Publicado en: 16 noviembre, 2017

Noticias Uruguayas 16 noviembre 2017

Por Colectivo Noticias Uruguayas

URUGUAY: Ivonne Trías, ”El Estado fue un chaleco protector que terminó como chaleco de fuerza”

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URUGUAY

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Matías Carámbula, Daniel Garín, Ana Laura Mello y Yerú Pardiñas, el viernes, en una mesa sobre la Ley de Riego. Foto: Federico Gutiérrez

Biólogos e ingenieros agrónomos cuestionaron aprobación de la Ley de Riego y alertaron que el FA se distancia del ambientalismo

El actual modelo económico, las soluciones que brinda la Ley de Riego y el proceso parlamentario de la norma fueron objeto de críticas durante un encuentro realizado el viernes en el comité de base del Frente Amplio (FA) 28 de Noviembre, que contó con la presencia de los biólogos Ana Laura Mello y Andrés Carvajales, los ingenieros agrónomos Alfredo Blum y Matías Carámbula, el senador del Movimiento de Participación Popular Daniel Garín (también ingeniero agrónomo) y el senador suplente Yerú Pardiñas. Se trató de un encuentro organizado por el colectivo +igualdad, una agrupación nueva dentro del FA, que fue presentada por Mello en sus tres ejes de interés: medioambiente y producción, medios masivos y redes de comunicación, y desigualdad y desarrollo.
Tanto Mello como Carvajales criticaron que las modificaciones a la Ley de Riego aprobadas en octubre en el Parlamento respaldan el modelo de producción actual, manteniendo a Uruguay como un exportador de materias primas. Si bien reconocieron que este modelo ha permitido un crecimiento, también consideran que es necesario cuestionarlo para saber, en palabras de Mello, si los impactos sociales y ambientales que genera conducen “al desarrollo que queremos como sociedad y como FA”. Ambos también plantearon que existen cuestionamientos a la forma en que se está midiendo el desarrollo económico.
Por su parte, Carvajales aseguró que “está siendo muy jodido ser ambientalista y frenteamplista al mismo tiempo”, porque dentro de la coalición hay una distancia entre quienes tienen una “sensibilidad ambiental” y quienes no, y que incluso pueden producirse ataques directos. Como ejemplo mencionó las declaraciones que la directora general de Recursos Naturales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Mariana Hill, brindó a la diaria, en las que consideró que científicos de la Universidad de la República que han criticado la Ley de Riego tienen una visión “muy de derecha, muy conservadora”, que postula que “como no sé, entonces no hago”. Carvajales lamentó estas declaraciones, consideró que Hill tuvo una “confusión conceptual” y agregó: “Uno no puede confundir que la intención o la preocupación por conservar el medioambiente viene por el lado de negar la capacidad de producir bienes y servicios para distribuir de forma igualitaria”.
Mello y Carvajales, pero también Blum y Carámbula, cuestionaron asimismo quiénes fueron escuchados en el proceso parlamentario de la Ley de Riego. “La forma en que se llega a la resolución de esta ley y lo que ha pasado después ha demostrado que la academia no ha sido partícipe o no se ha sentido socia de esta construcción”, dijo Blum. “Para esta ley no construimos alianza ni con la sociedad civil ni con los productores familiares ni con la academia, y en la interna del FA también fue complicado”, agregó. Por su parte, Carámbula aseguró que “la unidad del FA se garantiza con la discusión y el debate, no con la imposición, y este proceso tuvo algo de eso”. Luego añadió: “Estamos perdiendo la referencia de con quiénes tenemos que pensar el modelo de desarrollo del país”.
Los senadores presentes en el encuentro defendieron el proceso parlamentario de la ley y enfrentaron las acusaciones asegurando que nadie fue excluido. “No estamos divorciados de la academia, pero podemos tener mayor o menor afinidad y entendimiento”, dijo Pardiñas, y aseguró que en el debate no prevaleció la voz de un sector sobre la de otro. También recordó que modificar la Ley de Riego era una propuesta del programa de gobierno del FA y que se trabajó en este tema “durante más de dos años”. Además, defendió la gestión de los gobiernos del FA en materia ambiental. “Defender la propuesta de izquierda es defender la política de defensa ambiental que impulsamos”, agregó.
Garín señaló, así como Pardiñas, que esta ley busca aumentar la producción “no por una mejora productivista”, sino para que existan “avances en la redistribución de la riqueza” en otras áreas, como la salud y la lucha contra la pobreza. Además, el senador se refirió al planteo de Carvajales acerca de la distancia dentro del FA con respecto a los ambientalistas: “Perdonen los más jóvenes si tenemos menos sensibilidad ambiental […], pero no establezcamos barreras de que uno es más o menos ambientalista, porque a todos nos preocupa que los recursos naturales sean democratizados para generar igualdad”, dijo. En este sentido, pidió que se trabaje en estos temas en la elaboración del programa de gobierno que se presentará en las próximas elecciones. “Vamos a pensar juntos cómo la seguimos”, sugirió, para luego señalar: “Si nos tiramos piedras, el que gana es el modelo hegemónico”.
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Ivonne Trías, periodista y escritora uruguaya: ”El Estado fue un chaleco protector que terminó como chaleco de fuerza”

– ¿Cuales son los principales aportes del pensamiento y el movimiento libertario a las luchas populares por el socialismo?
– Una precisión inicial: el movimiento libertario actual es una constelación de grupos diversos con prácticas antiautoritarias, antirrepresentativas, antipatriarcales y de acción directa sin que por ello pueda definirse como anarquista. Ni es necesario. Sin embargo, para reseñar aportes históricos sí me referiré al anarquismo.
Los aportes hay que buscarlos en su praxis. Tanto en sus prácticas organizativas y sus procedimientos para decidir como en su reflexión teórica continua. Esa es su garantía para responder adecuadamente a los grandes cambios del capital y de sus formas de dominación.
Se conoce bastante la revuelta de Haymarket en 1887 y los mártires de Chicago; el desempeño libertario en la revolución española de 1936-1939 y algo sobre la rebelión de los marineros de Cronstadt, en 1921, en Rusia. También se ha estudiado el aporte libertario en la formación de sindicatos clasistas en todo el mundo. Pero vale la pena citar algunas experiencias poco conocidas, como la de Baja California mexicana (1910-1920) con Ricardo Flores Magón, o la creación de la menos conocida aún Federación Anarquista Oriental con Japón, China, Corea, Vietnam e India (1928).
Y sobre todo la experiencia del movimiento coreano –durante su exilio en Manchuria– que organizó la defensa de una zona liberada creando una estructura administrativa regional socialista en Shinmin, desde 1929 hasta su derrota por la invasión japonesa en 1931. En plena lucha por la independencia, el anarquismo coreano tuvo que discutir el carácter anticolonialista de la lucha, si debía centrarse en los sectores rurales o en los nacientes sectores fabriles urbanos.
Tuvo que discutir –como en todas partes, siempre– el gran tema de la defensa y el acercamiento a sectores del ejército independentista. Discutió la amplitud de las alianzas y la marcha de la comuna autogestionada en el territorio liberado, un federalismo libertario con tres niveles de consejos: municipales o de Aldeas, distritales y de Área o Regionales. Así se promovió la creación de juntas que decidían por democracia directa. A pesar de la derrota, el Movimiento de Aldeas Autónomas fundado por la FAC (Federación Anarquista Coreana) y los sindicatos en 1945, se mantuvo hasta mediados de 1970. Esta experiencia resulta hoy un importante aporte para los nuevos movimientos antiestatistas, socialistas y federalistas en Rojava, por ejemplo, en el Kurdistan occidental. Afrin, Kobane y Cizire, tres cantones de Rojava, declararon en marzo de 2016 su voluntad de organizarse bajo un sistema federal. No quieren ser un Estado-nación, sino una zona autónoma donde las decisiones no las toma un Gobierno representativo sino la asamblea de una calle o de un pueblo. Allí se practica el cooperativismo agroindustrial, la autoorganización, autoadministración y autodefensa popular y las mujeres han roto viejas estructuras patriarcales.
Respecto a los aportes teóricos es interesante ver cómo los autores libertarios hoy ponen en discusión los textos de Proudhon y Bakunin con los de Spinoza y luego los de todos ellos con los de Nietzsche, Foucault, Deleuze. O Negri. ¿Sobre qué temas? En primer lugar por supuesto sobre la libertad. Ponen en discusión el esencialismo, el estructuralismo, la política prefigurativa, la ética. Toman nota de la caducidad de las ideas de la modernidad, su fe en el progreso constante, en la bondad de la ciencia; su confianza ciega en la Razón.
Discuten la idea, heredada de la modernidad, de “revolución política” (nuevo Estado, nuevos dirigentes, nueva constitución) y le oponen la idea de una revolución social y económica. Y siguen encontrando la manera de compartir la reflexión , y la imaginación política para descifrar esta época y habitarla.
– ¿Cómo ve la acción política del movimiento libertario en la actualidad? ¿Cuales son los principales ejes de acción y encuadres estratégicos?
– Ese amplio movimiento libertario que empezó a desperezarse de su siesta hace unos cincuenta años, tuvo un empuje en torno al cambio de siglo con los movimientos altermundialistas y vive desde hace unos diez años una extraordinaria revitalización: Exarchia, el barrio anarquista de Atenas (desde 2008); la ocupación y gestión de las plazas en Madrid, Barcelona, Nueva York y El Cairo (2011), Tashin (2012), Estambul (2013), París (la Nuit Debout) y la experiencia kurda en Rojava (2016). Algunos de estos encuentros continúan y adquieren consistencia, otros se agotan en un asambleísmo inoperante.
Desde una óptica proudhoniana el movimiento libertario actual parece estar en condiciones de hacer lo que debe, o sea: “rendir cuenta, de manera concreta, de todos los poderes que nos aplastan y nos dominan, en el terreno económico (teoría del valor), político (nacimiento y base del Estado), ideológico y simbólico (iglesia, dios)” y “dar sentido a las luchas y a las interacciones más inmediatas y minúsculas” (D. Colson, 2015).
-¿Y qué ve y propone este movimiento cuando “rinde cuentas de manera concreta de todos los poderes que nos aplastan”?
-A modo de exagerado resumen: ve que, lejos de la muy mentada crisis final del capitalismo, se opera ante nuestros ojos su gran mutación, en forma simultánea en todos sus campos: en el productivo (flujos), en el tecnológico (informática) y en el ideológico (fin de la modernidad, del discurso de la Ilustración).
Ante estos cambios se puede decir que las tácticas principales del movimiento libertario son: a) la deserción, secesión o éxodo, b) el bloqueo, c) la ocupación de espacios –calles, locales, plazas, etc.– y d) la articulación de zonas autónomas o comunas, sea esa autonomía temporal o permanente.
Dicho de otra manera:
a) Porque ve que hoy todo es flujo, reestructura continua de los territorios, las instituciones, los empleos, la seguridad social, el barrio y los vínculos. Que cada uno está solo, hiperconectado y paralizado por la impotencia ante las tragedias mundiales. Nómade, separado de sí mismo y de los demás.
Propone: El encuentro. Poner en común una visión de la realidad y recuperar, en ese ejercicio, algo de confianza en las propias fuerzas para operar sobre el mundo. En estos años el encuentro, con su potencia y sus límites, ha estado en la calle, en los barrios y en las plazas ocupadas. Allí se ensaya la organización del debate, del cuidado mutuo, de la comida, del sueño y la limpieza. Como unos años antes se organizaron en comunidad los oaxaqueños mexicanos y luego los aimaras en El Alto boliviano. Llegado el caso se organiza la defensa de los manifestantes, como en plaza Tahrir (El Cairo, 2011), se cura a los heridos. O se organiza todo para sostenerse en el tiempo, como en el barrio Exarchia de Atenas o (2008). Allí, a la inversa de la soledad impotente y triste, surgen indicios de que una vida en común puede ser vivible y feliz. No se puede prever hasta dónde llegará cada encuentro. Si es apenas una sumatoria de individuos “indignados“ reunidos en asamblea se podrá alcanzar un lenguaje común para expresar la insatisfacción pero no mucho más.
b) Porque ve el caos climático, el envenenamiento del aire y el agua, la desaparición de especies; el estallido de centrales nucleares, las hambrunas… Pero sobre todo porque ve que el anuncio del inminente colapso perpetuo es un modo de gestionar la crisis y opera como chantaje –cuando hay caos, todo el mundo clama por preservar el orden al precio que sea–, mientras la visión general de las operaciones en curso está en muy pocas cabezas. Porque ve que la producción, hoy descentralizada y automatizada, ya no se realiza en las fábricas –donde hay concentración de obreros, de conocimiento, de materias primas– sino en sitios de producción que son nodos en un mapa de flujos productivos. Y en ese pasaje de la fábrica al sitio se expropia gran parte de la fuerza principal del obrero: su conocimiento, su dominio técnico.
Propone: Disputar esa inteligencia estratégica. Demostrar que el bloqueo físico de cualquiera de esos flujos afecta al sistema en su totalidad. Agenciarse el conocimiento técnico profundo capaz de controlar y descontrolar las estructuras dominantes a su debido tiempo, es decir, cuando se haya construido lo suficiente como para que el cambio no signifique apagón ni penurias. Esto, sólo una fuerza colectiva puede hacerlo.
c) Porque ve que en estos últimos treinta años, la reestructuración del capital se enfoca en un reordenamiento espacial planetario pautado por la innovación –la vedette en generación de valor– que reordena el territorio en zonas “de punta” y en zonas abandonadas, aunque de pronto las abandonadas ayer se gentrifican hoy y se pacifican; y las que ayer fueron Silicon Valley de pronto son abandonadas y se tugurizan en puro conflicto.
Propone: romper, mediante la secesión y la comuna, ese reticulado del espacio. No se trata de organizar una vida de comunidades pseudo autónomas e inofensivas, ni de ensayos aislados de economía solidaria ni de volcarse “a lo local”. La propuesta libertaria es habitar un territorio en la forma deseada y desde allí, con sus propias reglas, entrar en conflicto o en alianza con las demás zonas de disidencia. Comunas levantadas en base al juramento suscrito por los habitantes de una ciudad o un barrio, de sostenerse juntos.Resultado de imagen para uruguay anarquismo
d) Porque ve como el ingreso de lleno a la era informática habilita un inédito control total: videovigilancia, trazabilidad, análisis sistemático del ADN, acumulación y cruce de datos personales, anticipación de las conductas individuales y grupales mediante tratamiento algorítmico de los datos disponibles. Inclusión financiera y chips o muerte para los perros. Porque ve que cada uno, hiperconectado, ayuda a mejorar sin pausa el algoritmo pero sigue creyendo que “esas cosas de la internet” son incomprensibles y del todo ajenas. Y sobre todo porque ve que nunca estuvo tan cerca un totalitarismo de nuevo cuño, cuyo mayor peligro radica en la total transparencia ante los múltiples dispositivos tecnológicos de control.
Propone: Adueñarse del conocimiento para aumentar la propia potencia. Adoptar el punto de vista hacker sobre el mundo: la informática no es un mundo virtual aparte sino una extensión de la realidad física. Para eso hay que entenderla, apropiársela. Desarrollar una fuerza colectiva no centralizada, cuya dispersión le evite ser un blanco fácil para la represión. Organizar el encuentro, la circulación, la comprensión y los acuerdos para la acción y sobre todo, entender esa tarea como un desafío de traducción. Como se ve, la idea de revolución ha cambiado.
– Es posible advertir una paradoja respecto a la situación del movimiento libertario uruguayo. Después de la caída del muro de Berlín, muchos aportes del pensamiento libertario evidenciaron toda su vigencia, al punto de penetrar en buena parte del pensamiento marxista y socialista contemporáneo. Pero, esta suerte de “éxito teórico” coexiste con la crisis política del anarquismo como movimiento de masas, al menos si lo comparamos con lo que fue en buena parte del siglo XX. ¿A qué se debe?
– Coincido con la existencia de una paradoja que excede al movimiento libertario y es que, cuando lo invivible de la vida rompe los ojos (ver pregunta anterior), reina entre los uruguayos la conformidad. No sé si existe la idiosincracia pero sí la historia donde buscar algunas respuestas.
Los uruguayos confían en lo que confiaron. Muestran confianza –variable pero robusta– en las instituciones, en los partidos, en la ciencia y en el progreso. Y en contrapartida, si la evidencia contradice esta confianza, se resisten a examinarla, desconfían de la expresión pública de los conflictos, reclaman orden y seguridad y aceptan de buen grado los controles sobre su vida entera.
En segundo lugar (en orden arbitrario) están las subjetividades formadas bajo el ala de un Estado que no ha parado de crecer, al que se orientan todas las demandas y en el cual se delega la resolución de todo conflicto. Un Estado que, como decía Hugo Cores, empezó siendo un chaleco protector pero terminó siendo un chaleco de fuerza. Agréguense a esto los quince años de gobierno del FA, por el que tanto luchó la izquierda, durante los cuales el Estado amplió su cobertura. Se comprenderá que la protesta y el reclamo se suavicen ante una administración que, para muchos izquierdistas tendrá errores pero hace lo que puede. El movimiento libertario del siglo XX, de corte clasista, si pretende seguir haciendo lo que hacía, verá cada vez más reducido su radio de acción.
En tercer lugar está la niebla. Los partidos y movimientos de izquierda emergieron de la dictadura maltrechos pero sin análisis de lo sucedido. Y así siguieron. A gatas se reconoce la obsolescencia de algunas ideas faro, por ejemplo, pocos postulan hoy como meta tomar el poder e instaurar la dictadura del proletariado. Pero donde hubo esa idea quedó un gran hueco que no se llenó con análisis y definición de nuevas metas. ¿Qué hay donde hubo eso? A lo sumo, nuevos adjetivos en tópicos de aceptación general (democracia radical, profunda, hasta directa…). Y donde hubo teoría del foco (más contagiosa de lo que se supone), o la propuesta de crear muchos Vietnam, ¿qué hay ahora? O donde estuvo la certeza confiada, materialista y dialéctica, de transitar la última fase de la última etapa de la crisis final del capitalismo ¿qué hay ahora? Hay tiempo transcurrido pero no claridad.
De modo que esa nebulosa es también un elemento a tener en cuenta para explicar la paradoja. El discurso de la modernidad, se resiste a ceder el lugar. Sin embargo hay un lado optimista del asunto. Porque también existen en Uruguay, una serie de prácticas que escapan a esta nebulosa. Son jóvenes, son mujeres, son gente preocupada por el agua, las semillas, el fracking o la impunidad. Sienten recelo ante los dispositivos del poder, discuten y deciden sin autoridades ni jerarquías. Eluden el intento de los viejos militantes por ponerles cabeza. Si cada uno de estos colectivos se toma por el todo, la paradoja seguirá existiendo. Pero si se logra un encuentro verdadero y se intenta traducir los saberes de cada uno, la paradoja puede desaparecer. Como concluye el Comité Invisible: “No son los rebeldes los que deben aprender a hablar el anarquista, sino los anarquistas los que deben volverse políglotas”.

(*) Ivonne Trias es una periodista y escritora uruguaya. Fue militante de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y de la Organización Popular Revolucionaria (OPR-33). Fue presa política entre 1972 y 1985. Ejerció el periodismo en varios medios de prensa, entre ellos el Semanario Brecha del cual fue directora. Es autora de varias publicaciones, entre ellas los libros: “Gerardo Gatti. Revolucionario” (Montevideo, Trilce, 2012); “Hugo Cores. Pasión y rebeldía en la izquierda uruguaya” (Montevideo, Trilce, 2008) y “La Tienta” (Montevideo, Trilce, 2007).

Hemisferio Izquierdo

 

Nderé ug udimar: camino de liberación

Martín Delgado Cultelli
Esta columna pretende brindar herramientas de comprensión del caminar de los pueblos originarios del territorio que sería conocido como Banda Oriental [1] y que actualmente es llamado Uruguay. Un caminar que incluye luchas y opresiones, la búsqueda constante del respeto a su cultura y auto-determinación. Es un intento de ampliar la concepción de la historia de las luchas populares en el territorio, centrada en lo Charrúa, pero sin excluir expresiones y experiencias de otros pueblos.

La lucha entre oprimidos y opresores no comenzó con los inmigrantes que trajeron las ideas anarquistas y socialistas alrededor de 1890. Es más antigua. Tiene 500 años. 500 años de opresiones, 500 años de resistencias y 500 años de luchas por la libre determinación de nuestros pueblos. Es así que los invitamos a caminar por la historia y memoria de nuestros pueblos en búsqueda de la liberación.

Hemos nombrado a este espacio “nderé ug udimar” para caracterizar el recorrido que hacemos. Son palabras del grupo lingüístico charrúa (compuesto por charrúas, chanás y guenoas). Viene de “nderé” que significa “camino” pero no solo en sentido de una acción física sino también de la experiencia social y espiritual que significa una búsqueda, un recorrido. Es así que está el saludo de despedida “nderé oble” que significa “el buen camino”, la despedida a las personas que se alejan de nosotros pero buscan una relación armoniosa y ética. Por otro lado esta “udimar” que significa “liberación” o “liberar”. También el concepto de liberación es en un sentido redentor. Por ultimo esta “ug” que es un conector. La idea es realizar un camino ancestral de liberación y redención. Redimirnos y liberarnos al conocer nuestra historia y nuestra memoria.

La primera propuesta de “nderé ug udimar” es romper con los pre-conceptos y prejuicios que hay sobre nuestros pueblos originarios. La colonización persistente sobre la historia y realidad de nuestro pueblos es tan grande y amplia que lo primero es deconstruir el sentido común racista. Es así que esbozaremos una serie de puntos básicos para entender a nuestro pueblos.

Presencia milenaria
La presencia humana en estos territorios es muy antigua, al menos de 14.000 años antes del presente. Estas poblaciones son parte del proceso global de expansión de los seres humanos fuera de África y esta en concordancia histórica con la ocupación de otros territorios en el mundo. Por ejemplo, el continente europeo fue poblado hace 35.000 años antes del presente en su región mediterránea, mientras que el norte recién fue poblado hace 6.000 años. O sea,  no somos poblaciones recientes, ni somos inmigrantes. Somos los primeros habitantes del territorio. Somos 600 generaciones humanas en contraposición con tan solo 12 generaciones desde la llegada de los colonizadores europeos.

Evolución cultural
Al contrario de lo que piensa la mayoría de las personas, nuestros antepasados no vivían al borde de la inanición y sí tenían un desarrollo cultural -aunque el propio concepto de “desarrollo” es cuestionable, ya que corresponde a una visión eurocéntrica y capitalista-. Desde la llegada de los primeros habitantes, con una tecnología homogénea y rudimentaria, se paso a una diversidad tecnológica y de expresiones artísticas y hubo también una incipiente agricultura y sistemas aldeanos. Construcciones como los Cerritos de indios o Tacurúses y los cairns o chenkes (distintas a las romanas o incaicas, pero no por eso de menor valor) estaban relacionadas a los muertos y al reconocimiento de los grandes linajes de guerreros y sabios, porque para nuestros pueblos la memoria de los antiguos es muy importante. Y son expresiones culturales se han intentado borrar tanto en las épocas de la colonia como en las actuales épocas de la república.
Territorialidad
Si bien nuestros antepasados siempre fueron nómades, antes de la colonización eran más sedentarios que en la época colonial. La alta movilidad espacial se debe a los cambios económicos, militares y culturales producidos por la colonia. En la guerra colonial, por ejemplo, ser sedentario implicaba estar a merced de los bandeirantes portugueses y encomenderos españoles. Por otro lado, la incorporación de la ganadería vacuna y caballar generó un complejo ecuestre muy similar al de los mapuches en la pampa y al de los lakota en las llanuras centrales de Estados Unidos. Así, la vaca y el caballo se volvieron elementos centrales de nuestra vida y los primeros rodeos no fueron de los criollos sino de nuestros abuelos.

Pero el hecho de tener una alta movilidad espacial no significa que no tengamos dimensiones territoriales. No vagábamos a la deriva como se ha hecho creer. Nos movíamos entre distintos territorios que tenían buena caza y recolección, buenas pasturas para el ganado y donde estaban enterrados nuestros ancestros. Había territorios a los que siempre volvíamos y a los cuales incluso ahora seguimos volviendo. Un ejemplo es Arerunguá: mucho antes de que llegara Artigas ese ya era un territorio donde teníamos nuestras tolderías y desde donde organizábamos nuestras incursiones contra los colonizadores. Quienes niegan nuestra territorialidad debido a nuestro nomadismo lo que quieren es quedarse con nuestros territorios ancestrales.

Grandes estrategas políticos
Se ha construido la imagen, principalmente en relación a los charrúas, de que lo único que sabíamos hacer era guerrear, describiéndonos como incapaces de otras formas de política y resistencia. Este es el discurso construido por los genocidas para justificar el no dialogo con nuestros caciques y la masacre de nuestros abuelos. Si bien nuestros abuelos utilizaron la táctica de la violencia para defender lo que por derecho ancestral era de ellos [2], también supieron utilizar la diplomacia y la “ley del blanco” para negociar. Hay toda una tradición de tratados entre caciques y entre autoridades coloniales y criollas que se ha borrado de la historia para reproducir la idea del “indio malonero”. Comprendiendo esta tradición de tratados es que puede entenderse por qué los caciques concurrieron a Salsipuedes en 1831: la idea era hacer un acuerdo con el nuevo gobierno republicano y ver cómo garantizar el respeto de nuestros territorios con las nuevas autoridades. Desgraciadamente, ese fue el pretexto para reunirnos y masacrarnos. Pero nosotros siempre hemos cumplido con los acuerdos, son los colonialistas los que los violan para saquear el territorio.

Presencia continua

Se ha reproducido la idea de que con la masacre de Saslipuedes, en 1831, nuestro pueblo fue exterminado. Nada más erróneo, falso y fuera de la realidad. Si bien las campañas del general Rivera supusieron un ataque muy fuerte, nuestro pueblo (los charrúas) no desapareció completamente. Quedaron las mujeres que trasmitieron a sus hijos mestizos nuestra memoria.

Siempre hemos estado y siempre hemos luchado, la mayoría de las veces embanderados con blancos y criollos. Hemos luchado con nacionalistas, colorados e izquierdistas. Sin embargo, siempre hemos sido carne de cañón. Nunca se ha reconocido nuestra participación en las luchas y nunca se han incorporado nuestras reivindicaciones en las demandas políticas. Si bien hemos perdido mucho por el genocidio y el silenciamiento que vino después, no por eso somos menos indígenas. El que estemos mestizados, proletarizados, sin territorios comunitarios e insertos en las dinámicas de la globalización no nos hace sujetos degradados. Reafirmamos que nuestro pueblo ha estado en permanente cambio, en permanente caminar. Imaginar a un indígena del siglo XVIII es tener una mentalidad colonial. Somos indígenas del siglo XXI, no del XVIII. Y solo nosotros podemos determinar cómo nos definimos. Nadie de afuera de nuestras comunidades puede imponernos un estereotipo de indígena. Solo nosotros determinaremos quienes somos, esa es nuestra libre determinación.

[1] Desde la CONACHA se utiliza también el concepto de ONKAIUJMAR para referirse al territorio ancestral en su totalidad, englobando Entre Ríos, Norte de Buenos Aires, Sur de Corrientes, Uruguay y la mitad sur de Río Grande do Sul.  ONKAIUJMAR proviene de “ON” que significa “padre”, “KAI” O “KAY” que es marcador de “femenino”, “IU” que es “semilla” – “tierra” y “MAR” que es “grande”, literalmente significaría “la tierra grande que es padre-madre”.
[2] Hubo grandes ofensivas militares contra los colonizadores en la fundación de Buenos Aires, contra Ortiz de Zarate, contra las misiones en la revolución guaranítica, contra los Blandengues y estancieros en el 800 y en las guerras de independencia. Pero también hay una larga lista de tratados y acuerdos: Santa Fe en 1650, Colonia del Sacramente en 1680, Montevideo en 1732 y 1762, Misiones en 1780, con Artigas en 1811, con Lavalleja en 1825 y con Oribe en 1837.

 

 

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