Publicado en: 13 septiembre, 2017

Noticias Uruguayas 13 noviembre 2017

Por Colectivo Noticias Uruguayas

Uruguay: La frase del Tribunal que dividió las aguas y volteó a Raúl Sendic

Noticias uruguayas

La fábrica de opio de Estados Unidos: ¿Para qué han asesinado a 160.000 personas? // Petrodólar: descanse en paz // CATALUNYA: ENTREVISTA, Raül Romeva: “Incluso en un marco de obstrucción, estamos en condiciones de hacer el referéndum” // Julio Anguita: “Malditas las siglas que impiden que haya unidad” – Conferencia íntegra // Francia: La reforma laboral de Macron es un “golpe de Estado social” para la oposición de izquierda // Chile: ¿Dónde está Allende, a 44 Años de su Muerte? // Uruguay: La frase del Tribunal que dividió las aguas y volteó a Raúl Sendic

URUGUAY

Por: Gustavo Carabajal

Lo que no pudo la famosa denuncia periodística del título universitario; lo que no consiguió la oposición con la Comisión Investigadora de la gestión de Ancap; lo que no lograron las recurrentes investigaciones de prensa, ni las fuertes críticas de algunos dirigentes opositores o del propio Frente Amplio; lo que no consiguió la investigación judicial con cientos de folios acumulados en voluminosos expedientes y decenas de declaraciones testimoniales o indagatorias; lo que no pudieron las redes sociales con una sistemática crítica, a veces merecida y otras estratégicamente programada para el “linchamiento” público . Lo que no pudo todo eso, y nada de eso, lo logró una sola frase del informe del Tribunal de Conducta del Frente Amplio sobre el uso de las tarjetas corporativas.
Creer o reventar. Un escueto escrito de poco más de ocho carillas, con una sola alusión lapidaria que dividió al Frente Amplio y que dice: “Un enriquecimiento indebido de monto poco importante es también una violación de principios que deben considerarse fundamentales”.
Eso bastó para que por primera vez en la historia, el vicepresidente de la República presentara la renuncia y desatara la peor crisis institucional que enfrentara el país en los últimos años.
Una sola frase pudo más que millones de palabras, porque acabó separando las aguas hasta un punto irreconciliable. “Se afectaron los principios y eso amerita una severa sanción”, se escuchó decir en la Torre Ejecutiva y repetir luego a varios sectores del Frente que preparaban fuertes argumentos contra el vicepresidente.
Obviamente no puede atribuirse solo a eso la decisión final de Sendic, pero sin dudas, fue la gota que rebosó la copa, la cereza de la torta para una larga lista de fuertes acusaciones que fueron minando su imagen social y política.
¿Que detrás hubo una estrategia para socavar paso a paso su resistencia? ¿Que la feroz interna del Frente se agarró de esa piola para tirar con fuerza y dejarlo maniatado y sin defensa posible? Todo es factible, pero tampoco pueden ignorarse los errores cometidos por el propio Sendic y su círculo rojo.
Porque no solo hubo falta de pericia para pilotear la tormenta y decisiones equivocadas para esgrimir una defensa, sino también torpezas que costaron muy caro. Es cierto que se lo puso bajo la lupa con total intención y que solo faltaba decir que le debía al quiosquero de la esquina, pero nadie puede negar que cometió errores.
La historia le dirá al Frente Amplio si fue un acierto o un error someterlo deliberadamente a 5 días de escarnio público y dejarlo al borde del abismo. La justicia será la que finalmente resuelva si Raúl Sendic cometió o no, enriquecimiento ilícito. Y la sociedad la que absuelva o condene políticamente al hijo del Bebe Sendic.
Lo que seguramente no pasará, será que el Frente recupere la calma, porque quedaron demasiadas heridas que demorarán mucho tiempo en cicatrizar y porque la oposición está allí para meter el dedo en la llaga. Habrá que seguir navegando en medio de la tormenta, y buscar el camino de la unidad, aunque hoy parece una utopía.

 


Tras conocerse la renuncia de Raúl Sendic, comenzaron a sucederse las preguntas de cómo sería el trámite parlamentario para que se efectivice la renuncia.
Para entender mejor esta situación, LA REPÚBLICA consultó al abogado constitucionalista y exsenador del FA, José Korzeniak.
El experto recordó que el cargo de vicepresidente y todo lo que sucede con él, incluida la renuncia, “son temas del Poder Legislativo, que es el que integra, y no del Ejecutivo. Es el presidente de la Asamblea General y del Senado, por lo que él tiene que renunciar ante el órgano principal legislativo, que es la Asamblea General”.
Sendic este lunes presentará la renuncia formal ante el Legislativo y tras esto se acciona todo una proceso para convocar a la AsambleaGeneral, para la cual “no hay un tiempo requerido”, aunque se especula que sería esta semana.
Acotó que “normalmente se espera que se cite para un día donde se puede contar con la mayor concurrencia o el más alto quórum, y la renuncia se acepta por mayoría simple (la mitad más uno), ya que no se necesita ninguna especial”.
Con relación al trámite de asunción del nuevo vicepresidente, Korzeniak explicó que “constitucionalmente se da cuando el vicepresidente no está y asume directamente, sin precisar ningún mecanismo, el que por cumplir con los requisitos, lo puede hacer, y en este caso al no poder el primero de la lista del lema más votado, que es José Mujica, que fue presidente de la República hace menos de 5 años, quien sigue en la lista es Topolansky, quien asume en esa Asamblea General que resolverá aceptar o no la renuncia de Sendic y ya queda en ese cargo. En esta Asamblea General no debe estar Sendic por reglamento del Senado. Si se quiere se puede hacer una reunión especial se hace, pero no es necesario por Constitución”.
Otro aspecto que el constitucionalista aclaró es que “al renunciar Sendic y asumir Topolansky, como el vice no tiene suplente no va a entrar uno por él. Sin embargo, al asumir Lucía, su suplente ingresa al Senado”.
Pasando en limpio, la 711 queda con un senador menos y el MPP gana uno, quien sería el hoy director general de Secretaría del Ministerio del Interior, Charles Carrera.
De los beneficios como senador, el experto indicó que “los pierde todos, fueros y demás” y añadió que “no tiene derechos que emanen desde el Ejecutivo, por lo menos en lo que marca la Constitución. No sé si hay algo previsto por otro mecanismo”.

 


 

Entropía representativa y grupos de presión: surge el partido Nacional-Globalista

por Ricardo Viscardi
2a. quincena, agosto 2017 – 12.8.17

Entropía representativa

Uno de los politólogos más serios advierte, en un artículo sugestivamente titulado “El suicidio de las ballenas”, que los cetáceos representativos pueden autoeliminarse.1 La partidocracia uruguaya pone, ante la creciente defección de la población, todas sus esperanzas en la pulsión electoral, ya desde hace décadas asistida por la multa en moneda corriente. Antes que encontrarse en riesgo de extinción electoral, la especie partidocrática se encuentra amenazada, según Bottinelli, por una crisis de credibilidad pública que puede generar alteraciones permanentes en las bases nutrientes del medio ambiente social.

Conviene observar que el diagnóstico del experto no parece en sí mismo arriesgado, sobre todo si se tiene en cuenta que el propio planeta parece dirigirse en masa hacia un cataclismo biopolítico del mismo tenor. Quizás en su momento no se prestó los oídos que merecía a los ayes que provenían del propio presidente en ejercicio, cuando en aquel temprano 1995 en que amanecía la web multimedia, ya anunciaba desde su egregia cúspide que “los medios y las encuestas son más poderosos que los estados y los gobernantes”.2 Al día de hoy nos encontramos con que el mismo augur proclama que “The house of cards” ha propiciado el descrédito del sistema de partidos en EEUU, de forma que ha favorecido indirectamente el irresistible ascenso de Donald Trump. ¿Qué decir del ocaso, en la cuna misma de la democracia política moderna, de los partidos históricos (post-gaullistas y socialistas), desplazados por un partido cuyos militantes celebran sus asambleas partidarias a teclado batiente?

Vaticinamos desde ya, que mantenido a flote por los salvavidas idiosincráticos que propician las dos máximas rectoras de nuestro ethos político (“no le hagas el juego a…” y “podría haber sido peor”) el sistema de partidos uruguayo logrará una atinada y propicia reconversión, destinada a salvar lo único que queda por delante: la fachada. Ahora, sólo la partidocracia sabe lo que le queda por detrás del frente (sin que lo anterior signifique alusión ninguna a un reconocido Tribunal de Conducta Política que juzga al vicepresidente en ejercicio). Si el demos hace mutis incluso por la urna (según lo sostiene Bottinelli, estaríamos ante una crisis de credibilidad, no de electorado), entonces los representantes públicos quedan -famélicos ante el faltante de nutrientes- a la merced de algunas mafias institucionales convenientemente maquilladas de opinión pública. Quizás la mejor estampa de esa liquefacción representativa sea la actual competencia entre el MPP y el Partido de la Gente, que según refiere el politólogo antes citado, pugnan entre sí por ganar la misma base social ideológicamente decorticada.3

Grupos de presión

El ser se manifiesta, según Heidegger, por los sentimientos opuestos del júbilo y la angustia.4 Otro tanto podría decirse, respecto a la democracia representativa, de los grupos de presión: tanto podían encaramarse en los lugares más propicios a la manipulación cuando la representación gozaba del mayor prestigio, como denotar ahora la cruel ausencia de todo piso real, cuando ponen en ridículo la legitimidad delegada.

En Francia se hizo famosa la curiosa coincidencia partidaria de los funcionarios de una comuna (que correspondería a una alcaldía de nuestro actual sistema municipal): todos eran miembros del Partido Comunista. Quizás los partidos comunistas hayan ofrecido el mejor ejemplo de un grupo de presión que aprovechó, en su momento, el “júbilo” simbólico de la democracia representativa. La autoridad “organizativa” del disciplinamiento que infundían, se revestía tanto de la legitimidad social del presente como de la fatalidad histórica del futuro. Esa estrategia de grupo de presión en las estructuras institucionales no logró, en el caso de los partidos comunistas, sortear la propia declinación del paradigma que los auspiciaba. El modelo cayó, por dentro y por fuera de fronteras, aplastado bajo el peso del propio realismo socialista que proclamaba.

En el polo inverso de la falencia representativa parece situarse al presente la encrucijada del sistema de partidos. En un reciente evento partidario un orador protestó contra la ostentación de la bandera de la diversidad en la propia sede central del Partido Nacional. Calurosamente aplaudido por los asistentes según el informe periodístico, se vio sin embargo cuestionado por una tímida defensa de la diversidad de género por parte de algunos oradores, que sostuvieron “que los blancos (nacionalistas) somos diversos”.5 Parece difícil que una diversidad que apunta a la pluralidad de géneros y otra que sostiene la ortodoxia binaria en la materia, puedan sumarse sin diversificarse nuclearmente. ¿Que percepción de la entidad partidaria nacionalista posibilitó que la bandera de la diversidad de género ondeara en la sede de un partido cuyas bases parecen tan lejos de la flamígera diversidad? ¿O se trató, ante todo, de sumar un jirón más de base social?

Parece incuestionable que este tipo de polémicas o contradicciones aumenta la irradiación de las reivindicaciones transversales a la sociedad, por encima de las pertenencias macro-sociales que trasunta la ideología. Desde el punto de vista del incremento de la incidencia de los movimientos sociales y de opinión en el conjunto de la escena pública, estamos indudablemente ante una buena noticia. Pero al mismo tiempo este escenario plantea la pregunta acerca de la tergiversación que pueden sufrir las reivindicaciones de los movimientos sociales cuando degeneran en posiciones explotadas, con fines particularmente institucionales, por grupos de presión enquistados en la estructuras (macro)representativas, particularmente las estatales.

El problema que se plantea no consiste en saber si una tendencia de opinión puede cometer o no un exceso o incurrir en un desliz respecto a los propósitos que la animan, llevada por el impulso de la convicción. Los lamentos por los “excesos” del pasado siempre fueron -en particular desde la Revolución Francesa, de la parte de ex-revolucionarios (o entre nosotros de “guerrilleros arrepentidos”) una señal de adhesión al poder, cuando no provenían directamente de los sectores conservadores (como ocurrió, en el Uruguay, al fin del período totalitario, con monsergas contra el “violentismo”).

El problema consiste, por el contrario, en que desnaturalizadas por el sello de la impronta institucional, las reivindicaciones sociales más sentidas por un trasfondo movilizado de la sociedad puedan confundirse con dictados soberanos. Hacia fines del año pasado una militante de la “nueva agenda de derechos” renunciaba a la estrategia partidaria como vía adecuada para la transformación de la sociedad, desencanto que se comentó desde este blog con tono irónico. La ironía apuntaba a denunciar la fatal infelicidad de un “matrimonio de conveniencia”: las estructuras de representación del todo social no pueden hacer lugar a desbordes reivindicativos, sin alterar ipso facto la media representativa de un equilibrio general que constituye su propia razón de ser.6

Hoenir Sarthou cuestionó más recientemente, en el sentido inverso a ese estado de equilibrio representativo, la pretensión de hacer lugar a formas de sensibilidad que obviamente no son ampliamente compartidas por el común.7 Difícilmente Sarthou se oponga, desde una columna que se denomina “Indisciplina Partidaria”, a que un colectivo, una orientación dentro de la sociedad, o una familia adopten determinadas pautas de educación sexual. Seguramente la denominación “indisciplina partidaria” se asociaría, ante todo, con la idea de que un órgano colectivo no puede esgrimir pautas claramente sectoriales sin ofender un campo de libertades compartidas. A no ser que ese colectivo esté definitivamente entregado, en su desamparo representativo, a grupos de presión que quieren marcar desde lo alto el camino. Quienes así lo pretendan, pueden desde ya tomar ejemplo de los partidos comunistas del pasado, a costa, es cierto, de no considerar lo que queda de tales aparatos en el presente.

Surge el partido Nacional-Globalista

Aquejado quizás por la angustia que domina a todo especialista, que aspira a mejorar el dominio de su saber cuando lo ve en vías de deterioro, Bottinelli se pregunta por la solución que podría poner coto a la descomposición de los organismos partidarios. Entiende que nada sería tan propicio a una salida exitosa como una alianza entre sectores que reeditara, en clave de diversidad ideológica, el contexto del antiguo consenso que primó durante la hegemonía batllista.8 Bottinelli no parece tener en cuenta el antecedente que significó el MLN-Tupamaros en tal sentido, en cuanto sin definirse ideológicamente, se proponía al mismo tiempo reunir detrás de un proyecto de Liberación Nacional, a sectores ideológicamente diversos (marxistas-guevaristas, battlistas-colorados, blancos-nacionalistas, cristianos de izquierda, socialistas tercermundistas, etc.). Incluso el MPP no ha hecho otra cosa, liderado por Mujica, que intentar contraponerse al sector del Frente Amplio que proviene de la izquierda tradicional (que el MLN consideró siempre un adversario táctico), mientras por otro lado el mismo Mujica no cesaba de hacerle guiñadas a los sectores ex-wilsonistas, como lo señalamos oportunamente en este blog.9

El problema no consiste en que la clase política no atisbe que su supervivencia exige recomponer el bloque político que gobernara durante la “sociedad batllista”, sino en considerar bajo qué condiciones, al presente, una configuración representativa puede consolidarse como efecto de los asuntos públicos. La crisis de la representación es ante todo una crisis del vínculo presencial entre los individuos. La índole genuina de la representación está más cerca del término “presencia” de lo que cierta doxa empirista-cuantitativista cree: no existe representación sin condición presencial en el punto de partida del proceso representativo. Eso es efectivamente lo que la artefactualidad del presente social excluye, en aras de la virtualidad de los vínculos interpersonales.10 Con una economía penetrada por el capital transnacional (que incluso el desarrollismo progresista presenta como desideratum) y una sociedad atravesada por formas de mediación a distancia (léase redes sociales y plataformas mediáticas), la condición de la delegación representativa, en cuanto exige la cohesión orgánica y nacional de una totalidad social-territorial, luce como un despojo obsoleto.

La articulación mundialista exige, con tales bases del presente, que el campo interno al país luzca como una variante sucedánea del paradigma globalizador. Esa articulación requiere a su vez subordinar los movimientos sociales y de opinión a normas de “corrección política”. Normativamente supeditados a las estructuras estatales y porosos, desde allí, a las orientaciones que imprimen los organismos internacionales (bancarios, comerciales, jurídicos, universitarios, etc.), los movimientos de la base social se reducirían a un contexto menor y manejable, de grupos de presión enquistados en las estructuras institucionales.

La matriz mundialista fue infundida en el Uruguay por el conflicto en torno a la industria de pasta de papel instalada por la empresa Botnia. Conviene tener en cuenta que una neta mayoría de la opinión pública creyó estar defendiendo una reivindicación nacional contra la Argentina, cuando en realidad defendía una estrategia transnacional contra un movimiento ambientalista. El campo Nacional-Globalista11 ya está configurado entre nosotros y no parece provenir del ámbito politológico un planteo alternativo. Quizás porque la politología de la alternativa no podría abrirse paso sin cuestionar el rol de las estructuras del Estado en el presente de la globalización, ni dejar de considerar como esas estructuras se ven llevadas, para sostener una fachada representativa, a hacer lugar a grupos de presión.

Como lo señala Gonzalo Ferreira,12 al quedar como presidente de la Asamblea General en caso de renuncia de Sendic, Mujica (desde ya, con el pulgar hacia abajo respecto al vicepresidente) se encontraría en la mejor situación para manejar el contexto de las políticas de alianzas. Recuérdese en particular el idilio personal que mantuvo durante su presidencia con el Congreso de Intendentes, donde se encontraba concentrada (y sigue así en este período de gobierno) la mayor incidencia política del Partido Nacional. Conviene asimismo recordar que le ha arrastrado el ala a ese sector, acompañado de su gobierno, a partir de la celebración del bicentenario de la independencia, con el intendente blanco de Soriano.13 Se cumpliría así el sueño el antiguo político “blanco” que Mujica nunca dejó de ser: demostrar que la auténtica transformación pasa por el nacionalismo. Esa orientación significa, en cuanto prospere a través de un devenir de “políticas de Estado”, nutridas a su vez de “corrección política” en el curso de la mundialización, el surgimiento del Partido Nacional-Globalista.

 

1 Bottinelli, O. “El suicidio de las ballenas” Factum (01/07/17) http://www.factum.uy/analisis/2017/ana170701.php
2 Pereira, G. “Sanguinetti cree que los medios son “más fuertes” que los estados y los gobernantes” (14/09/95) Búsqueda, Montevideo, p.10.
3Ver al respecto la afirmación al final del video: Bottinelli, O. (entrevistado por N. Fernández) “El gobierno no tiene una idea-fuerza clara en este período” (julio 2017) Factum http://www.factum.uy/entrevistas/2017/ent170710b.php
4Heidegger, M. (1951) El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, p.151.
5Diario Atlas (11/07/17) http://www.diarioatlas.com.uy/?p=33676
6“El bolero políticamente correcto” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2016/12/elbolero-politicamente-correcto-2a.html
7Ver Sarthou, H. “El sexo en la escuela”, Voces (27/07/17) Montevideo, p.5 y posteriormente “Error y diversidad” Voces (02/08/17) http://semanariovoces.com/error-diversidad-hoenir-sarthou/
8Bottinelli, O. (entrevistado por N. Fernández) “El gobierno no tiene una idea-fuerza clara en este período” (op.cit.supra)
9“Bicentenario, Patria Gaucha y Patria Chaucha: no es lo mismo pero da igual” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2011/05/bicentenario-patria-gaucha-y-patria_312.html
10Respecto al artefacto dice Derrida: “(…antes que saber de que está hecho, hay que saber que está hecho…)”: la materialidad es desplazada por la inteligencia programadora. Ver Derrida, J. (1998) Ecografías de la televisión, Eudeba, Buenos Aires, p.15.
11Nacional-Globalismo: el título de uno de los capítulos de Viscardi, R. (2013) Contragobernar, Maderamen, Montevideo.
12 Ferreira, G. “Una ayudita de Mujica” El Observador (27/07/17) http://www.elobservador.com.uy/una-ayudita-mujica-n1103683
13 “Bicentenario, Patria Gaucha y Patria Chaucha: no es lo mismo pero da igual” (op.cit.supra)

Publicado por Ricardo Viscardi

 

 

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