importado de la fuerza de trabajo (las mercancías chinas); el pago de intereses y amortizaciones de la deuda externa; y el consumo y/o ahorro privado en el exterior. En los primeros tres procesos los beneficiarios directos son, mayoritariamente, capitales no agrarios, que ven abaratados sus costos (tecnología y fuerza de trabajo) y que en caso de ser extranjeros multiplican sus ganancias cuando remiten utilidades.
—¿O sea que, aunque no seamos muy conscientes de ello, somos una sociedad de base agraria? ¿Los flujos de renta en función de qué varían?
—Sí. Pero esta cualidad no surge de la pericia de gobernantes y/o capitalistas agrarios, sino de cómo se ha estructurado a lo largo del tiempo la división internacional del trabajo. De hecho ocurre más allá de la voluntad de los sujetos, como resultado de un proceso autónomo orientado a la valorización del valor. Si se quiere, es resultado de que otras economías requieren materias primas y bienes-salario que se pueden producir con alta productividad (bajo costo) en las praderas orientales. Si esa condición internacional cambia, chau pinela. Entonces ser un país de base agraria es una determinación que nos escapa, que no se puede modificar en el mediano plazo por la acción política a nivel nacional.
Con respecto a los ciclos de renta pasa lo mismo. Están determinados mundialmente, y esa determinación resulta, en términos generales, de la expansión o retracción de capitales industriales que demandan materias primas y bienes-salarios que se producen con medios de producción naturales, de la productividad media en las ramas agrarias y del desarrollo de sustitutos de las mercancías agrarias. Sin cambios en la productividad, cuando se expande la acumulación industrial es necesario incorporar nuevas tierras para producir más mercancías de base agraria, y como en general esas tierras son de menor productividad, se eleva el precio de producción, que se define en las peores tierras, incrementando la renta diferencial en el resto de las tierras. En la segunda mitad del siglo XIX esos capitales estaban en Inglaterra, y en la actualidad están en China. Por el contrario, cuando la acumulación industrial se estanca o se contrae, o los aumentos de productividad por innovación tecnológica en las ramas agrarias reducen los precios de producción, o aparecen sustitutos a las mercancías agrarias (caso de las fibras sintéticas en lugar de la lana), se ingresa en una fase de retracción de la renta.
—¿Qué ocurre cuando baja el flujo de renta? ¿Hoy estamos parados en ese momento de retracción del flujo de renta?
—Cuando la renta se retrae, o deja de crecer, pierde significación una de las fuentes de compensación para los capitales que acumulan en Uruguay. Entonces lo que se ve, que es básicamente lo que estoy investigando y lo que ha encontrado Iñigo Carrera en el caso argentino, es que se recurren a dos nuevas fuentes de plusvalor: endeudamiento externo y desvalorización de la fuerza de trabajo. Si miramos las décadas del 70 y del 80, vemos claramente esos dos factores en casi toda la región. En Uruguay por ejemplo, entre 1971 y 1984 el salario redujo su poder de compra un 60 por ciento mientras que la deuda externa se multiplicó por ocho en dólares corrientes.
Efectivamente hoy estamos de vuelta en un escenario de retracción de la renta, luego de un ciclo fuertemente expansivo. Aun tengo cifras preliminares, que seguramente subestimen el monto total, pero entre 2005 y 2011-2013 la renta agraria total se multiplica por 6,5 en moneda constante, para luego caer un 50 por ciento hacia 2016, no obstante lo cual sigue estando tres veces por encima de sus valores en 2005. Es decir, ya no estamos en un escenario de “súper-rentas”, pero aún sigue siendo superior al monto de comienzos de los dos mil. Mi hipótesis fuerte es que esta retracción parcial que está detrás del enlentecimiento del crecimiento económico registrado en los dos últimos años, explica el ajuste fiscal de 2016 y las pautas orientadas a la desindexación salarial, así como el reinicio de un ciclo de endeudamiento.
—Juan Iñigo Carrera plantea que de continuarse incrementando las brechas de productividad de nuestros capitales industriales respecto a los que rigen en la media mundial la situación para los sectores trabajadores de Sudamérica no es para nada auspiciosa. Les espera o bien engrosar la masa de población sobrante o la depreciación del valor de su fuerza de trabajo. En función del movimiento que describías anteriormente, ¿cuáles son las perspectivas a mediano y largo plazo para Uruguay?
—La clave es intentar captar las grandes tendencias, preguntarse qué puede pasar en los próximos 30 o 40 años más allá de coyunturas específicas. Si el escenario actual de “complementación conflictiva” Estados Unidos-China sigue operando dos o tres décadas más, es esperable que la trayectoria del Uruguay “virtuoso” siga dependiendo de los ciclos de alta renta, a costa eso sí de una mayor degradación de la base ecológica sobre la que se sustenta la producción agraria (lo que una parte de la izquierda ha llamado “neo-extractivismo”). Hay otro escenario, mucho menos auspicioso para la clase trabajadora, que es la retracción casi total de la renta y una salida tipo México (o Paraguay), basada en competir mundialmente como reservorios de mano de obra barata maquilando mercancías para vender en la región, y seguramente expulsando a los segmentos más calificados de la clase trabajadora.
—¿Cómo responder a estas tendencias desde los que vamos a sobrar o a ver como se nos deteriora nuestra participación en el ingreso nacional?
—El problema, ante un escenario de ajuste regresivo, es cómo se procesa su distribución, quién paga los costos, y eso es lucha de clases, que no es una construcción ideológica izquierdista, sino un proceso real, material. Lamentablemente sólo tengo intuiciones generales para responder la pregunta, aunque tiendo a pensar que es necesario por un lado, planificar e invertir racionalmente los excedentes bajo apropiación nacional, y por otro, ampliar la escala de la acción política al menos a nivel sudamericano. Obviamente que ambas estrategias exigen, guste o no, abordar el problema del rol social del Estado y su control.
—Parece que lo que sobra acá no es parte de la población, sino una modalidad determinada de relaciones sociales a superar…
—Totalmente. El horizonte histórico para los trabajadores sigue siendo sustituir al valor, y a su forma superior, el capital, como mediación indirecta de los trabajos privados, por un tipo de relaciones entre individuos libremente asociados, que directamente organicen la reproducción de sus vidas. Por mucho que le pese a los liberales, el problema del socialismo vuelve a presentarse como una necesidad histórica.

  1. Ingeniero agrónomo, doctorando en Estudios Latinoamericanos por la Unam (México), docente del Servicio Central de Extensión y de la Facultad de Agronomía de la Udelar y miembro del comité editorial del sitio de debate político HemisferioIzquierdo.uy.

 

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